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15 enero 2017

El cordero de Dios

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1. Testigo cristiano es el creyente que a través de su vida, obras y palabras señala la presencia salvífica y liberadora del Señor en medio de la vida, al servicio del pueblo de Dios. Cuando el testigo rubrica su testimonio con la entrega de la vida, decimos que es un mártir. Testigo por antonomasia de Dios es Jesús de Nazaret: testigo veraz, con palabra portadora de verdad; testigo fiel ante los que lo juzgaron y condenaron; y testigo consciente que no se echó atrás.

2. Juan Bautista es un excepcional testigo. En primer lugar, dice que Jesús es el Hijo de Dios, y proclama su testimonio públicamente para que el pueblo crea y se convierta, a la vez que arriesga su vida. Jesús es para Juan el «Cordero de Dios» de la Pascua y del Éxodo, que quita el pecado opresor de una humanidad creada por Dios, pero necesitada de salvación. En segundo lugar, afirma Juan haber visto cómo el Espíritu Santo «bajaba del cielo» y «se posó sobre él»: Jesús es el Mesías, el Elegido de Dios. Finalmente, dice resueltamente que «no le conocía». Se entiende que se deja llevar por un itinerario del no conocimiento al reconocimiento.
3. El testimonio cristiano ha sido realzado por el Vaticano, se trata de un testimonio de vida en un mundo de muerte; de un testimonio de justicia en una sociedad de oprobios; de un testimonio de verdad en unos espacios de mentiras; de un testimonio de fe en unos ámbitos de increencias. La Iglesia y los cristianos «deben dar testimonio de aquella esperanza que está en ellos», puesto que la totalidad de la vida cristiana es un compromiso de testimonio.
REFLEXIÓN CRISTIANA:
¿Estamos en condiciones de ser testigos del Señor? ¿Damos testimonio cristiano?
¿Por qué se dan anti-testimonios?
Casiano Floristán