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Hermanos y hermanas: bienvenidos y bienvenidas a la Eucaristía que celebramos unidos en la misma fe, y sabiendo que el Señor Jesús está en medio de nosotros y de nosotras. Estamos reunidos, reunidas en su nombre. | |||
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Hermanos y hermanas: bienvenidos y bienvenidas a la Eucaristía que celebramos unidos en la misma fe, y sabiendo que el Señor Jesús está en medio de nosotros y de nosotras. Estamos reunidos, reunidas en su nombre. | |||
Moniciones para el Vigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo AENTRADA
Bienvenidos a la iglesia del Pilar, nuestra área de descanso dominical.
Juntos formamos el pueblo de Dios aquí congregado para alabar a Dios y escuchar el mensaje de salvación.
La Palabra de Dios nos invita hoy a sentirnos iglesia y a unir nuestras voces para orar al Padre de Jesucristo.
Celebremos con alegría y fe la fiesta del Señor y la fiesta de la comunidad.
Entonemos el canto de entrada.
Domingo de la 23ª semana de Tiempo Ordinario
Ciclo A
Bienvenidos sean todos, hermanos y amigos. Que el Dios de Amor nos enseñe a amar para que podamos perdonarnos y corregirnos mutuamente.
Estamos en el Domingo Veintitrés del Tiempo Ordinario. La Liturgia de la Palabra de hoy nos recuerda que vivir en fraternidad no es fácil, ya que a veces herimos a los demás y a veces somos heridos por ellos. Por eso lo importante es estar reunidos en nombre de Jesús. Si Jesús está vivo en nosotros y entre nosotros, sabremos incentivar las cualidades del hermano pero también advertirlo de sus errores para darle la oportunidad de cambiar. La receta para convivir cristianamente es: la oración en común, la corrección fraterna y el perdón mutuo.
Cuida a Tus Hermanos Heridos
—BIENVENIDA:
Hermanos, en este domingo vigésimo tercero durante el año, nos encontramos reunidos en el nombre del Señor, reunidos en Iglesia, para escuchar su Palabra que robustece nuestra fe, y para compartir el Pan de la vida, que nos fortalece en nuestro caminar de creyentes.
CANTO DE ENTRADA: “Ven a la fiesta”
MONICIÓN DE ENTRADA:
Bienvenidos a esta celebración:
La palabra de Jesús de este domingo viene a proponernos un modo concreto de ser responsables unos de otros, al señalarnos el deber de amor, que tenemos de corregirnos unos a otros. Jesús nos enseña a corregir bien, primero le decimos y si no nos hace caso buscamos a alguien que nos ayude; y si tampoco nos hace caso le pedimos a toda la comunidad.
Padre, tu Hijo nos ha dicho que si nos ponemos de acuerdo dos o más para pedirte algo, Tú nos escuchas y nos lo concedes. Con esa seguridad elevamos hacia Ti estas súplicas:
R.- PADRE, ACOGE NUESTRA ORACIÓN.
1. – Padre, ayuda, aconseja, ilumina y guía a nuestro Papa y a nuestros obispos para que su labor por la extensión de tu Reino sea fructífera y alcance a todos. OREMOS
2. – Te pedimos Padre por aquellos pueblos que sufren por culpa del hambre, la guerra las catástrofes naturales para que reciban toda la ayuda posible del resto de países para que sus llantos sean consolados. OREMOS
Aunque las palabras de Jesús, recogidas por Mateo, son de gran importancia para la vida de las comunidades cristianas, pocas veces atraen la atención de comentaristas y predicadores. Esta es la promesa de Jesús: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Entrada: Salvanos, Señor Jesús, (Apendice) Cristo te necesita para amar; CLN-729;
Alrededor de tu mesa CLN A4 El Señor nos llama y nos reune CLN A5Inicial.
El Señor nos reúne de nuevo en el domingo, y se hace presente en medio de nosotros, porque como luego dirá en el Evangelio, “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Además, cuando nos reunimos como ahora, para celebrar la Eucaristía, se hace presente con más fuerza en la Palabra que escucharemos y bajo el pan y el vino que comulgaremos. También nos hace el encargo de preocuparnos de nuestros hermanos que no actúan como deben o se alejan de la fe, pero no de juzgarlos.
Disponemos nuestro corazón para este encuentro con el Señor.
José Román Flecha
Por la Iglesia, para que viva con fidelidad el mensaje del Evangelio y sepa transmitirlo a todos. ROGUEMOS AL SEÑOR
Por los gobernantes de pueblos y naciones, para que trabajen con honradez y justicia. ROGUEMOS AL SEÑOR
Por la paz en el mundo, en los corazones y en nuestras familias. ROGUEMOS AL SEÑOR.
Por los enfermos y los que están pasando momentos de dolor y dificultad o sufren por cualquier causa. ROGUEMOS AL SEÑOR
Por todas las comunidades cristianas que formamos la Iglesia, para que vivamos en comunión, fraternidad y ayuda mutua. ROGUEMOS AL SEÑOR
Por todos nosotros, para que la participación de la Eucaristía nos ayude a vivir cada día el mandamiento cristiano de amar al prójimo. ROGUEMOS AL SEÑOR
PRESENTACIÓN DEL SIGNO DE LA PAZ
(Hoy podría ser éste el momento adecuado para vivir la paz, como mutuo perdón y haciendo visible el perdón del mismo Dios, su estilo y pedagogía hasta llegar a la corrección fraterna. La oración-motivación lo realiza el Presidente de la asamblea)
ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Padre bueno y misericordioso que te alegras ante los y las que aman y se perdonan de corazón. Hoy nos presentamos ante Ti con deseos de perdón y queriendo ser signos de ese mismo perdón, incluso realizando -con amor y delicadeza- la CORRECCIÓN FRATERNA. Míranos en este momento y acepta el gesto de PAZ que nos ofrecemos como signo del estilo de vida que Tú quieres que vivamos, corrigiéndonos y ayudándonos unos a otros, unas a otras.
Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.
VIGESIMOTERCER DOMINGO:TIEMPO ORDINARIO“A” (Mt. 18, 15-20)
NARRADOR: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
JESÚS: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.
DISCÍPULO1: ¿Y si no te hace caso?
JESÚS: Llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos.
Señor:
- Sólo Tú puedes dar la fe, pero yo puedo dar mi testimonio.
- Sólo Tú puedes dar esperanza, pero yo puedo comunicar esperanza a mis hermanos.
- Sólo Tú puedes dar amor, pero yo puedo enseñar a los demás a amar.
- Sólo Tú puedes dar la paz, pero yo puedo sembrar la unión.
- Sólo Tú puedes dar la fuerza, pero yo puedo levantar un decaído.
- Sólo Tú eres el camino, pero yo puedo indicárselo a los otros.
- Sólo Tú eres la luz, pero yo puedo hacerla brillar a los ojos de todos.
- Sólo Tú eres la vida, pero yo puedo comunicar a los otros deseos de vivir.
- Sólo Tú puedes hacer lo que parece imposible, pero yo podré hacer lo posible.
- Sólo Tú te bastas a ti mismo, pero prefieres contar conmigo.
Autor: Padre Javier Leoz
1.- Todos, en muchos aspectos, tenemos un ideal. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos anhelado llegar a metas altas. Todos, en algún instante, hemos intentado buscar la perfección y escapar de la mediocridad o de las cosas dejadas a medias.
Y, en todo ello; en los ideales, metas y búsqueda de la perfección, nos hemos dado cuenta que no siempre hemos estado a la altura y que, para llegar hasta el final, hemos tenido que corregir aquello que no era bueno para lograr nuestros propósitos. ¿O no?
-¿Sirve de algo iniciar un viaje sabiendo que, en el bolsillo, no tenemos lo suficiente para hacer frente a los gastos?
10 de septiembre, 2023-“Si tu hermano peca, llámale la atención a solas”
El Señor Jesús y sus discípulos se encuentran nuevamente en Cafarnaúm.
El Maestro no deja de instruir a sus discípulos. A la pregunta curiosa de uno que quiere saber quién será el mayor en el Reino de los Cielos, Jesús, llamando a un niño y poniéndolo en medio, responde: «Yo les aseguro: si no cambian y se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3).
En relación a los niños dirá más: al que escandalice a un niño, más vale que le aten al cuello una gran piedra de molino y lo fondeen en el mar. El Señor se expresa de esta manera dura no para que sus palabras sean tomadas al pie de la letra, sino para que sus oyentes comprendan la terrible gravedad del escándalo.
¿SOMOS EXPLORADORES O DESCUBRIDORES DE CRISTO?
“Ayudad a los hombres a descubrir la verdadera estrella que indica el camino: ¡Jesucristo! “ Lo dijo el Papa Benedicto en Colonia en aquellas famosas Jornadas Mundiales de la Juventud y, el Papa Francisco, recientemente nos ha dicho: “Un cristiano es memoria de Dios ente mundo” (Jornada de os Catequistas)
1. Atar en la tierra, con los nudos de Jesús, muchas veces conlleva la crítica y no, precisamente, el aplauso fácil. Desatar, según las modas o estrategias que nos acosan y nos uniforman, pueden llevarnos a ese olvido de Dios, del cual también hablaba a los jóvenes el Papa. Lo cierto es que, la Iglesia, sigue siendo esa atalaya desde la cual se puede divisar todo lo, mucho y bueno, que la fe ofrece y todo lo que Dios es capaz de realizar por el hombre.
Al parecer, a las primeras generaciones cristianas no les preocupaba mucho el número. A finales del siglo I eran solo unos veinte mil, perdidos en medio del Imperio romano. ¿Eran muchos o eran pocos? Ellos formaban la Iglesia de Jesús, y lo importante era vivir de su Espíritu. Pablo invita constantemente a los miembros de sus pequeñas comunidades a que «vivan en Cristo». El cuarto evangelio exhorta a sus lectores a que «permanezcan en él».
Mateo, por su parte, pone en labios de Jesús estas palabras: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». En la Iglesia de Jesús no se puede estar de cualquier manera: por costumbre, por inercia o por miedo. Sus seguidores han de estar «reunidos en su nombre», convirtiéndose a él, alimentándose de su evangelio. Esta es también hoy nuestra primera tarea, aunque seamos pocos, aunque seamos dos o tres.
El relato de Mateo parece recoger las “normas” que se fue dando aquella comunidad para regular la convivencia entre sus miembros, particularmente en casos de conflicto doctrinal.
Toda comunidad necesita normas o referencias, no solo para tratar de armonizar las relaciones entre las personas, sino para evitar arbitrariedades por parte de la autoridad. Aunque, con frecuencia, este segundo objetivo suele quedar en entredicho al reservarse la propia autoridad la interpretación de la norma.
Desde los orígenes, con Caín y Abel la fraternidad es una preocupación de la Palabra. La despreocupación por el otro, la falta de solidaridad, el entender la vida en soledad es no haber captado que no se puede ser feliz solo. Esa manera de vivir no está lejos de nuestras expresiones: “yo no me meto en la vida de nadie. Allá él”, “quien soy yo para meterme en la vida de nadie”, “¿qué puedo hacer yo ante esta situación a escala mundial?”, que denotan falta de compromiso. Somos capaces de juzgar a todo el mundo y ver sus males y e identificar a “los malos”, pero nos cuesta meternos en el rio de la vida, prefiriendo sentarnos en la orilla, ver pasar las aguas turbulentas, pero vivir incontaminados y que nadie nos toque.
MONICIONES
Entrada: Nos llamamos cristianos porque hemos sido llamados por Cristo; llamados a seguirle. Pero su llamamiento es de cada día. La celebración de hoy nos plantea un dilema y es preciso elegir. Con esa invitación que Dios dirige a cada uno de nosotros, nos disponemos a celebrar dignamente estos misterios. Con esperanza y confianza celebremos este encuentro de hermanos.
Lecturas: En la liturgia de este domingo Jesús nos advierte que para seguirle hay que tomar su cruz y no tener miedo a nada. por eso proclamaremos con el salmo: «Tu gracia vale más que la vida». Escuchemos con atención.
R I T O S I N I C I A L E S
CANTO DE ENTRADA.
Cuando estamos reunidos en tu nombre, en medio de nosotros, en medio de nosotros, en medio de nosotros estás tú.
En medio de vosotros, aliviando las penas, llenando de esperanza, el trabajo y la cruz, el trabajo y la cruz.
SALUDO Y MONICIÓN.
ACTO PENITENCIAL.
GLORIA.
ORACIÓN COLECTA.
CANTO DE ENTRADA: “Ven a la fiesta”
MONICIÓN DE ENTRADA:
¡Bienvenidos a la celebración de nuestra fe! Jesús nos invita a una vida nueva que implica dejar de lado todo lo que no nos ayuda a vivir de esa manera. El camino de Jesús, y el camino de aquellos que quieran seguirlo es un camino que nos lleva a la plenitud de la resurrección. Este camino será como el de Jesús, una vida entregada por el bien de todos. Sólo hay una manera de ser cristiano y es seguir a Jesús con toda nuestra vida, aun sabiendo que en ésta hay ciertos aspectos que nos van a costar. El camino de Jesús, como todo camino, va a suponer muchas veces renuncia, riesgo y dificultad. Un camino como dice San Pablo, de lucha, de combate espiritual para no darle lugar en el corazón a los criterios de este mundo, que nos pueden hacer creer que, renunciar o dejar de lado cosas, puede ser una pérdida mala para nuestra vida. El amor de Jesús hace que esta lucha y estas renuncias se transformen para nosotros en ganancia espiritual.
ACTO PENITENCIAL:
–Señor, que has sufrido y muerto por amor. Señor, ten piedad.
–Señor, que has aceptado la voluntad del Padre. Cristo, ten piedad.
–Señor, que has resucitado para darnos vida. Señor, ten piedad.
Quiero seguirte a donde quiera que vayas,
quiero vivir la vida en tu compañía,
quiero ser de los tuyos,
aunque no lo parezca,
quiero caminar a tu lado
hasta el fin de mis días.
Quiero llevar mi cruz de cada día.
Quiero aceptar la vida según
vaya transcurriendo,
quiero ser adulto,
no echarte las culpas de lo que ocurre,
quiero responsabilizarme de esta
mi única vida.
Aquel Pedro que fue inspirado por el mismo Jesús para su profesión de fe “Tú eres el hijo de Dios” hoy es puesto sobre las cuerdas: tú no piensas como Dios, piensas como los hombres.
1.- La fe es gracia y es regalo. Es un privilegio que Dios nos concede. Desde esa luz, que es la fe, podemos alumbrar todo lo que acontece en torno a nosotros e, incluso, nuestras mismas personas.
Como a Pedro, al mundo de hoy, no le seduce demasiado el sufrimiento. Preferimos una fe de merengue ya fácil a una fe probada; una fe de gloria a una fe de calvario; una fe de sentimientos a una fe de conversión, una fe con camino llano más que aquella otra expresada en camino angosto o empedrado duro.
Pensar como Dios, exige optar por lo que el mundo nos oculta. Pensar como los hombres, puede llevarnos a perdernos en unos túneles sin salida, a caer en unos pozos sin fondo.
XXII Domingo de Tiempo Ordinario
30 de septiembre 2026
Jeremías 20, 7-9; Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9; Romanos 12, 1-2; Mateo 16, 21-27
El que pierda su vida por mí, la encontrará.
En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: “No lo permita Dios, Señor; eso no te puede suceder a ti”. Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!” Luego Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras’’.
Reflexión
TIEMPO ORDINARIO.
Domingo 22
SALUDO
Dios nuestro
Padre, que en Jesucristo el Señor y con la Fuerza de su Espíritu nos ayuda a
descubrir lo que es bueno y perfecto, esté con todos nosotros.
ENTRADA
Con frecuencia, hermanos, limitamos nuestra pertenecía a la Iglesia a cumplir una serie de preceptos que, a fuerza de repetirlos, parece que pierden para nosotros su verdadero sentido. Nos pasa con la Eucaristía, con la oración, con lo más importante..., y no es una exageración decir esto. Por contra, ponemos como muy importante cosas que no lo son tanto: la fiesta del lugar, la romería, lo que siempre se ha hecho... Lo más importante para el cristiano es lo que aprendemos de Jesús, puesto que Él es nuestro Señor; Jesús nos dice que quienes quieran seguirle se han de sentir seducidos por su persona, por su mensaje, seducidos por una causa (el reino de Dios) que le llevó a la cruz. Una cruz que también reducimos en ocasiones a un bonito artículo de joyería, olvidando que es signo de entrega y de la salvación que Dios obra por medio de Jesús. Y olvidando que no hay Cruz sin Resurrección. El Evangelio no termina en la Cruz, sino que viene seguido de la Vida, de la fuerza del Amor.