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18 noviembre 2020

TODO OTRO ES NO-OTRO DE MÍ: 22 noviembre

 Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario: CRISTO REY.

22 noviembre 2020

Mt 25, 31-46

Con frecuencia se ha leído este relato como si fuera una especie de “descripción” anticipada de lo que habría de ser el “juicio final”. No es así; se trata de una parábola que busca responder a una cuestión universal: “¿Qué hacer?, ¿cómo acertar en la vida?”.

La respuesta que Jesús ofrece no puede ser más clara. No hay referencia a creencias ni a comportamientos “religiosos”, sino que nombra acciones concretas para cuya comprensión no se requiere ningún razonamiento: dar de comer al hambriento, de beber al sediento, hospedar al forastero, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al preso.

En su tajante y radical simplicidad, la parábola deja ver una de las grandes novedades que aporta el mensaje de Jesús: existe un camino para el encuentro con Dios que no pasa por el templo. En la lista no aparece ninguna exigencia “religiosa”; lo que importa es la acción compasiva en favor de quienes más sufren.

14 noviembre 2020

Misa del domingo 15 noviembre

 Como la parábola de las cinco vírgenes necias y de las cinco vírgenes sabias, también la parábola de los talentos está comprendida dentro de la sección del Evangelio de Mateo llamada “discurso escatológico”.

En el Evangelio de este Domingo el Señor habla de un hombre que, «al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó».

Los empleados, o más precisamente siervos según la traducción literal de la palabra griega doulos, aparecen en los Evangelios como hombres de absoluta confianza. Así, por ejemplo, sus señores los envían a realizar misiones específicas (ver Mt 21,34-36; Mt 22,4.6) o les encargan el manejo económico de la hacienda, dándoles incluso la libertad para negociar con sus bienes. Sin embargo, no dejan de ser administradores que tendrán que rendir cuentas ante sus respectivos señores.

11 noviembre 2020

Reflexión 3: CON LAS CARTAS EN LA MANO

“Difícil, pero no imposible” Es una frase que, aun por repetida, no deja de ser iluminadora de una gran verdad: quien la sigue, la consigue. Imposible resulta alcanzar la montaña más alta del mundo (el Everest) si, de antemano, el montañero se esconde y se queda conforme en el collado más pequeño… al lado de la llanura.

1. Y es que, el Señor, nos ha dado gran capacidad para salir de nosotros mismos. Para dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza. ¿Por qué nos asustan esos grandes picos donde, la fe, todavía no ha prendido con fuerza? ¿Por qué preferimos quedarnos al lado de los evangelizados y no salir al encuentro de los que aún no conocen la fuerza reveladora de Cristo?

Interrogantes que, junto a otros muchos, sólo esperan una respuesta: ¡Dios me ha dado mucho o poco y, por lo tanto, he de devolverle con creces tantas gracias que puso dentro de mí!

2.- Cobardía y miedo son dos grandes enemigos que intentan paralizar nuestra vida cristiana. Pero, la ausencia física del Señor, reclama nuestra responsabilidad. ¿Qué estamos dispuestos a hacer por El? ¿Qué talentos están produciendo nuestras familias cristianas que han sido regadas con el sacramento del Bautismo y que, constantemente, son beneficiadas con multitud de gracias sacramentales? ¿Respondemos con generosidad a tantos regalos por parte de Dios y de la Iglesia misma?

Reflexión 2: LOS DONES DE DIOS –LOS TALENTOS– HAY QUE TRABAJARLOS

 1.- Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor: cómo has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor… Eres un empleado negligente y holgazán… debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Entiendo por dones de Dios –los talentos– las cualidades innatas, las facultades, capacidades, poderes que Dios ha dado a una persona para que haga el bien. Dios normalmente nos da estos dones a través de nuestros padres, de los educadores, de la religión, de las distintas circunstancias de la vida por las que uno pasa. Estos dones nos capacitan para hacer con cierta facilidad el bien, perfeccionándonos a nosotros mismos y ayudando a los demás a perfeccionarse. Refiriéndonos, ya en concreto, a la parábola de los talentos, vemos muy claramente que estos dones, estos talentos, necesitan nuestro trabajo y nuestro esfuerzo para que sean eficaces y den el fruto que Dios espera de nosotros. El Señor no premia al que recibió cinco talentos, o dos talentos, por haberlos recibido, sino por haber negociado con ellos y haber ganado otros cinco, u otros dos. Tampoco condena al que recibió sólo un talento por haber recibido poco, sino por haber escondido el talento bajo tierra y no haber negociado con él. Aplicando esta parábola a nuestra vida, debemos meditar y reflexionar sobre las cualidades que Dios nos ha dado y cómo las hemos empleado para perfeccionarnos a nosotros mismos y ayudar a los demás a perfeccionarse. No siempre los más capacitados son los mejores y los más eficaces en la vida, tanto en el orden físico, como en el orden psicológico, como en el espiritual. El genio, suele decirse, es la paciencia, es decir, el trabajo, el esfuerzo, la lucha diaria para hacernos cada día un poco mejores. Así es como debemos entender la frase, a primera vista desconcertante, que Jesús dice: al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. El que tiene más y trabaja con lo que tiene, tendrá cada vez más, en cambio el que tiene menos y no trabaja con lo poco que tiene, terminará perdiendo lo poco que tenía. Trabajemos, pues, nosotros con los talentos, las cualidades, los dones, que Dios nos ha dado, y cada día tendremos un poco más y seremos cada día un poco mejores.

Reflexión 1: DIOS CONFÍA EN NOSOTROS

 1.- Las virtudes de la mujer. El autor del Libro de los Proverbios concluye su libro con un canto a la mujer completa o perfecta casada. Dado el cúmulo de virtudes que debe reunir la mujer ideal, se comprende que sea muy difícil encontrarla; de ahí la pregunta retórica del comienzo: "Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará?". Cada época y cada cultura tiene su mujer ideal. Evidentemente aquí se propone el ideal femenino que corresponde a una cultura patriarcal. Con todo, se señalan valores permanentes que siguen teniendo importancia para la mujer del mundo actual. La mujer, de espíritu fuerte, y laboriosa, que sabe ganarse la vida con su trabajo, representa un ideal válido para nuestra época. Cuando corremos el riesgo de convertir a la mujer en una señal de prestigio del varón y en un objeto de placer, vale la pena subrayar con energía que lo más hermoso de la mujer son las virtudes que tiene y que no siempre son reconocidas por nuestra querida Iglesia.

2.- El salmo 127 es un canto a la fraternidad. Es una gracia de Dios comer juntos, sentarse a la mesa en compañía de hermanos, tomar en unidad el fruto común de nuestro trabajo, sentirse en familia y charlar y comentar y comer y beber todos juntos en la alegre intimidad del grupo unido. Comer juntos es bendición de Dios. El comedor común nos une quizá tanto como la capilla. Somos cuerpo y alma, y si aprendemos a rezar juntos y a comer juntos, tendremos ya medio camino andado hacia el necesario arte de vivir juntos. La buena comida es bendición bíblica a la mesa del justo. ¿No han comparado el cielo a un banquete personas que sabían lo que decían? Si el cielo es un banquete, cada comida es un ensayo para el cielo. Que la bendición del salmo descienda sobre todas nuestras comidas en común al rezar y dar gracias:

09 noviembre 2020

Comentario bíblico: Domingo 15 noviembre

 Este “penúltimo” domingo del año litúrgico nos mete de lleno en la esfera religiosa escatológica; nos instruye y nos motiva a pensar en las últimas cosas de la vida, esas sobre las que no queremos hablar casi nunca, porque nos parece que no forman parte de nosotros mismos; como si fueran de otro mundo. Sin embargo, la liturgia nos recuerda que son del nuestro, de nuestra intimidad más profunda a la que debemos asomarnos con fe y esperanza. Existen las últimas cosas, que llegan cuando nuestra vida, aquí, ya se ha agotado. Por ello, nos permitimos una reflexión de más alcance sobre el concepto bíblico de “parusía” que impregna el sentido de las lecturas de este día:

04 noviembre 2020

Reflexión 4: Domingo XXXII del Tiempo Ordinario (Ciclo A) (8 noviembre)

 (8 de noviembre de 2020)

(Sab 6,12-16; 1Ts 4,13-18; Mt 25,1-13)

Estamos llegando al final del año litúrgico. El evangelio de este domingo nos habla de la vuelta de Cristo resucitado, que volverá como novio para el festín de bodas al final de nuestra vida. La parábola se sirve de las costumbres con que se celebraban las bodas de aquellos tiempos para exhortarnos a vivir vigilantes, a estar preparados para cuando el Señor nos llame, porque el Señor llega y llega a la hora que menos pensemos. Si somos sensatos, nos daremos cuenta de que lo realmente importante de toda nuestra vida es estar preparados para cuando el Señor nos llame. Si Cristo llegara hoy, ¿dónde y cómo nos encontraría?

El evangelio nos habla de diez vírgenes, que según el protocolo de aquellos tiempos, debían recibir al novio de una manera determinada. Debían recibirlo con unas lámparas encendidas. Todas habían sido invitadas a la boda, pero cuando llegó el novio, algunas de las vírgenes se encontraron con las lámparas vacías, tuvieron que ir a comprar el aceite necesario y cuando volvieron, ya era tarde para entrar a la boda, las puertas estaban cerradas y la única respuesta que oyeron fue: no os conozco (v.12).

Reflexión 3: NO VALE ENGANCHARSE A ÚLTIMA HORA (8 noviembre)

 1.- Que Dios es grande todos lo sabemos. Que su misericordia es ilimitada, lo anunciamos y pregonamos –una y otra vez– en nuestras homilías y conversaciones, grupos, reflexiones y tratados de teología. Que, Dios, en un gran buscador de todo lo perdido lo palpamos en muchos momentos de nuestra existencia y, lo escuchamos especialmente, en la parábola de la oveja perdida.

Estamos tan acostumbrados a proclamar que Dios es tan bueno que, en ocasiones, podemos correr el riesgo de pensar que Dios debe ser demasiado tonto y que, por lo tanto, todo vale, todo cuela…aunque seamos unos ladronzuelos de tercera.

En todo, y para todos, siempre hay una última oportunidad. No podemos confiarnos demasiado, o mejor dicho, dejarlo todo a merced de Dios.

En cierta ocasión un viajero, acostumbrado a recorrer su país en tren, daba tanto margen de confianza a su reloj que, un buen día, en el viaje más importante que le quedaba por emprender llegó a la estación y comprobó con gran decepción que el ferrocarril había partido minutos antes.

Reflexión 2: ENCENDIDAS LAS LÁMPARAS DE NUESTRAS BUENAS OBRAS (8 noviembre)

 1.- Dios quiere acompañarnos. Se nos presenta en la primera lectura la Sabiduría de Dios personificada en una joven que busca encontrarse con su amado.. "Fácilmente la ven los que la aman y la encuentran los que la buscan". No se comporta como una mujer que hace desaires. Al contrario, la Sabiduría se hace la encontradiza para los que la aman, para los que la desean y la buscan. El verdadero conocimiento de Dios no es el resultado de una laboriosa operación intelectual, es un don que se ofrece con generosidad a cuantos se disponen a recibirlo con un corazón abierto. "Se anticipa a darse a conocer a los que la desean. Quien temprano la busca, no se fatigará, pues a su puerta la hallará sentada". La Sabiduría de Dios madruga más que los que la desean. Cuando éstos despiertan y empiezan a buscarla, se la encuentran esperando a la puerta. No necesitan andar tras de ella todo el día. Dios se presenta siempre al hombre que le busca y se anticipa a sus deseos. Desgraciadamente, muchas veces nosotros los cristianos no somos capaces de imaginar que Dios esté sentado junto a nuestra puerta, esperando para regalarnos su amor. Dios nos ama gratuitamente y se ofrece constantemente para que nos llenemos de su vida. Acudamos a El para iluminar nuestra oscuridad y saciar nuestra sed de felicidad.

Reflexión 1: LA ESPERANZA CRISTIANA ES ACTIVA Y VIGILANTE (8 noviembre)

 1.- El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo… Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora. Jesús vuelve a usar una parábola para hablarnos del Reino de los cielos: esta vez lo compara con diez doncellas, cinco necias y cinco prudentes. Les dice a sus discípulos que el que espera el Reino de los cielos debe imitar a las cinco doncellas prudentes que esperaron al esposo con las lámparas encendidas. ¿Qué quiere decirnos a nosotros esta parábola? Que debemos vivir siempre preparados para encontrarnos con Jesús, con Dios, cuando tengamos que comparecer ante él, en cualquier momento que él nos llame. Y como no sabemos cuándo nos va a llamar, debemos vivir preparados, es decir, esperándole siempre, durante toda nuestra vida.

30 septiembre 2020

NO RESULTA FÁCIL: Domingo 4 de octubre

 NO RESULTA FÁCIL

1. Resulta difícil, y a veces doloroso, ser enviados una y otra vez a la viña del Señor. Entre otras cosas porque, las resistencias o contradicciones con las que nos encontramos, pueden llegar a mermar o debilitar nuestras iniciativas. ¡Cuándo llegaremos a comprender que no podemos ser más que el Maestro: Jesús también se topó con incomprensiones y descalificaciones!

Seguimos, un domingo más, en la viña y como viña del Señor. Y, al escuchar el evangelio de este día, retomo las palabras del Papa emérito Benedicto XVI en Alemania: “hay una progresiva indiferencia hacia la religión en las sociedades europeas”.

¡Qué peligrosa esta situación! ¿En qué valores sustentaremos el futuro de nuestras democracias? ¿Será posible prescindir del cristianismo (cuando algunos intentan con guante blanco o negro dinamitarlo) y mantener toda la estructura cultural, política, social que ha surgido como consecuencia de él?

 Hay muchas formas de tomar parte en un suicidio colectivo, en una ruina moral de nuestras sociedades. Una de ellas es precisamente la de quedarnos de brazos cruzados. La de no trabajar para que, el cristianismo, siga aportando a nuestra realidad aquello que tanto necesita y echamos en falta: ética, justicia, razón, progreso bien entendido y valores trascendentales. De lo contrario…podemos llegar a ser, sin darnos cuenta, viñadores suicidas de la inmensa viña que nuestros antepasados nos han dejado: la fe.

EVANGELIZAR CON LOS MEDIOS DE HOY: Domingo 4 de octubre

 


1.- El fruto esperado que no llega. Tanto el profeta Isaías como el evangelio de Mateo utilizan la imagen de la viña para resaltar la relación de Dios con su pueblo. La viña era la casa de Israel. Yahvé la plantó, arregló y preparó con todo esmero para que diera fruto. Derrochó en ella todo su amor. Sólo esperaba de ella una cosa: que diera uvas, el fruto de la vid. En el pacto de la Alianza en el Sinaí quedó claro el compromiso de ambas partes: "vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios". El Señor fue fiel, pero el pueblo olvidó su juramento. Dios sólo deseaba que diera frutos de amor, por su propio bien, por su propia felicidad. A pesar de todo, envió a sus mensajeros los profetas (los criados de la parábola) para recordárselo, pero no sólo no les escucharon sino que les apedrearon o les mataron. ¿Qué más podía hacer por su viña que no haya hecho? Lo impensable: envió a su propio hijo. Pero los labradores acabaron con su vida para quedarse con la viña. Mateo, teniendo en cuenta los acontecimientos de la crucifixión de Jesús en el calvario, dice aquí que los arrendatarios, agarrando al heredero, "lo empujaron fuera de la viña y lo mataron". Recordemos que Jesús murió fuera de los muros de Jerusalén, rechazado por los jefes de Israel y el pueblo judío. Hecho éste al que atribuye un hondo significado el autor de la carta a los Hebreos.

DIOS NOS OFRECE A TODOS LA SALVACIÓN, PERO NOSOTROS PODEMOS RECHAZARLA: domingo 4 de octubre

 


1.- La viña del Señor es la casa de Israel. Esta frase del salmo 79, que repetimos en el salmo responsorial, resumen los textos de la primera lectura del profeta Isaías y el texto del evangelio según san Mateo. Empezando por la primera lectura del profeta Isaías, diremos que este fervoroso y literariamente bello canto del profeta Isaías a la viña del Señor se refiere, evidentemente, al pueblo de Israel. Dios había esperado de su pueblo derecho y justicia, pero su pueblo le respondió con asesinatos y lamentos. Aplicándonos nosotros este texto a nosotros mismos, debemos preguntarnos ahora si nosotros hemos respondido siempre con derecho y justicia, es decir, con fidelidad, a la oferta de salvación que el Señor nos ha hecho repetidamente a lo largo de nuestra vida. El Papa Francisco no se cansa de repetir que Dios no se cansa de buscarnos.

23 septiembre 2020

Domingo XXVI del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

 


Domingo XXVI del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

(27 de septiembre de 2020)

(Ez 18,25-28; Flp 2,1-11; Mt 21,28-32)

«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el Reino de Dios» (Mt 21,31).

La verdadera religión, es decir, la auténtica actitud del hombre con relación a Dios es la obediencia de sus mandamientos, la interiorización sincera de su voluntad, de forma que el hombre haga de la voluntad de Dios la norma de su vida y de su conducta. Por el contrario, la religión que se queda en declaraciones, en palabras huecas, en ritos vacíos, es una religión, no sólo vana, sino falsa, que merece la reprobación de Dios, y que no conduce al hombre a su salvación.

22 septiembre 2020

 


  • Iª Lectura: Ezequiel (18,25-28): Solidaridad, pero también responsabilidad personal

I.1. La Iª Lectura se enmarca en un conjunto de profeta Ezequiel, que expresa uno de los puntos álgidos de su teología después de la catástrofe del destierro de Babilonia (587 a. C.). Se ha dicho, con razón, que en el pensamiento de este profeta hay un antes y un después de esa fecha fatídica para Israel. En lo que respecta al después, cuando el pueblo estaba destruido y todos pensaban que esa situación era la consecuencia de cómo el pueblo había actuado frente a Dios, el profeta entiende que en el futuro no se podrá hablar exclusivamente de responsabilidad colectiva donde casi nadie se siente culpable. Por ello, aquí estamos ante la teología de la responsabilidad personal, donde cada uno da cuenta a Dios de sus obras.

Reflexión (2): SIN RUIDO Y HACIENDO BIEN(27 septiembre 2020)

 SIN RUIDO Y HACIENDO BIEN

Se nota cuando, nuestras palabras son eso: buenos deseos. Y, por el contrario, a veces los silencios hacen y dicen mucho. Hoy con el evangelio en la mano nos damos cuenta de que nuestro “si” no siempre es sincero ni creíble. Muchas veces está condicionado por el quedar bien con alguien o por algo, por salir airosos de algunas situaciones o, simplemente, porque con un “si vacío” solucionamos una situación puntual que, luego, se nos puede volver en contra. Es bueno pues aquella máxima de: “promete lo que vayas a realizar y calla aquello que te deje en evidencia”.

1. Dios nos hace libres, y desde esa libertad, estamos llamados a cooperar con El. Conoce de antemano los sentimientos más profundos de nuestros corazones. Sabe, perfectamente, cuando nuestros labios emiten sonidos que en nada reflejan nuestro pensamiento. Pero, Dios, ahí está: aguarda, espera, confía una y otra vez en el ser humano. ¿Por qué? ¡Nos quiere libres y libremente desea que le amemos! ¿Se puede querer a un padre por imperativo legal? ¿El amor es auténtico cuando se da largas o cuando se demuestra?

Reflexión (2): PONER EN PRACTICA LO QUE DECIMOS (27 septiembre 2020)

 1.- "Obras son amores…." Cuando Jesús tomó la decisión de "subir a Jerusalén" sabía muy bien sus consecuencias. Allí tendría que enfrentarse a las autoridades religiosas, los príncipes de los sacerdotes, los ancianos y escribas. Tras ser aclamado por el pueblo, consciente de cuál era su misión, realizó la "purificación del Templo", lo cual provocó la indignación de los líderes religiosos, que cuestionaban el origen de su poder, movidos por la envidia y el fanatismo. Jesús es consecuente y valiente, pero no tonto y por eso les pone en apuros cuando les cuestiona sobre el origen del bautismo de Juan. Si dicen que del cielo, ¿por qué lo condenaron?; si dicen que de los hombres ¿qué dirá el pueblo que le tenía por profeta? Al responder que no lo sabían, Jesús se defiende diciéndoles que El tampoco contestará a su perversa pregunta. Y entonces, para ponerles en evidencia, les cuenta la "parábola de los dos hijos". La conclusión es que ellos, los jefes religiosos judíos son como el segundo hijo que dijo "Voy, señor", pero no fue. Son unos palabreros que dicen y no hacen. Es decir, unos hipócritas incapaces de corroborar con los hechos lo que dicen con las palabras. En ellos no hay ni una palabra mala, ni una buena acción. Y ya dice el refrán: "Obras son amores y no buenas razones". Los publicanos y las prostitutas les precederán en el reino de los cielos, porque creyeron. Ya lo había anunciado el profeta Ezequiel: Dios acoge al pecador que "se convierte de la maldad que hizo, y practica el derecho y la justicia", porque, como dice el salmo, su ternura y misericordia son eternas. Y todo porque el Señor es bueno y enseña su camino a los humildes. El peor pecado es el orgullo y la hipocresía.

Reflexión (1): A LOS ARREPENTIDOS DIOS LOS SALVA (27 septiembre 2020)

 


1.- Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Tanto el profeta Ezequiel, en la primera lectura, como el mismo Jesús, en el evangelio de este domingo, dicen desde distintos puntos de vista, la misma idea: Dios no condena a nadie caprichosamente, es cada persona, libre e individualmente, la que se convierte al Señor y se deja salvar por él. El profeta Ezequiel habla, como no podía ser de otra manera, con palabras e ideas propias de su tiempo: el que muere, muere por los pecados morales que él comete libre e individualmente; el que se salva, se salva por haber practicado el derecho y la justicia. Dios no salva, ni condena caprichosamente a nadie. También nosotros debemos ser conscientes de nuestra responsabilidad personal en la salvación o condenación; somos nosotros mismos los que, con nuestro comportamiento, decidimos dejarnos salvar o no por el Señor. No echemos la culpa a Dios de nuestros males o sufrimientos, tanto físicos como morales, cada uno de nosotros es responsable de su propia vida. Dios quiere que todos nos salvemos, sólo si nosotros, con nuestro comportamiento, no aceptamos la voluntad de Dios, Dios no podrá salvarnos contra nuestra propia voluntad. Si no hemos practicado la justicia y el derecho, convirtámonos al Señor, con la seguridad de que él nos salvará. A la persona arrepentida Dios nunca lo abandona. La misericordia del Señor es eterna, como nos dice el salmo 24.

18 septiembre 2020

Domingo 20 septiembre. LA GRATUIDAD DE DIOS

 LA GRATUIDAD DE DIOS

1.- La generosidad de Dios. El segundo Isaías nos habla de un Dios “perdonador”. El perdón que Dios da al que hace lo posible por vivir de acuerdo con la exigencia de la fe es un acto de una misericordia que no tiene comparación entre los hombres. Pero es necesario el requisito de cambiar de planes. Una experiencia así solamente es comprensible desde una óptica de pura fe. La era mesiánica que se anuncia es de características tan radicalmente nuevas que los planes del hombre apartado de Dios no tendrán cabida en ella. En esta incomprensión del actuar del Dios generoso es donde el hombre tiene que afirmar su fe. Solamente el que tiene corazón agradecido y admite la evidencia de lo maravilloso de la generosidad de Dios puede comprender esto. El profeta emplea una imaginería cósmica para corroborar la actuación gratuita y escandalosamente diferente del actuar de Dios. En último término la actuación de Dios no es pura arbitrariedad sino un criterio de fidelidad y de amor. No se puede reprochar a Dios su manera de actuar cuando sabemos que en el fondo late el amor y respeto más profundo a la debilidad del hombre, tal como subraya el evangelio que hemos escuchado.

2.- El deseo de Dios. Pablo siente un deseo fuerte de estar unido a Jesús inmediatamente después de la muerte. Solamente si se entra en categoría de amor podremos llegar a comprender y a desear con realismo vivir el estilo de vida que vive ya Jesús. Consciente del valor de su misión, rechaza el Apóstol eso que para él es mejor, como sería el salir condenado del juicio en el que está metido. No quiere abandonar a medio hacer lo que ha comenzado. Quiere continuar la misión que ha recibido aquí en la tierra, aunque en el fondo desearía estar junto a Dios. En este sentido escribió Santa Teresa de Jesús:

 “Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero,

que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,

después que muero de amor;

NO SIEMPRE LOS PLANES DE DIOS SON LOS PLANES DEL HOMBRE: Domingo 20 septiembre

 1.- Dios sí quiere que nuestros planes coincidan con sus planes, pero somos nosotros los que muchas veces hacemos esto imposible. Por nuestra inclinación al mal, por nuestro egoísmo, por nuestro materialismo, por no obedecer humildemente los planes de Dios, hacemos muchas veces imposible que los planes de Dios se cumplan en nuestras vidas. Los planes de Dios son siempre la justicia, el amor, la paz. Dios sí quiere que todos sus hijos puedan vivir dignamente y sean humana y cristianamente felices, pero somos nosotros, los humanos, los que, con nuestro egoísmo y maldad, creamos divisiones injustas y hacemos posible que, mientras a algunos les sobren muchas cosas superfluas, a otros les falten muchas cosas necesarias. También es verdad que los hombres, las personas humanas, somos limitados e imperfectos en nuestro entender y en nuestro obrar. Más de una vez los planes de Dios nos sorprenden y nos descolocan, porque no los entendemos. En estos casos, debemos aceptar con humildad y confianza en Dios los acontecimientos personales, familiares o sociales, que nos cuesta entender y explicar. ¿Por qué mueren tantos niños inocentes, por qué, como consecuencia de un terremoto o un huracán, sufren y mueren muchas personas buenas que siempre desearon cumplir la voluntad de Dios?, ¿por qué?, ¿por qué?... Humildad y confianza en Dios, a pesar de todo. Fijémonos ya concretamente en el evangelio de este domingo, según san Mateo.