2.- Cumplir la voluntad del Padre. El primer hijo, en cambio, dijo: "No quiero", pero fue. Este hizo la voluntad del padre, porque recapacitó y cambió de actitud y de comportamiento. Se parece al hijo pródigo, que se fue de casa, pero volvió. Estamos muy acostumbrados a escuchar mensajes y de tanto oírlos nos hemos vuelto escépticos, pensamos que ya no podemos hacer nada. San Agustín en el comentario de este fragmento del evangelio nos dice: "Eres cristiano, frecuentas la iglesia, escuchas la palabra de Dios y te emocionas de alegría con su lectura. Tú alabas a quien la expone, yo busco quien la cumpla. Eres cristiano, frecuentas la iglesia, amas la palabra de Dios y la escuchas de buena gana. Ve lo que te propongo, examínate al respecto, estate pendiente de ello, sube al tribunal de tu mente, ponte en presencia de ti mismo, y júzgate; y si encuentras que eres un malvado, corrígete. He aquí la propuesta". Se nos pide hoy que seamos consecuentes: la fe se demuestra con las obras. ¡Basta ya de poner disculpas!
3- Tú puedes cambiar el mundo. En cierta ocasión, Martin Luther King quería convencer a los que acudieron a escuchar su discurso, de la necesidad de colaborar y pasar a los hechos. Muchas veces había escuchado el lamento escéptico: "Pero yo... ¿qué puedo hacer?". Aquel día mandó apagar las luces del estadio en el que estaban. Cuando ya estaban todos en tinieblas preguntó: "¿Alguno podría ayudar a iluminarnos?". Todos permanecieron en silencio.... Sacó su mechero y lo encendió: "¿Veis esta luz?". Respondieron afirmativamente...... y volvió a preguntarles: "¿Nos sirve para algo?". Nuevamente el silencio..."Sacad cada uno vuestro encendedor y, cuando os dé la señal, encendedlo". El estadio se iluminó. La moraleja es muy clara. En el mundo hay muchas cosas que no están bien, que deberíamos cambiar, pero, con la excusa del "yo no puedo cambiar el mundo", no hacemos nada. El mundo, ciertamente, no lo puedes cambiar, pero sí puedes aportar tu colaboración para que mejoren los ambientes donde tú vives: la familia, la clase, tu grupo cristiano, tu trabajo.... Si así lo haces, contribuyes a mejorar nuestro mundo. No seas pasota. No vale decir "que alguien lo haga", ¿por qué no tú, por qué no ahora?
4. - Debemos predicar con el ejemplo, pero ante todo tener mucha humildad. Así nos lo recuerda San Pablo en el himno cristológico de la Carta a los Filipenses. Jesús se anonadó, se despojó de su rango y se sometió a una muerte de cruz. El símbolo del cristiano significa entrega y victoria, pero en tiempo de los romanos era un signo de humillación donde se condenaba a los peores delincuentes. "Dejaos guiar por la humildad", nos dice San Pablo. Humildad viene de "humus", tierra. Se nos recomienda que recordemos nuestro origen, que "nos hagamos tierra", que nos abajemos al suelo. Si lo hacemos así, germinarán en nosotros todas las virtudes que deban adornar a un cristiano: entrañas comprensivas, unanimidad, un mismo amor y un mismo sentir, humildad, desprendimiento de los propios intereses. Nos decía san Agustín que notaremos si avanzamos en la virtud en la medida en que damos prioridad a las cosas comunes y de nuestro prójimo antes que a las nuestras. Si pasamos de los labios al corazón y de éste a las manos, daremos nuestro mejor testimonio de vida. Que lo que decimos lo sintamos y que seamos capaces de demostrarlo con nuestras obras.
José María Martín OSA
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