14 abril 2017

Vigilia Pascual: Homilías


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1.- LA NOCHE SANTA: NOCHE DEL FUEGO Y DE LA LUZ

Por Gabriel González del Estal

1.- Los cristianos de los primeros siglos lo tenían muy claro: la noche del sábado santo era la noche más importante del año, era la noche, la noche del fuego y de la luz de Cristo. Más importante aún que la noche de Navidad. En la noche de Navidad celebramos el nacimiento del Señor, pero, como se nos dice en el Pregón Pascual, ¿de qué nos serviría haber nacido, si no hubiéramos sido rescatados? Ellos vivían la noche de Pascua como una noche mágica, como una explosión de luz salvadora y liberadora, como el anuncio de una libertad largamente deseada. Las imágenes más preferidas para expresar el sentido y el significado teológico de esta noche santa eran el fuego y, consiguientemente, la luz. Sabemos que la iglesia quiso que la celebración de la fiesta de Navidad se celebrara el día 25 de diciembre porque ese era el día en que los paganos celebraban la fiesta del sol naciente. En esta noche de Pascua queremos seguir viendo a Cristo como nuestra luz, como nuestro sol invicto, que nos iluminó definitivamente con el resplandor de su luz en la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, ascendió victoriosamente al cielo. Por eso, la Iglesia llama dichosa a esta noche, porque sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos. Será una noche clara como el día, la noche iluminada por el gozo.


2.- Pascua significa “paso” y en esta noche celebramos el paso de la muerte a la vida, la victoria de nuestro Salvador sobre la muerte. Por eso, en esta noche eran bautizados los catecúmenos. ¡Con qué íntimo gozo, con qué fervor salían los catecúmenos de la fuente bautismal, habiendo dejado en ella sepultados sus pecados! Eran vestidos con una túnica blanca, una túnica inundada de una luz, de una gracia y de un resplandor espiritual. Así vestidos, los catecúmenos entraban en la iglesia, y, en ese momento, todo el templo estallaba y resplandecía de luz, de alegría y de canciones de alabanza al Dios Salvador y liberador. Para los catecúmenos este era el momento más emotivo y más importante de su vida. En esta noche santa veían cómo el Señor había ahuyentados sus pecados, lavado sus culpas, y les había devuelto la inocencia.

3.- Nosotros, los cristianos de este siglo XXI, debemos vivir también esta noche de Pascua con la alegría de saber que Cristo quiere seguir siendo para nosotros fuego y luz, camino, verdad y vida. En esta noche santa hemos encendido el cirio pascual, la Luz de Cristo. Necesitamos que Cristo siga encendiendo en nosotros el fuego de su amor, la luz de la inteligencia, para que la llama del cirio vivo y encendido de nuestro corazón siga ardiendo e iluminando nuestras vidas y la vida de todas aquellas personas a las que amamos. El amor, como la llama, no mengua al repartirse, sino que se multiplica y crece. En esta noche santa, vamos a pedirle al Señor del fuego y de la luz, que ilumine los corazones y las inteligencias de todos los gobernantes del mundo, para que a nadie falte el calor de una mirada atenta y de una mano generosa, para que nadie muera por falta de pan, de ternura y de misericordia, para que brille siempre en el mundo el fuego del amor y de la generosidad. Encendamos en el corazón de todas las personas del mundo la luz y la llama de este cirio pascual, la Luz de Cristo, para que arda e ilumine la vida de todas las personas de buena voluntad.

2.- ALEGRIA QUE TRANSFORMA NUESTRA VIDA

Por José María Martín OSA

1.- ¡Ha resucitado! La muerte en cruz no ha sido la última palabra sobre Jesús, su vida, su mensaje. ¡Ha resucitado! Ha empezado algo nuevo. Jesús ya no está entre los muertos. Jesús continúa siendo el camino a seguir: "Va por delante de vosotros a Galilea". Ha pasado el día de reposo de los judíos, el día en que Jesús ha reposado, muerto, en el sepulcro. El primer día de la semana empieza a despuntar. Mateo no se olvida de poner como testigos a dos mujeres, porque sólo el testimonio de dos es válido para el judío. Las dos mujeres, que se habían quedado sentadas ante el sepulcro, ahora vuelven a ir para ver el sepulcro, para ver el lugar donde reposa aquel a quien habían seguido. De repente, todo cambia. Dios interviene de forma extraordinaria. El terremoto, el ángel del Señor resplandeciente extraordinariamente, la piedra gira, los guardias quedan como muertos. Dios interviene. Nadie ve su acción, pero el ángel del Señor, aquel que habla en nombre de Dios, explica a las mujeres lo que ha pasado.

2.- La alegría del encuentro con Jesucristo resucitado. La alegría se manifiesta en el lenguaje que subraya los acontecimientos sorprendentes y los magníficos anuncios: se trata de anuncios plenamente gozosos que ratifican lo que Dios ha prometido: "venid a ver", "id aprisa", "mirad, os lo he anunciado". Ellas hacen caso del mensajero del Señor y no se entretienen: la Buena Nueva es para comunicarla. Jesús mismo se les hace presente y los saluda de manera natural. Ellas lo adoran: ¡es el Señor! Les repite el encargo del ángel. Pero, así como el ángel hablaba de los "discípulos", Jesús habla de "sus hermanos". ¡El Señor, el crucificado resucitado, es hermano! Un hermano que invita a hacer su mismo camino, el camino que conduce de la muerte a la vida que ya no puede morir.

3.- Creer en la Resurrección. Es ser capaz de romper con la mezquindad y la mediocridad que todavía queda en nosotros. Es poner la fraternidad por encima de rituales, por encima de movimientos y grupos, por encima de tantas pequeñeces que con frecuencia nos apartan unos de los otros. Es sentir que pertenezco a la comunidad cristiana; que en ella soy acogido y amado; que en mí no hay exclusión para nadie. Es echar fuera de mí todo egoísmo, toda hipocresía, todo orgullo, todo miedo, todo aquello que no me deja ser yo mismo. Es sabernos protagonistas de esta historia, injertados y sumergidos en el camino de Jesús. Un camino que es de lucha, pero también de esperanza y amor. Un camino que da plenitud al hombre y a la mujer y nos abre al gozo de la creación, liberándonos de la maldad para conducirnos hacia la gran fiesta del Reino eterno.

3.- LA ALEGRÍA DEL TRIUNFO DE LA LUZ SOBRE LAS TINIEBLAS

Por Antonio García-Moreno

1.- IMAGEN DE DIOS.- "Al principio creó Dios el cielo y la tierra" (Gn 1, 1) Hay cuestiones que preocupan de modo especial al hombre. Una de ellas es saber cómo empezó a existir el mundo y también cómo terminará. Piensa, estudia, razona, reflexiona, observa y saca conclusiones. Respecto al día final, porque hemos llegado a saber, y no es poco, que habrá un fin del mundo. Pero a la hora de fijar la fecha nos hemos equivocado una y otra vez... Respecto al principio se hacen teorías, más o menos plausibles, aceptadas hoy y modificadas, cuando no negadas, mañana.

Dios ha querido decir algo sobre el tema, aunque lo haga no para informarnos de cuestiones científicas, relativas a la física o a la biología. Con razón nos venía a decir Agustín que en la Biblia se nos enseña cómo se va al Cielo y no cómo va el cielo. Y lo que nos dicen la Escrituras es que todo lo ha creado Dios de la nada, incluidos el hombres y la mujer, hechos a su imagen y semejanza. Somos sus criaturas predilectas, con todo lo que eso lleva de privilegios y de exigencias: Ser hombres y no animales.

2.- INCORPORADOS A CRISTO.- "Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo..." (Rm 6,3) El bautismo, lo mismo que las abluciones, era muy frecuente en el Antiguo Testamento. También en otras religiones. Así en el Levítico se prescriben numerosos ritos de purificación, y las religiones helénicas se practican ritos, en los que el agua tiene un papel predominante. Por otra parte, en el caso de los hebreos, el agua tiene un valor especial, dada la escasez de lluvias que a veces se sufre en el país de la Biblia. De ahí que en muchas ocasiones el agua es símbolo de la bendición divina.

Es altamente significativo que sea precisamente el agua de los ritos de purificación la que Jesús convierte en vino cuando las bodas de Caná. En ese detalle S. Juan sugiere el cambio de la antigua economía a la nueva. Una época distinta que trae la purificación no de las manchas legales ni meramente externa, sino la limpieza profunda del alma, el perdón de los pecados, incluido el pecado original. El bautismo, además, nos hace hijos de Dios, nos transmite una nueva vida, la divina. Por eso nos dice S. Pablo que nos incorporamos a Cristo, que formamos un sólo cuerpo con El.

3.- EL TRIUNFO DE LA LUZ.- "En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana..." (Mt 28, 1) La alborada del primer día de la semana, el "Dies Domini", el Día del Señor, el primer Domingo de la Historia. Amanecía una era nueva, la cristiana. La Luz ha roto las tinieblas, Cristo ha resucitado, ha vencido a la muerte, ha sometido al Príncipe de este mundo. Es, sin duda, el acontecimiento más importante de cuantos han ocurrido. Por eso Este día es el más glorioso para los hombres, en especial para los cristianos.

El shabat de la Antigua Alianza, el sábado, cede el puesto al domingo, la gran fiesta del Nuevo Israel, la Iglesia que con Jesucristo inicia su singladura. De ahí que ese día sea el que hemos de dedicar de manera particular a honrar al Señor, al mismo tiempo que descansamos de nuestras actividades ordinarias. Es el día en que la Iglesia, como buena madre, nos manda que asistamos a Misa, que participemos en la Eucaristía. Es la mejor manera de vivir la alegría del triunfo de la luz sobre las tinieblas.

4.- ¡MÁS FUERTE, QUE LA MUERTE!

Por Javier Leoz

“Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?” Lo hemos cantado y expresado en el Pregón Pascual.

1. ¡Ha resucitado el Señor! ¡Felicidades, hermanos! Dios, que es más fuerte que la muerte, no solamente se la sacudido de encima sino que, además, por Cristo nosotros correremos la misma suerte. Nos aguarda ese festivo horizonte: ¡LA VIDA!

Ya no existen, aunque la tierra nos haga llorar, para el pesimismo o la angustia. Lo humano y lo divino se han unido de tal forma que, un día cuando Dios lo quiera, definitivamente nos uniremos en un abrazo divino y eterno, festivo y resucitado. ¡Aleluya, hermanos!

¿Quién de los que estamos en esta celebración no hemos disfrutado cuando hemos estrenado un traje o una joya? En esta noche, hermanos y amigos todos, estrenamos una nueva etapa, una nueva vida: la vida de Cristo que, por cierto, es también nuestra. Aquel que, en la cruz, se dio totalmente…vuelve a la vida y sigue dándose pero ahora en rayos de luz y de pascua definitiva.

Ojala que, cada vez que contemplemos este cirio que en esta noche hemos prendido para socavar la oscuridad y las tinieblas, el pecado o nuestras dudas, veamos la luz de un Cristo que sale a nuestro encuentro, que va por delante enseñándonos el sendero de la alegría, recordándonos que estamos llamados a una resurrección gloriosa. ¡Felicidades, por todo ello, hermanos!

2.- Porque estamos de estreno, felicitamos también a Cristo. En El están puestas nuestras esperanzas y nuestras metas. En El, Cristo, están los cimientos de nuestra fe. Nuestra fe, y no lo olvidemos nunca, no es un edificio sobre un Jesús que murió. En esta noche celebramos el sepulcro vacío. Dios, como a las santas mujeres, nos da una mirada de fe: miramos y no vemos nada. Volvemos a mirar y concluimos que Cristo ha cumplido lo que nos prometía: ¡Ha resucitado! ¡Aleluya!

Que sintamos un fuerte impacto pascual y visual. Que, nuestro encuentro con Jesús, nos lleve a una vida más plena, con más verdad y con más dicha. La Pascua no nos puede dejar igual que cuando comenzamos la santa cuaresma. Ahora, desde la experiencia del Resucitado, nos sentimos más testigos, más valientes, más decididos a dar la batalla y la cara por El. Ahora, con toda la Iglesia, nos estremecemos y nos entusiasmamos: ¡Sentimos a Cristo vivo, presente, activo en nuestra existencia! ¡Felicidades también a ti, Santa Madre Iglesia!

3. - Que sigamos anunciando, al fin y al cabo esa es nuestra misión, la vida del Resucitado. Que no dejemos de lado ni una sola de esas páginas que hacen grande la historia (veraz y en carne viva) de Jesucristo muerto y resucitado. Pongamos y nos comprometamos ante el altar en esta noche la palabra y nuestro sentimiento. No nos dejemos solamente llevar por la emoción: Dios quiere, además de corazones motivados, las manos y los pies dispuestos a ponerse en el camino que anuncie su Reino de salvación. ¡Felicidades, hermanos, por ser testigos de todo ello!

4.- Hoy, en esta noche, estamos de suerte. ¡Nos ha tocado la lotería divina! ¡Nos ha tocado la vida de Cristo! Que llevemos, esta noticia, a cuantos nos rodean. Que contagiemos nuestra ilusión de ser cristianos, católicos, seguidores de Cristo allá donde nos toque estar. Que la Virgen María, que permaneció fiel al pie de la cruz, nos ayude ahora a ser portadores de esta gran noticia: ¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA!

5.- ¡DESPERTAD, LA VIDA NOS HA TOCADO!

Sí;  la Vida ha  salido a nuestro encuentro

Ascendió  a la cruz, débil y fracasada

y,  a los tres días, retorna gloriosa y eterna

¡DESPERTAD, LA VIDA NOS HA TOCADO!

Y,  nuestra fe, se hace firme en esa misma vida

resucitada  y resucitadora, alentadora y futura

divina  y esplendorosa.

Hoy,  más que nunca, sentimos que todo cambia

Que  la noche ya no es oscura ni definitiva

Que,  al final del todo, una luz potente y luminosa

se  abre para todo el que no desespera y aguarda

¡DESPERTAD, LA VIDA NOS HA TOCADO!

Cristo,  el Hijo de Dios y de María,

ha  bajado al abismo y traspasándolo

ha  hundido todo su ser en lo que era temblor: la muerte

Cristo,  el anunciado y esperado por profetas y reyes,

ha  dinamitado con el poder de Dios

lo  que era amenaza y cárcel segura para el hombre

¡DESPERTAD, LA VIDA NOS HA TOCADO!

Cantad  y festejad, vitoread y saltad

porque,  nuestra puerta de salida de este mundo

ya  no está en la muerte ni tampoco en el absurdo.

Hoy,  Cristo, ha resucitado y con su resurrección

nos  trae vida, y de sobra, para todos los creyentes.

Despertad,  hermanos, y anunciemos esta gran noticia

a  todos aquellos que, aún conociéndola,

hace  tiempo que la olvidaron o la dejaron adormecida.

Despertad,  hermanos, y acerquemos

esta  explosión de alegría y júbilo

a  aquellos hombres y mujeres que necesitan

un  poco de consuelo, de optimismo y de futuro.

¡DESPERTEMOS, CRISTO HA RESUCITADO!

5.- EL BILLETE DE VUELTA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Quiero revelaros una cosa importante en esta noche santa de luz y de alegría. Para algunos ya será tema conocido pues ya lo escribí otra vez. Y no es otra cosa que el fermento que en mi dejó la celebración de una vigilia pascual fue, sin duda, mi billete de vuelta para volver a la fe. Acudí a dicha ceremonia siendo muy joven, cuando iniciaba la separación total de la Iglesia. Pero siempre estuvo presente ese recuerdo localizado en la capilla bizantina del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de la calle Serrano, de Madrid. Por eso cuando se acerca la hora nocturna para acudir al templo a esperar la Resurrección del Señor pues estoy nervioso y agitado. Creo que eso mismo les pasaría a los catecúmenos que en una noche como esta esperaban su bautismo y su entrada plena en la familia cristiana.

2.- En esta noche de Pascua es cuando se comprende ya totalmente lo que ha sido la Semana Santa, lo que han sido esos días tan especiales en los que Jesús pasaba de ser un hombre conocido, famoso, –querido por unos y perseguido por otros—a convertirse en un delincuente sometido a un proceso terrible, con turbas vocingleras intentando cambiar la voluntad del Gobernador romano, con un recorrido terrible –Vía Dolorosa—por la ciudad de Jerusalén con la cruz a cuestas y con una muerte atroz –de larga agonía—en el Gólgota. Hemos de ser justos. La desbandada de los apóstoles ante la detención de Jesús no es tan extraña o tan afrentosa. La situación creada era ininteligible. Y durante las horas siguientes el desconcierto y el dolor tuvieron que ser enormes.

3.- Nadie fue testigo de la Resurrección, algún autor fantasioso habla como de una explosión atómica, siendo tanta la energía desplegada en la salida de la gruta del Señor Jesús. Esa explosión es la que dejaría fuera de combate a los soldados que custodiaban el sepulcro. Muy fuerte parece eso. De todas formas, es difícil para un ser humano imaginas los modos y los procedimientos de Dios. No creo en la explosión –es una idea mía—si en un golpe de luz, la luz que hoy mismo llega a nuestros corazones después de haber encendido el cirio pascual, presencia viva del Espíritu Santo es nuestra cercanía.

4.- Las lecturas tan numerosas y bellas nos hablan de la historia del ser humano y de su caminar conjuntamente con Dios. Jesús de Nazaret murió para cambiar la historia y para reconciliar a la creación con Dios Padre. Resucitaba para confirmar esa fuerza divina de paz y amor. La tristeza del Viernes Santo se ha esfumado y, en su lugar, aparece la alegría desplegada ante la victoria de Cristo que es para siempre. Y todas estas cosas, toda la felicidad por el triunfo debe llegar –y llenar—nuestro corazón y hacerle rico en esperanza. Es verdad que la vida no es fácil, que el pecado, la desdicha, el dolor, todo ello está ahí. Pero la resurrección de Nuestro Señor es lo que nos enseña que podemos cambiar, que nuestra vida puede acercarse más y más a la de Jesús; y ser como Él, porque Él mismo nos lo ha mandado. La resurrección es un triunfo de todos y conlleva la promesa que un día todos tendremos un cuerpo glorioso semejante al de Él. Eso es lo importante y ello es lo que nos ayuda a seguir nuestro camino a la espera de encontrarnos con Él, como los discípulos de Emaús. Y ojalá nosotros sepamos reconocerles de inmediato. ¡Feliz Noche! ¡Feliz Pascua! ¡El Señor Jesús vive, ha resucitado!