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26 febrero 2017

La providencia en baja

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Con frecuencia, los cristianos hablamos de Dios con demasiada ligereza y con afirmaciones tan ambiguas y poco cristianas que hacen caer en descrédito la imagen misma de Dios. 
No son pocos los cristianos que hablan de la «providencia» de Dios identificándola prácticamente con el azar o la casualidad, añadiéndole quizás, confusamente, un cierto sentido sagrado o misterioso. 

Otros ven la «providencia» de Dios, sobre todo, en sucesos inesperados que nos preservan del sufrimiento y la desgracia o en golpes de fortuna que cambian nuestra suerte y nos traen mayor bienestar. 
Si escuchamos el mensaje de Jesús, descubriremos que hemos de “cristianizar” esta idea de Dios excesivamente intervencionista y pagana. 
Jesús cree, ciertamente, en un Dios Padre que no olvida a sus criaturas ni las abandona. Un Dios fiel cuya presencia amorosa y discreta puede el creyente percibir en medio de las vicisitudes de la vida cotidiana. 
Nuestra vida depende radicalmente de Dios y, precisamente por esto, nuestra existencia ha de estar regada por una confianza grande, que, según Jesús, es todo lo contrario de la angustia atormentada y del temor estéril ante del futuro. «No estéis agobiados por la vida». 
¿Significa esto que hemos de despreocupamos de nuestro porvenir en momentos tan críticos como los que estamos viviendo? ¿Será, quizás, la postura más cristiana la de vivir tranquilos y confiados, esperando que Dios en su «providencia» intervenga de manera imprevista cambiando el rumbo de las cosas? 
La acción providente de Dios no significa que Dios actúe al margen de las leyes del mundo y de las decisiones de los hombres. Al contrario, su presencia atenta, discreta y respetuosa es la que funda nuestra autonomía. Dios está tan cerca de nosotros que nos deja ser nosotros mismos. 
Por eso Jesús, después de invitarnos a vivir sin agobios, añade: «Sobre todo, buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura». Esto significa que la confianza en la providencia de Dios hemos de vivirla como búsqueda activa de la justicia de Dios entre los hombres. 
En momentos de crisis como los actuales, todos tendemos a buscar con angustia lo que a nosotros nos parece urgente y vital. Esta es la llamada y el reto de Jesús:No perdáis el ánimo. Dios no se ha olvidado de vosotros. Buscad con fe la implantación de su justicia. Lo demás vendrá como consecuencia.
José Antonio Pagola