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26 febrero 2017

Un mundo nuevo

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Quizás en la práctica no tenga mucha importancia. Quizás sí. Se discute si estamos atravesando una época de cambios o un cambio de épocaCreo que estamos viviendo un cambio de época. Esto -cambio de época – supone, implica una mutación, una mudanza o transformación más profunda. ¿Hacia dónde caminamos o dónde estamos ya? Hacia una sociedad en la cuál el orden prevalece sobre la libertad, la autoridad sobre la libertad democrática, hacia el predominio de la competición sobre la cooperación, el individualismo, la acumulación ilimitada de bienes materiales sobre la colaboración.
 
Como consecuencia ha emergido la sociedad liquida. Adjetivo que significa que nada es sólido, y que se puede traducir por “ todo vale”. El discurso del presidente norteamericano Donald Trump, que algunos le han calificado de aterrador, lo explica claramente: “Una nueva visón gobernará nuestra tierra. A partir de este momento Estados Unidos será lo primero”. Interesa subrayar “de hoy en adelante (febrero de 2017) y una nueva visión gobernará nuestra tierra”.
Respecto a la Iglesia, el Concilio Vaticano II, celebrado en Roma entre los años 1962 -1965, supuso un giro importante, como lo está siendo actualmente el comportamiento “tan beligerante (y hasta insultante) contra el Papa Francisco”Dicen de él (no en público) que es un demagogo, que sabe poca teología, que es un incontinente verbal, un teatrero, que se mete en “camisa de once varas”. Si bien es verdad que la inmensa mayoría le apoya y le aplaude. Como sugiere el anterior ejemplo estos cambios pueden ser hacia mejor o hacia peor. Nosotros nos solemos fijar más en los pasos o rasgos negativos.
En este cambio mundial radical a los cristianos nos toca jugar algún papel. Pues Jesús no vino solo para que nos acusáramos de malos pensamientos, sino que nos marcó algunas orientaciones, señalándonos qué sociedad quiere, indicando qué valores deben mover a esta sociedad, mostrándonos un horizonte que da sentido a la vida. Merece la pena preguntarnos a qué se debe que teniendo Jesús el mejor mensaje (al menos uno de los mejores), sin embargo no parece interesarnos mucho por él. No nos esforzamos excesivamente por conocer su proyecto y por llevarlo a cabo. ¿Cómo quiere Jesús que sea nuestra sociedad? El evangelio de hoy y de anteriores domingos nos lo dice: “Nadie puede estar al servicio de dos amos. No podéis servir a Dios y al dinero”. Termino con sus palabras: ”Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos”. 
En ésta tarea de hacer “posible el nacimiento de un mundo nuevo”, una tentación, que nos puede hacer mucho daño, es la de creernos incapaces, inútiles, convencidos de que no podemos colaborar en nada en este proyecto. 
“Si la gota de agua dijese: Una gota de agua no puede formar un río, no habría océano. Si el grano de trigo dijese: Un grano no puede sembrar un campo, no habría cosecha”.
Josetxu Canibe