Horario celebraciones Semana Santa en la Parroquia

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13 abril 2017

Viernes Santo: Homilías


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1.- UNA CRUZ GLORIOSA

Por José María Martín OSA

1.- Autor de salvación. Jesús es el "Siervo de Yahvé", que soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores. Jesús terminó clavado en una cruz construida con la madera de un frío árbol, fue asesinado por su infinito Amor a nosotros y por su obediencia a la voluntad del Padre, como dice la Carta a los Hebreos: “Aprendió a obedecer y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación”. El canto del Siervo de Yahvé es desgarrador: "maltratado voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca". Es la kenosis, el anonadamiento total por amor a la humanidad. La cruz es símbolo de adhesión, de confianza, de amor. Y, sin embargo, cuando somos incoherentes le matamos en nuestro corazón....le entregamos como Judas, a cambio de unas pocas monedas sin valor: egoísmo, comodidad, mediocridad, falta de confianza…


2.- La cruz, glorificación de Jesucristo. Si leemos despacio el relato de la pasión y muerte de Jesús, descubriremos que el que está siendo juzgado no es el reo, Jesús, sino los distintos jueces y partícipes de la pasión. Pilato es sometido a prueba y resulta que es un cobarde, aferrado a su cargo. La muerte de Jesús constituyó también un juicio contra los escribas, los fariseos y otras gentes que lo rechazaron a sabiendas, arrastrados por su orgullo. Los propios discípulos tampoco se libraron de ser puestos a prueba. Judas le entregó, Pedro le negó y los demás huyeron. Jesús fue sometido a prueba... y la prueba fue difícil. Sólo Jesús fue capaz de aceptar el desafío de aquella hora. Así fue realmente; no se trataba sólo de un juicio a Jesús, fue un juicio a todos los hombres; o mejor, era un juicio a las distintas posibilidades del hombre, a las distintas formas de entender y vivir la vida. Y sólo hubo un triunfador: Jesús. Para los sinópticos, la Pascua es la superación del escándalo de la cruz. Para Juan, la Cruz no es ningún escándalo sino el momento de la glorificación. Todas las demás posibilidades a las que tan frecuentemente nos aferramos los hombres, han quedado desacreditadas, no son válidas, no le aportan al hombre la vida que necesita. Jesús abre un nuevo horizonte para el hombre al superar la prueba a la que va a ser sometido.

3.- La cruz de Jesús y nuestras cruces. El hecho que celebramos es para nosotros tan importante que difícilmente hallaremos una actitud más propia que la de una contemplación humilde, sencilla, como quien contempla algo que le supera, le admira, le conmociona. La celebración de esta tarde no es un acto de resignación. Es un acto de fe. Fe en la fecundidad de este camino de cruz. Fe y esperanza para los que viven oprimidos o angustiados bajo el peso de tantas cruces: el hambre, la injusticia, la enfermedad, la droga…No predicamos el sufrimiento como si fuera un valor en sí mismo. Lo que hacemos es proclamar nuestra fe: que el camino de vida y de amor pasa por la cruz. Por esto veneramos la cruz y la alabamos como fuente de vida. Es una cruz gloriosa, que ayuda a llevar con confianza y
2.- PIDAMOS PERDÓN, SEAMOS HUMILDES

Por Antonio García-Moreno

1.- LA PENA Y LA GLORIA DE LA PASIÓN.- "Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho" (Is 52, 13) Los cantos del Siervo paciente de Yahvé fueron siempre un enigma para los rabinos judíos, No acaban de entender, no entendieron nunca de quién se trataba. Era imposible admitir que el profeta Isaías se refiriese al Mesías, el Rey de Israel, el Hijo de David cuyo reino había de ser más glorioso y duradero que el de su padre.

Las palabras que hablan de los sufrimientos y las penas del Siervo son tan duras y descarnadas, tan trágicas y dramáticas, que oscurecían esas otras expresiones que hablan del triunfo del Siervo. Ocurría algo parecido a lo que ocurrió con los apóstoles cuando Jesús les hablaba de su Pasión y Resurrección. Les impresionaba tanto el hecho de que el Señor sufriera, que no podían entender que aquello era el primer paso para el triunfo glorioso del Señor.

2.- ACERQUÉMONOS CONFIADAMENTE. "Mantengamos firmes la fe que profesamos" (Hb 4, 14) La perícopa de la carta a los Hebreos que contiene la segunda lectura de hoy, nos exhorta a la confianza, a la firme convicción de que podemos, y debemos, acercarnos al trono de la gracia, es decir al trono de Dios, para alcanzar misericordia y ayuda en el tiempo oportuno. Nada, por tanto, ha de frenar nuestra camino hacia Dios, nada debe oscurecer nuestra seguridad en ser escuchados y complacidos en nuestras peticiones.

La razón última está en que Jesús es nuestro intercesor, el Sumo Sacerdote que ha penetrado ya en los cielos. El es, además, conocedor de nuestras necesidades, de nuestras limitaciones y carencias. El se hizo hombre con todas sus consecuencias, fue igual a nosotros, menos en el pecado. Por eso puede compadecerse de las flaquezas que nos afligen. De ahí que debemos estar firmes, seguros de ser comprendidos y atendidos.

3.- JUDAS.- "Judas, el traidor, conocía también el sitio...". (Jn 18, 2).- Era un lugar donde Jesús descansaba a veces con los suyos, una de aquellas cuevas cercanas a Jerusalén en la ladera sur del Monte de los olivos, zona tranquila y propicia también para la oración. Judas habría estado en más de una ocasión con el Maestro. El conocía las costumbres de Jesús, lo mismo que se conoce lo que hace y lo que piensa un amigo íntimo. Y es esa amistad de Judas con Jesús lo que hace más grave y despreciable su pecado.

Quizá es buena ocasión, el Viernes Santo, considerar que cada uno de nosotros es también amigo de Jesús, que sabemos dónde podemos encontrarlo, que conocemos su modo de ser y de pensar... Y que, lo mismo que Judas, le hemos traicionado, le hemos vendido. Aunque nos parezca mentira, así ha sido, así es cada vez que pecamos. Sin embargo, podemos ser diferentes de Judas, podemos confiar en el amor de Cristo, que nuestros pecados no apagan. Pidamos perdón, seamos humildes como Pedro, acudamos al Señor como él, y como él seremos perdonados.

3.- LA FRAGILIDAD Y VERSATILIDAD DEL CORAZÓN HUMANO

Por Gabriel González del Estal

1.- ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! - ¡Crucifícalo! En los relatos evangélicos sobre la pasión del Señor vemos con claridad hasta dónde puede llegar la injusticia humana, cuando se deja llevar por el egoísmo y la ambición. La muchedumbre, manipulada por unos jefes religiosos cobardes y malvados, grita pidiendo la muerte de Jesús, mientras éste, visiblemente turbado en su interior, hace un esfuerzo humano divino, entregando con amor su espíritu al Padre. Nos resulta difícil entender por qué aquel pueblo, por el que Jesús había pasado haciendo el bien, curando a los enfermos, acogiendo a los pecadores, defendiendo a los marginados, dando de comer a los hambrientos, pidieran ahora la muerte del Justo. Pero, ¿por qué aquellos judíos, la gente, el pueblo, los sacerdotes, los guardias, pedían a gritos la muerte de Jesús, la muerte de una persona llena de bondad y de misericordia? Mucha gente sencilla e ignorante lo haría, sin duda, instigados por sus autoridades religiosas, a las que estaban acostumbrados a obedecer ciegamente. Pero otros muchos lo hacían, sin duda, muy conscientemente. Unos por ignorancia, sí, pero otros muchos, los jefes manipuladores, lo hacían muy conscientemente, movidos por su egoísmo, por vanidad y por su ambición. Las autoridades religiosas de Jerusalén no podían tolerar que un profeta de Galilea viniera a la ciudad santa a denunciar su corrupción y su hipocresía y que lo hiciera además como mensajero e hijo del Dios altísimo. Querían que desapareciera de su vista, que muriera, porque ponía al descubierto sus mentiras y sus intereses personales más inconfesables. Lo hacían, en definitiva, por vanidad y por egoísmo. Otros muchos, entre los que se encontraban seguramente algunos de los que unos días antes habían gritado jubilosamente: “bendito el que viene en nombre del Señor”, pedían ahora su muerte porque les había defraudado. Ellos esperaban que les iba a librar del poder romano y que iba a hacer la revolución definitiva que pondría en marcha la implantación de un verdadero reino de Israel, desde donde su Dios gobernaría universal y gloriosamente a todas las naciones. Sí, con su actitud mansa y humilde, este profeta de Galilea les había defraudado, porque así no podría nunca vencer a las poderosas legiones romanas. Así somos los seres humanos, cuando nos dejamos llevar por nuestras pasiones. Sí, seguramente más de una vez también nosotros actuamos movidos más por el egoísmo, que por el amor sincero.

2.- ¡Padre, ¿por qué me has abandonado! ¡Padre, perdónales porque no saben lo que hacen!, ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! ¡¡Padre!! Es impresionante oír a Jesús gritando desde la cruz. Sí, Jesús, como hombre, tenía derecho a sentirse en la cruz terriblemente turbado. ¡Tanta lucha, tanto esfuerzo, para terminar así! Pero es aún más impresionante ver que Jesús, en estos momentos tan desconcertantes para él, sigue llamando a Dios: ¡Padre! Porque, desde lo más profundo de su alma, nunca deja de saber que Dios es su Padre y que le ama y que no puede abandonarle. No podemos minimizar el dolor y la turbación que Jesús sintió en sus momentos finales. Jesús no estaba haciendo teatro. Sentía de verdad lo que decía. Por eso, es tan maravilloso su ejemplo para nosotros. En los momentos más terriblemente angustiosos de su vida se entregó a la voluntad del Padre, a una voluntad que como hombre no acababa de entender del todo, pero que como hijo, aceptaba con todo el amor de su corazón. ¿No nos ha ocurrido también a nosotros alguna vez algo parecido? No entendemos el proceder de Dios, ni en nuestra vida, ni en la vida de nuestra familia, ni en el proceder de la sociedad y del mundo entero. Tenemos que pedir a nuestro Padre Dios que llene nuestro corazón de todo el amor que su Hijo, Jesús de Nazaret, vino a regalarnos con su vida, su pasión y su resurrección. Y, aun en medio de las mayores desgracias, no dudemos que Dios es nuestro Padre y que, como buen Padre, nunca va a abandonarnos.

4.- CONTEMPLAMOS EL DRAMA DE CRISTO

Por Javier Leoz

Habla el silencio y cesan las melodías. Y no porque estemos de luto sino porque necesitamos un espacio para la reflexión y la contemplación del drama de Cristo: ha muerto por nosotros en una cruz.

1.- Como Judas, miramos desde lejos al Señor. ¡Te he vendido, mi Señor! Sin darme cuenta o siendo consciente de ello te empujé a subir a la cruz con mi cobardía o mi afán de oportunidades.

Sí, mi Señor. Somos como ese apóstol que, teniendo a Dios delante de sus ojos, pudo más su apego al ruido del dinero, su servicio al poder que su fidelidad al que tanto había compartido contigo. Déjanos, Señor, ver tu cruz por lo menos desde lejos. También nosotros, en estas horas de generosidad y de entrega, sentimos que te olvidamos frecuentemente. Que el precio por el que te cambiamos es a veces mucho menor que aquel por el cual te traicionó el apóstol ingrato.

2.- Como Pedro, necesitamos querer tu cruz. Porque, como Pedro, también constantemente te negamos. Porque no queremos ver la cruz en el horizonte de nuestra vida. Porque, incluso como Pedro en el Tabor, quisiéramos una vida sin lucha, sin sufrimiento. Un Dios que se desentendiera de los padecimientos de la humanidad.

Hoy, Señor, al contemplar tu cruz en este Viernes Santo… vemos que no hay tres negaciones escritas en sus dos maderos. Que, en ellos, se encuentran cinceladas y a millones las contradicciones de nuestra vida cristiana, nuestra tibieza a la hora de dar nuestra cara por ti, nuestro arrojo con las cosas del mundo y nuestra timidez para con las cosas de tu Reino. ¿Nos dejas contemplar como Pedro, desde lejos Señor, tu Santa Cruz?

3.- Como Juan, permítenos estar debajo de tu cruz. Porque, también como Juan, necesitamos recostar nuestra cabeza ya no en tu pecho sino sentir la sangre que baja con fuerza por su madero. Como Juan, oh Jesús, también pretendemos el cielo (un puesto a tu derecha o a tu izquierda) sin mayor esfuerzo que una petición como contraprestación a nuestra amistad contigo.

Sí, Señor. Déjanos como Juan, tu preferido, recibir al pie de la cruz –además del regalo que nos aguarda en la mañana de Pascua- a esa Madre que nos invita a estar firmes y en guardia hasta el día en que tú, de nuevo regreses para llevarnos contigo, para darnos nueva vida, para resucitarnos a una vida gloriosa y resucitada.

4.- Como a María, admítenos por lo menos unos minutos para ser testigos de tanta pasión y de tanto desgarro. Porque, como María, también quisiéramos ser centinelas de tu amor que, en la cruz, lejos de morir se convertirá en semilla de eternidad para todos nosotros. Déjanos, oh Cristo, al pie de la cruz formar parte de la incipiente Iglesia, ser hijos de María y recibirla como Madre que permanece fiel, silenciosa fuerte y solidaria para acompañarnos en las noches oscuras del alma.

5.- ORACIÓN ANTE LA CRUZ

Ante  ti, oh cruz, aprendo lo que el mundo me esconde:

que  la vida, sin sacrificio, no tiene valor

y  que la sabiduría, sin tu ciencia, es incompleta

Eres,  oh cruz, un libro en el que siempre

se  encuentra una sólida respuesta.

Eres  fortaleza que invita a seguir adelante

a  sacar pecho ante situaciones inciertas

y a  ofrecer, el hombro y el rostro,

por  una humanidad mendiga y necesitada de amor.

Ahí  te vemos, oh Cristo, abierto en tu costado

y  derramando, hasta el último instante,

sangre  de tu sangre hasta la última gota

para  que nunca a este mundo que vivimos

nos  falte una transfusión de tu gracia

un  hálito de tu ternura de tu presencia

una  palabra que nos incite

a  levantar nuestra cabeza hacia lo alto.

En  ti, oh cruz, contemplamos la humildad en extremo

la  obediencia y el silencio confiado

la  fortaleza y la paciencia del Siervo doliente

la  comprensión de Aquel que es incomprendido

el  perdón de Aquel que es ajusticiado.

En ti,  oh cruz, el misterio es iluminado

aunque,  en ti, Jesús siga siendo un misterio.

Amén

5.- ESPERANZA EN ESTA TARDE TAN TRISTE

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Desde los primeros tiempos de la Iglesia no se celebra Eucaristía hoy, Viernes Santo, ni mañana, Sábado Santo. Y las normas y costumbres litúrgicas son iguales que desde hace siglos. Ayer, Jueves Santo, el Altar quedó desnudo, sin mantel, sin candelabros, sin cruz y el Cuerpo de Cristo se reservó en el “monumento”, sagrario especialmente adornado para el culto de los fieles. Esa desnudez del altar nos ha conmovido, sin duda. Es ya una imagen de soledad que no podemos obviar. Sabemos que estamos solos y una tristeza enorme llena nuestra alma. No puede ser de otra forma. A las tres de la tarde murió Jesús y desde esa hora –salvo por cambios por razones pastorales—los fieles de todo el mundo no unimos para dar los pasos junto a la cruz.

2.- Hemos comenzado con la liturgia de la Palabra. El cuarto canto del Siervo de Yahvé que es la profecía que manera prodigiosa narra la Pasión de Jesús, su sufrimiento y sus efectos salvadores. Dicen que los antiguos judíos jamás repararon en estos cantos del Siervo de Yahvé y mucho menos le dieron aplicación mesiánica. Esperaban un triunfador. El Salmo 30 reproduce las palabras de Jesús al expirar. “Padre a tus manos encomiendo mi espíritu. Sin duda él rezaba este salmo en esos momentos, lo cual también puede enternecernos. La Carta a los Hebreos nos comunica la sublime obediencia de Cristo a la misión encargada por el Padre y de ahí nace nuestra salvación. Nadie como el autor de la Carta a los Hebreos ha penetrado tan profundamente en el papel de Cristo como víctima, altar y sacerdote.

3.- Hemos escuchado la Pasión según San Juan. Como se sabe la otra jornada de la Semana Santa en la que se proclama completo el relato de la Pasión ha sido este pasado Domingo de Ramos. En su liturgia se lee, según el ciclo A, que nos corresponde este año, el texto evangélico de Mateo. Y si hoy leemos a Juan es porque expone la exaltación hacia la gloria total del Señor Jesús. Escrito el Evangelio de Juan muchos años después que los sinópticos ya ha habido tiempo para conocer los dones maravillosos de la Pasión salvadora de Cristo. Y por eso la Iglesia nos la ofrece, para que en esta tarde tan triste haya sitio para la esperaza.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

ANÁS Y CAIFÁS YA LO HABIAN DECIDIDO…

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- El parecer de Anás y Caifás era definitivo. Ya lo habían decidido hacía tiempo. Ahora lo tenían prisionero y el pueblo no se había amotinado. No hay que olvidar que todo esto sucedía en Jerusalén, capital de Judea y Jesús era considerado un galileo. Las rivalidades interétnicas, inter comarcales, internacionalidades o cualquiera de estas “inter” de grado medio, apasionan más que cualquier criterio justo de orden superior. Continúan siendo actuales estos fanatismos que condicionan la justicia, por mucho que digan que es ciega.

2.- Convenía revestir la maniobra de cierta legalidad, de aquí que convocaran al Sanedrín. Se reunía este en salas situadas en el Santuario del Templo, lejos del patio de los gentiles, fuera también del ámbito del “Santo de los Santos”. Lo señalo para que nos demos cuenta de las humillaciones a las que fue sometido Jesús.

3.- Había sufrido la huida de los suyos y la traición del apasionado Pedro. Ahora era espectáculo callejero. El trayecto pudo durar algo más de un cuarto de hora. La esperpéntica audiencia no menos de media. Toman la decisión estratégica de enviarlo al gobernador. Nada importaba que su autoridad fuese considerada tirano dominio de la impía Roma. El odio ahoga muchos criterios adversos, cuando uno quiere salirse con la suya.

4.- Pilatos despreciaba a los judíos, era un simple funcionario destinado para mantener el orden tal como lo quería el gobierno de la Ciudad de Roma. Este gobierno tampoco sentía ninguna simpatía por un pueblo rebelde y levantisco, amén de fronterizo. El oficial militar y gobernado, residía comúnmente junto al mar, el clima de Cesarea, sus brisas suavizaban las adversas temperaturas de Jerusalén. Pero durante las fiestas de Pascua peligraba la calma ciudadana y debía estar próximo a los posibles lugares de motines de fanáticos. Acostumbraba a residir junto al Templo, en una fortaleza, cuartel o palacio, que llamaban Torre Antonia. Pero si le molestaba la algarabía del populacho o el hedor de los miles de animales que se sacrificaban durante la Pascua, convirtiendo la atmosfera en la propia de un pestilente matadero. Podía refugiarse en el Palacio de Herodes, situado a poca distancia.

5.- Un reo que no fuera posible terrorista le importaba un bledo, molestaba su deseada placidez, pero, en este caso, no pudo escurrir el bulto. Quienes se lo traían le irritaban más que las moscas y mosquitos que se metían por todas partes. Su obligación era juzgarlo. Quería acabar pronto, pero el reo era un pelma. Contestaba con sentencias que él abominaba. Él era un militar, ni un filósofo, ni un jurisconsulto, pese a servir a una cultura que se distinguía entre todas por la importancia que daba a las leyes. Prefería más castigar si era necesario a un soldado, que dialogar con un sabiondo y esto es lo que creía era este desgraciado judío. Le cuchichean que no lo es del todo, que en realidad es galileo y que sobre él tiene jurisdicción el reyezuelo Herodes, que precisamente está en la ciudad. Pues que a él le conduzcan. Nuevo traslado, nueva humillación pública. Herodes no esperaba tenerlo tan fácil. Le había llamado zorro y ahora sabría quién era él. Pero antes de vengarse quería humillarlo, máxime cuando no se había dignado dirigirle la palabra.

6.- Bofetadas, disfraces, casco de espinas a manera de corona imperial. Duelen los golpes, pero a veces daña más la injuria, la humillación, el escarnio de quien se siente superior, siendo en realidad un fantoche. Todos sabréis, mis queridos jóvenes lectores, que algún alumno sometido al bullying ha preferido suicidarse a aguantar la mofa de sus compañeros. Ser juzgado y condenado por un inferior, un rey títere e hijo de rey déspota y verdugo totalitario, era insoportable. Duraría poco rato el encuentro, pero el daño espiritual atenazaría sus entrañas.

7.-Vuelta a Pilatos. Gobernador que trata de no gobernar y salirse por la tangente. Imposibilidad de conseguirlo. Que le azoten, a ver si se calma el populacho. Los soldados estaban acostumbrados a estos quehaceres, que interrumpían la monotonía de sus guardias. Jugaban a dados y como dado de juegos sangrientos le tratan. La flagelación romana equivalía a muerte en vida. A unos les torturaba un animal, a otros soldados de baja categoría. Para azotar no se necesitaba tener oficio, todos sabían hacerlo.

8.- No tienen suficiente, pues esta horda abyecta continúa exigiendo y protestando astutamente. Pues que le crucifiquen y le dejen tranquilo de una vez. Algo le remuerde en la conciencia. Más que remorderle, le fastidia. Su lenguaje, no es insolente, pero tampoco temeroso y huidizo como le correspondía expresarse a un reo común. Amén de la intervención de su esposa y de su apelación a sueños. Ahora bien, no podía retroceder, estaba él prisionero de su misma autoridad. Que se lo lleven de una vez.

9.- Teme ahora al reo, la superstición no era ajena a los romanos. Quiere hacer algo por él. Manda que le dejen ir al patíbulo vestido, que no pase por la humillación de ir entre las gentes mostrando su desnudez. Y que le acompañen otros condenados. Con una sola maniobra se desentenderá de otros dos y no se notará tanto su villanía.

7.- Yo no sé, mis queridos jóvenes lectores si habéis visto una cámara de ejecución. Yo vi una en una ocasión, en el mismo Israel. Vi el camastro donde pasaban las últimas horas, por entre rejas podían ver los condenados la soga con la que a ellos les iban a colgar, el recorrido que les tocaría hacer, la viga de la que les colgarían. No se me ha olvidado nunca.

8.- Jesús fue ejecutado, no ocultamente, sino entre el gentío que no tenía otro entretenimiento que observar el espectáculo. Murió desnudo, desprovisto de cualquier propiedad. Totalmente pobre. Hasta sus pocos vestidos se los habían jugado a dados. A su alrededor todo era odio y sarcasmo. Todo su cuerpo era dolor. Dolor traumático y dolor de los nervios y músculos agredidos. Veía a su Madre, veía a otras mujeres que con su presencia trataban de consolar y disminuir su dolor.

9.- ¿Su Padre, donde estaba? Su misión ¿debía cumplirse así? Si tal era su voluntad, aunque como hombre no la entendiese, como Dios la aceptaba. Ni olvidó a su Madre, ni a su discípulo amado, ni al malhechor arrepentido que a su lado estaba. Murió. En el sepulcro fue enterrado su cuerpo cargado con nuestros pecados.

10.- Os propongo que, como nosotros hacemos, reunidos en torno a una cruz desnuda, dos toscos troncos cruzados, os acerquéis consciente cada uno de sus culpas que haya escrito en un papelito, pongáis la frente en la cruz, queméis en un braserito el papel y a continuación granito de incienso. Se quemara el papel y perfumara la aromática resina al calor de las brasas. Pecado y adoración. Pecador y Dios. Arrepentimiento y ofrecimiento redentor. Todo unido. Antes de marchar os daréis cuenta de que del papel no queda nada, pero que la estancia está perfumada.Por grande que sea el pecado, por inmensa la cantidad de pecadores, el valor de la Cruz supera todas las maldades y limpia a quien le reconoce y adora.

Silencio