26 abril 2017

III Domingo de Pascua: La música


«SEÑOR JESÚS, EXPLÍCANOS LAS ESCRITURAS»
“Nos dijeron de noche
que estabas muerto,
y la fe estuvo en vela
junto a tu cuerpo.
La noche entera
la pasamos queriendo 

mover la piedra.
Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra

la gloria del Señor”
(J.L. Blanco, Himno Litúrgico)
Ambientación musical: “En la mañana de resurrección” en Momentos de Paz-1.
La presencia real de Jesús resucitado no está limitada sólo a la Eucaristía; está presente en su Iglesia, en la comunidad reunida, en la oración de los hermanos, en los sacramentos, en la Palabra, en la Caridad y servicio a los más pobres y necesitados. En realidad se trata de una única presencia, la del Cristo glorioso y resucitado, que adquiere matices según la celebración o el momento de su comunidad de creyentes. Hoy destacamos su presencia en la Eucaristía: “Le reconocieron al partir el pan”.
Canto de entrada: “Cristo resucitó” CLN A 13; MD 351-1. “Nacidos en las fuentes bautismales” en el CD Espíritu Santo: Guíanos (SP). “Una nueva vida ” CLN 426; MD 21.
Canto del Gloria: “Gloria” CLN C 3 (J-A. García). III de Pascua
Salmo responsorial: “Señor, me enseñarás el sendero de la vida”
Aclamación antes del Evangelio: ”Aleluya” CLN E 5 (A. Taulé).
Santo: CLN I 4 (J. A. García)
Amén de la doxología:  CLN K 5
Comunión: “Te conocimos al partir el pan” MD 178; CLN O 25. “Quédate con nosotros” CLN O 28; MD 184.
Antífona final: ”Reina del cielo” (F. Palazón) CLN 324; MD 388.
Antonio Alcalde Fernández

III Domingo de Pascua: Misa de Familia

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Quédate con nosotros

Quédate, que ya es tarde,
si tú nos dejas, se apagarán las estrellas:
si tú te marchas, nosotros te seguiremos.
Guardaremos, sí, tus palabras,
pero tienes que enseñarnos todavía
muchas cosas.
Y queremos conocerte mejor,
queremos saber tu nombre,
y saber dónde vives;
queremos ser tus amigos.
Ven, amigo, que tienes que descansar.
Tenemos algo para cenar,
siéntate a la mesa con nosotros,
compartiremos el vino y el pan.
¡Quédate con nosotros!

Me enseñarás el sendero de la vida

Decimos, como Tomás, que no sabemos,
que desconocemos el camino recto,
que nos falta un pastor
que nos guíe por el sendero justo.
¡Hay tantos senderos torcidos,
que nos llevan a la perdición!
Los discípulos de Emaús tampoco salían,
escogieron un camino triste,
que les llevaba a la desesperanza.
Y en esto, se les acercó un viajero iluminado,
¿dónde el país de la luz?
El viajero, ¡qué maestro!,
con paciencia y cariño les abría los ojos,
y les fue encendiendo estrellas.

23 abril 2017

No seas incrédulo, sino creyente

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La figura de Tomás, como discípulo que se resiste a creer, ha sido muy popular entre los cristianos. Sin embargo, el relato evangélico dice mucho más de este discípulo escéptico. Jesús resucitado se dirige a él con unas palabras que tienen mucho de llamada apremiante, pero también de invitación amorosa: «No seas incrédulo, sino creyente». Tomás, que lleva una semana resistiéndose a creer, responde a Jesús con la confesión de fe más solemne que podemos leer en los evangelios: «Señor mío y Dios mío».
¿Qué ha experimentado Tomás al encontrarse con Jesús resucitado? ¿Qué es lo que ha transformado a este discípulo, hasta entonces dubitativo y vacilante? ¿Qué recorrido interior lo ha llevado del escepticismo hasta la confianza? Lo sorprendente es que, según el relato, Tomás renuncia a verificar la verdad de la resurrección tocando las heridas de Jesús. Lo que le abre a la fe es Jesús mismo con su invitación.

Aquel que tuvo compasión

Hacer el bien y hacerlo bien es un acertado lema para una vida y que, además, cuenta con el aplauso de la moral o de la ética. De Jesús dice San Pedro que pasó por el mundo haciendo el bien. En el fondo la vida es una lucha entre el bien y el mal. Lo deseable es que haya armonía, que funcione bien cada parte del mundo. Con alguna frecuencia nos preguntamos si la humanidad está bien organizada, si su gente es feliz. Para un sector de la población, desde el punto de vista material, nuestra sociedad funciona perfectamente. Y enumeran una serie de datos que avalan su punto de vista. Basta, (dicen), dar un breve repaso a lo que seguimos llamando primer mundo. La ciencia, la técnica, los avances genéticos, los descubrimientos de fármacos, todos los inventos y forma de vida aseguran un estilo cómodo de vida. Un estilo deseado por la mayoría de las personas.

Con sencillez de corazón

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El centro de la Semana Santa es la celebración de la Resurrección de Jesús. Los textos de este domingo se hacen eco de ese acontecimiento mayor.
• Paz y misión
El autor del evangelio se propone relatarnos algunas, de las muchas, señales que realizó Jesús. Escribe «para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (Jn 20, 31). Creer es tener vida. Tener fe es creer en la vida. Para Juan todo comienza con la experiencia, y el encuentro con Jesús (cf. 1, 35-39). El evangelista se presenta como un testigo de los hechos y los dichos de aquel que venció la muerte y resucitó. Ese testimonio es lo propio de los discípulos, de aquellos que lo siguieron atentos y desconcertados por los caminos de Galilea. Creer en el Maestro fue para ellos un proceso difícil pero gozoso.

La fe personal


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1. En las Escrituras, «ver» significa advertir, percatarse, experimentar o conocer. En san Juan equivale a descubrir la revelación de Dios. Con visión de fe se contempla la gloria de Dios, el reino de Dios y la liberación del ser humano. Ver a Dios es una de las supremas aspiraciones de toda persona religiosa. En todo caso, ver es para todo ser vivo algo fundamental. Ver a Jesucristo es para el creyente encuentro existencial con el Señor. Más aún, Jesús espera que se crea sin haber visto.

Domingo II de Pascua

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Situación
Los cristianos vivimos con frecuencia la tensión entre autonomía y comunidad. Que se traduce en diversos ámbitos: ¿Dónde está el centro de mi compromiso cristiano: en las realidades seculares, en las que no es fácil percibir la presencia de Dios, o en la parroquia, donde me siento Iglesia? ¿Hay que insistir en madurar la fe personal o en crear comunidad?
Teóricamente, esas bipolaridades no sólo no son contradictorias, sino complementarias. Pero según se acentúa un aspecto u otro, la vivencia real es distinta. 

Domingo II de Pascua

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Hoy es 23 de abril, domingo de la II semana de Pascua.
Hoy es el segundo fin de semana de Pascua. Me dispongo a dejar entrar en mi corazón toda la paz de Cristo resucitado. Para ello me doy este tiempo de silencio. Me relajo y abandono los pensamientos que me distraen. Este encuentro es ocasión para que Cristo colme de paz mi vida. Con esa intención me dispongo a escuchar el evangelio de hoy.
La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 20, 19-31):
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús salvará a la Iglesia

Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero no está con ellos Jesús. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. ¿A quién seguirán ahora? ¿Qué podrán hacer sin él? “Está anocheciendo” en Jerusalén y también en el corazón de los discípulos.
Dentro de la casa, están “con las puertas cerradas”. Es una comunidad sin misión y sin horizonte, encerrada en sí misma, sin capacidad de acogida. Nadie piensa ya en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Con las puertas cerradas no es posible acercarse al sufrimiento de las gentes.
Los discípulos están llenos de “miedo a los judíos”. Es una comunidad paralizada por el miedo, en actitud defensiva. Solo ven hostilidad y rechazo por todas partes. Con miedo no es posible amar el mundo como lo amaba Jesús, ni infundir en nadie aliento y esperanza.

Mientras hay vida

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Empleamos la expresión “mientras hay vida, hay esperanza”, para indicar que, por dura que sea la realidad o las circunstancias que nos toca vivir, mientras haya vida, aunque sea en una pequeña expresión, no hay que tirar la toalla, no hay que rendirse a la fatalidad. Y esta frase anima a seguir luchando por esa vida, por salir adelante, porque entendemos que merece la pena. Y esto lo hemos podido comprobar sobre todo en temas médicos, o ante catástrofes naturales: mientras hay vida, aunque sean pequeños indicios o posibilidades de vida, no se escatiman esfuerzos. Sólo se abandona cuando ya la muerte es evidente o humanamente ya no puede haber posibilidad de vida.

El maestro acoge al último en llegar

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¡Pobre Tomás!
Siempre en el banquillo de los acusados. Sometido a un proceso continuo.
Si se juntasen todas las acusaciones que se lanzan contra él (desde la de ser un materialista y un pesimista sin remedio, pasando por la denuncia de desconfianza, de sospecha, de obstinación, hasta llegar, naturalmente, a la de incredulidad), tendríamos un dossier de enormes proporciones.
Alguien, subrayando la violencia de su rebelión, se atreve incluso a hablar de desesperación: «Hay algo muy duro, muy áspero, en las condiciones que pone para rendirse. Una dureza tan espantosa no puede menos de surgir de un sufrimiento atroz.