ENTRADA
Bienvenidos todos a la celebración de la Eucaristía en este cuarto domingo de Adviento.
Estamos todavía en la sala de espera. Es tiempo de ansiedad y de silencio, de oscuridad y de oración. La noche santa no ha llegado aún, pero la preparamos con fervor. El Adviento continúa. Olvidemos los comerciales y escuchemos el anuncio gozoso de la liturgia: el Señor nace y viene. Recibámosle en la posada limpia de nuestro corazón.
Entonemos juntos el canto de entrada.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
El profeta Miqueas nos recuerda la manera cómo Dios actúa. Elige un pueblo insignificante, Belén, para el nacimiento de Jesús.
Miqueas, desilusionado con los reyes de Israel, anima al pueblo a esperar la venida del Mesías.
La comunidad cristiana ve cumplida las profecías en Jesús, príncipe de la paz. En esta espera los cristianos tenemos que ser los constructores de la paz mesiánica.
Escuchemos la proclamación de la Palabra de Dios.
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
Esta palabra de la carta a los Hebreos une el pesebre de Belén con la cruz del Gólgota, une el nacimiento y la muerte.
Jesús viene a nosotros como el siervo obediente. Hacer la voluntad del Padre es lo único que le importa.
Escuchemos la proclamación de la Palabra de Dios.