Por Gustavo Vélez, mxy
“Dijo Jesús a Nicodemo: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”. San Juan, Cáp. 3.
1.- Cursa en el cielo una demanda contra un grupo de bautizados. Ellos se han defendido alegando que son teólogos. Pero san Lucas, fiscal para estos temas, les ha dicho: El oficio que a ustedes compete, más que complicar el evangelio, es explicar las cosas de Dios en lenguaje simple y llano.
Todo ocurrió cuando se introdujo en la liturgia de la Santísima Trinidad un párrafo muy singular: “Eres un solo Dios, un solo Señor, no en la singularidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. De modo que al confesar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos lo que es propio de cada persona divina y también la unidad de la esencia y la igualdad de su majestad”. La demanda continúa pendiente, hasta que la corte celestial dicte un fallo.















