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15 enero 2017

¿Volver a empezar?

Con el mes de septiembre terminan las vacaciones y comienza un nuevo curso escolar. Son clásicos en estas fechas propósitos como perder peso, dejar de fumar y aprender una lengua. Sucede que marca más el comienzo de etapa el mes de septiembre que el 1 de enero. Suelen ser en estos dos meses en los que nos proponemos con más entusiasmo cambiar de vida, no con conversiones radicales pero si comprometiéndonos a evolucionar positivamente. No recuerdo que escritor lo ha dicho, pero el párrafo me parece muy oportuno “Cuando ha callado el canto de los ángeles, cuando se ha ido la estrella del cielo, cuando los Magos han regresado a su tierra, cuando los pastores han vuelto a sus rebaños, entonces comienza el programa de Navidad”. 
Ciertamente en estas fechas nos invade una especie de nostalgia, una sensación de melancolía que retrasa, adormece nuestro espíritu inquieto. Lo cuál nos obliga a un esfuerzo para recuperar fuerzas, para recuperar el tono.

Son múltiples las reacciones con respecto a estas fiestas cuasi-universales. Hay quienes las idealizan demasiado. Como en ninguna otra época del año, utilizamos el adjetivo “feliz” y la felicidad es una meta muy alta
Tendemos a creer que la familia sagrada de Nazaret no tuvo problemas. ¡Vaya que si los tuvo! Solamente con imaginarnos el nacimiento de Jesús en una cabaña, nos ahorra muchos adjetivos. Acostumbramos en estos días a usar un lenguaje educado que no es del todo real. Admitimos peor el tono áspero, los gestos rudos, las acciones injustas. Algo tenemos que aprender de la sensibilidad de estos días.Quizá Jesús hiló demasiado fino y como en las Bienaventuranzas nos desbordó. No llegamos a comprenderle y menos a imitar. Fue curiosa la reacción de los Apóstoles cuando Jesús citó las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los mansos, bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, bienaventurados los limpios de corazón, bienaventurados los misericordiosos…” La reacción de los Apóstoles en el caso de la Bienaventuranzas, fue un tanto infantil. Es posible que nosotros reaccionemos de modo similar. Esto fue lo que sucedió. Una revista mexicana lo cuenta, lo imagina con indudable chispa. Lo que ocurrió en el turno de las preguntas por parte de los apóstoles: San Pedro dijo: “¿Tenemos que aprenderlo de memoria? “ Andrés añadió: “¿Tenemos que escribirlo?” Felipe alertó: “No tengo papel.” Juan preguntó: “¿Puedo ir al servicio?” Judas manifestó: “¿Y esto para que sirve?”. A Jesús se le llenaron los ojos de lágrimas y pidió la jubilación anticipada. 
Seguro que Jesús no tira la toalla. Podemos pensar que Jesús sufrió una decepción. El evangelio lo dice: “Vino a los suyos y los suyos no le recibieron”. Pero habrá Navidad siempre que Dios se encarne, siempre que se haga hombre, siempre que haya una mujer que diga sí a la propuesta de Dios, siempre que haya pastores que escuchen el mensaje de los ángeles y del portal, siempre que haya unos Magos que se esfuercen por seguir la estrella.
Nosotros somos representados por los pastores y los Magos. Por tanto somos parte importante de la Navidad más aún si estamos dispuestos a volver a empezar.
Josetxu Canibe