06 octubre 2018

Acompañamiento espiritual y otros

Florecen por estanterías y bibliotecas los libros de autoayuda, ofreciendo el descanso a través de mil técnicas de respiración o diversos modos de conseguir un sueño más profundo. No pocos dejaron de fumar con literatura de este género, y tantos otros encontraron sosiego en muchas de sus páginas. Ciertamente, hicieron su vida mejor.
Amanecen más y más terapias de crecimiento y teorías psicológicas inspiradoras de paz y sosiego. Los profesionales de la psique ofrecen sus servicios, conscientes de que gran parte de la problemática de sus contemporáneos no está sino dentro de ellos mismos. Problemas más encarados, situaciones fatalmente resueltas, traumas que no se vivieron a fondo o heridas que continúan abiertas. Estudian y estudian la conducta humana, encontrando, en muchas ocasiones, novedosos -y llenos de éxito- modos de ayudar.
Especialmente atractiva suena, últimamente, la disciplina del coach personalizado. Según la Federación Internacional del Coach, «el coaching profesional consiste en una relación profesional continuada que ayuda a obtener resultados extraordinarios en la vida, profesión, empresa o negocios de las personas. Mediante el proceso del coaching, el cliente profundiza en su conocimiento, aumenta su rendimiento y mejora su calidad de vida». Los temas de conversación son elegidos por el «cliente», y la tarea del «entrenador» es proyectarle hacia un futuro mejor y más pleno. para ello, salpica su presente con el esfuerzo, y anima al usuario de estos servicios al examen de sus acciones. En el fondo, quien acude al coaching puede esperar conocerse mejor a sí mismo, reconocer lo que quiere descubrir y poner medios proporcionados para conseguirlo.
Nada de cuanto he descrito pienso que tenga mucho que ver con el acompañamiento espiritual. Conviene anotarlo -con claridad- para evitar confusiones que puedan, finalmente, defraudar. Por su propia naturaleza, en virtud de su particular especifidad, el acompañamiento espiritual busca hacer crecer al acompañado -que no es ni cliente ni paciente- en la amistad con dios y en la caridad con los hermanos. El acompañamiento espiritual aportará secundariamente solución a problemas relativos el éxito profesional, familiar o personal; pero únicamente como consecuencia de ese centrarse en lo fundamental y conducir por ese camino todos los esfuerzos.
Es legítimo que el acompañamiento espiritual nazca de la preocupación por solucionar una circunstancia concreta, pero es cuestión de tiempo que la conversación se eleve, llegando a tocar las realidades más profundas y vivas del corazón. Por su misma naturaleza, el acompañamiento espiritual responde a la necesidad de seguridad y cuidado del espíritu, además de dar ocasión para su natural apertura. Sin embargo, el diálogo espiritual no es una cosa aislada o privada, exclusiva: es mucho más.
Por un lado, es una muestra muy concreta de la solicitud de Dios por cada alma, que se interesa por cada una y por cada uno. En este sentido, bien podría ser denominada paternidad espiritual, porque en ella se manifiesta la dedicación de nuestro Padre Dios por cada uno de sus hijos. En efecto, el pastoreo de Cristo no es un genérico servir al conjunto, sino una personalizada atención al hombre singularmente considerado.
Por otro lado, la dirección espiritual expresa el amor que la Iglesia tiene por cada uno de sus miembros. La vida de la Iglesia es muy amplia, y abarca tanto aquella actividad que ejercen los pastores (nutrir por los sacramentos, ilustrar con la enseñanza y dirigir con el gobierno), como todas aquellas que construyen el reino de Dios en el mundo, y que son tarea de los bautizados (sacerdotes o no): acción social, catequesis, cultura, problemas sociales…
La dirección espiritual forma parte de esta extraordinaria vida de la Iglesia, que trae los medios de salvación a los hombres a través de otros bautizados, quizá especialmente cualificados. Es una llamada a la santidad para todo el que quiera dejarse acompañar.