Vivir la Pascua
1.- Al domingo de Pascua se llega tras unos días –la octava de Pascua—que son litúrgicamente como la repetición del Día de Resurrección del Señor. Y así el Segundo Domingo de Pascua es, sin duda, como una copia de todos esos días. Hemos de valorar especialmente esa alegría inmensa que el pueblo cristiano vive por la resurrección del Señor y conviene tenerlo presente porque se tiende a considerar –día a día—como si ese hecho prodigioso no se hubiera producido. Merece, pues, la pena enfatizar esa realidad diaria de la Pascua, la cual, si se aprecia de manera muy fehaciente en la Octava, hemos de decir que está presente en nuestra vida y en nuestros rezos durante cincuenta días. Y no debemos de olvidarlo, ni dejarlo al lado, y mucho menos frivolizarlo.




