10 junio 2017

Con el corazón apenado

No quiero vivir la fiesta de la Trinidad apartando la mirada del mundo. No puedo estar alegre y celebrar la «fiesta de Dios» olvidando a sus hijos e hijas, torturados, aterrorizados, violados y degradados de mil maneras. Me resulta imposible escribir algo sugerente sobre el misterio de Dios cuando llevo meses con el corazón encogido por la fuerza destructora del mal.
Necesito creer en Dios «Padre» de todos los pueblos y religiones, fuerza creadora que nos quiere bien a todosRoca firme y sólida en quien podemos echar nuestras raíces con confianza y sin temor en estos tiempos de inseguridad y brutalidad. El «único bueno» como decía Jesús.

Necesito creer en Jesús, «Hijo de Dios» y hermano, a quien podemos agarrarnos para no olvidar nuestra dignidad. En él descubro el rostro y el corazón de DiosEn él le siento a Dios muy cerca, torturado y crucificado junto a tantos otros. A él me quiero agarrar en estos tiempos de confusión en que se nos quiere engañar de tantas maneras.
Necesito creer en el «Espíritu transformador» de Dios que no abandona nunca a ningún ser humanoDador de vida y defensor de todos los pobres en estos tiempos de tanta indefensión y desvalimiento. Necesito dejarme alentar por él para no caer en la desesperanza.
Quiero amar a Dios Padre amando la vida que nace de él y luchando siempre a favor de sus criaturas. Es mejor construir que destruir, es mejor hacer el bien que dañar, es mejor la paz que la guerra, es mejor acoger que rechazar, besar que no besar, ser que no ser.
Quiero amar a Jesús, Hijo de Dios encarnado, defendiendo antes que nada y por encima de todo su proyecto de vida. Jesús lo llamaba el «reino de Dios y su justicia». Un proyecto tantas veces olvidado, traicionado, desfigurado y trivializado por quienes nos decimos la «Iglesia de Jesús».
Quiero acoger al Espíritu Santo de Dios para mantener siempre mi resistencia firme ante los «amos del mundo»Quiero pensar, sentir y actuar contra sus proyectos de muerte y desprecio a los pequeños. No me puedo imaginar otra manera de vivir amando a Dios y alabando su misterio de Amor.
José Antonio Pagola