14 abril 2017

¡CRISTO HA RESUCITADO, ALELUYA!


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Lo acabamos de escuchar en el Evangelio. Es la mejor noticia que podíamos recibir los hombres y las mujeres de esta sociedad nuestra, tan desilusionada, enfrentada, violenta e injusta.
Hermanos, Cristo ha Resucitado para nuestra salvación, ahora sabemos que Dios es incapaz de defraudar las esperanzas de quienes le invocan como Padre. Dios es Alguien con fuerza para vencer la muerte y resucitar todo lo que puede quedar muerto.
Ahora sabemos que Dios es Alguien que no está conforme con este mundo injusto, en el que los hombres somos capaces de crucificar, incluso al mejor hombre que ha pisado nuestra tierra. Dios es Alguien, hermanos, empeñado en salvarnos por encima de todo, incluso, por encima de la muerte.
Mirad, con Jesús Resucitado, ni el mal, ni la injusticia, ni la muerte tienen ya la última palabra. Con Jesús Resucitado, la vida no es un enigma sin meta ni salida. Porque, conocemos ya, de alguna manera, el final.
No olvidemos: Hoy la fe nos dice que, a esta vida crucificada, vivida con el espíritu de Jesús, sólo le espera la resurrección. Por eso, nuestra perspectiva, nuestro horizonte es sugestivo, tiene futuro: Todos aquellos que luchemos por ser cada día más humanos, un día lo seremos. Todos aquellos que trabajemos por construir un mundo más habitable y justo, un día lo conoceremos. Todos los que, de alguna manera hayamos creído en Cristo y hayamos vivido con su espíritu, un día lo gozaremos, sabremos lo que es VIVIR, con mayúsculas.
Escuchad bien lo que el mismo Jesús nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees tú esto?” (Jn 11, 25). Esta es la pregunta que hoy nos hace el mismo Jesús.
Ahí, precisamente en tu respuesta, te juegas el sentido de tu vida y la esperanza de tu muerte. ¿Nos lo pensamos en un momento de silencio?