Evangelio
Misa con niños
UNA VOZ GRITA EN EL DESIERTO
Por Javier Leoz
1.- Preparar el camino al Señor no es nada nuevo pero cuesta para quien se toma en serio la venida de Jesús. Juan Bautista fue uno de esos hombres que se preocupó de ir echando buen firme para que el Señor entrase mejor en los corazones de sus contemporáneos. Es como aquel pregonero que, al inicio de nuestras cabalgatas de reyes, anuncia previamente lo mucho y bueno que viene detrás. El anunciador no es ni el mensaje ni el regalo pero -el pregonero- anima, despierta, mantiene en vilo, ayuda a desear y gustar lo que está por venir.
Hoy Juan Bautista es ese “heraldo” que nos invita:
-A valorar como insignificantes tantas cosas que obstaculizan y ensombrecen la llegada de Jesús.
-A rellenar esos grandes agujeros, que son nuestras vidas vacías, con la oración y la expectación (no el derroche) que produce la próxima Navidad.
-A la restauración no tanto de puentes entre orillas cuanto a ser puentes entre nosotros y Dios cultivando la esperanza.
-Juan nos anima no al parcheado superficial de caminos y sí al nivelado y a la sensibilización de nuestros corazones que es donde sentimos que Dios nace de verdad.
¡DIOS GRITA EN EL DESIERTO!
Por José María Maruri, SJ
1.- Muchos de nosotros, en varias ocasiones, hemos sufridos inundaciones, aquí y allá. Entonces sabemos que la seguridad de un futuro exige muchos cambios. Hay que canalizar ríos. Habrá que desviar, tal vez, carreteras y vías de tren construidas facilitonamente. No se puede salir del paso con limpiar los escombros y barro producido por las riadas. Se necesitan cambios definitivos y radicales en muchos casos. No bastan las chapuzas que duran poco tiempo.
Pues eso es lo que Juan gritaba en el desierto: “Convertíos”, que no es la chapuza de sacar a la luz los sacos de antracita de unos pecados amontonados en la oscuridad de una carbonería, dejando el almacén tan húmedo y oscuro como ha estado siempre.
* Convertíos es cambiar de actitud, es reorientar la vida, es tirar abajo la carbonería para convertir el antiguo solar en un hermoso jardín
* Convertíos es virar en redondo y deshacer el camino andado porque íbamos en dirección contraria. ¿No os habéis perdido nunca por una carretera nueva, amplia, sin apenas tráfico, para daros cuenta, de pronto que en lugar de ir a Talavera estáis yendo hacia Villaviciosa de Odón? El camino es cómodo, pero no me lleva donde voy
UN PROGRAMA PARA EL ADVIENTO
Por José María Martín OSA
1. -Juan es el último profeta del Antiguo Testamento y el primero del Nuevo, es el precursor del salvador. Nos invita a la conversión, al cambio de mente y de corazón, de pensamiento y sentimiento. Nos invita a tomar postura, de ella depende la diferencia que separará a unos de otros. Nosotros preguntamos también: ¿entonces, qué hacemos? El nos indica un camino: compartir nuestros bienes, servir al necesitado, no aprovecharse de los demás, dar de comer al hambriento... ¿Qué me respondería a mí en este momento de mi vida Juan Bautista? Si quiero preparar de verdad mi interior para la venida de Jesús no debo eludir esta pregunta. Sólo si estoy dispuesto a dar una respuesta adecuada estaré en condiciones de que el Evangelio sea de verdad una Buena Noticia.
2.- En este domingo yo quiero ser otro Juan Bautista, quiero que el Señor me ayude a ser consecuente hasta el extremo, como lo fue él; quiero ser profeta de la esperanza, quiero ser instrumento de Dios para generar ilusión y alegría en mi entorno. Tengo motivos para la esperanza y para vivir con alegría desbordante porque me siento amado por Dios, ¿por que no colaboro a que sea posible la esperanza para todos aquellos que no conocen la alegría de sentirse queridos y salvados por Dios y viven sumergidos en el mundo de las tinieblas o de la desilusión? ¡Señor, que sea capaz de escuchar este mensaje de Adviento! Es para mí.
"Hombre de hoy,
¿dónde has puesto tus ojos,
dónde tienes tu esperanza?
Hombre y mujer de hoy,
¿dónde tienes la meta de tu caminar.
tienes hambre de todo y nada te sacia.
LA VIDA COMO CAMINO DE CONVERSIÓN
1.- Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: “convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos”. Las palabras de Juan Bautista, predicando la conversión, siguen teniendo hoy valor total para todos nosotros. Porque todos los nacidos de mujer nacemos empecatados, es decir, con unas tendencias innatas al pecado. Educar a un niño, desde su más tierna infancia, es eso: enseñarle a apartarse del pecado y a tender al bien, es decir, a convertirse. El egoísmo y el afán incontenible de placer material hacen del niño un ser totalmente preocupado únicamente de sí mismo. La conversión del niño a la generosidad hacia el prójimo y hacia el bien moral es un proceso de conversión lento, continuado e imprescindible. Y de mayores seguimos más o menos igual, quiero decir, con una necesidad diaria de reflexión y de esfuerzo moral para vencer las tendencias que nos incitan al mal y para adquirir las virtudes que nos permiten hacer el bien. No hace falta ser un pecador manifiesto, o vivir en el error total, para estar necesitado de conversión. Hasta los más grandes santos vivían continuamente preocupados y atentos a su conversión personal, para estar cada día, cada momento, un poco más cerca de la virtud y del bien, es decir, de Dios. En este segundo domingo de Adviento hagamos cada uno de nosotros un propósito sincero de conversión.
San Juan Bautista es el personaje central en el Evangelio de este Domingo. El profeta que aparece en el desierto proclamando el ya próximo advenimiento del Reino de Dios e invitando a todos a recibir un bautismo para el perdón de los pecados era el hijo de Isabel, parienta de Santa María. Él es aquel que en el seno materno saltó de gozo en el encuentro de las dos madres (ver Lc 1,44).
Este niño milagrosamente concebido (ver Lc 1,5-7) estaba llamado a cumplir una singular misión: «a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios, e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto» (Lc 1,15-17). Zacarías, su padre, inspirado por el Espíritu Santo anunció: «serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos» (Lc 1,76).
Con el tiempo «el niño crecía y su espíritu se fortalecía». Vivió en el desierto hasta que llegó «el día de su manifestación a Israel» (Lc 1,80). «En el año quince del imperio de Tiberio César... fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados» (Lc 3,1ss). Es así como lo vemos en el Evangelio de este Domingo, proclamando a viva voz: «Conviértanse, porque está cerca el Reino de los cielos».
¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA RECIBIR AL SEÑOR?
1. - ¿Qué me respondería hoy a mí? Juan es el último profeta del Antiguo Testamento y el primero del Nuevo, es el precursor del salvador. Nos invita a la conversión, al cambio de mente y de corazón, de pensamiento y sentimiento. Nos invita a tomar postura, de ella depende la diferencia que separará a unos de otros. Nosotros preguntamos también: ¿entonces, qué hacemos? Él nos indica un camino: compartir nuestros bienes, servir al necesitado, no aprovecharse de los demás, dar de comer al hambriento... ¿Qué me respondería a mí en este momento de mi vida Juan Bautista? Si quiero preparar de verdad mi interior para la venida de Jesús no debo eludir esta pregunta. Sólo si estoy dispuesto a dar una respuesta adecuada estaré en condiciones de que el Evangelio sea de verdad una Buena Noticia.
2.- Que sea posible la esperanza. En este domingo yo quiero ser otro Juan Bautista, quiero que el Señor me ayude a ser consecuente hasta el extremo, como lo fue él; quiero ser profeta de la esperanza, quiero ser instrumento de Dios para generar ilusión y alegría en mi entorno. Tengo motivos para la esperanza y para vivir con alegría desbordante porque me siento amado por Dios, ¿por qué no colaboro a que sea posible la esperanza para todos aquellos que no conocen la alegría de sentirse queridos y salvados por Dios y viven sumergidos en el mundo de las tinieblas o de la desilusión? ¡Señor, que sea capaz de escuchar este mensaje de Adviento! Es para mí.
EL MENSAJE DEL BAUTISTA
Por José Román Flecha
¡Un cambio Señor!
Por Javier Leoz
VEN SEÑOR JESÚS
Por Ángel Gómez Escorial
1.- Desde que, ahora, hace dos mil años, Jesús se marchó, todos sus seguidores le esperamos, día a día. El "Ven Señor Jesús" es la jaculatoria más antigua de la Iglesia y generación tras generación los cristianos esperan esa vuelta. Llama la atención como, incluso, San Pablo pudo pensar al principio de su predicación que la segunda llegada del Señor estaba muy próxima. A partir de esa "decepción" hemos aprendido a esperar sin fecha, aunque con el mismo entusiasmo. Por eso, el Adviento y la Navidad son un camino anticipado hacia la Parusía. Juan, el Bautista, nos va a recordar en el Evangelio de Mateo que leemos en este Segundo Domingo de Adviento que está próxima esa venida y, por tanto, la culminación en la Tierra del Reino de los Cielos. Nos marca un camino de arrepentimiento y conversión para mejor esperar al Señor. Y, ciertamente, esa dirección sirve, igualmente, para esperar la conmemoración del Nacimiento del Niño Dios que esa vuelta gloriosa, ante la cual también hemos de estar expectantes.
ESTÁ CERCA EL REINO DE DIOS
Por Antonio Díaz Tortajada
1.- La clave de las tres lecturas de la Eucaristía de este domingo no está en el “convertíos”, sino en el “está cerca el Reino de Dios”. Pero si el reino de Dios viene a nosotros, tenemos que cambiar radicalmente. Nunca estamos preparados para recibir a Dios. Juan era un signo vivo de conversión y preparación: Su ejemplo, su palabra, sus gestos; el hombre que venia del desierto entrañaba un estilo de vida nuevo. Era un hombre quemado por la fuerza del Espíritu de dios; era el hombre que se alimentaba del Espíritu de Dios; era el hombre de la verdad y de la justicia en definitiva era el hombre que creía profundamente en el poder de Dios.
La primera lectura de la celebración dominical, sacada del libro del profeta Isaías es un poema mesiánico impresionante. Este texto nos pinta, con toda la imaginación de un hebreo de su época, lo que será, según él, la maravilla del momento en el que Dios sea quién reine efectivamente entre su pueblo: El rey, dice Isaías, defenderá a quien no tiene sino a Dios para que le haga justicia. La paz y la justicia serán efectivas. Habitarán juntos los violentos y los pacíficos y nadie agredirá a nadie. Hará posible una restauración cósmica, como una vuelta al paraíso. Lo que supone el triunfo del derecho y la justicia; la predilección por los pobres y la reconciliación universal. El Mesías, el ungido, el colmado, el enriquecido de Espíritu de Dios, hará todo esto y será un descendiente de David.
Monición de entrada:
(El monitor deber dar un saludo espontáneo a la comunidad). En este segundo domingo de adviento, la Iglesia nos presenta a Juan Bautista, llamándonos a la conversión de corazón. Mientras que el mensaje de Juan es severo, el profeta Isaías, en la primera lectura, nos presenta un rey ideal dotado de los dones del espíritu y cuyo reinado nos traerá la paz y la justicia. Nosotros los cristianos, sabemos en fe, que Cristo vino a este mundo y que constantemente nos ofrece sus dones. Abramos nuestros corazones para recibirlo ahora, en la celebración de la Eucaristía. De pie, por favor.
Primera lectura: Is 11, 1-10 (Con equidad dará sentencia al pobre)
La primera lectura nos relata una de las grandes profecías mesiánicas de Isaías. El mesías, como verdadero y justo rey, está dotado del espíritu de Yavé y posee sus dones. Él será un nuevo brote que nace de una raíz vieja para darnos nueva vida, precisamente en este adviento. Presten atención.
Domingo 4 de diciembre 2022 / 2do Domingo de Adviento. Ciclo A
—BIENVENIDA:
Celebramos el segundo domingo de Adviento, el tiempo fuerte en que nos preparamos para recibir al Señor que viene a nuestro encuentro en esta Navidad.
En este tiempo nuestra madre, la Iglesia, nos urge a una renovación profunda de nuestras vidas, en la gozosa espera del Señor que viene a salvarnos.
—LITURGIA DE LA PALABRA:
1ª. LECTURA: (Is 11, 1-10)
La primera lectura de hoy es nuevamente un gozoso anuncio del profeta Isaías; un anuncio de Aquél que ha de venir a renovar la vida y la historia de los hombres.
R I T O S I N I C I A L E S
CANTO DE ENTRADA.
Abre tu tienda al Señor, recíbele dentro escucha su voz; abre tu tienda al Señor, prepara tu fuego que llega el Amor.
El Adviento es esperanza, la esperanza, salvación; ya se acerca el Señor; preparemos los caminos, los caminos del amor, escuchemos su voz.
SALUDO, MONICIÓN, Y RITO DE LA CORONA DE ADVIENTO.
DESPUÉS DE ENCENDER LA VELA DE LA CORONA DE ADVIENTO.
Esperamos al Mesías con la lámpara de la fe y el amor.
Mantened la luz, preparad el camino, dad frutos de conversión.
ORACIÓN COLECTA.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA.
Lectura del libro de Isaías 11, 1-10.