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08 abril 2018

Domingo II de Pascua

Hoy es 8 de abril, segundo domingo de Pascua.
Empiezo este tiempo de oración, ya sea en la soledad de mi cuarto, en una Iglesia, caminando por la ciudad, en el autobús, cualquier lugar se vuelve sagrado con la presencia de Dios. Comienzo abriéndome a la sorpresa de lo que el Señor quiera comunicarme.
La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 20, 19-31):
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.

No tengamos miedo

Hace una semana estuvimos celebrando la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección. Aunque sólo han pasado unos días, todo lo que rodea la Semana Santa (procesiones, tradiciones, vacaciones…) ha quedado ya atrás. Durante la Semana Santa mucha gente participa en los diferentes actos y celebraciones, aunque sea como espectadores; se ve como algo bastante normal y aceptable, pero una vez termina la Semana Santa ya no se ve “normal” que alguien participe habitualmente en la Eucaristía o en otros actos litúrgicos, y mucho menos que se confiese abiertamente la fe en Cristo Resucitado. Por eso se tiende a vivir la fe de un modo privado e incluso a veces como acomplejados, como si nos avergonzáramos de tener esta fe.

¡Sonríe, Tomás inculpado!

¡Desde qué púlpito!
Querido Tomás, quiero hacerte saber, por lo que pueda interesarte, que yo estoy de parte tuya. Este es el domingo en que se te pone sin piedad en el banco de los acusados, sometido a un verdadero linchamiento teológico, acusado de fe escasa o, incluso, de falta absoluta de fe. Para ti, en verdad, los exámenes no terminan nunca y siempre te suspenden.
Oyendo a ciertos predicadores, se saca la impresión de que en el grupo de los apóstoles había un traidor, pero también un incrédulo. Tú, precisamente. Son groserías tan evidentes que no merecerían ser tomadas en consideración, si no se repitiesen anualmente también desde púlpitos acreditados.

Domingo II de Pascua

Dios entra por los sentidos. Es lo que le pasó a Tomás. Este hombre decía lo que dice mucha gente cuando se plantea el tema de Dios: “si no lo veo no lo creo”. Tomás quería ver, tocar, palpar. Y Jesús se lo concedió.
Pero, ¿qué vio y tocó Tomas? Vio y tocó llagas de dolor y muerte. Palpó cicatrices de sufrimiento. Y ahí, en eso, en lo que entra por los sentidos, Tomás se dio de cara con la fe: ¡Señor mío y Dios mío! Esto no quiere decir que el camino para ir a Dios sea el camino del dolor. Dios no quiere el sufrimientoLo que ocurre es que en esta vida hay mucha gente que sufre más de lo que puede soportar. Y esto supuesto, la fe en la resurrección se expresa en el hecho de que nos pone en el recto camino para prestar atención a los padecimientos y esperanzas del pasado; y para aceptar el desafío de los muertos.
Dichosos los que creen sin haber visto a Jesús.Hoy la presencia de Jesús está allí donde los que le buscan, encuentran llagas de dolor y muerte. Si, en lugar de eso, encuentran poder, pompa y boato, no podrán decir: “¡Señor mío y Dios mío!”.
José María Castillo

Creer es enamorarse

Quiero pensar, sin temor a equivocarme, que la primera aparición de Jesús resucitado la obsequió, como buen hijo, a su madre María. Los evangelios no mencionan el evento porque ella, una vez más, ejercitó el silencio y guardó el secreto en su corazón, para luego meditarlo. Después, Jesús se hizo el encontradizo con María Magdalena. Y, en tercer lugar, se apareció a los discípulos, reunidos en una casa, con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos… Todos conocemos lo que sucedió. Jesús les deseó la paz. Les mostró las manos y el costado. Ellos se llenaron de alegría. No estaba Tomás. Y cuando le contaron lo sucedido, se mostró escéptico exigiendo pruebas. A la semana siguiente, volvió Jesús y ese día estaba también Tomás. Jesús le reprochó dulcemente su incredulidad, y el discípulo confesó al punto el primer Credo del cristianismo: “¡Señor mío y Dios mío!”.

07 abril 2018

La misa del 2º Domingo de Pascua: misa con niños

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DOMINGO II DE PASCUA (B)
“Tomás”
8 de abril de 2018
(En este domingo, en muchos lugares, ya se ha retomado el ritmo habitual de trabajo colegio y la participación en la eucaristía. Conviene destacar, por lo tanto, los signos y mensajes que se expresaron el domingo anterior. Este domingo, como toda la semana anterior, se puede considerar como continuación de la fiesta de Pascua, “un único día de Pascua” prolongado en el tiempo.
  • Siguen destacando los signos de fiesta y alegría: el color blanco, las flores, el cirio pascual. Se puede tener un recipiente con el agua bendecida en la vigilia pascual o con agua bendita y algún cartel o proyección con frases: “resucitó” “aleluya” …
  • Un signo para la celebración: sigue siendo el cirio pascual, colocado en pedestal o soporte digno.

Semana II de Pascua Domingo 8 de abril de 2018

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Hechos 4, 32–35
Salmo117
1Juan5, 1–6
Juan20, 19–31
El evangelio de hoy nos enseña cómo es difícil tener fe en Jesús, viendo como los discípulos que siguieron a Jesús tuvieron muchos miedos y temores ante lo que ocurrió. Jesús muere en la cruz, y los discípulos huyen, se esconden, temen a la población que está a su alrededor y parecen no creer en la posibilidad de la resurrección de Jesús.
Pero incluso en los momentos más difíciles, el Señor está a nuestro lado. Jesús sorprende a los discípulos y se coloca en medio de ellos, en el centro. Ha de ser nuestro centro en la vida y se coloca en esa posición, para traernos la paz. Y nos muestra que es el mismo quien murió en la cruz, que no es otro diferente. Por ello nos muestra las heridas que sufrió. Esta es la única manera de demostrarnos que aquel con el que habían convivido era el mismo que había resucitado.

Guión litúrgico Domingo II de Pascua – Ciclo B

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06 abril 2018

2º Domingo de Pascua, 8 abril: Recursos dominicales

Pinchad en la imagen para ver los recursos dominicales del 2º Domingo de Pascua:

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2º Domingo Pascua: Guión Eucaristía para jóvenes

2º Domingo de Pascua: Guión Eucaristía niños

Domingo 08/04 | Domingo 2° de Pascua (o de la Divina Misericordia)

II Domingo de Pascua: Jesús me dice...

+ Jesús resucitado, se apareció a sus discípulos. Uno de los apóstoles, Tomás, no estaba con ellos. Cuando los discípulos le dijeron a Tomás que habían visto a Jesús y que estaba vivo, Tomás dijo: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.» 
 + Una semana después, Jesús se vuele a parecer y allí estaba Tomás. Jesús le dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.»…Tomas dijo:«¡Señor mío y Dios mío!» 
DRAMATIZACIÓN
Comprador: ¡Buenos días!
Vendedora: ¡Buenos días! ¿Qué desea?
Comprador: Quisiera un par de zapatillas
Vendedora: Bueno tiene este modelo, este con abrojo, este de color azul… (la vendedora le muestra varios modelos)
Comprador: Me gustan mucho estas con las rayas verdes flúo.
Vendedora: Son muy lindas, sí.
Comprador: Las voy a pagar con tarjeta de crédito
Vendedora: ¿Cuál es la tarjeta?

II Domingo de Pascua: Catequesis

II Domingo de Pascua, 8 de Abril 2018
La Divina Misericordia
Hechos 4, 32-35; Salmo 117: 2-4. 16ab-15. 22-24; 1 Juan 5, 1-6; Juan 20:19-31
Jesús se aparece a los discípulos
Al llegar la noche del día de la resurrección, los discípulos se habían reunido con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo: ¡Paz a ustedes! dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús les dijo otra vez: ¡Paz a ustedes! Como el Padre me envió a mí, así yo los envió a ustedes. Soplo sobre ellos, y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedaran perdonados; y a quienes no se los perdonen, les quedaran sin perdonar. Tomas, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Después los otros discípulos le dijeron: Hemos visto al Señor. Pero Tomas les contestó: Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer. Ocho días después, los discípulos se habían reunido de nuevo en una casa, y esta vez Tomas estaba también. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, se puso en medio de ellos y los saludó, diciendo: ¡Paz a ustedes! Luego dijo a Tomas: Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo; ¡cree! Tomas entonces exclamó: ¡Mi Señor y mi Dios! Jesús le dijo: ¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto! Jesús hizo muchas otras señales milagrosas delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo en él tengan vida.
Reflexión y Actividad
Cuales cosas son muy difíciles de creer. ¿Cuáles historias de las películas se creen fácilmente? ¿Son verdad? ¿Quién las escribió? ¿Cuál es la fuente de las historias de la biblia? En el evangelio de hoy, Tomás solo cree cuando ve con sus propios ojos las heridas de Jesús. Jesús dice: “Dichosos los que creen sin haber visto.” ¿Crees tú lo que te dice la biblia sobre Dios? ¿Qué es la fe?

Comentario Domingo II de Pascua

ORACIÓN
Dios de bondad y misericordia, Tú reanimas nuestra fe con la celebración anual de las fiestas pascuales, concédenos:
  • abrir nuestros corazones y nuestras vidas a la PAZ que nos quiere comunicar cada día tu Hijo Jesús resucitado y Viviente,
  • recibir su Espíritu que nos dé vida, aliento y esperanza,
  • y sabernos “dichosos” por creer en Él a pesar de no verle con nuestros ojos.
Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. AMEN.

Jn 20, 19-31
«19Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas donde estaban los discípulos, por miedo a los judíos, vino Jesús y se puso en medio y les dice: ‘Paz a vosotros’.
20Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Así que los discípulos se alegraron al ver al Señor.

2º Domingo Pascua: Para fijarnos en el Evangelio

• Los discípulos están reunidos en un mismo lugar (19 y 26), expresión de que son comunidad eclesial; también “el primer día de la semana” o “domingo” es expresión de lo mismo (ambas apariciones [19 y 26] tienen lugar en domingo), ya que es el día en que nos reunimos como Iglesia para celebrar que el Resucitado está en medio de nosotros.
• El “miedo de los judíos” (19) lo habíamos encontrada en pasajes como el del ciego de nacimiento (Jn 9,22).
• A pesar de las “puertas cerradas” (19), el Resucitado toma la iniciativa, se hace presente en medio de los discípulos y les da la “paz” (19), su paz, la que el mundo no da (Jn 14,27), tal como lo había anunciado.
• Enseñar “las manos y el costado” (20), que son los lugares con las marcas de la muerte en cruz, es un modo de incidir en que el Resucitado es el mismo que el Crucificado.

https://alforjasdepastoral.wordpress.com/2018/04/05/vienes-a-traernos-la-paz/

Fue lo primero que decía a tus discípulos: 
“paz a vosotros”.
Porque tu sola presencia ya nos llena de paz, 
nos sosiega por dentro y nos ayuda
a vivir serenos.
Y una vez que nos has pacificado,
que nos has relajado,

que nos has quitado los agobios de la vida,
entonces, y sólo entonces,

nos pones en misión,
enviándonos a acompañar

la vida de los hermanos.

2º Domingo de Pascua: A los ocho días llegó Jesús

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: «¡La paz esté con vosotros!». Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: «¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros». Después sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos». Tomás, uno de los doce, a quien llamaban «el Mellizo», no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor». Él les dijo: «Si no veo en sus manos la señal de los los clavos y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creo». Ocho días después, estaban nuevamente allí dentro los discípulos, y Tomás con ellos. Jesús llegó, estando cerradas las puertas, se puso en medio y les dijo: «¡La paz esté con vosotros!». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo aquí y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás contestó: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús dijo: «Has creído porque has visto. Dichosos los que creen sin haber visto». Otros muchos milagros hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.
Jn 20, 19-31
Para meditar
En este pasaje del Evangelio vemos que hay personas que necesitan ver para creer. Y hay otras personas que creen sin ver. No es que Tomás fuera peor persona que los demás; de hecho, cuando se da cuenta de que es realmente Jesús, lo reconoce de inmediato y le dirige palabras muy cariñosas.

omingo de Pascua: El evangelio de la misericordia

José María Martín OSA
1.- ¿Increencia, o indiferencia? Muchas personas ni se han planteado la existencia de Dios o viven como si Dios no existiera. Ya dijo Juan Pablo II que el gran mal de nuestro mundo es la indiferencia religiosa, es decir el echar a Dios de nuestra vida, pues entonces el hombre acaba deshumanizándose y perdiendo todos los valores que nos distinguen de las demás criaturas. La madre Teresa de Calcuta dejó escrita una sentencia que nos debe hacer pensar: “El peor mal es la indiferencia”.
2- “Dichosos los que crean sin haber visto”. Hemos podido ver cómo estos días de Semana Santa la gente sale a la calle y se enfervoriza con las procesiones. Impresiona ver las lágrimas de muchas personas al ver pasar la imagen del “Jesús de Medinaceli”. Acuden a Él para pedirle favores miles de personas. ¿Es ésta la fe que Jesús desea en sus discípulos? Hoy Él nos dice: “Dichosos los que crean sin haber visto”. Tomás vio y creyó, pero, como dice San Agustín, “quería creer con los dedos”.

El amor ha triunfado, somos campeones

Jn 20,1-9
Solo un corazón que ama es capaz de entender las palabras de Jesús sobre la resurrección. El discípulo amado comprende y cree. No se puede creer en la resurrección solo con la razón. Cuando vivimos la experiencia de sentirnos amados por el Señor, entonces estamos en la onda de la comprensión, de la cercanía con su misterio, que es siempre misterio de amor. Gente apasionada como María Magdalena es capaz de contagiar a otros los sentimientos que están viviendo. Ella moviliza a Pedro y al discípulo amado. Nosotros también estamos llamados a entrar en la experiencia de la resurrección y a dinamizar a otros para que hagan camino hasta comprender lo que continuamente sucede cuando estamos abiertos al amor de Dios. Abramos nuestro corazón en medio de la oscuridad para que la Luz brille como cirio de esperanza y presencia del Resucitado. Hermanos, ¡aleluya!, el Amor ha triunfado, somos campeones, campeones del Amor que nos regala Cristo Resucitado, vencedor del mal y de la muerte.
Como María, como Pedro y el discípulo amado, salgamos corriendo hacia el sepulcro, para que el Señor nos conceda abrirnos al misterio de su amor, al misterio de la vida.

2º Domingo de Pascua: Vídeo Creer