1.- Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor: cómo has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor… Eres un empleado negligente y holgazán… debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Entiendo por dones de Dios –los talentos– las cualidades innatas, las facultades, capacidades, poderes que Dios ha dado a una persona para que haga el bien. Dios normalmente nos da estos dones a través de nuestros padres, de los educadores, de la religión, de las distintas circunstancias de la vida por las que uno pasa. Estos dones nos capacitan para hacer con cierta facilidad el bien, perfeccionándonos a nosotros mismos y ayudando a los demás a perfeccionarse. Refiriéndonos, ya en concreto, a la parábola de los talentos, vemos muy claramente que estos dones, estos talentos, necesitan nuestro trabajo y nuestro esfuerzo para que sean eficaces y den el fruto que Dios espera de nosotros. El Señor no premia al que recibió cinco talentos, o dos talentos, por haberlos recibido, sino por haber negociado con ellos y haber ganado otros cinco, u otros dos. Tampoco condena al que recibió sólo un talento por haber recibido poco, sino por haber escondido el talento bajo tierra y no haber negociado con él. Aplicando esta parábola a nuestra vida, debemos meditar y reflexionar sobre las cualidades que Dios nos ha dado y cómo las hemos empleado para perfeccionarnos a nosotros mismos y ayudar a los demás a perfeccionarse. No siempre los más capacitados son los mejores y los más eficaces en la vida, tanto en el orden físico, como en el orden psicológico, como en el espiritual. El genio, suele decirse, es la paciencia, es decir, el trabajo, el esfuerzo, la lucha diaria para hacernos cada día un poco mejores. Así es como debemos entender la frase, a primera vista desconcertante, que Jesús dice: al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. El que tiene más y trabaja con lo que tiene, tendrá cada vez más, en cambio el que tiene menos y no trabaja con lo poco que tiene, terminará perdiendo lo poco que tenía. Trabajemos, pues, nosotros con los talentos, las cualidades, los dones, que Dios nos ha dado, y cada día tendremos un poco más y seremos cada día un poco mejores.