12 junio 2021

Como el grano de mostaza de Florentino Ulibarri

 

A veces, Señor, cuando dudo,
cuando no siento nada,
cuando la vida no avanza
y me percibo escéptico,
cuando no veo resultados…
todavía sé pararme
y coger un grano de mostaza
en el cuenco de mi mano,
y mirarlo y mirarlo,
acordándome de tu parábola.

Y a veces, cuando todo va bien,
cuando la vida me sonríe,
cuando no tengo problemas
para creer en Ti,
ni para creer en los hombres y mujeres,
ni para creer en mí…,
también me atrevo a coger
un grano de mostaza
en el cuenco de mi mano,
y lo miro y miro
acordándome de tu parábola.

Y en algunas ocasiones
también me siento hortelano
en medio de un gran campo,
con el zurrón lleno de granos;
pero parecen tan pequeñas las semillas
que dudo en esparcirlas y perderlas.
Entonces, levanto los ojos,
miro tu rostro que me está mirando,
escucho nuevamente tu parábola,
y vuelvo a ser labrador y hortelano.

Florentino Ulibarri

Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas

 Jesús dijo también: “Con el reino de Dios sucede como con el hombre que siembra en la tierra: que lo mismo si duerme que si está despierto, lo mismo de noche que de día, la semilla nace y crece sin que él sepa cómo. Y es que la tierra produce por sí misma: primero brota una hierba, luego se forma la espiga y, por último, el grano que llena la espiga. Y cuando el grano ya está maduro, se siega, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.” También dijo Jesús: “¿A qué se parece el reino de Dios, o con qué podremos compararlo?

Es como una semilla de mostaza que se siembra en la tierra. Es la más pequeña de todas las semillas del mundo; pero, una vez sembrada, crece y se hace mayor que cualquiera otra planta del huerto, y echa ramas tan grandes que hasta los pájaros pueden anidar a su sombra.”

De esta manera les enseñaba Jesús el mensaje, por medio de muchas parábolas como estas y hasta donde podían comprender. No les decía nada sin parábolas, aunque a sus disci´pulos se lo explicaba todo aparte.

Tu gramática es distinta de Mari Patxi Ayerra

 Tú llamas grandes a los pequeños,

a los pobres les haces ricos y libres.

Tú, Señor, nos dices que el primero será el último,
y que preferirás siempre a los abandonados de la tierra.
Tú nos convences de que el que perdona es el más sabio
y que el perdonado recobrará la libertad.

Tú nos recuerdas que al que sabe mucho no le enseñarás,
y al sencillo, que sabe poco, le contarás tu secreto.
Tú nos enseñas que el que tenga poco será más libre,
y el apegado a sus cosas vivirá preso de ellas.

Dices que para ganar la vida hay que perderla
y que para triunfar hay que ser pequeño.
Los niños, que no cuentan, son tus preferidos
y los lisiados y tullidos tu predilección.

Para ti no cuentan las grandes heroicidades,
sino los pequeños gestos de solidaridad.
Tú nos mides con un rasero extraño,
que mira el corazón en todo nuestro hacer.

Tú vienes a poner nuestra vida boca abajo,
inviertes nuestros valores,
cambias nuestra existencia
nos llenas de tus sueños
para cambiar el mundo con Amor.

Mari Patxi Ayerra

Misa del domingo 13 de junio

 Nos encontramos con dos parábolas en las que el Señor habla del crecimiento del “Reino de Dios”.

Con la primera comparación resalta su crecimiento silencioso y continuo, casi inevitable. La explicación de la parábola no fue recogida en el Evangelio, ya sea porque Cristo mismo no la explicó o porque el evangelista no consideró necesaria su transmisión, debido a su fácil o conocida interpretación.

El Señor enseña que el Reino prometido por Dios y esperado por los judíos, el Reino que sería instaurado por medio de su Mesías, tendrá un inicio muy sencillo, hasta insignificante. A partir de ese inicio, una vez que la semilla ha sido sembrada, posee un dinamismo propio, desarrollándose por sí mismo, “automáticamente” (el evangelista utiliza la palabra griega autómate). Independientemente de la acción o inacción del agricultor, ya duerma o se levante, “la tierra da el fruto por sí misma”. No será el hombre quien haga germinar o desenvolverse la simiente o el Reino, aun cuando ciertas condiciones externas sean necesarias para favorecer su germinación y crecimiento, sino la misma fuerza intrínseca que portan. San Pablo comprende bien esta realidad cuando escribe: «¿Qué es, pues Apolo? ¿Qué es Pablo?… ¡Servidores, por medio de los cuales ustedes han creído!, y cada uno según lo que el Señor le dio. Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien dio el crecimiento» (1Cor 3, 5-6).

Misa con niños 13 de junio

 1.- ACOGIDA

Hermanos y hermanas: sed bienvenidos a esta celebración en el día del Señor. Nos reunimos como creyentes, como Iglesia para dar gracias a Dios y a escuchar su Palabra que nos orienta, nos enseña y nos anima en nuestra vida diaria. Hoy las lecturas de este domingo 11 del tiempo ordinario nos invitan a cultivar la semillita de la fe en nuestras vidas que hará cambiar el desierto de nuestra vida en un hermoso jardín. Pidamos el don de la fe. Acudamos al buen jardinero que es Dios para que haga germinar, crecer y despertar el tesoro de la fe en nuestras vidas para dar abundantes frutos.

 (El Cartel de Fano de este domingo con una cestita de semillas).

En el nombre…  Que Jesús, que es la semilla enterrada que dio frutos de perdón y de salvación, esté con vosotros.

 

Guión litúrgico Domingo XI de Tiempo Ordinario – Ciclo B

 



06 junio 2021

NO DEJES DE SALIR…SEÑOR

 

Porque, sin Ti, el mundo se enfría
Porque, sin Ti, el hombre se envilece
Porque, sin Ti, olvidamos que el amor es fuente de felicidad
Porque, sin Ti, nuestra tierra es huérfana.
No dejes de salir, ni un solo año, Señor:
Porque seguimos necesitando tu pan multiplicado
Porque somos tan débiles como ayer
Porque, nuestros pecados, pueden a veces con la virtud
Porque, nuestras almas, se llenan de trastos inservibles
No dejes de salir, en el Corpus, Señor:
Y, si ves que nos hemos alejado de ti,
Que seas un imán que nos atraes hacia la fuente de la verdad
Y, si ves que te hemos dado la espalda,
Alcánzanos de frente para nunca más olvidarte
Y, si ves que hemos perdido el apetito de lo divino,
Acércanos el cáliz de tu amor y de tu perdón.
Sí, Señor; ¡no dejes de salir en custodia!
Y, deja, que nos arrodillemos ante Ti:
cuando Tú lo hiciste ante nosotros en Jueves Santo
Y, deja, que te hablemos al corazón de la Custodia
cuando Tú, lo hiciste en cada uno de los nuestros
Y, deja, que presentemos al mundo este manjar
cuando, Tú, nos lo dejaste en sencilla mesa
Y, deja, que nos miremos los unos a los otros
para cantar contemplando este Misterio.
¡No dejes de salir, Señor!
Que nadie ocupe el lugar que te corresponde en el mundo
Que nadie turbe la paz y la calma del día del Corpus
Que nadie, creyéndose rey, se sienta más importante
que Aquel otro, que siéndolo, se hace una vez más siervo.
¡No dejes de salir, Señor!
Aquí tienes nuestros corazones: haz de ellos una patena
Aquí tienes nuestras mentes: haz de ellas un altavoz
Aquí tienes nuestras manos: haz de ellas una carroza
Aquí tienes nuestros ojos: haz de ellos dos diamantes
Aquí tienes nuestras almas: haz de ellas el oro de tu custodia
Aquí tienes nuestros cuerpos: haz de ellos las más auténticas
custodias que nunca se cansen de anunciar por todo el mundo
que sigues viviendo y permaneciendo eternamente presente
en el gran milagro de la eucaristía.
¡No dejes de salir, Señor!
¿Nos dejas acompañarte?


Corpus Christi: ¡Seamos, nosotros, custodias!

 1.- En Jueves Santo, el Señor, nos dejó la Eucaristía. Lo hizo de una forma privada, desconcertante (postrándose) memorial de su pasión, muerte y resurrección para sus amigos. ¿Lo recordamos?

Hoy, y pasado este tiempo de Pascua, la festividad del Corpus Christi nos exige un paso más: hay que pasar del aspecto privado, a la fe pública y activa. Hoy, al paso del Señor, somos nosotros quienes nos arrodillamos porque, entre otras cosas, vemos que la fuente del amor y de la alegría, de la esperanza y del amor, del perdón y del futuro, fluye en uno de los días más grandes de nuestro calendario cristiano. ¡Dios esta aquí!

En el Corpus, la presencia del Señor, se dilata. No se conforma con recibirnos, cómodamente, en el interior de una iglesia. Ahora, el Señor, nos dice: si creéis de verdad en mí, dad también testimonio de mí y conmigo.

Comentario – Cuerpo y Sangre de Cristo

 Lo sabemos muy bien. La eucaristía es “centro y culmen de la vida cristiana”. Nuestras celebraciones y nuestras oraciones giran en torno a Cristo, y a Cristo-eucaristía, que no es otro que el Encarnado y el glorificado. Y en cuanto encarnado, alguien que tiene un cuerpo para ser escuchado, para ser visto y tocado, para ser entregado, incluso a la muerte, pues se trata de un cuerpo humano y mortal, un cuerpo dotado de sangre; sin ella ese cuerpo no podría mantener vivos los órganos que lo integran. La sangre, con todos sus elementos, es absolutamente vital para ese cuerpo que vive. Sin ella, el cuerpo no podría cumplir sus funciones. Por eso, la pérdida de la sangre acarrea irremediablemente la muerte del cuerpo, su desvitalización.

Hoy, la espiritualidad católica, que se patentiza sobre todo en esos movimientos o asociaciones surgidos de la conciencia y la piedad eucarística, fija sus ojos en este Corpus Christi, cuerpo de hombre, asumido por el Hijo de Dios para llevar a cumplimiento su tarea redentora, que consiste ante todo en restablecer y afianzar la alianza rota o resquebrajada entre Dios y los hombres. Cristo recibió este cuerpo no sólo para expresarse o hacerse visible, sino también para inmolarse, es decir, como cuerpo (=víctima) de un sacrificio o cuerpo de una vida ofrendada a Dios en beneficio de los hombres, sus hermanos. Sacrificios ya había desde muy antiguo, y no sólo entre judíos.

El creyente sentía la necesidad de devolverle a Dios algo de lo mucho que había recibido de Él (las mejores cabezas de sus rebaños, los primeros frutos de su cosecha). Eran sacrificios de acción de gracias o de comunión: o para recuperar la comunión perdida, o para afianzar la comunión existente. Por eso, Moisés manda a algunos jóvenes israelitas ofrecer holocaustos de vacas como sacrificio de comunión. Se trataba de un acto de culto, que miraba a Dios, pero no estaba desconectado de la vida o del modo de conducirse en la vida. Después de tomar la sangre de la víctima, leyó en voz alta el documento de la Alianza con la intención de obtener del pueblo un compromiso de observancia (una promesa): Haremos todo lo que manda el Señor y le obedeceremos.

Jesús permanece en la tierra

 1.- Hoy es un día muy especial para reflexionar sobre un milagro permanente, sobre un signo que Jesús hizo ante sus discípulos hace más de 2000 años y que permanece. Nos referimos a su presencia real en la Eucaristía. Y, obviamente, a nosotros, aquí y ahora, lo que más nos interesa es ese pensamiento fuerte sobre la presencia de Jesucristo es el Sacramento del Altar. No puede eludirse el hecho de que Dios se ha quedado en la Tierra en forma aparente de pan y vino y que está dispuesto para ser alimento espiritual de las almas. Esto puede dar un cierto rubor “modernista” el afirmarlo de manera tajante, pero, sin embargo, dejarlo fuera, o atenuarlo en una especie de valoración legendaria, es una dejación absurda. Incluso, de una manera un tanto cazurra bien podría decir que si tenemos una cosa buenísima por qué vamos a prescindir de ella.


La recepción del Cuerpo del Cristo, el diálogo íntimo con el Recién Recibido, las charlas –internas y distendidas– en la proximidad del Sagrario y la profunda convicción de la presencia de Dios en ese pan y vino de vino es, en sí mismo, un grandísimo bien que preside nuestra vida de cristianos. Y si alguno le faltase fe, al respecto, la solución es muy fácil: pedir a quien se quiso quedar en la Eucaristía que nos aumente la fe.

Liturgia – Cuerpo y Sangre de Cristo

 SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO, solemnidad

Misa de la solemnidad (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Credo. Prefacio I o II de la Eucaristía

Leccionario: Vol. I (B)

  • Éx 24, 3-8. Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha concertado con vosotros.
  • Sal 115. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.
  • Heb 9, 11-15. La sangre de Cristo podrá purificar nuestra conciencia.
  • Secuencia (opcional). Lauda, Sion, Salvatorem.
  • Mc 14, 12-16. 22-26.Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre.

Antífona de entrada           Sal 80, 17
El Señor los alimentó con flor de harina y los sació con miel silvestre.

Monición de entrada
Respondiendo a la invitación que cada domingo nos hace el Señor resucitado, nos hemos reunido para escuchar su palabra y alimentarnos con su Cuerpo y Sangre en esta fiesta del Corpus Christi, fiesta de la mesa del pan partido y dado para todos, fiesta de la fraternidad y de la entrega hasta de la propia vida.

29 mayo 2021

30 de mayo: Jornada Pro Orantibus 2021

 

«La vida contemplativa, cerca de Dios y del dolor del mundo» es el lema de este año de la Jornada Pro Orantibus, que la Iglesia celebra en la solemnidad de la Santísima Trinidad, el próximo 30 de mayo.

Los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, organizadora de esta Jornada, recuerdan en el mensaje que «este es un año más, pero no un año cualquiera. Estamos atravesando una situación global que ha trastocado fuertemente nuestras vidas». Por ello, subrayan la importancia de la vida contemplativa «que sufre cuando el mundo sufre porque su apartarse del mundo para buscar a Dios es una de las formas más bellas de acercarse a él a través de Él».

Materiales para la Jornada Pro Orantibus

En los materiales que ofrece la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, además del mensaje de presentación de la Jornada, se pueden leer varios testimonios de personas consagradas y la homilía del papa Francisco a las monjas contemplativas en un encuentro en Lima ( Perú) a las que agradece su labor. Con su vida de oración, tanto comunitaria como personal «renuevan la certeza de saberse hijos de Dios». «La oración -añade el Papa– es el núcleo de vuestra vida consagrada, vuestra vida contemplativa, y es el modo de cultivar la experiencia de amor que sostiene nuestra fe».


SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 


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PREPARACIÓN:    
Antes de la salida del celebrante.

El pasado domingo, con la celebración de Pentecostés, hemos terminado la gran celebración festiva del Misterio Pascual de Cristo. Entramos de nuevo en el camino ordinario de las celebraciones dominicales, y lo reemprendemos con este domingo que nos presenta aquello que constituye la trama de nuestra vida cristiana: Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad, que presenta a nuestra contemplación orante el misterio de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

AMBIENTACIÓN:
Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial.

Nuestro Dios es un Dios muy cercano a nosotros: permanece con nosotros y entre nosotros hasta el final de la historia. Él, que nos ha creado a su imagen y semejanza, nos sostiene en la existencia, nos comunica su vida divina y, por el bautismo nos hace sus hijos adoptivos: Dios, revelando al hombre su amor, llama a los hombres a participar en su misma vida y a entrar en comunión con Él.

1ª. LECTURA:             (Pr 8, 22-31)    (texto)

Los sabios de Israel hablaban de la obra amorosa de Dios que crea el mundo y salva a su pueblo. Decían que en esta obra de amor los acompañaba la Sabiduría, que sabemos es como una figura de Jesucristo, porque por Él, Dios nos ha manifestado su amor.

ESTAS AQUÍ, SEÑOR

 No te vemos pero, en Belén,

te hiciste hombre, te dejaste tocar,
adorar, amar y ofrendar.
No te escuchamos, pero en el Espíritu
tu voz habla con fuerza.
Fuiste, Cristo, la última palabra
que pronunciaste, la que se mantiene viva
perenne con el transcurso
de los años y de los siglos.
No te alcanzamos con la mano
pero en la Eucaristía vives y nos fortaleces
nos haces sentir tu cercanía y tu compromiso
tu poder y tu auxilio, tu Gracia y tu bondad.
ESTAS AQUÍ, SEÑOR
Que no te dejemos más allá del sol y de la luna
pues bien sabemos, oh Dios,
Que eres sol de justicia
cuando te buscamos en las luchas de cada día
o te defendemos en los más necesitados
Cuando te anhelamos
en un mundo que necesita ser mejor
o te descubrimos en la común unión con los otros.
ESTAS AQUÍ, SEÑOR

¿CÓMO ES DIOS? Santísima Trinidad Javier Leoz

 

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Siempre, el algún momento de nuestra vida, hemos pensado en cómo puede ser Dios.
¿Cómo es Dios? Y, ante esta pregunta, vienen miles de respuestas: Dios es así pero…es mucho más que así. La Solemnidad de la Santísima Trinidad nos pone frente a una realidad: Dios Trinitario (a simple vista incomprensible) pero cercano por el amor y el amor entre las tres personas.
            1.La vida de la humanidad, es distinta desde que Dios se encarnó. Desde entonces, los pasos del hombre, han sido seguidos muy de cerca por un Dios que, siendo desconocido, adquiere la hechura de hombre para que entendamos que –su objetivo- no es otro que recuperarnos y rescatarnos definitivamente. Por supuesto, siempre habrá una intimidad, un “as” que Dios guarda debajo de su manga y que, a la mano del hombre, es imposible alcanzar. ¡Y qué importa! Nosotros, al celebrar este Misterio nos quedamos sobrecogidos por el “buen rollo” que existe entre las tres personas. Sólo por amor, y desde el amor, este Misterio es capaz de sostenerse en sí mismo. Sólo, desde la contemplación, podremos por lo menos asomarnos a este trípode divino que desciende, una y otra vez, al encuentro de la humanidad y que, una y otra vez, corre serios riesgos de ser dividido al antojo y capricho del cristiano de hoy:
            -Unos se conforman con pensar en Dios y sin caer en la cuenta de que, Dios, se encarnó en el seno virginal de una nazarena. ¡Qué pena! Han dejado a Dios perdido entre las nubes. ¿Tal vez para llevarlo a su propio terreno? ¿Tal vez para que no resulte tan molesto o profético como un Dios encarnado?

La Santísima Trinidad

 1. LA REVELACIÓN DEL DIOS UNO Y TRINO

«El misterio central de la fe y de la vida cristiana es el misterio de la Santísima Trinidad. Los cristianos son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Compendio, 44). Toda la vida de Jesús es revelación del Dios Uno y Trino: en la anunciación, en el nacimiento, en el episodio de su pérdida y hallazgo en el Templo cuando tenía doce años, en su muerte y resurrección, Jesús se revela como Hijo de Dios de una forma nueva con respecto a la filiación conocida por Israel. Al comienzo de su vida pública, además, en el momento de su bautismo, el mismo Padre atestigua al mundo que Cristo es el Hijo Amado (cfr. Mt 3, 13-17 y par.) y el Espíritu desciende sobre Él en forma de paloma. A esta primera revelación explicita de la Trinidad corresponde la manifestación paralela en la Transfiguración, que introduce al misterio Pascual (cfr. Mt 17, 1-5 y par.). Finalmente, al despedirse de sus discípulos, Jesús les envía a bautizar en el nombre de las tres Personas divinas, para que sea comunicada a todo el mundo la vida eterna del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (cfr. Mt 28, 19).

En el Antiguo Testamento, Dios había revelado su unicidad y su amor hacia el pueblo elegido: Yahwé era como un Padre. Pero, después de haber hablado muchas veces por medio de los profetas, Dios habló por medio del Hijo (cfr. Hb 1, 1-2), revelando que Yahwé no sólo escomo un Padre, sino que es Padre (cfr. Compendio, 46). Jesús se dirige a Él en su oración con el término arameo Abbá, usado por los niños israelitas para dirigirse a su propio padre (cfr. Mc 14, 36), y distingue siempre su filiación de la de los discípulos. Esto es tan chocante, que se puede decir que la verdadera razón de la crucifixión es justamente el llamarse a sí mismo
Hijo de Dios en sentido único. Se trata de una revelación definitiva e inmediata (1), porque Dios se revela con su Palabra: no podemos esperar otra revelación, en cuanto Cristo es Dios (cfr., p. ej., Jn 20, 17) que se nos da, insertándonos en la vida que mana del regazo de su Padre.

Misa de la familia – Santísima Trinidad

 

Monición de entrada

Queridos hermanos; les damos una cordial bienvenida a esta Santa Eucaristía en la Solemnidad de la Santísima Trinidad.
Hoy glorificamos a Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo; Dios trino y uno, que le da sentido a nuestra existencia. Precisamente cuando termina la Pascua, ese Dios trino, con un evidente protagonismo diferenciado, nos ha querido comunicar con mayor densidad su vida divina.
Con un corazón abierto a la acción de la Santísima Trinidad, comenzamos esta Misa, entonando juntos el canto de entrada…

Moniciones a las Lecturas

  • Primera Lectura (Proverbios 8, 22-31)

En el libro de los Proverbios, el sabio reflexiona sobre la creación cósmica y afirma que la Sabiduría, personificada, ya existía antes que comenzara la creación de este mundo
  • Salmo Responsorial (Salmo 8)

 Con el Salmo 8, manifestamos, junto al salmista, nuestra admiración a Dios creador, que con sabiduría hizo todas las cosas. Hagámoslo diciendo todos: 
  • Segunda Lectura (Romanos 5, 1-5)

Recursos – Santísima Trinidad

 UN CORO DE NIÑOS O NIÑAS CANTA EL «GLORIA AL PADRE…»

(Pueden ser todos los niños y niñas de la comunidad o tan sólo un grupo seleccionado. En ambos casos debe haber sido ensayado previamente. Finalizado el canto, uno/una de ellos/as hace la presentación de la ofrenda:)
ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Hoy estamos realmente contentos y contentas, Señor, y, por eso, hemos querido unir nuestras voces en este canto y alabarte en tu familia trinitaria. Ayúdanos, sin embargo, a poder vivir de esa manera y con ese intenso amor en nuestras familias, imagen de la que Tú eres por los siglos de los siglos.
PRESENTACIÓN DEL CARTEL QUE ANUNCIA EL DÍA “PRO ORANTIBUS”

Comentario Domingo de la Santísima Trinidad

 Oración preparatoria

Señor Jesús, dame Tu Espíritu, constrúyeme por dentro con esa solidez que sólo Tú puedes darme, para hacer experiencia del Padre. Dame oírte en Tu palabra HOY, AQUÍ y AHORA, dame experimentarla en personas, situaciones, en la alegría y el dolor y, de ese modo, poder proclamarla, como Tú, a los cautivos, ciegos y oprimidos. AMEN.

Jn 16, 12-15
«12“Todavía muchas cosas tengo que decir para vosotros, pero no podéis sobrellevar ahora.
13Pero cuando venga aquel, el Espíritu de la verdad, guiará a vosotros en la verdad completa; porque no hablará por su cuenta, sino que todo lo que oiga hablará, y lo que está por venir anunciará para vosotros. 14Aquel me glorificará, porque recibirá de lo mío y [lo] anunciará para vosotros.

Para la catequesis: Domingo de la Santísima Trinidad

 Solemnidad de la Santísima Trinidad


Proverbios 8, 22-31; Psalm 8; Romanos 5, 1-5; John 16, 12-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. El me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes”.

Domingo de la Santísima Trinidad ¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

 ¿Te gustan las historias o novelas de misterio? Cuando era joven me encantaba leer historias de misterio. Mis favoritas eran los Hardy Boys y Nancy Drew (Ambos novelas en inglés). Recientemente vi un buen libro de misterio titulado “¿Qué le ocurrió realmente a Humpty?: De los archivos de un detective experto”. Todos sabemos que Humpty Dumpty se cayó, pero en este libro el hermano, Joe Humpty, detective, investiga para tratar de saber que pasó realmente. ¿Se caería Humpty o lo empujarían? Si fue empujado, ¿quién lo hizo? ¿Sería la Pequeña Miss Muffet, Rizos de Oro, la vieja mamá Hubbard o el malévolo Lobo Feroz. No voy a revelar el final o la solución al misterio…tendrán que leerlo para saberlo.

22 mayo 2021

Pentecostés (Ciclo B) (23 de mayo de 2021)

 Celebramos hoy la gran solemnidad de Pentecostés. De tanto oír y hablar de fiestas y de tanto oír y leer los textos evangélicos, corremos el peligro de que perdamos la fuerza y la novedad de la fiesta y del mensaje que nos ofrece la Palabra de Dios. La experiencia de Jesús resucitado siempre es novedosa y sorprendente. Los discípulos se encontraban encerrados, asustados por miedo a los judíos (cf. v.19). De forma improvisada y misteriosa, Jesús se coloca en medio de ellos. Este encuentro cambia la vida de los discípulos, quienes se alegran al ver al Señor. Cristo, además, los ofrece su paz, los confía la continuación de su misma misión, sopla sobre ellos insuflándolos el Espíritu Santo y los da el poder de perdonar los pecados. Ya no estaban solos, tenían con ellos a Jesús, y con él los enemigos pierden su fuerza.

Señor, pasa hasta el fondo

 

No permitas que nos encerremos
en nuestros duelos ni autocompasiones,
no nos dejes dar demasiada importancia a lo que nos ocurre,
impide que la enfermedad, el paro,
el desamor o la desgracia nos bloquee,
porque entonces vivimos sin Ti,
y así no hay forma de superarlas.

¡Cuántas veces nos has demostrado
que vivimos anclados en nuestra pena
y lo único que nos libera
es dejar de autocompadecernos y escuchar al otro!
Minimiza, Señor, nuestros miedos y vuélvenos misericordiosos,
compasivos con los hermanos y adivinos de sus dificultades.
Sólo así podremos sanarnos y recuperar la energía vital.