¿POR QUÉ TEMER, SI DIOS ESTÁ DE NUESTRA PARTE?
Por José María Martín OSA
1.- Somos profetas consagrados en nuestro Bautismo. Jeremías desarrolló su misión profética poco antes del exilio a Babilonia, a finales del siglo VII y principios del siglo VI a. C., durante los reinados de Josías y sus hijos Joaquín y Sedecías. Sintió su vocación muy dentro de él y con una fuerza inusitada: “Antes de formarte en el vientre, te escogí”. Era consciente de sus limitaciones, pero el Señor “le sedujo y se dejó seducir”. Su misión no fue nada fácil. Lanza tres acusaciones a los habitantes del reino de Judá: han abandonado a Dios, viven de una falsa seguridad en la ley, el templo y las promesas de los falsos profetas, cometen grandes injusticias sociales que acarrean la opresión de los pequeños por parte de los poderosos. Jeremías denuncia esta situación y esto le ocasiona persecución y violencia.