23 abril 2017

La fe personal


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1. En las Escrituras, «ver» significa advertir, percatarse, experimentar o conocer. En san Juan equivale a descubrir la revelación de Dios. Con visión de fe se contempla la gloria de Dios, el reino de Dios y la liberación del ser humano. Ver a Dios es una de las supremas aspiraciones de toda persona religiosa. En todo caso, ver es para todo ser vivo algo fundamental. Ver a Jesucristo es para el creyente encuentro existencial con el Señor. Más aún, Jesús espera que se crea sin haber visto.

 

2. Es evidente que Dios ve y que lo ve todo, pero el ser humano no puede ver a Dios, porque es pecador. Ciertamente, Dios se manifiesta en diversas epifanías y mediante signos, aunque es un «Dios escondido» al que sólo se puede contemplar con fe. Se le conoce escuchando sus palabras y poniéndolas en práctica. Solamente en la parusía se podrá contemplar a Dios «cara a cara» (1 Cor 13,12). Entonces «todos lo verán con sus ojos» (Ap 1,7) Los limpios de corazón verán a Dios (Mt 5,8).
 
3. Dios se ha hecho visible en Jesucristo por la encarnación. Pero, así como muchos lo vieron físicamente y no todos lo reconocieron, así también sucede hoy: muchos pueden imaginarlo revestido de humanidad, pero no llegan a reconocerlo, por ausencia de fe. Cristo resucitado y glorioso es invisible; se revela en los signos; se aparece, se deja ver. Los relatos pascuales muestran que Jesús Resucitado es «reconocido» por su modo de actuar. Describen encuentros que llevan a la fe, al testimonio, al compromiso, a la misión.
REFLEXIÓN CRISTIANA:
¿Qué señales de Jesucristo vemos hoy?
¿Por qué nos resistimos a reconocer a Dios?