31 agosto 2018

NI PRIMEROS, NI MEJORES

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Se vuelve en este domingo a la lectura del Evangelio de San Marcos, como en el resto del Ciclo B. Durante cuatro domingos de agosto hemos escuchado el discurso eucarístico de Jesús según el relato de San Juan. El episodio que narra Marcos ofrece uno de los muchos enfrentamientos de Jesucristo con los fariseos. El encontronazo de Jesús de Nazaret contra la religión oficial de su tiempo es constante. Y es que un grupo de "especialistas" habían instaurado cerca de mil preceptos obligatorios olvidando lo básico de la Ley que era la permanente misericordia del Padre. Esas normas, algunas de pura higiene --y, por tanto, de valor limitado a su utilidad--, se habían convertido en comportamientos cuyo incumplimiento era considerado como pecado y su reiteración llevaba a la excomunión.

2,. La separación entre los hermanos de Cristo es una de las cosas más dolorosas y escandalizadoras para un cristiano, hemos de añadir que el fariseísmo es lo peor que puede anidar en el corazón de un seguidor de Cristo. El fariseísmo no es otra cosa que la elevación a la categoría de fundamental de lo accidental de un comportamiento adecuado. Además, cuando se convierte en fundamental la norma se tiende a despreciar a quien no las cumple y no lo hace con el rigor impuesto.

3.- Y va a merecer la pena referir un hecho vivido por mí hace unos años Recuerdo perfectamente un episodio duro que nos puede servir de ejemplo. Eran los primeros tiempos de mi conversión y asistí impresionando al gran número de comuniones que se produjeron en una misa funeral dicha en sufragio de una persona de la alta sociedad madrileña. Le relaté a un amigo conocedor de mi nueva situación de cristiano este hecho con la idea de que se alegraría. Pero con un rostro que demostraba un cierto desprecio dijo: “Seguro que la mayoría iban mal preparados para comulgar”. Sin embargo, yo aprecié en los presentes una gran devoción y mucho respeto. Es obvio que entre aquella multitud podría haber alguno que no cumpliera las normas, pero a nadie en estos tiempos se le obliga a comulgar si no quiere. Y por tanto la presunción de defecto de preparación era excesiva y un tanto farisaica. Más tarde, vi yo en este amigo una cierta tendencia al fariseísmo por una excesiva valoración del grupo al que pertenecía.

4.- Esto no quiere decir que yo abogue por una tolerancia que desvirtúe el comportamiento adecuado de los cristianos en todos sus actos y que no se respeten los mandatos --como diría San Ignacio-- de la "Iglesia jerárquica", pero de ahí a mantener un examen permanente de las actitudes de los demás. A veces ciertas fórmulas de esa tolerancia no buscan otra cosa que un camino de abandono del seguimiento de Cristo, pero el mantenimiento a ultranza de una moral basada básicamente en solo los gestos rompe, igualmente, el ideal cristiano.

5.- La norma "antinorma" es sencilla: ni considerarse primeros, ni mejores. La perfección que busca el cristiano no debe ser antagónica con el amor a los demás y con el respeto por sus posiciones estrictas. Otro ejemplo escuchado hace poco fue la contrariedad que sufrió otro amigo que hablando con su esposa a la que quería convertir, ella expresó su gran distancia con respecto al "estado de perfección" que traslucía el amigo citado. Y eso que él no lo pretendía. Es verdad que las confidencias del avance de la propia conversión del marido eran frecuentes en la conversación con la mujer, pero ella las interpretaba como metas inalcanzables. Este ejemplo sirve, pues, para calibrar la necesidad de autentica humildad en nuestras actuaciones. Humildad interna y externa. Tal vez ese esposo había empleado una excesiva jactancia por sus “éxitos” en el camino de cambio. Y ello ponía una barrera infranqueable a su mujer.

6.- Es interesante la reflexión de Jesús en el Evangelio de Marcos de hoy. No es impuro lo de fuera, sino lo de dentro. Del corazón del hombre salen los malos propósitos. Fuertes y duras palabras de Jesús. Pero si ya es muy duro que Jesús arremeta contra un sector muy determinado de la sociedad de su época, lo es mucho más cuando indica que la maldad está en el corazón del hombre y no plantea exclusiones. Hay mucho de malo en nosotros y, a veces, esa maldad evidente nos deja asustados. Hay que purificarse para ir dejando una maldad intrínseca que tal vez sea una constante genética, como diría un científico, pero que puede proceder de esa herencia de maldad mantenida al nivel de la conciencia colectiva de la humanidad y que no es otra cosa que el pecado original. Pero, tal vez, Jesús --que siempre enseñaba-- quiso dar un argumento eficaz contra la soberbia: los buenos están fuera, nosotros no lo somos. Necesitamos de una purificación interior antes de presumir de nada.

7.- En la habitual correspondencia entre la primera lectura y el evangelio, hoy el fragmento del capítulo cuarto del Libro del Deuteronomio, nos muestra como Moisés proclama la excelencia de la Ley por encima de los decretos de otras religiones y de otros pueblos. Y no se equivoca, claro está. Esa Ley viene de Dios y Jesús de Nazaret siempre lo reconoció. No estaba –para nada— Jesús en contra de Ley mosaica, estaba contra aquellos que instrumentalizaron la ley en una serie de cumplimientos –“cumplo” y “miento”— en los que su estructura organizativa, puramente humana, era más importante que la esencia del Dios que predicaban. Es contra la hipocresía de los fariseos contra la se levante Jesús. Las palabras, por tanto, del Libro del Deuteronomio son importantes y encierran gran sabiduría. Además, el salmo 14 nos marca el camino a seguir, expresando lo contrario de lo que los fariseos hacían. Son muy adecuadas para el conjunto litúrgico de hoy los salmos las estrofas que hemos escuchado de este salmo 14.


8.- Hemos comenzado hoy la lectura de la Carta de Santiago que nos acompañará algunos domingos. El apóstol Santiago, pariente de Jesús, fue durante mucho tiempo el jefe de la Iglesia en Jerusalén. Su carta es un prodigio y probablemente no muy conocida. Pero en ella se aplica una medicina eficaz contra la fe abstracta, contra la religión teórica. Es la concreción en el apoyo a los hermanos –en nuestras buenas obras para con ellos— lo que hace nuestra fe fuerte y verdadera. Es un escrito muy realista y de fuerte contenido humanitario y social. Merece la pena, además, de proclamar y oír la Carta de Santiago en estos domingos, repasarla en profundidad en nuestra casa o con nuestras familias, en grupo o individualmente en nuestros momentos de oración. Nos ofrecerá enseñanzas que están muy de actualidad.

9.- La enseñanza que nos traen las lecturas de hoy incide en que tenemos que esforzarnos para no ser hipócritas como lo eran los fariseos de tiempos de Jesús. Hay mucha complacencia en los católicos de hoy en sentirse buenos y despreciar a los "malos". Lo peor de esa complacencia es cuando se auto-justifica mediante la existencia de un cristianismo inoperante, de solo devociones, y que no se esfuerza por servir al prójimo. Lo básico en el cristiano es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. En el amor por Dios, está la cercanía personal e intransferible a su mensaje. Y, por ello, la Iglesia --de la que él es cabeza-- reúne una serie de comportamientos positivos que nos acercan a lo que llamaríamos un mundo de piedad, que, en realidad, no es otra cosa que el uso constante de la oración. Pero junto a ello, sin rodeos, está el amor al prójimo. Y con el amor a ese prójimo su cumple el principio de la fe con obras. Las conductas de superioridad entre nosotros los cristianos son intolerables. Sirve de ejemplo esa fórmula ideal para llamar al Papa: "el siervo de los siervos de Dios". Seamos siervos, no ambicionemos ser jefes. Seamos sencillos en nuestra religiosidad, que eso no significa dejar u obviar no una sola tilde de la ley.