1.- “En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: Pídeme lo que quieras” (1R 3,5) Salomón ha sucedido a su padre el rey David. Ahora es él quien se sienta en el trono de la casa de Jacob, quien rige los destinos del pueblo. El pasaje de hoy nos presenta al joven rey después de haber ofrecido un sacrificio a Yahvé, el Dios vivo de Israel. Por la noche, durante el sueño, Salomón tiene una visión. Dios se le presenta y le pregunta qué es lo que más desea, cuál es su mayor anhelo para concedérselo, sea lo que fuere.
MONICIÓN DE ENTRADA
(Saludo) En esta celebración pidamos al Señor que nos llene de sabiduría y amor, para poder llevar nuestra vida, de acuerdo a sus enseñanzas. Iniciemos esta celebración.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera Lectura: Lv 19, 1-2 . 17-18
Salmo: 102
Segunda Lectura: 1 Cor 3, 16-23
Evangelio Mt 5, 38-48
MONICIÓN A LAS LECTURAS (UNICA)
Las lecturas nos invitan a buscar la santidad y la verdadera sabiduría que Dios nos ofrece, estamos invitados a amar, perdonar y ser misericordioso como nuestro padre celestial lo es con nosotros.
o
Las lecturas nos invitan a buscar la santidad y la verdadera sabiduría que Dios nos ofrece, aprendamos a amar, perdonar y ser misericordioso como nuestro padre celestial lo es con nosotros. Escuchemos
MONICIÓN A LAS LECTURAS (INDIVIDUAL)
ENTRADA
Bienvenidos a la asamblea de los hijos de Dios. La Iglesia reúne a sus hijos domingo tras domingo para entonar juntos alabanzas y acciones de gracias a Dios Padre.
Animados e iluminados por el Espíritu Santo vamos a celebrar la eucaristía, nuestra fiesta y nuestra mesa dominical.
Todos, incluidos los que esperan poco de esta fiesta, todos invocamos con fe al Espíritu Santo que es el dador de la vida y la esperanza. Nuestra presencia aquí es ya un signo de fe, expresión de agradecimiento y deseo de formar la asamblea de los creyentes.
Asamblea santa, pueblo sacerdotal, canta a tu Señor.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas (Mt 13,45).
La palabra de Dios nos propone, en este domingo, una reflexión sobre los valores más importantes de la vida del hombre: la primera lectura nos habla de la sabiduría práctica para la vida, que consiste en el conocimiento de la voluntad de Dios, conforme a la cual se ha de ordenar la vida humana; Jesús propone como valor supremo el Reino de los cielos, al que compara con un tesoro y una perla preciosa; san Pablo nos habla del amor de Dios.

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: - El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante de peralas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.......
Explicación
Un día Jesús nos dijo: El que cree en lo que digo es como aquel hombre que encontró un tesoro en un campo, y fue a vender todo lo que tenía para comprar el campo y hacerse con el tesoro. Porque el que cree en mí, al ver la felicidad que tendrá lo dejará todo por seguirme.
Evangelio dialogado...
• Las parábolas del “tesoro” (44) y de la “perla” (45-46) destacan el valor incomparable del Reino de Dios. Es tan valioso que, quien lo encuentra y lo escoge, toma o deja cualquier otra cosa en función del Reino. También destacan la alegría inmensa (44) de quien llega a conocer este Reino.
• Con estas parábolas Jesús invita a hacer una opción radical por el Evangelio.
• Ya anteriormente la Biblia había utilizado la imagen del tesoro para dar relieve a cosas como los preceptos del Señor, la sabiduría, la inteligencia, la sensatez, la prudencia (Pr 2,1-4).
Elevemos nuestras plegarias a Dios Padre y repitamos como Salomón en su oración:
R.- DA A TU PUEBLO UN CORAZÓN DÓCIL.
1. Padre, acompaña a nuestro Papa León para que gobierne a este pueblo numeroso que es la Iglesia.
OREMOS
2. – Padre, acompaña a nuestros gobernantes y políticos para que sepan discernir el bien del mal y contribuyan al desarrollo de los pueblos.
OREMOS
XVII Domingo del Tiempo Ordinario
26 Julio 2026
1 Reyes 3, 5. 7-12; Salmo 118, Romanos 8, 28-30; Mateo 13, 44-52 o 44-46
El Reino de los cielos se parece a un tesoro
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra’’.
Reflexión:
1R 3,5.7-12;
Sal 118,57-130;
Rm 8,28-30;
Mt 13,44-52.
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscado perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos».
En lenguaje coloquial solemos decir: esta mujer es un tesoro; o le decimos al matrimonio: tenéis un hijo que es un tesoro. Son expresiones con las que intentamos mostrar nuestro aprecio y estima por una persona. A veces dicen los Padres de su hijo pequeño: este es nuestro tesoro.
Así manifestamos que esa persona lo es todo para nosotros en la vida. No nos referimos a un valor económico o material sino a lo vital.
Con estas expresiones manifestamos que: La estima, el amor que sentimos por esa persona merece todo nuestro esfuerzo, nuestra entrega, porque nos llena de felicidad.
Entrada: Jesucristo nos amó, MD 5-2 (605-2) / CLN A17; El Señor es mi fuerza, MD 47 (647-1) / CLN 717; El Señor nos llama, MD 74 (674) / CLN A5; Ciudadanos del cielo, MD 11 (611-1) / CLN 709.
Oración preparatoria
Señor y Hermano Jesús, Tú dijiste que “tu Padre nos enviaría en tu nombre el Espíritu Santo y que Él nos recordaría lo que nos enseñaste y nos los explicaría todo”. Tú conoces la pobreza y la aridez de nuestro corazón. Te pedimos que tu Espíritu nos lo refresque, nos lo ilumine, nos haga entender tu Evangelio. Nos lleve sobre todo a fiarnos de Ti y de tu Padre, a seguirte en fe confiada y amorosa, y a poner nuestro grano de arena para construir paz y vida en nuestro entorno. AMÉN.