31 marzo 2017

V Domingo de Cuaresma: Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo

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● Este domingo, es el último antes del domingo de Ramos, en el que comenzaremos la celebración de la Semana Santa.
● Parece ser que la aldea de Betania, que distaba poco de Jerusalén, donde vivían Lázaro y sus hermanas Marta y María, era lugar propicio donde Jesús y los suyos se sentían acogidos y donde Jesús solía volver al finalizar la jornada, cuando iba a Jerusalén. La hospitalidad de esta familia creó lazos profundos de amistad con Jesús.
● Como idea central nos aporta el texto la consideración de la victoria de la vida sobre la muerte. Jesús tiene poder para dar vida. Jesús, como nos dice la Palabra de Dios, es el Camino, la Verdad y la Vida. Jesús nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida”. El ha venido para que tengamos vida en abundancia.

● Hemos visto estos domingos que Jesús es el Agua Viva, la Luz del mundo y hoy se nos dice que Jesús es la Resurrección y la Vida.
● La Resurrección de Lázaro es el anticipo de lo que sucederá con la propia vida de Jesús. Dando la vida a Lázaro Jesús anuncia su propia Resurrección. Él tiene poder de darla y recuperarla.
● Observamos en la narración y en el transcurso del Evangelio que hombres y mujeres rodean a Jesús: Marta, María Lázaro, los Apóstoles… Hombres y mujeres le siguen. Todos tienen cabida a su lado, todos pueden ser sus seguidores. Jesús es universal.
● Fijándonos en Jesús nos damos cuenta que a pesar del anuncio de que su amigo está enfermo Jesús permanece donde está y a pesar de la advertencia de los Apóstoles “hace poco intentaban apedrearte los judíos” Jesús sigue su camino. Es Él quien dispone, no los otros. Es Él el que marca los tiempos.
● Resultan interpelantes los tres imperativos de Jesús. “QUITAD LA LOSA”; “LÁZARO ¡VEN A FUERA!,” “DESATADLO.” Señorío de Jesús: dador de vida, vencedor de la muerte.
● ¿No son también estos imperativos los que Jesús nos está dirigiendo ahora a cada uno de nosotros en este final de la cuaresma para que nos liberemos de tantas ataduras y demos cancha en nosotros a la vida nueva que Él nos ofrece?
● ¿Qué losas tenemos que quitar? ¿de dónde hemos de salir? ¿qué ataduras tenemos que romper?
● Llama también la atención la compasión de Jesús, el sentimiento que le embarga ante la muerte de su amigo Lázaro, ante la aflicción de sus hermanas Marta y María por la muerte de Lázaro.
● “Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y muy conmovido preguntó…”. Y más adelante se nos dice que Jesús ante la tumba de Lázaro “se echó a llorar. Los judíos comentaban: ¡Cómo lo quería!”. Jesús comparte los sufrimientos de las personas.
● Toda una interpelación para nosotros. No nos podemos quedar insensibles ante los sufrimientos de nuestro mundo, si somos seguidores de Jesús.
● Jesús, ante la tumba de Lázaro, se pone en diálogo con Dios Padre, ora. Del mismo modo que lo hizo antes de la multiplicación de los panes Jesús le da gracias a Dios y muestra su total confianza con Él: ”Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: Padre te doy gracias porque me has escuchado, yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que Tú me has enviado”.
● Él quisiera que la gente entrase también en este diálogo filial con el Padre, en esta intimidad del Padre y del Hijo.
● Además del hecho de la Resurrección en el relato aparece un punto a tener en cuenta: la fe: “Yo soy la resurrección y la vida…Crees esto?. Ella contestó: Si Señor: yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.
● La fe, don de Dios y respuesta nuestra, nos posibilita la participación en su resurrección y en su vida. La fe de la que Jesús hablaba a veces a los enfermos que curaba “tu fe te ha salvado”.
● A partir de la Resurrección de Lázaro muchos judíos creyeron en Él: ”Y muchos judíos que habían venido a casa de Marta al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él”
● Otros se fueron a encontrar a los fariseos para contarles lo sucedido. Unos a favor y otros en contra.
● Este hecho provocó la reunión del Sanedrín y su decisión de eliminar a Jesús. No son suficientes los signos para la conversión, es necesario tenerlo esto también en cuenta para nuestros tiempos. Pero no por ello hemos de dejar de realizar signos del Reino donde nos encontremos, aunque sean aparentemente ineficaces.