Por Gustavo Vélez, mxy
1.- “Mientras estaban allí, le llegó a María el tiempo del parto y dio a luz a su primogénito… porque no tenían sitio en la posada”. San Lucas, Cáp. 2. Apenas un adverbio: “Mientras estaban allí, a María le llegó el tiempo del parto”. El evangelista indica así a Belén. Y en Belén una gruta, donde los pastores del contorno se guarecían con algunos ganados.
Después nosotros hemos embellecido todos los pesebres del mundo, revistiéndolos de coloridos adornos.
“Porque no tenían sitio en la posada”, continúa san Lucas. Martín Descalzo describe el “khan” oriental de ayer y aún de hoy, como un patio cuadrado, rodeado de altos muros. En el centro solía haber una cisterna, en torno a la cual se amontonaban camellos, asnos y ovejas. Los viajeros, acostumbrados a la intemperie en muchas circunstancias, dormían en cobertizos, o bien campo raso.
2.- Es de suponer que José tenía en Belén amigos y parientes. Pero con motivo del censo, las casas de familia y aun los albergues estarían al tope.
Espacio siempre había en las posadas orientales para uno o más huéspedes. Sitio físico sí, pero María y José buscaban ante todo privacidad y silencio. Entonces allí, sobre un reducido espacio geográfico, se cruzaron el paralelo de nuestra pequeñez y el meridiano de la infinita bondad de Dios. Diversas tradiciones adornaron este episodio, señalando que la pareja nazaretana, mendigaba hospedaje de puerta en puerta y era rechazada con insultos. Que los tomaron por maleantes entre tantos forasteros que atiborraban el poblado. De allí nació la piadosa práctica de “Las Posadas”, donde se ora y se consideran las incomodidades de José y María en aquel trance. Comparando a la vez, la actitud de los habitantes de Belén con nuestras fallas ante el amor de Cristo.