SALUDO
Dios Padre, que nos llama a estar vigilantes porque en Jesús nos hace hijos de la Luz, y nos da su Espíritu, esté con todos nosotros.
ENTRADA
Si algo tenemos las personas, hermanos, es capacidad para orientar nuestro modo de actuar y para crecer y desarrollar los valores que llevamos dentro. Todos hemos sido enriquecidos con la vida, con la alegría, con la capacidad de superarnos. Y esos talentos que Dios nos da, además de ayudarnos a vivir, están destinados a ayudar a otros, para que buscando el bien común todos seamos miembros del Reino que nos trae Jesús. Es cierto que a veces vamos escasos de fidelidad tanto a Dios como a las personas, y que nuestros afanes no son del todo los que deberían ser: pero ahí estamos, con la invitación permanente de hacer de la Iglesia la comunidad querida por el Padre, donde prevalezca la misericordia, el perdón, la apuesta por los crucificados del mundo, la ternura y la caridad. Sólo si vivimos así, aprovechando bien todos los dones recibidos y poniéndolos al servicio de otros, seremos cristianos de verdad, seremos la Iglesia de Jesús.

