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20 diciembre 2016

Misa de Navidad: Homilías


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1.- NOS HA TOCADO LA LOTERÍA DEL NIÑO

Por José María Maruri, SJ

1.- Nos ha tocado el Gordo de la Lotería, de la Lotería del Niño (**). No hay botellas de champán que salpican y ensucian, pero hay alegría de ángeles que sin piernas dan saltos de alegría y sin brazos se dan grandes abrazos. Y otros con la barbilla apoyada en el pesebre no dan crédito a sus ojos y allá dentro de su corazoncillo de espuma nos tienen envidia a los hombres.

Ya lo dice el canto: “paz a los hombres que ama el Señor, que tanto ama el Señor”. Tanto que se hace hombre y no se hace ángel. Nos ha tocado la lotería de ser hombres. Y la lotería de tener un Dios que es hombre como nosotros. Y este Dios es el gran descubrimiento de la Navidad, nos muestra lo que es Dios de verdad. Y lo que somos los hombres de verdad.

2.- Esa cara coloradita de niño recién nacido nos muestra que Dios antes de ser poder absoluto, ciencia absoluta, ser absoluto, es amor absoluto. En Navidad nace en Belén el Dios enamorado y muere en cualquier rincón el Dios de los filósofos.

La Navidad nos muestra que la grandeza de Dios no está en haber creado el universo entero, sino en haberse puesto en los brazos del hombre olvidándose de sus grandezas eternas e infinitas.


En Belén nos dice San Pablo, se nos ha aparecido la benignidad de Dios y su amor a los hombres. Amor desatinado, amor loco, sin fundamento, porque qué podía encontrar Dios en el gusano-hombre para hacerse uno de ellos.

¿Podemos entender que la inmensidad del mar sea absorbida por ese hombrecillo que pasea por la playa? ¿Puede el inmenso mar hacerse uno con ese ser que lanzado al mar sin orillas apenas se le puede distinguir desde el helicóptero que busca salvarle? Pues es una pálida comparación porque el mar tiene límites y Dios no.

Podemos creer o no que Dios se ha hecho hombre, pero si lo creemos no podemos hacerlo sin sensación de vértigo, de perder la cabeza, de total incomprensión, de admiración. Esto es lo que nos enseña la Navidad que Dios se ha vuelto loco de amor por el hombre.

3.- Y nos ha tocado la lotería de ser hombres, no por nuestros conocimientos científicos, ni técnicos, ni filosóficos, sino porque la Navidad nos ha demostrado que el hombre tiene capacidad para recibir a Dios y hacerse uno con Él.

En Belén, de repente, nos damos cuenta de que en el hombre cabe Dios. Este ser nuestro que creíamos pequeño y miserable se estira hasta llegar a la medida de Dios.

En Belén ha nacido una nueva humanidad, la de nuestra lotería del Niño que hace al hombre tan rico que se puede codear con Dios.

(**) En España hay dos sorteos de la Lotería nacional en los que tradicionalmente todo el mundo juega: el de Navidad y el del Niño. Este último tiene el sorteo la víspera de la Festividad de los Reyes Magos, fiesta de los niños por excelencia.

2.- CELEBRAR LA NAVIDAD HOY ES COMPARTIR

Por José María Martín OSA

1.- La Navidad es: Paz, Alegría, Esperanza y Silencio. Jesús, María y José estaban solos. Pero Dios buscó para acompañarlos gente sencilla, unos humildes pastores. Esa noche, ellos son los primeros y los únicos en saber del nacimiento del Mesías en la tierra. En cambio, hoy, lo saben millones de hombres de todo el mundo. La luz de la noche de Belén ha llegado a muchos corazones. Los pastores que aquella noche la acogieron, encontraron una gran alegría, la alegría que brota de la luz. La oscuridad del mundo superada por la luz del nacimiento de Dios. Dios quiso que los pastores fueran también los primeros mensajeros. Ellos contarán los que han visto y oído. Y nos dice el evangelio que todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Igualmente, a nosotros se nos revela Jesús en medio de la normalidad de nuestros días, y también nosotros necesitamos la misma sencillez y humildad de los pastores para llegar hasta El. Debemos estar atentos para descubrir a Jesús en la sencillez de lo ordinario, envuelto en pañales y reclinado en un pesebre, sin demostraciones aparatosas. Y todo el que ve a Cristo se siente movido a darlo a conocer en seguida. No puede esperar…

3.- ¿Quién es Jesucristo? Podríamos decir que las lecturas del día de Navidad se concentran en dar una respuesta al gran interrogante que ha atravesado los dos mil años de cristianismo: ¿Quién es Jesucristo? La respuesta la encontramos, sobre todo, en el prólogo del evangelio según san Juan: El Verbo, el creador del universo, la luz del mundo, el revelador del Padre, etc. Esta respuesta del evangelio es colocada en el ámbito del profetismo del Antiguo Testamento: Jesucristo, el mensajero que trae la paz y la salvación -primera lectura-; Jesucristo, el último y definitivo profeta de Dios ¿Quién es Jesucristo? En todo el mundo cristiano el día 25 celebramos el nacimiento de un niño: Jesús de Nazaret, que ha revolucionado durante dos mil años la historia de la humanidad. Quienes no son cristianos tal vez se pregunten quién es ese niño que celebran los cristianos con tanta solemnidad. Y no está mal que también nosotros, en esta singular ocasión de la Navidad, nos lo preguntemos.

4.- ¿Quién es Jesucristo para mí? Jesucristo es el Verbo, que vive en el seno de Dios, y que pone su tienda entre los hombres, en un determinado momento de la historia. Jesucristo, antes de ser una palabra pronunciada por la historia, es La Palabra pronunciada por el mismo Dios. El Padre está pronunciando eternamente La Palabra. En Belén, en tiempo del emperador Augusto, la Palabra eterna es pronunciada por labios humanos, se convierte en palabra de carne. Se llama Jesús de Nazaret. Esto es teología, pero lo importantes es que te preguntes de modo muy personal: "Para mí, ¿quién es Jesucristo?". Según que se responda a esta pregunta con los labios, con el corazón y sobre todo con la vida, nuestra existencia seguirá un rumbo u otro, seguirá unos parámetros u otros según los cuales vivir. Si Jesucristo lo es todo para mí: mi Dios, mi salvador, mi modelo, mi todo, trataré de hacer real en mi vida este convencimiento. Si Jesucristo es un hombre extraordinario, el más enigmático y grandioso entre los hijos de Adán, pero nada más que hombre, seré tal vez un gran admirador de su figura, trataré de seguir su vida moralmente ejemplar, pero nunca caeré de rodillas ante él, ni le invocaré como redentor, ni estaré dispuesto a dar mi vida por creer en él. Que esta Navidad reafirmemos nuestra fe en "Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre", en "Jesucristo, salvador del hombre".

4.- Navidad es compartir. Si acogemos a Jesús, también acogeremos a nuestro hermano pobre y necesitado. Él nos visita a través de todas las personas que viven sumergidas en la miseria por falta de trabajo y excluidas de sus viviendas porque no pueden pagar. Esta historia nos marca el camino a seguir. Se titula “El invitado”.

Ruth miró en su buzón del correo, pero solo había una carta. La tomó y la miro antes de abrirla, pero luego la miro con más cuidado. No había sello ni marcas del correo, solamente su nombre y dirección. Leyó la carta:

Querida Ruth: Estaré en tu barrio el sábado por la tarde y pasaré a visitarte. Con amor, Jesús

Sus manos temblaban cuando puso la carta sobre la mesa. "¿Porque querrá venir a visitarme el Señor? No soy nadie en especial, no tengo nada que ofrecerle..." Pensando en eso, Ruth recordó el vacío reinante en los estantes de su cocina. ¡Ay no!, ¡No tengo nada para ofrecerle! "Tendré que ir al mercado y conseguir algo para la cena".

Busco la cartera y vació el contenido sobre la mesa: Diez euros y cuarenta céntimos. "Bueno, compraré algo de pan y alguna otra cosa, al menos." Se echó un abrigo encima y se apresuró a salir.

Una hogaza de pan, medio kilo de pollo y un cartón de vino y otro de leche... y Ruth se quedó con solamente 3 euros que le deberían durar hasta el lunes. Aun así se fue toda feliz a casa, con sus humildes ingredientes bajo el brazo.

"Oiga, señora, ¿Nos puede ayudar, señora?"

Ruth estaba tan absorta pensando en la cena que no vio las dos personas que estaban de pie en el pasillo. Un hombre y una mujer, los dos vestidos con poco más que harapos.

"Mire, señora, no tengo empleo, uste' sabe, y mi mujer y yo hemos estado viviendo allá afuera en la calle y, bueno, está haciendo frío y tenemos hambre, y bueno, si uste' nos puede ayudar, señora, estaríamos muy agradecidos..."

Ruth los miro con atención. Estaban sucios y tenían mal olor y, francamente, ella estaba segura de que ellos podrían obtener algún empleo si realmente quisieran. "Señor, quisiera ayudar, pero yo misma soy una mujer pobre. Todo lo que tengo es unas rebanadas de pan, pero tengo un huésped importante para esta noche y tengo que atenderle bien."

"Si, bueno, si señora, entiendo. Gracias de todos modos."

El hombre puso su brazo alrededor de los hombros de la mujer y se dirigieron a la salida. A medida que los veía saliendo, Ruth sintió un latido en su corazón y les llamó: "¡Señores, esperen!" La pareja se detuvo y Ruth les dijo: "Tomad esta comida que compré. Algo se me ocurrirá para servir a mi invitado...", y extendió la mano con la bolsa de víveres.

"Gracias, señora, muchas gracias!" "Si, gracias!", dijo la mujer, y Ruth pudo notar que estaba temblando de frío.

"¿Sabe? tengo otro abrigo en casa. Coged este", Ruth se quitó el abrigo y lo puso sobre los hombros de la mujer. Y sonriendo regresó camino a casa... sin su abrigo y sin nada que servir a su invitado. Ruth estaba tiritando cuando llegó a su casa pero se sentía muy alegre. Ahora no tenía nada para ofrecerle al Señor. Buscó rápidamente la llave en su bolso, mientras lo hacía vio que había otra carta en el buzón.

 "Qué raro, el cartero no viene dos veces en un día." Tomó el sobre y lo abrió:

Querida Ruth ¡Qué bueno fue volverte a ver! Gracias por la deliciosa cena, y gracias también por el hermoso abrigo. Con amor, Jesús.

3.- DIOS QUIERE ENCARNARSE EN CADA UNO DE NOSOTROS

Por Gabriel González del Estal

1. El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros. Cuando se acerca la Navidad muchas familias cristianas colocan un sencillo y adornado Belén en un sitio muy visible de la casa. Quieren, simbólica y devotamente, que el niño Dios acampe entre ellos durante los días que duran estas fiestas. Es una costumbre bonita y tierna que puede ayudar, sobre todo a los niños, a comprender algo de lo que realmente es el misterio de la encarnación de Dios en un niño tan frágil y necesitado como cualquiera de nosotros. Pero la celebración del misterio no puede, ni debe, quedarse en eso. La Navidad no debe reducirse a conmemorar un acontecimiento histórico que ocurrió hace ya algo más de dos mil años. Dios se encarnó en Cristo para que nosotros, unidos a él, podamos seguir haciendo presente en nuestras vidas la vida de Cristo. La encarnación de Dios en Cristo debe hacer posible la encarnación de Dios en cada uno de nosotros. Dios se hizo hombre para que, como dice San Agustín, nosotros podamos, de alguna manera, ser dioses. A través de la encarnación de Dios en Cristo, Dios quiere encarnarse en la vida de cada uno de nosotros. El mejor Belén en el que Dios quiere acampar es nuestro corazón; debemos hacer de nuestro corazón un altar donde pueda acampar y vivir el Hijo de Dios.

2. La virtud necesaria e imprescindible que nos exige el Señor para poder acampar en nuestro corazón es la virtud del amor. Dios es amor y sólo a través del amor podemos llegar a él. No un amor teórico, ni simplemente contemplativo, sino un amor activo y desbordante que llega hasta nuestro prójimo, sobre todo hasta el prójimo que más nos necesite. Una Navidad que no tenga en cuenta el amor al prójimo no es una Navidad cristiana. Si Dios acampa entre nosotros, junto a nosotros, debe haber siempre a nuestro lado un espacio donde pueda estar el prójimo más necesitado. La Navidad es la fiesta de un Dios que se ha hecho hombre y ha querido compartir nuestra pobreza y nuestra debilidad. Si en estas fiestas de Navidad no se hace visible, en nuestro comportamiento, el amor de Dios al prójimo necesitado, realmente no estamos celebrando cristianamente la fiesta de la Navidad cristiana.

3. Como nos dice repetidamente san Pablo, todos los cristianos, sin distinción, formamos el cuerpo místico, el cuerpo total, de Cristo. El mismo Dios que se encarnó en Cristo quiere encarnarse y hacerse visible en cada uno de los cristianos. Por eso, yo creo que, además de celebrar en Navidad la encarnación de Dios en Cristo Jesús, debemos celebrar, con gozo y agradecimiento, las encarnaciones de Dios en cada uno de nosotros, los cristianos.

4.- A BELÉN, PASTORES

Por Pedro Juan Díaz

1.- “A Belén, Pastores” es el título de un villancico que cuenta la gran noticia del nacimiento de Jesús. Hoy (esta noche) la proclamamos a pleno pulmón. Así lo han hecho las lecturas de la Palabra de Dios, que nos anuncian la llegada de esa gran luz que es para nosotros Jesús. Y con esa misma alegría nos felicitamos: ¡Feliz nacimiento de Jesús! ¡Feliz navidad! Porque eso es lo que hemos estado preparando durante este tiempo, un nacimiento, y las señales no pueden ser otras que unos pañales y una cuna, o mejor dicho, un pesebre. Son las señales que el Ángel del Señor les dice a los Pastores que encontrarán: “encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

2.- Aquellos Pastores son hoy el centro de mi reflexión. Una gente humilde y sencilla, pobre y necesitada, es el primer colectivo que recibe el anuncio de la Navidad de Jesús, de su nacimiento. Hoy ha de ser Navidad para todos los colectivos, especialmente para los parados, para los que han perdido su casa, para los que no llegan a fin de mes, para las familias que pasan por momentos difíciles… y también para los que aún conservan su trabajo, para los que han aumentado la familia en este año, para los que son generosos y solidarios con los demás… Hoy hay que salir corriendo, como los Pastores, sin pensarlo dos veces, y llegar al pesebre de Belén y admirarnos de cómo todo un Dios se ha podido vestir de tanta fragilidad, de tanta humanidad, para estar cerca de nosotros, para que estemos cerca de él. Dios se ha venido a vivir con nosotros para siempre. Esa es nuestra gran luz.

3.- Juan el Bautista anunció esa luz. “No era él la luz, sino testigo de la luz”. Una luz que ilumina muchas oscuridades que hay en nosotros y a nuestro alrededor, una luz que es una Buena Noticia: “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande”. Una luz que trae alegría y gozo, que romperá la vara del opresor y el yugo de su carga. “Cantad al Señor un cántico nuevo”, hemos dicho en el Salmo. Porque “ha aparecido la gracia de Dios”, porque “Dios nos ha hablado por el Hijo”, por la Palabra que “se hizo carne y acampó entre nosotros”. Hasta las ruinas de Jerusalén cantan, “porque ven cara a cara al Señor”.

4.- Vamos todos a Belén, vamos todos al pesebre, con la sencillez de los Pastores, para descubrir en ese Niño al Hijo de Dios que viene a traernos su felicidad, su salvación. Vamos a adorarle, vamos a admirarnos, caigamos de rodillas ante tanto amor. “No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Y aquellos Pastores ni se lo pensaron, salieron corriendo. Salgamos también nosotros aprisa, abramos el corazón, que sea Dios el que nazca en él, y no las falsas luces y los sucedáneos de la navidad, que no nos dejan ver lo esencial, que nos distraen y nos alejan del verdadero mensaje. Desde ahora estamos llamados a llevar una vida “sobria, honrada y religiosa”, para que seamos luz y signo de ese Niño Dios que ha nacido en un pesebre, porque no encontró sitio en ninguna casa, porque “vino a su casa y los suyos no lo recibieron”.

5.- Quedémonos de rodillas ante el pesebre. Que se abra nuestro corazón de par en par. Que nuestra vida no sea igual a partir de esta noche (de este día). Que anunciemos con nuestras obras la presencia de Dios entre los hombres, y entre las mujeres, y con los niños, y con los ancianos, y con los enfermos, y sobre todo con los más pobres, con los desahuciados, con la gente humilde y sencilla que sabe reconocer una buena noticia, una gran alegría, una nueva luz y esperanza para sus vidas y para toda la humanidad. Dios viene a traer un nuevo sentido a nuestra existencia, también para los que viven alejados, para los que no le reconocen, para los que permanecen indiferentes. Dios viene a cumplir su proyecto de felicidad con todas las personas. Por eso hoy es un día feliz. Por eso nos felicitamos. ¡Feliz nacimiento de Jesús! ¡Feliz cercanía de Dios! ¡Feliz navidad!

5.- DIOS QUE SE NOS ACERCA Y SE HACE VER...

Por Antonio García-Moreno

1.- ROMPED A CANTAR.- "Porque ven la cara del Señor, que vuelve a Sión", sigue diciendo Isaías. El rostro de Dios, un antropomorfismo como tantos otros, mediante los cuales los profetas tratan de hacernos comprender realidades divinas con palabras humanas. No pueden hacerlo de otra manera, pero al pronunciar sus oráculos nos permiten acercarnos a la realidad divina, intuir al menos algo de su grandeza y majestad.

En el mismo tono sigue diciendo: "Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén". El motivo es ahora ver como Dios consuela a los suyos, como los libra de la esclavitud... Aquellas palabras vuelven a resonar hoy en nuestros oídos pues también nosotros tenemos motivos para cantar, para estar a alegres en el día de la Navidad y para romper a cantar. Dios ha nacido para redimirnos. Es un Niño de carita morena y ojos grandes, de mirada inocente y alegre.

2.- LOS ÁNGELES.- En el enmarque navideño no pueden faltar los ángeles. Ellos están presentes en nuestros recuerdos infantiles, vivos en estos días en los que todos nos sentimos como niños. Ya la Anunciación la hizo un arcángel, Gabriel, "El-fuerte-de-Dios". Y antes fue Zacarías quien recibió la noticia de tener un hijo a través del mismo mensajero. Y luego San José, en sueños, fue informado por un ángel del misterio que ocultaba la dulce mirada de su esposa.

 Los pastores se llenaron de asombro ante la voz de los ángeles en las cercanías de Belén. Hoy aquel lugar se llama Campo de pastores y una pequeña iglesia conmemora el hecho, junto a una gruta para guarecerse en las noches de invierno. Ellos creyeron el anuncio de los ángeles y fueron presurosos y alegres al portal de Belén, llenando los caminos de coplas sencillas, mientras allá arriba los ángeles cantaban "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra...". Los ángeles siguen cantando. Ponte a la escucha

3.- VER A DIOS.- El Prólogo de San Juan termina diciendo que "el Hijo único, que está en el seno del padre, es quien lo ha dado a conocer". Con estas palabras enlaza con el inicio de este deslumbrante pasaje, que dice que "el Verbo estaba junto a Dios". Es un modo de enmarcar esta perícopa, este paso evangélico que nos deslumbra y fascina. Con ese enmarque se recalca que Jesús es el Hijo de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Y al mismo tiempo se resalta la idea de que Él es la trasparencia de Dios, el Sacramento del Padre, el que nos da a conocer lo que estaba oculto, el misterio de lo divino presente en lo humano. "Muéstranos al Padre, dijo Felipe, y nos basta". Ver a Dios, con eso ya tenía cuanto el corazón humano puede desear. Y Jesús le contesta que quien le ve a Él, ha visto al Padre... Un Niño recién nacido, en el silencio de una gruta, en brazos de María, arropado por San José. Dios que se nos acerca y se hace ver...

6.- ¡DIOS SE DEJA ACARICIAR!

Por Javier Leoz

¡ALELUYA! ¡DIOS HA NACIDO! Esta exclamación, nada ni nadie la puede acallar. Lo esperado desde siglos, se hace realidad en Jesús. Y, este gran acontecimiento, nos ha puesto en pie. ¡Esto si qué es la Navidad!

También nosotros, como los pastores, hemos escuchado y sentido el anuncio del Ángel. “Hoy en Belén os ha nacido el Salvador”. Y ¿Cuál ha sido nuestra reacción? ¡La que tenía que ser! ¡Nos hemos puesto en camino! Hemos dejado los valles de nuestras distracciones porque, el REY DE REYES, merece nuestra cercanía, nuestra oración y nuestra acogida. La estrella luce; los pastores ofrecen; los reyes adoran; Herodes se incomoda…y nosotros, para no ser menos, brillamos con la luz de la fe, ofrecemos lo que somos y adoramos a Jesús conscientes de que, Rey, ¡sólo El!

Llegar aquí, en esta mañana santa de la Navidad, es prolongar en el tiempo y en el espacio, lo que ayer noche en Belén se hizo prodigio, milagro, humildad y salvación: DIOS EN MEDIO DE NOSOTROS. En este Año de la Fe, frente al pesebre, con el corazón en la mano y la emoción en los labios le decimos a Dios: creemos en Ti, creemos en tu presencia humana y divina, creemos en la fuerza del Espíritu Santo. ¡Que no nos falte el milagro de este día, Señor! ¡La fe!

1 .Asomarnos aquí, a la sombra del portal, es agradecer a Dios el hecho de que sigue apostando por el hombre; de que sigue confiando en nosotros. ¡Tanto confía que del hombre se fía y se hace hombre como nosotros! ¡Gracias, amigo y Señor!

Contemplar aquí, delante de la Sagrada Familia el Misterio, es dejarse impresionar por el amor gigantesco de Dios. Belén, en este día de Navidad, tiene sabor a fraternidad. En Belén, los seres humanos, se dan la paz. Y, en Belén, al abrazarnos con Dios no hacemos otra cosa que, en su pobreza, enriquecernos con todo lo bueno que Dios tiene, con todo lo bueno que Él nos da.

•Nos fundamos a su pobreza, purificaremos nuestra altanera riqueza

•Nos afiancemos a su humildad, ablandará nuestro altivo orgullo

•Nos envolvamos en su amor, hará más auténticas y radicales nuestras entregas

•Nos perdamos en su alegría, y nuestra felicidad dejará de ser una máscara

2. Si Dios siendo rico, se hace indigente por nosotros, algo debe existir en nuestra vida ordinaria que no gusta a Dios. Algo que necesita ser recuperado, elevado y dignificado. La Navidad, es la gran riqueza que Dios pone en medio de un mundo que, en el fondo, es pobre y mendigo de un amor auténtico.

Como los pastores hemos creído las palabras del Ángel. Y, estas palabras, nos han producido una inmensa alegría, una profunda emoción: todos nos sentimos un poco niños en el día de Navidad.

En el día de Navidad, Dios, nos deja sin argumentos. Queríamos pruebas de su amor, y se hace como uno de nosotros. Nos quejábamos de su lejanía, y se deja besar y contemplar en un Niño. ¿Puede hacer más Aquel que no tenía necesidad de tanto?

Aun así, a algunos, les parecerá poco o nada. Seguirán embelesados y perdidos con sus dioses. Mirando a la luna o extasiándose con el sol. Aquello de “vino a los suyos y los suyos no le recibieron” vuelve a repetirse en los corazones obstinados. En las personas que se dejan seducir por lo inmediato y son incapaces de abrirse al Misterio.

Dios, en Belén, sabe que se la juega y con mucho riesgo. Se encarna en todo con el hombre: sufrirá, gozará, llorará, dudará pero al final, por Jesús, salvará. Hoy, en la cuna de Belén, el amor calla. Mañana, en Viernes Santo, el amor que fue pequeño y grande en Belén, será también igual de humilde, gigantesco, igual de solitario…pero más sangriento.

Entre maderas apareció el amor de Dios en el mundo, y entre maderas marchará el amor de Jesús de este mundo.

Eso sí, a los pies de esas cuatro tablas –tanto en el pesebre como en la cruz- estuvo y está quien sabe siempre estar y esperar: MARIA.

Que Ella, la que ha hecho posible esta Navidad, nos ayude acercarnos al pesebre para ver al recién nacido. Que nos ayude a reflexionar sobre el sentido de estos días. Que nos empuje para beber en la fuente del amor que es Belén. Que, como Madre, nos siente en su regazo y nos rescate de la indiferencia, del egoísmo y tantos obstáculos que nos impiden abrirnos a Dios y a los demás.

+ ¡Bendita sea la Navidad! ¿Por qué Dios pudiendo haber venido en séquito real, lo hizo en humilde pesebre?

+ ¡Bendita sea la Navidad! ¿Por qué Dios, que lo tenía todo, se aventuró a perderlo todo?

+ ¡Bendita sea la Navidad! ¿Por qué Dios, teniéndolo todo, prefirió presentarse sin nada?

+ ¡Bendita sea la Navidad! Ya que el hombre olvida y no mira a Dios, Dios –que mira mucho por el hombre- sale a nuestro encuentro para que no olvidemos que camina y vive junto a nosotros.

+ ¡Bendita sea la Navidad! Porque, en este Año de la Fe, nos invita a reavivar el fuego de Belén, a hacer más cálidos los pañales de nuestra generosidad, a alentar –allá donde fuera necesario- la presencia de un Dios que vive mucho más cerca de lo que algunos creen, piensan o intentar solapar. ¡FELIZ NAVIDAD! ¡DIOS ESTÁ CON NOSOTROS!

3.- ¡HAS VENIDO, SEÑOR, Y ESO ES AMOR!

Forrado  de pobreza pero ceñido en riqueza divina

sin  ruidos ni trompetas triunfales

pero  codiciado por la gente sencilla

Llorando,  porque sabes que los hombres sollozamos,

y  pequeño…por las veces en la que humanidad

se  siente excesivamente, poderosamente grande

¡HAS  VENIDO, SEÑOR, Y ESO ES AMOR!

Alumbrado  por el seno virginal de una humilde nazarena

y,  vigilado, por la sobriedad del Patriarca de ese portal

Aplaudido,  hoy como entonces,

por  la indiferencia de los que no saben verte

y  agasajado por el zurrón de los pastores de Belén

¡HAS VENIDO, SEÑOR, Y  ESO ES AMOR!

Acariciado  por manos santas y puras de la Virgen María

y  pretendido por otras traicioneras y engañosas

Arrullado  por raspas pajas de un pesebre

y  denostado por los que quieren regir y vivir como si Tú no existieras

¡HAS VENIDO, SEÑOR, Y  ESO ES AMOR!

Tráenos  luz que encienda las oscuridades de nuestro vivir cotidiano

Danos  aquello que, sólo Dios, es capaz de ofrecer sin nada a cambio

Haznos  comprender el Misterio que, en este día, se desvela

Entresijo  escondido desde siglos 

y  resuelto en la frialdad de una mágica noche

Déjanos  postrarnos ante Ti para que, inclinándonos ante Ti,

adivinemos  que Tú desciendes a la humanidad

para  que, nosotros, ascendamos hasta los mismos pliegues de lo divino, ante lo que  un día

 nos aguarda en el cielo

Míranos,  con esos ojos de Niño,

para  que nunca olvidemos que, en Belén, nace el AMOR

y  que, con ese AMOR, venceremos a las desesperanzas e inquietudes, dudas y  lágrimas, 

caídas y tropiezos

Para  que nunca olvidemos que, sin el AMOR de Belén,

el  mundo estaría huérfano y roto por sus cuatro costados

Para  que nunca olvidemos que, si DIOS se hace pequeño,

Infante,  humano, carne de nuestra carne

es  porque cree, piensa y desea la salvación del hombre

¡HAS VENIDO, SEÑOR, Y  ESO ES AMOR!

7.- ES AHORA EL “HOY” QUE HEMOS ESPERADO

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Las grandes fiestas de la liturgia cristiana –por ejemplo la Pascua—tienen varias celebraciones, varias misas, que van desde la vigilia hasta misa del día. Y como es lógico no podía ser menos la Navidad. Y, en ella, la misa de medianoche se ha bautizado como “Misa del Gallo” desde tiempo inmemorial. Parece que los gallos –ya muy ausentes de nuestra vida cotidiana—dan su primer canto en esas primeras horas de la madrugada. Pero, además, se trata de transcurrir en unión, en oración, las primeras horas de la jornada en la que festejamos el Nacimiento de Cristo. Es ya el “hoy” que tanto hemos esperado durante todo el Adviento. Y este año por la especial “factura” del calendario nos hace que unas horas después –ayer-- de haber terminado el Cuarto Domingo desembocamos “de bruces” en la Navidad. El “hoy” evidente no responde a una precisión histórica, pero tanto da. Para nosotros ha sido una meta y lo sigue siendo. Este es el “hoy” que hemos esperado hombres y mujeres durante tanto tiempo, algunos durante toda la Historia.

2.- Hemos salido de casa ya con la noche muy cerrada, haciendo un alto en la fiesta navideña familiar para reunirnos solidariamente en el templo con otra familia más amplia que son los hermanos de la parroquia. No se han quedado los niños en casa. Tal vez, solo lo más pequeños. Tampoco importa que hoy lloren, o revuelvan, o correteen por los pasillos de bancos y hasta por el presbiterio. Hoy –nuestro “gran hoy”—es la fiesta de un Niño. Y nosotros, más que nunca, hoy tenemos que hacernos como niños. Hemos visto, asimismo, que el ambiente exterior muestra con sus luces y sus colores el ambiente navideño y no debemos renegar de esas luces y colores, aunque sean más o menos comerciales. Por lo menos la Navidad está en la calle, cosa que no le pasa a la Pascua. En fin que el ambiente exterior se junta con la emoción interior del templo para hacernos saber que en efecto la Navidad es algo muy grande y muy bien alojado en el corazón de la mayoría de los hombres y mujeres. Tal vez, para muchos sea –y es triste—la única muestra de religiosidad. Despreciar esa muestra de alegría pública porque no nos parezca poco ortodoxa o nada virtuosa es un gran error, sobre todo en estos tiempos en que, cada vez, hay menos muestras públicas de los valores del cristianismo. ¡Algo es algo!

3.- Las lecturas que hemos escuchado esta noche son emocionantes y muy bellas. Isaías describe perfectamente la expectación histórica que el mundo tenía en la llegada del tiempo nuevo. “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande”. Y Pablo en su Carta a Tito también muestra una secuencia temporal interesante: “Ha aparecido la Gracia de Dios”. Aparecer significa surgir en un momento dado en un lugar que antes no estaba. Y añade: “la aparición del Gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo” Parece que quiere referirse al prodigio de Belén, a la llegada de Dios –en forma de Niño--a la Tierra, al tiempo finito. ¡Y qué decir del párrafo del evangelista Lucas! Pues que tiene mucho de narración cinematográfica y que quiere, además, dar precisiones históricas. Pero hay muchos elementos de reflexión que han ocupado la mente y la pluma de mucha gente durante, también, muchos años. El fiasco de la posada, la cueva del Nacimiento, los pastores, los ángeles que suben y bajan… Y, en todo ello, una alegría insondable, más fuerte que la condición humana. El cielo y la tierra se unen por vez primera en solución de continuidad, como si no hubiera frontera entre los dos ámbitos.

Dios se hace hombre sin demasiada publicidad, los que reciben la noticia son los pastores, los cuales tenían muy mala fama en el Israel de tiempos de Jesús, casi se les consideraba delincuentes. Mucha gente no se enteró de ese Nacimiento, desde luego. Y esa elección de los pastores ya marcaba el deseo de Dios de acercarse a los “malos” y hacerlos “buenos”. Siempre ha querido estar cerca de los humildes, de los pequeños, de la gente alegre que acepta sin reservas un mensaje de paz y alegría.

4.- Y es que nuestro Dios es –la mayoría de las veces—difícil de comprender. Con su poder infinito hubiera podido hacer la Redención de otra manera. O procurar, por ejemplo, que su Hijo llegase al mundo entre gente influyente y poderosa, que, sin duda, servirían mejor para influir y transformar a una gran mayoría y, sobre todo, a los más ignorantes. Dios no obliga. Dios espera que todos y cada uno actuemos en libertad. Y que hacía falta adoptar el papel de grano de mostaza para que las cosas crecieran. El género humano no solo se equivoca colectivamente el día que come el fruto prohibido en el Jardín del Edén. Ha seguido equivocándose atribuyéndose un poder que no tiene. La venda y la mordaza de la soberbia evitan miradas y gritos de esperanza. Sólo parece repetirse, a través de la historia, la rutina y el error continuado por causa de la ceguera con la que se emprende el camino.

Dios –ya lo dijo Cristo—busca el apoyo de los sencillos y de los ignorantes, de aquellos que no tienen nada que perder, ni nada que defender. Y esa elección se irá repitiendo, día a día, a lo largo de toda la historia de la humanidad. Por eso es bueno que seamos sencillos, pobres, limpios, alegres y que, en realidad, solo busquemos la llamada de Dios. Y es cierto que fue en esa noche, al raso, cuando se produjo la primera llamada de un tiempo nuevo, ya que el anterior había sido caducado por el hombre con sus torpezas y tristezas.

5.- No trato de ponerme serio en exceso en esta noche de paz, de alegría, de amor. Claro que no. Pero es bueno que entendamos lo importante de lo que estamos celebrando. Esta noche que conmemoramos fue la primera de un tiempo en el que Dios se nos iba a manifestar como Padre y como Madre. Y que nos iba a enseñar su poder en forma de un Niño recién nacido. Porque el poder no está en la fuerza, sino en el amor. Y el Reinado del Amor se inició una noche –más bien fría—en los campos de Belén.

LA HOMILIA MÁS JOVEN

(para la misa de la mañana del 25 de diciembre)

A MEDIA MAÑANA DEL DÍA SIGUIENTE

Por Pedrojosé Ynaraja

- ¿Se puede pasar? ¿Molesto?

- Quiá, Mateo, pasa, pasa. Veras lo que nos han traído. Te estábamos esperando, nos tienes que ayudar ¿querrás hacerlo?

- ¿Vosotros me necesitáis a mí?, dijo avergonzado

-A ti o a cualquiera que conozca a gentes del lugar ¿No me dijiste que tú no eras de aquí?

- Sí, es cierto, pero conozco a mucha gente. Mi familia vivía aquí hace siglos… ¿En qué os puedo ayudar?

- Vamos afuera, que María necesita descansar y a ti, que ya eres nuestro amigo, no podemos ocultarte lo que nos ha pasado, dijo José.

- ¿Algo malo? ¿No estáis bien? ¿Necesitáis el burro?

-Que no, no te asustes, hijo. Te he dicho que salgamos fuera. María no ha dormido en toda la noche… eso es lo único que me duele, pero ¡ha sido tan feliz…!

-¿Por qué? ¿Qué os ha ocurrido?

-Si supieras el jaleo que han armado… eran pastores. Han llamado tímidamente, no se atrevían ni a entrar siquiera. Miraban por las paredes y hablaban entre ellos. Que sí, que sí, que no puede ser otro, repetían.

-Por fin, uno de ellos nos ha contado que estaban durmiendo al raso con sus rebaños, cuando han tenido una aparición. Los pastores se excusaban de no entender de estas cosas, pero ellos estaban seguros de que eran ángeles. ¿Cómo les hablaban?, les pregunté intrigado. No fueron capaces de explicármelo, ni siquiera ellos se acordaban. Lo sí que estaban seguros es de que les habían dicho que había nacido un Niño muy cerca de donde estaban y que se trataba del Mesías. Que Dios les había encargado a ellos que lo anunciaran. Que sólo ellos lo sabían, por ahora. Estaban muy alegres, sintieron en su corazón, más que en sus oídos, que les comunicaban una gran noticia para que se pusieran contentos y les aconsejaron que vinieran a vernos, para que estuviesen seguros, les advertían que aquella Criatura que les anunciaban, la encontrarían durmiendo en un pesebre, era la única señal recibida. ¡Qué contentos estaban los ángeles! Nos decían que les contagiaron a ellos la alegría. Se notaba que estar junto a Dios, hace feliz a cualquiera. Sin decírnoslo claramente, su himno, pues, se pusieron a cantar, daba gloria al Señor. Comprendían que vendría la paz a los escogidos y ellos lo eran, no acababan de creérselo.

La gente margina a los pastores. Es un buen oficio, nuestro padre Abraham lo era y también su hijo y sus nietos y biznietos, pero como los de ahora no van a la sinagoga los sábados, ni se acercan casi nunca por el Templo, nadie piensa en ellos, ni les tiene simpatía. Nunca hubieran imaginado que el Señor se acordara de ellos y que, además, les recomendasen que lo anunciaran a los vecinos de Belén.

Se excusaron porque no podían ofrecernos buenos regalos. Ellos se habían adelantado corriendo para ver si sabrían encontrarnos. En su zurrón, traían cuajada y pan recién hecho en el rescoldo, pero sus compañeros, traerían algo más … Hablaban apresuradamente. Cuando se calmaron, se quedaron muy quietos, acurrucados y en silencio. Algo pensaban que no se atrevían a decírnoslo. Se pusieron a llorar emocionados. Por fin uno se me ha acercado y me ha dicho al oído: ¿podríamos ver al Niño?

-Claro que sí, les he dicho. Miraban y miraban y se miraban. Han llegado los otros. Traían leche, trigo, miel, frutas secas y hasta algunos huevos. Me ha costado mucho decirles que dejaran descansar a mi mujer, ¡estaban tan ilusionados! Se les veía radiantes de felicidad. Hemos pasado a la estancia de al lado, aquí mismo, donde os estoy hablando. Amanecía y pronto, con pena, me han dicho que debían irse. Les ha costado mucho. Sé que al salir, algunos se han quedado por el pueblo, han llamado a las casas y les han contado todo lo que habían visto y oído. La gente creía que estaban locos. Por eso entonces yo he pensado que tú podrías ayudarnos. Seguramente conocerás al panadero para que amase y meta en el horno la harina que nos han dejado los pastores. Así mañana comeremos pan tierno. También necesitaríamos algo para cocinar. Mateo, cuento contigo, por favor, nos tienes que ayudar.

-Que sí, que sí. Que os ayudaré, pero luego, cuando se despierte tu mujer ¿me dejarás que le dé un beso al Niño? Sin esperar respuesta añadió: ahora mismo paso por casa, tomo un ánfora y os traigo agua. Y platos. ¿a ti te gusta el vino?.

Mateo se fue brincando. José pudo dormir un poco. A María le gustó tomar un vaso de leche y unos dátiles que habían dejado los pastores.

Estaba nerviosa y yo también. Más tarde se ha presentado Salomé y las he dejado a las dos solas. Enseñar a dar de mamar y a mecer al Niño, no es cosa de hombres.

José se dio una vuelta por la población para ver si encontraba algún trabajo, la matrona se quedaba junto a ella, le había cogido cariño, se veía a la legua. Estaba en buenas manos y se fue tranquilo.

Mateo al atardecer trajo todo lo que necesitaban y algo más. Dijo que era preferible que el burro estuviera en la cuadra de su tío, que ya le había dicho que lo cuidaría. Ellos ahora no lo necesitaban y sería más un estorbo que otra cosa, en la pequeña estancia en la que vivían.

FIELES AL SEÑOR.- Mateo, atento y servicial, lo preparó todo. Al cabo de ocho días era preciso circuncidar al niño, él ya lo sabía y reservadamente, por ser su amigo, ya le habían dicho que nombre le iban a dar. Era rito y era fiesta. Muy íntima en este caso. Muy emotiva también. Acudieron, ¡cómo no! Salomé y Zelomi. Esta última se quedaba en un rincón avergonzada. Las dudas de la noche de aquel día, le habían causado un gran impacto y no se había atrevido a volver por la morada. María lo sabía, pues Salomé la tenía al corriente de sus preocupaciones y atenciones. De ella provenía tierna carne, cariñosamente asada, rosado jugo de granada y trigo tostado. Se sentía nueva Rut que proveía a la descendencia de David, del mismo alimento que le había proporcionado a su suegra Noemí.

María la llamó y le puso en sus brazos a la criatura. Lloraba de emoción. La ceremonia fue breve. La fiesta se alargó poco.

Unos días después le recordaron a Mateo que necesitaban el borrico. La Ley decía que debían llevar al Niño al Templo y ofrecer lo que estaba establecido. Lo trajo enseguida. Aquella noche la familia durmió acompañada. Además del jumento estaba el par de tórtolas que el chiquillo había logrado cazar y orgulloso se las ofreció. Quiso acompañarles, le recordaron que era un rito estrictamente familiar.

Se despidieron, les pidió si podía volver al día siguiente para que le contaran como les había ido por Jerusalén.

.- Claro que sí. Para ti nuestra puerta siempre está abierta. Además tienes que encargarte del jumento. José va encontrando trabajo. Remiendos caseros y arreglos de puertas de cercados y techos de cabañas, hasta una puerta de la sinagoga la ha tenido que cambiar.

(COMENTARIO DEL ÁNGEL: Los primeros que supieron que el Mesías había nacido, fueron pastores, gente marginada, nada bien vista, que nadie tampoco tenía en cuenta. La primera que sabría, mucho después, que había resucitado, sería María, la de Mígdala, mujer de malos antecedentes. Ahora bien, tanto unos como la otra, gente intrépida y que amaba. Aprended a tener correcta escala de valores y proponeos hoy vivir de acuerdo con ella)