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10 junio 2017

El amor de la Trinidad

Querido amigo:
Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad y en esta fiesta recuerdo cuántas veces decimos: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Así comenzamos todas nuestras tareas, así comenzamos todas nuestras liturgias y vemos cómo todo está invadido por un gran gesto; y el gesto es el amor. Vamos tú y yo con todo cariño a penetrar en este gran misterio de tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Escuchemos con atención el texto de san Juan, capítulo 3, versículo 16-18:
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Jn 3, 16-18

Toda la liturgia de hoy y toda la liturgia siempre son grandes intervenciones del amor de Dios y este amor que se revela a través del Padre, a través del Hijo y a través del Espíritu Santo. Desde siempre este Padre Creador nos elige, elige a Israel, hace una alianza con él, hace un pacto, y en esa cumbre del Sinaí se vuelve a renovar el Calvario. “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo unigénito”. Y con esos dos amores nos entrega al Espíritu, fruto del amor. “Este Espíritu, la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con vosotros”.
Una gran fiesta para contemplar el gran amor, una gran fiesta para ver, querido amigo, cómo se aman estas tres divinas personas. Y nos lleva a examinar nuestra manera de amar, a ver cómo nos abrimos a los demás, cómo nos comunicamos, cómo nos damos, porque amor es darse. Quizás en este encuentro tengamos que descubrir el amor para amar a los demás. Este misterio trinitario que nos lleva a una actitud de donación: el Padre se da totalmente al Hijo, el Padre y el Hijo nos dan al Espíritu Santo y los tres se dan al hombre. ¡Gran fiesta de la Trinidad! Gran fiesta para fijarnos y darnos cuenta de cómo es nuestro amor. La Trinidad es solamente amor, tres personas diversas, distintas, pero un amor que no es imposible, que es un amor divino, de Dios, y surge de esa unidad el gran amor.
Cuántas veces nosotros con diferencias, con conflictos, no sabemos enraizar la unidad del amor, no sabemos hacer que nazca el amor, esa imagen unitaria, trinitaria que es Él, esa imagen que nos lleva a amar. Cuántas veces tenemos que aprender esta forma de amar: tanto amó Dios al mundo que se entregó y dio su vida por ti y por mí.
Hoy en la eucaristía, en este encuentro, en este rato, te invito, querido amigo, a dar gracias a Dios Padre porque nos ama, nos cuida, vela por nosotros, nos libra de tantos peligros; al Hijo, que se entrega, que se entrega con tanto amor, hasta que da la vida; y al Espíritu, que nos da esa fuerza para amar, nos da esa fuerza para querer. Vamos a —tú y yo— a pensar mucho en este amor y a querer amarle así, como es Él, como es esa Trinidad: ese Dios Padre, ese Espíritu Santificador, ese Dios Salvador.
Le pedimos perdón por nuestra vida que… muchas palabras pero poco amor; y le pedimos fuerza para que nos dé ese ánimo para anunciar ese amor que Él tiene. Entremos en un diálogo contemplativo, hablemos tú y yo con Jesús, escuchémosle cómo nos dice cómo es su Padre, cómo es Él, cómo es ese Espíritu que nos da: es el proyecto de tres personas, el proyecto de amor. Tú y yo también tenemos un gran proyecto de amor: se nos dice que amemos con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Querido amigo, ¡gloria y honor a la Santísima Trinidad! ¡Bendito sea Dios Padre y su Hijo unigénito y el Espíritu Santo, que ha mantenido esa misericordia con nosotros! Y digamos muchas veces hoy: ¡gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo, al Dios que es, que era, que viene, por los siglos de los siglos!
Somos hijos de Dios, somos hijos de su Espíritu. Repitamos, querido amigo: “¡Abba! ¡Padre!”. Y en este encuentro: “¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo! Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos”. Examen de amor, examen de unidad, enriquecernos de esta gran efusión de amor. En todos los textos se nos dice que Dios es compasivo, misericordioso, lleno de amor, lleno de paz, nos entrega a su Hijo, nos da esa fuerza y nos ama sin límites, entrañable, con un amor incondicional. ¡Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo!
Querido amigo, entremos en la misericordia y en la compasión, llenémonos de la gracia de Dios y llenémonos de la comunión del Espíritu Santo. Tú y yo examinemos, comprobemos nuestro amor a través de la unidad y de la imagen de la Trinidad, y a pesar de nuestras diferencias, a pesar de nuestros conflictos, aprendamos a amar.
¡Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo! Que así sea, querido amigo
Francisca Sierra Gómez