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26 febrero 2017

Dios o las riquezas

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Avanzamos en el sermón de la montaña. Esta vez el texto nos trae dos afirmaciones centrales del mensaje de Jesús.
El peligro de la idolatría
Contra lo que pensamos comúnmente el riesgo de ser idólatra acecha a toda vida cristiana. Los profetas, en el antiguo testamento, ya lo habían denunciado. Con fuerza inusitada el Señor señala ese peligro: «No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6, 24). La palabra dinero traduce el arameo mamonas; se trata de la riqueza mal habida, y utilizada para oprimir al otro, que se erige como un ídolo. Es necesario, en consecuencia, hacer una elección. Jesús exige una opción exclusiva. Los términos amar y odiar subrayan el carácter tajante de la decisión.

Además, se emplea el verbo «servir» que tiene un sabor cultual, se sirve a Dios; pero existe el peligro de servir también a las riquezas. Servir a mamón es convertirlo concretamente en una alternativa a Dios. Concretamente, porque en palabras se puede seguir afirmando que se adora a Dios, cuando en verdad, en la práctica, hemos entregado nuestra vida al dinero y a todo lo que se deriva de él. La disyuntiva consiste en optar por uno u otro servicio. En un comportamiento preciso, y no en declaraciones formales, se juega el asunto de la idolatría.
Reino y justicia
Mateo rubrica esta perspectiva con un hermoso pasaje sobre el abandono a la Providencia a partir de la metáfora de las aves del cielo y los lirios del campo (cf. v. 25-34). No es un elogio a la ligereza, es una llamada a la libertadConfiar en Dios, que nos ama como una madre (cf. Is 49, 14-15), subrayémoslo, supone depositar nuestra vida en manos de su amor providente y quedar libres para estar a su servicio y al de los pobres. No se trata de una evasión de responsabilidades propias, ni tampoco de un menosprecio por las obras humanas y los medios necesarios para realizarlas. Por el contrario, el texto de Mateo insiste en la necesidad de mirar alrededor nuestro (cf. v. 26.28), saber observar y discernir lo que debe hacerse. De este modo estableceremos las prioridades que nos ayudarán a vivir sin angustias paralizantes. No os agobiéis, no os afanéis indebidamente, insiste el texto (cf. v. 25.27.28.31.32). Esa actitud nos impide ser libres frente a todo lo que no es esencial.
Esto lleva a la segunda afirmación central de este texto: «Buscad (primero) el Reino de Dios y su justicia» (Mt 6, 33). Reino y justicia de Dios. De alguna manera esta frase resume el sermón de la montaña. Acoger el don del Reino, exige la práctica de la justicia. Este criterio «pondrá al descubierto los designios del corazón» (1 Cor 4, 5). La gracia del Reino debe hacernos solidarios con los demás, en particular los pobres y necesitados.
Gustavo Gutiérrez