31 agosto 2018

FE Y PRÁCTICA

Por Pedrojosé Ynaraja
1.- Esta es la última homilía-mensaje que me toca redactar por hoy y sinceramente os confieso, mis queridos jóvenes lectores, que me siento fatigado. Escribir con honestidad, aunque vosotros no me conozcáis, me siento yo comprometido con lo que os digo, supone conocer el contenido de los textos correspondiente, haberlos estudiado y ahora meditado y redactarlos, ser yo mismo en mi conducta coherente, todo esto supones esfuerzo. Cada día lo primero que hago al llegar a casa es entrar a mi iglesita, reverenciar a Dios con mi genuflexión, besar el sagrario como señal de amor y he añadido hoy el gesto de poner mi frente encina, pidiéndole que me ayudase a pensar lo que debía ofreceros. Desde esta actitud soy capaz de dirigirme a vosotros honradamente.

2.- Leo u oigo a veces que algunos se definen como creyentes no practicantes. Les digo yo a otros: eres practicante no creyente. Sinceramente, prefiero a estos últimos. Sé de muchos que se entregan a un voluntariado en servicio de los discapacitados comprometiéndose en asociaciones cristianas o puramente sociales, llámense Caritas, Manos Unidas, Cruz Roja. Este verano, durante dos meses, me desplazo a un Cottolengo que está en la montaña, gozando los enfermos de vacaciones, a celebrar la misa para la comunidad religiosa y quienquiera que desee asistir. A los enfermos les asisten, además de las monjas correspondientes, voluntarios y voluntarias, que ocupan su tiempo, desde el amanecer hasta entrada la noche, en procurar que sean felices, que no les falte nada, ni de comida ni bebida. Según me dicen hasta les facilitan bañarse en una piscina exclusiva de la casa donde residen, están siempre pendientes de ellos. Estoy seguro porque si en alguna ocasión he querido yo hablar un rato con alguien, he tenido que desplazarme los mismos 23km de la mañana, para disponer del poco rato libre que tienen después del mediodía. Con seguridad todos estos servidores son cristianos practicantes, alguno de ellos he sabido que no se consideraban creyentes. Mi admiración no ha disminuido, el amor de Dios, estoy seguro, tampoco.
3.- Imaginaos la mentalidad de los que rodeaban a Jesús que nos describe el evangelio del presente domingo. El rabino Maimónides (1135 al 1204) estableció que las normas de la Ley se resumían en 613 preceptos. Los que acorralaban a Jesús, seguramente, no lo tendrían tan claro como el teólogo cordobés después estableció, pero serían antecedente de su mismo rango. Nuestro cerebro debe recordar unas normas, sí, y debemos respetarlas y cumplirlas siempre que nos sea posible, pero lo que importa es lo que abriga nuestro corazón, lo que de él sale.
Si la interioridad de una persona está repleta de egoísmo y ambicione, si solo desea satisfacción y posesión, lo que mane de su interior manchará todo su entorno. Estas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro, acaba el Señor.