02 septiembre 2018

Mañana

¿Y si mañana tuviese yo que rendir cuentas de mis actos, oyendo las palabras exigentes de mi Dios y Padre, y sintiendo que era el momento de mirarle cara a cara…?
¿Y si mañana debiera yo hablar de lo que hice por el hombre, teniendo ante mí a cuantos un día pasaron por mi vida, y estando delante de mi Dios y Padre para responder a sus preguntas…?
¿Y si mañana tuviera yo que recordar las cosas buenas que hice, o por lo menos alguna de ellas que justificase los dolores de parto de una señora a la que Dios bendijo…?
Me parece que yo tendría miedo y no sabría qué presentar.
Me parece que me avergonzaría mucho de mí mismo.
Me parece que caería espiritualmente de rodillas pidiendo perdón y clemencia.
Pero si, a pesar de ello, todos insistieran
en saber lo que yo hice;
si mi Dios y Padre me exigiera una respuesta;
y si Jesucristo quisiera la devolución, con intereses,
de los talentos que me prestó…
si insistiesen para que yo presentara al menos
una cosa en favor mío, o un gesto,
por pequeño que fuera, que dejara mi impronta
en el cuadro de la historia;
si me dijeran que tan sólo pedían una prueba
de que yo no hubiese vivido en vano
y que esperaban de mí, por lo menos, algún gesto digno,
o algún rasgo de humanidad cabal y bien vivida…
Yo diría tímidamente a mi Dios y Padre,
a mi maestro y modelo Jesucristo
y a los hermanos que estuvieran presentes,
que yo…
que yo nutrí un gran amor por la juventud,
y que intenté, aun cayendo en muchos fallos,
transmitir a los jóvenes
un poco de la paz y de la serenidad que Jesucristo
me había dado…
Y no sé si yo acabaría siendo premiado con el cielo,
pero sí estoy seguro de que por lo menos dos o tres
de los presentes acabarían agradeciéndome ese gesto:
y uno de ellos sería el Padre de Jesucristo.
P. Zezinho