Por Javier Leoz
Hablar del Misterio de la Santísima Trinidad es comprometido. Sobre todo si lo intentamos hacer desde nuestros pobres esquemas y con el ansia de llegar al fondo mismo de Dios.
1.- Pero, ante todo, la Santísima Trinidad, nos da una gran lección: como mejor se llega a buen puerto, es en familia, unidos, en común unión, trabajando en la misma dirección. La unidad de criterio, algo tan impensable en la política, en la educación, en la sociedad, en los amigos, etc., –de repente- es visible (aunque sea incomprensible) en el Misterio de la Santísima Trinidad.
12.- Un buen día, un padre, se levantó con las primeras luces del alba. Llamando a sus dos hijos que estaban descansando, inició el traslado desde un inmenso granero de 100 sacos de trigo. Uno a uno, con la ayuda de sus hijos, los fue colocando encima de un carro tirado por una yunta de tres bueyes. Llegado un momento, y en una gran cuesta, fue necesario el auxilio de los tres (padre e hijos) para que la carga no se desparramase y llegase hasta su destino.
















