Todos hemos visto en la televisión esos anuncios que contrastan dos fotos del mismo personaje y dicen: antes y después.
Antes: canas. Después: color natural.
Antes: calvo. Después: pelo abundante.
Antes: gordo. Después: esbelto.
La historia del hijo pródigo es también la historia de un antes y un después.
Perdido-encontrado. Muerto-vivo. Sin padre-con padre.
Cuenta un catequista que trabajaba en una fábrica que un día un joven l
lamado Agustín estuvo a punto de ser despedido por llegar borracho al trabajo.
Al día siguiente Agustín entró en la fábrica con miedo pero sobrio.
Al llegar el catequista le saludó diciendo: ahí viene el hijo pródigo. Agustín se enfadó y le preguntó: "¿Qué me has llamado?"
Ni Agustín ni sus compañeros sabían qué era eso del hijo pródigo. Los reunió y les contó la historia.
Cuando terminó, Agustín dijo: "eso no es justo. Ese hijo no debería haber sido admitido en casa." Los compañeros le dijeron: tú eres el hijo pródigo, ¿quieres que te despidamos?
Supongo que no, dijo encogiéndose de hombros.
¿Te acabas de inventar esa historia?, preguntó Agustín. Yo nunca he oído hablar de Dios. Yo sólo he oído decir que Dios castiga con el infierno a los haraganes.
No, no me he inventado la historia. Nos la cuenta Jesús para hablarnos
de su Padre, de Dios.
Agustín estaba radiante de alegría cuando el círculo se dispersó y volvió a su trabajo.
Mira al que tienes al lado y pregúntale: ¿Conocías esa historia de Jesús?
¿Has tenido alguna vez complejo de hijo pródigo?
Alguna vez te han dicho: Mira, ahí viene el hijo pródigo.
Esta es una historia que siempre sabe bien porque siempre somos, aun los buenos o los que se creen buenos, hijos pródigos.
Sí, hermanos, yo sé que los padres y las madres viven el mismísimo drama de Dios: el drama de los hijos. Es fin de semana. Son las seis de la mañana y tu hijo no ha vuelto a casa. Miras por la ventana, escuchas la puerta y es imposible dormir. Y cuando llegan, ¡qué descanso y qué paz!
Este es el drama de Dios con todos nosotros y no sólo los fines de semana sino todos los días.