Desde hace un tiempo, lamentablemente se ha popularizado la expresión “hacer un sinpa”. Consiste en que una o varias personas se marchan de un bar, restaurante, gasolinera o cualquier otro servicio “sin-pa-gar” lo consumido. Algunas personas que lo han hecho se jactan de ello, pero no piensan en las consecuencias que tiene no sólo para las víctimas de su delito, sino para ellos mismos, porque puede acarrearles una multa e incluso, si reinciden, penas de prisión.
Aunque a la mayoría nos produce rechazo que alguien haga un “sinpa”, hoy la Palabra de Dios nos invita a reflexionar si nosotros, de un modo más o menos consciente, no estaremos haciendo algún que otro “sinpa” no sólo en lo económico, sino también con Dios.

