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22 noviembre 2016

I Domingo de Adviento: Homilías


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1.- LA CHISPA DE DIOS

Por José María Maruri, SJ

1.- Todos tenemos la experiencia de caer en la cuenta por vez primera de cosas que hemos viendo siempre pero nunca han entrado en el campo de nuestra atención. Las líneas magníficas de un edificio, la hermosura de un monumento, la preciosidad de un jardín. Hemos pasado junto a ellos día tras día sin caer en la cuenta.

Como dice el evangelio, trayendo el ejemplo de Noé, la gente comía y bebía y se casaba. Nosotros comemos y bebemos y trabajamos y llevamos vida de familia y amistad y toda nuestra atención se reduce a ese campo estrecho, dejando en la penumbra un sin fin de realidades, tan reales como esa vida de cada día, como si esas cosas no tuvieran que ver conmigo.

La enfermedad, un accidente de coche, un robo... como si no tuvieran que ver conmigo hasta que el enfermo soy yo, el accidentado soy yo, el robado soy yo o al que le ha tocado la lotería soy yo.


Respecto a esas cosas parece que tenemos el alma sin estrenar. Allí jamás ha habido un chispazo de atención. Vivimos adormecidos en el vaivén del viaje del tren y sólo nos despiertan los frenazos. La monotonía sin cambio del día a día nos entorna los párpados y solo los terribles atentados del Líbano, de Siria, de Pakistán, Afganistán, Egipto…

2.- Pues esto es lo que la palabra de Dios viene a decirnos hoy. “Ya es hora de espabilarse”. “Velad, es decir: tened los ojos abiertos y atentos”. “Daos cuenta del momento que vivís”

--Pasad del sueño a una  conciencia lúcida y clara

--Caed en la cuenta de  las cosas que viven en vuestra penumbra

--Sentid que va con  vosotros

--Salid de la nube de  contaminación en que vivimos.

Ahora que comienza a dos pasos el nuevo año 2014 hagamos que los ojos de nuestra Fe, tengamos una mirada penetrante para esas maravillosas realidades espirituales que creemos, pero que tenemos en la penumbra de nuestra atención. No podemos seguir viviendo en la penumbra de nuestra atención. No podemos seguir viviendo amodorrados ante las verdades de nuestra Fe. Tenemos que vivirlas --¡vivirlas!— con garbo y alegría

3.- Hay unas pocas verdades fundamentales de nuestra Fe que deberían mantenernos en ascuas y ser capaces de hacernos caer en la cuenta del momento en que vivimos.

--¿Caemos en la cuenta de que va conmigo que Dios está tan cercano a mí, que le tengo en todas partes, que le llevo conmigo y le paseo por calles y plazas y que en el trabajo y en casa y en la mesa del bar está conmigo?

--¿Caemos en la cuenta de que va conmigo que dios, el Señor Jesús, ha dado realmente su vida por mí?

--¿Caemos en la cuenta de que va conmigo que el Señor Jesús me espera siempre en los sagrarios de nuestras iglesias?

-- ¿Caemos en la cuenta de que va conmigo que todos nosotros somos de verdad hermanos, hijos todos queridos de un mismo Padre, y que lo que ese Padre quiere es que formemos de verdad una familia?

No dejemos pasar un año más sin que haya saltado en nuestros corazones la chispa de Dios.

No sigamos siendo pasotas de Dios y de los hombres, que la palabra de dios se haga sonido inteligible en nuestros corazones y que entre hombre y hombre salte la chispa del mutuo reconocimiento, de la fraternidad.

¡Velad! Despertemos a las verdades de Dios, que ya creemos, pero que aún no han tocado nuestro corazón.

2.- JUNTOS HACEMOS TIEMPOS MEJORES

Por José María Martín OSA

1.- Nuestro mundo necesita una buena dosis de esperanza. Contamos con la providencia de Dios que vela por nosotros, pero espera nuestra colaboración. Hagamos posible la esperanza a los que viven desesperados porque su vida ha dejado de tener sentido. Hay muchos cristianos desanimados porque no ven a los jóvenes participando en la Eucaristía, otros se sienten desconcertados ante la falta de valores y la desintegración de muchas familias, hay quien está decepcionado porque ve una Iglesia demasiado instalada y alejada del Evangelio. Ante esto optan por la pasividad o resignación y niegan cualquier posibilidad de cambio. Hoy la Palabra de Dios nos alerta para que nos demos cuenta de que Jesús, el Hijo del Hombre, viene a liberarnos de todas nuestras dudas e incertidumbres. Él es nuestra justicia y nuestra salvación. Tenemos por delante una hermosa tarea durante estas cuatro semanas: preparar nuestro interior como si fuera una cuna que va a recibir a Aquél que nos da la vida. El tren de la esperanza va a pasar por delante de nosotros, no lo perdamos, subamos a él y valoremos todo lo bueno que vamos encontrando en nuestro camino. Siendo nosotros también liberadores, justos, alegres y solidarios podremos hacer que todos los que en él viajamos podamos construir la nueva humanidad que tanto anhelamos. Pero seamos profetas de la esperanza, no del desaliento, pues ya estamos cansados de agoreros y necesitamos hombres y mujeres, esperanzados y esperanzadores.

2.- Daos cuenta del momento en que vivís. Los cristianos de Roma estaban adormilados, acomodados, bien situados algunos. Pablo les alerta porque ya va siendo hora de espabilarse. También Pablo nos invita hoy a despertar, a salir de la noche y a caminar a la luz del día. Darse cuenta del momento es caer en la cuenta de que el mundo no es bueno si no es bueno para todos. Pensamos que si yo estoy bien, los demás que se espabilen. Pablo distingue entre la noche y el día, entre el mal y el bien, entre el aturdimiento y la vigilancia. El que obra el mal camina en las tinieblas y está como dormido, pero la esperanza ilumina los pasos del que obra el bien y le mantiene despierto y siempre vigilante. Este es el texto que a Agustín de Hipona le dio la fuerza definitiva para convertirse. Al leerlo brotaron de sus ojos las lágrimas del arrepentimiento. La Palabra de Dios nos interpela como le interpeló a él. Estas palabras de Pablo parece como si estuvieran escritas también para nosotros, que vivimos en unos tiempos de olvido de lo espiritual y de escasez de esperanza. . ¿Qué cosas nos diría hoy S. Pablo, para despertarnos de nuestro sueño y nuestra inconsciencia? He aquí alguna de las cosas que necesitan conversión: la locura del rearme, la locura del derroche, la locura del tener, la locura del paro, la locura de la violencia, la locura de la droga, la locura de la contaminación, la locura de la insolidaridad, la locura de la velocidad, la locura del poder, la locura del vicio...

3.- Hemos de tomar conciencia de nuestra responsabilidad. El evangelio nos anima a estar alerta. Es una de los lemas del movimiento scout y no está pasado de moda….Significa que hay que estar siempre disponible. Cuando menos lo esperaban los hombres, llegó la catástrofe del diluvio universal. Jesús les recordó esto a sus contemporáneos y hoy nos lo recuerda a nosotros. No se trata de atemorizarnos con nuevos cataclismos, como pronostican las armas atómicas o el agujero de ozono. El Evangelio no es una amenaza, sino una buena noticia. Pero tampoco Jesús espera de nosotros que perdamos la vida vegetando, trabajando, ganando dinero, gastándolo, y vuelta a empezar. Dios llama hoy nuestra atención para sacarnos del aburrimiento, de la indiferencia ante el hambre, la pobreza, la injusticia y los sufrimientos de los demás. Quiere que nos responsabilicemos y tomemos conciencia, quiere que estemos alerta. Una segunda exigencia del evangelio de hoy es la acción. El reino de Dios, la justicia y la igualdad, el bienestar de todos, no es una lotería, sino el resultado de la acción de todos y de la solidaridad de todos. Hay que vigilar y analizar, diseñar y proyectar antes de pasar a la acción, para que ésta sea eficaz. No debemos radicalizar posturas diciendo que todo está mal. Hay que discernir el bien del mal, conservar lo que beneficia a todos y redunda en el bienestar de todos; pero habrá que modificar y cambiar lo que sólo favorece a unos pocos. El adviento, este adviento, y todos, pues siempre es adviento para el creyente, ha de ayudarnos a ver cómo esa esperanza del reino de Dios se va ya realizando en cada una de las esperanzas y de los logros humanos. Debe comprometernos en esa tarea común, con todos los hombres de buena voluntad. Todavía queda mucho por hacer. Todavía tenemos una gran esperanza, otro mundo es posible. Como escribió San Agustín, “Nosotros somos los tiempos y juntos podemos hacer tiempos mejores”.

3.- PREPARARNOS PARA RECIBIR DIGNAMENTE AL SEÑOR

Por Antonio García-Moreno

1.- JUSTICIA Y MISERICORDIA.- Después de los duros castigos con que aflige Dios a su pueblo, siempre sigue una época de perdón y de florecimiento. Jeremías ha predicado la ruina de Israel y de Judá, los dos estados hermanos que vivían separados. La época a que se refiere fue terrible por sus incendios y por la sangre vertida por las calles y campos. Dios había castigado con mano dura a los rebeldes.

Ello nos recuerda que también ha habido guerras entre nosotros, que han llenado de cadáveres los campos y las ciudades. Las últimas las del Golfo Pérsico, de Afganistán, Irak y Siria, con sus secuelas aún punzantes... Sin embargo, todo se va olvidando. Las heridas se cierran. Pero el peligro no ha pasado. Los hombres seguimos empeñados en no escuchar el mensaje de paz del Evangelio, sin darnos cuenta de que pueden soltarse de nuevo los jinetes del Apocalipsis.

Dios nos habla hoy de esperanza, nos recuerda el cumplimiento de las antiguas promesas. De nuevo ha llegado el Adviento, tiempo de espera gozosa, de vigilancia. En el alma brota el anhelo, el deseo vivo de que Jesús llegue hasta nosotros. Por eso repetimos como los primeros cristianos: ¡Maranatha, ven, Señor Jesús!

David, el rey pastor, el rey poeta. De sus ramas brotará un vástago escogido. Se llamará Jesús Manuel y nacerá de una Madre Virgen. Su dignidad superará a la de todos los reyes de la historia, es más excelsa que la de los mismos ángeles. Será el Mesías, el Redentor, el nuevo Moisés que librará a su pueblo de la esclavitud. Implantará el derecho y hará triunfar a la justicia. Barrerá todos los desafueros, los que han cometido los de arriba y los que puedan haber cometido los de abajo. Cada uno recibirá lo que es justo, lo que realmente ha merecido. Ya no habrá miedo a la mentira, al engaño alevoso, al fraude premeditado, al latrocinio simulado.

Temiendo y deseando estamos, Señor. No podemos pedirte que hagas la vista gorda y que pases por alto la justicia. Pero sí te suplicamos misericordia, mucha misericordia. Porque ¿quién puede considerarse justo ante ti? ¿Quién puede creerse inocente ante tu tribunal? Haz que la esperanza de tu misericordia, sin embargo, no nos haga olvidar tu justicia. Y que junto a la confianza que nos inspira tu bondad, florezca el santo temor que debe inspirarnos tu bendita justicia.

2.- DIES IRAE.- De nuevo la Iglesia nos transmite uno de los discursos escatológicos del Señor. Las estrofas del "Dies irae", el canto del Día de la ira, vuelven a tronar con sus terribles y cósmicos acentos en estas palabras del Señor. En ese día los hombres se llenarán de angustia ante el anuncio del final apocalíptico del gran teatro del mundo. Todas las explosiones atómicas, habidas y por haber, serán una pálida sombra en comparación con la hecatombe de aquel día. La gente, sigue diciendo el Maestro, enloquecerá ante el estruendo del mar y su oleaje, quedarán sin aliento a causa del miedo.

Son palabras escuetas en las que no hay retórica alguna, ni afán por cargar las tintas. Son expresiones lacónicas que sólo pretenden ponernos en guardia y sobre aviso, para que vivamos vigilantes y siempre preparados por si el Señor llega. Adviento es lo mismo que advenimiento, acción de venir, preludio de una llegada. Es tiempo de espera, son momentos en los que preparar los caminos interiores, para dar paso al Gran Rey. Son, pues, días de arrepentimiento, de conversión y de penitencia, de mortificación, de plegaria, en los que prepararnos para recibir dignamente al Señor.

Tened cuidado y que no se os embote la mente con el vicio, o con la preocupación por el dinero, y se nos eche de repente aquel día. Con estas palabras el Señor pone el dedo en la llaga. Ese es nuestro mal, olvidarnos de lo más importante, y vivir inmersos en cuatro tonterías. A veces nos ocurre que sólo pensamos en lo más inmediato, en lo que resulta placentero, en nuestro bienestar presente. Sin pensar que no todo termina ahí, sin darnos cuenta de que la meta final nos espera después de la muerte. Caminamos entonces con torpeza, dando tumbos y acercándonos a nuestra perdición. Despertemos de nuestro absurdo sueño, sacudamos con energía la modorra que nos embota y entorpece. Dejemos de una vez esa vida ramplona que nos hace insensibles y ciegos para las cosas de Dios, incapaces de avanzar hacia el puerto de la salvación.

Pidamos al Señor que nos ayude, que nos dé fuerzas para luchar con denuedo en esta batalla, quizá la última, en la que estamos metidos. Roguemos que nos abra los ojos para ver el peligro que se avecina, que cure nuestra sordera y podamos escuchar el grito de alerta que da la alarma y nos avisa para que nos preparemos, con la debida antelación, a la venida del Señor.

4.- LA ESPERANZA CRISTIANA EN TIEMPOS DE CRISIS

Por Gabriel González del Estal

1.- Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Este domingo comenzamos el tiempo de Adviento, un tiempo de esperanza cristiana. Vivir con esperanza cristiana es vivir esperando que Cristo reinará un día en nuestro mundo. Creer que Cristo terminará reinando en nuestro mundo es creer que llegará un día en el que el bien triunfe sobre el mal, la justicia sobre la injusticia, la paz sobre la guerra. Desde el punto de vista litúrgico, el Adviento es el tiempo que los cristianos dedicamos a prepararnos para poder celebrar dignamente el día de Navidad. Pero el Adviento, en general, es más que el Adviento litúrgico, es vivir todos los días de nuestra vida animados por la esperanza de que algún día Dios nacerá entre nosotros y se quedará para siempre con nosotros, de tal manera que podremos vivir aquí en la tierra como auténticos hijos de Dios. Esto, desde nuestra condición de hombres pecadores, es difícil de esperar, y en tiempos de crisis lo es aún más. Porque si miramos a nuestro alrededor, al mundo en el que realmente vivimos, vemos muy pocas señales de que esto vaya a suceder en un futuro cercano. En nuestro mundo de hoy no es Dios el que gobierna, ni en nuestra economía, ni en nuestra convivencia social y política, ni en el ámbito diario de nuestros valores y de nuestros quehaceres habituales. Pero decir que nuestra esperanza cristiana en estos tiempos de crisis es muy difícil de mantener, no es decir que debamos renunciar a ella, sino todo lo contrario. Los hombres que vivían en tiempos de Cristo y que mataron a Cristo no eran mucho mejores que nosotros; también Cristo vivió en un tiempo de crisis: crisis política, crisis social, crisis económica, crisis moral. Y, sin embargo, Cristo luchó hasta el último momento de su vida para que el reino de Dios se hiciera realidad. Él mismo puso en marcha ese reino, el reino de Dios. Nosotros, como discípulos de Cristo, tenemos la obligación de seguir trabajando para que ese reino iniciado por Cristo pueda hacerse realidad también entre nosotros. Así lo esperamos y así se lo pedimos a Dios nuestro Padre en este tiempo de Adviento: que Cristo pueda seguir naciendo y reinando entre nosotros. A pesar de todas las crisis.

2.- Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas. También el profeta Isaías, el gran cantor de la esperanza cristiana en el Antiguo Testamento, nos dijo, en nombre de Dios, que un día será el mismo Dios el que nos instruirá en sus caminos, nos guiará por sus sendas, y ese día podremos hacer de las lanzas podaderas y de las espadas arados. Pero para eso nosotros deberemos dejarnos guiar por su luz, abandonar nuestros oscuros caminos de egoísmo, injusticia y violencia. Y eso que el mismo profeta tuvo que vivir en tiempos de profunda crisis social y política, en medio de continuas guerras con sus consiguientes deportaciones. Los cristianos debemos ser siempre personas de esperanza, porque no esperamos lo que esperamos fiándonos de nuestras propias fuerzas, sino de la fuerza invencible de nuestro Dios. No queremos ser anunciadores de catástrofes y derrotas, sino anunciadores de salvación y de gracia.

3.- Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad… vistiéndonos del Señor Jesucristo. Esta es la finalidad de este tiempo de Adviento, del Adviento litúrgico y del Adviento que es toda nuestra vida misma. En este primer domingo de Adviento comenzamos un camino de purificación interior, para poder llegar al día de Navidad totalmente limpios de pecado y llenos de la gracia de Dios. Para eso, Dios se encarnó en el hombre Jesús de Nazaret, para redimirnos del pecado que está dentro de cada uno de nosotros y enseñarnos la verdadera Verdad y el verdadero Camino para llegar a la verdadera Vida, la vida que está en Dios y es Dios mismo. No desperdiciemos este tiempo de Adviento, encendamos la vela de nuestra esperanza cristiana y caminemos, alegres, al encuentro de nuestro Dios. A pesar de todas las crisis en las que nos está tocando vivir.

5.- ADVIENTO: COLOREADORES DE ESPERANZA

Por Pedro Juan Díaz

1.- ¡Despertad! ¡Levantaos! ¡Estad preparados! ¡Poneos en marcha! Llega el Adviento y el Señor, con su Palabra, nos da un golpe encima de la mesa, porque lo que vamos a vivir es importante, ha de serlo para nosotros, como cristianos, y también para los que están a nuestro alrededor: es la venida del Señor, el nacimiento de Jesús, la presencia de Dios-entre-nosotros. ¡”Pertrechémonos con las armas de la luz! ¡Conduzcámonos como en pleno día! ¡Vestíos del Señor Jesucristo!”.

2.- Una vez más va a ser Navidad, ¿cómo lo vamos a vivir? Vamos a ver que nos dice la Palabra de Dios. San Pablo se dirige a una comunidad pequeña que vive en una gran ciudad (Roma) y que se ve tentada de dejarse llevar por la vorágine dominante del entorno pagano. Y yo veo muy reflejada en esa comunidad a los cristianos de hoy, que fácilmente nos vamos detrás de las corrientes del momento y que, si no nos esforzamos, podemos pasar la Navidad sin pena ni gloria, dejando que el “dios consumo” sea el que nazca en nuestro corazones. Por eso Pablo nos pide que nos despertemos, que nuestra salvación está cerca, que el día se echa encima.

3.- Y cuando abrimos los ojos, ¿qué nos encontramos? ¿Adviento? ¿Navidad? ¿Esperanza? No. Paro, desahucios, corrupción, pobreza… ¿Y ahora qué? ¿Suspendemos la Navidad? Isaías nos dice que de eso nada, que hay que ponerse en marcha: “Venid, subamos al monte del Señor… él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas… de las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas… caminemos a la luz del Señor”. Hay mucho que hacer. Necesitamos volver a pintar nuestro mundo de color esperanza. Y eso nos recuerda la canción de Diego Torres, que en el estribillo dice: “Saber que se puede, querer que se pueda quitarse los miedos, sacarlos afuera, pintarse la cara color esperanza, tentar al futuro con el corazón”. Sacar miedo y pintar esperanza. ¿Cómo?

4.- El evangelio es la respuesta, siempre es la respuesta. Jesús habla de la venida del Hijo del Hombre (de su venida) y la compara con los tiempos de Noé, cuando Dios decidió “resetear” la historia de la humanidad para darle un nuevo y mejor comienzo. “La gente comía, bebía, se casaba…”, dice el evangelio, cosas aparentemente nada malas. Pero quizá Jesús denuncia un estilo de vida superficial, individualista, despreocupado de lo que pasa alrededor, solo pendiente de los grandes acontecimientos festivos, deportivos, religiosos, sociales… pero “mirando hacia otro lado” en relación a los verdaderos problemas que tienen las personas en el mundo en que vivimos y que hacen difícil vivir la esperanza. Ahí hace falta dar color, el color del adviento, el color de la esperanza.

5.- Jesús nos propone la actitud para este tiempo: “estad en vela, estad preparados”, atentos, dispuestos para actuar. Que el nacimiento de Jesús no nos pille dormidos, sino despiertos, es decir, atentos, vigilantes, preocupados, pendientes de lo que ocurre a nuestro alrededor, de lo que les pasa a las personas que viven a nuestro lado, para poder actuar en consecuencia y que nuestra manera de vivir responda a lo que el evangelio nos pide para el momento actual. De lo contrario, viviremos una Navidad insípida, monótona, caeremos en la relajación, la dejadez y la tibieza. Y todas esas situaciones que hemos descrito al principio seguirán siendo desesperanzadoras. Y los cristianos dejaremos de ser “luz” y pasaremos a ser “del montón”.

6.- Para que no pase eso, el Señor nos pone la Eucaristía, para que nos encontremos con Él, para que nos llene de esperanza y poder ser nosotros “coloreadores de esperanza” entre nuestros hermanos. Vamos a hacer posible una Navidad verdadera y para todos, llena de alegría y esperanza, porque Dios, una vez más, viene a nacer entre nosotros. Es una nueva oportunidad. Aprovechémosla.

7.- Es navidad, hermanos y hermanas, pero primero tiene que serlo en nuestros corazones. Dios nos regala este tiempo de adviento para que “cojamos carrerilla” y vivamos con intensidad el nacimiento del hijo de Dios. Es navidad, que se note en nuestros corazones y también en nuestros hogares y en nuestro pueblo. Que sea navidad para todos, que hagamos posible nosotros que la navidad llegue a todas las familias de El Altet. ¡Anunciad la Buena Noticia como lo hicieron los pastores en aquella noche mágica!

Amigos  y hermanos:

¡Abrid  y enseñad vuestro corazón!

Viene  el Señor ¿Cómo nos encontrará?

Mirad  en la dirección adecuada, 

no  alejéis vuestra mirada del horizonte de la esperanza

¿No  lo veis? ¿No lo sentís? 

¡Viene  el Señor! ¡Lo hace en silencio, sin más anuncio que la humildad!

Venid;  salgamos al encuentro del Señor



Si  lo buscamos, lo encontraremos

Si  lo escuchamos, lo oiremos

Si  lo miramos, lo veremos

Si  preparamos un camino, ¡el Señor vendrá!



¡Buscad!  ¡Busquemos al que viene!

Si  estamos vigilantes,

el  Señor no nos sorprenderá

Si  permanecemos firmes, el Señor se revelará

Si  oramos, más y mejor, el Señor aparecerá.



¡Preparemos  el camino al Señor!

¡Busquemos  la calzada que va hasta el Señor!

Porque,  Dios, nos ha dado ojos para verle

Rodillas,  para adorarle

Corazón,  para amarle

Manos,  para ayudar y alabarle



Pies,  para caminar a su lado mientras vivamos

¡Adviento!  ¡Bienvenido seas!

Ayúdanos  a llenar, con brillo divino,

nuestros  rostros

A  limpiar nuestros sentidos,

para  que Jesús hable claro y bien

Condúcenos,  ya desde ahora,

hacia  la gruta de Belén

Enséñanos  la senda que conduce hacia El

¡Adviento!  ¡Busquemos al Señor!

Hoy,  como ayer, y siempre, 

necesitamos  la salvación de Dios



Hoy,  como ayer, y mañana

el  Señor nos va a bendecir con su presencia

Hoy,  como ayer, y por todos los siglos

hasta  que Dios quiera

un  Niño nos traerá la gran esperanza

en  un nombre: EMMANUEL

6.- UNA LUZ NOS ESPERA

Por Javier Leoz

Si algo necesitamos en este tiempo histórico es un poco de esperanza. Es lo que, la Iglesia, podemos y debemos ofrecer. Y, esa esperanza, no de bajo precio. Mucho menos se consigue o se alcanza en los escaparates que nos rodean. Nuestra esperanza tiene un nombre y un centro: Jesús. El ADVIENTO nos incita a la espera. A levantar el ánimo y la cabeza. En definitiva, el Adviento, nos recuerda que –aun teniendo los pies en la tierra- hemos de prepararnos a la venida del Señor que viene del cielo.

1. ¿Qué nos puede ocurrir a la hora de situarnos ante al Adviento?

Primero: que lo vivamos rutinariamente. Sin más trascendencia que el esperar a unas fiestas que pueden resultar agobiantes, machaconas, banales y hasta estériles. Ello nos llevará, no solamente a tener unas almas a la intemperie sino, además, a la cruda realidad de unos bolsillos vacíos. ¿Queremos esta falsa esperanza? Me imagino que no. ¿Queremos una cesta de la compra llena o un corazón colmado de Dios? Bonita frase la de Papa Francisco en la clausura del Año de la Fe: “hay que colocar en el centro, de nuevo, a Cristo”. Y, para ello, habrá que barrer todo aquello que nos produce desasosiego.

Segundo: podemos entender estas semanas de adviento, como el pregón de unos días en los que, las tradiciones o el folklore, juegan un papel importante en muchos lugares de nuestro orbe cristiano, pero sin más consecuencia u objetivo que el mantener algo que, hace tiempo, dejó de tener vigencia. El adviento, y no lo olvidemos, tiene un gran calado: prepararnos al acontecimiento del amor de Dios en Belén.

Y tercero: adentrarnos en el Adviento es desear a voz en grito, que Dios descienda a la tierra. Es querer una realidad distinta a la que nos toca vivir. Es añorar para nuestro mundo una mano que enderece lo torcido. Es mirar hacia el cielo pidiendo a Dios que se manifieste en medio de nosotros. ¡Este es el momento que tenemos que vivir! El Año de la Fe nos ha tenido que dejar una cosa muy clara: los cristianos cimentados en Cristo hemos de ser esperanza allá donde nos encontremos.

2. Hoy, como en los tiempos de Jesús, la fe, estos tiempos “mesiánicos” en los que vivimos, necesitan gente audaz y despierta. Hay una muchedumbre atontada por el cloroformo de lo inmediato; por la anestesia de la apariencia, del “san comercio”, del “san consumo” o del “san bebercio”. ¿Dónde estamos nosotros? ¿Cómo nos vamos a preparar a la llegada del Señor?

Pronto, los Obispos y algunos medios de comunicación social (estos últimos muy interesados por cierto) nos recordarán que las Navidades están secularizadas; que la gente vive esos días con puro afán consumista; que hemos perdido el sentido más profundo y genuino de la Navidad.

3.-No seamos tan pesimistas. Hay muchísima gente; miles de familias, millones de hombres y de mujeres –en España y en el mundo entero- que son (somos) personas con esperanza. Que apetecen encontrarse a Jesús en el camino de sus vidas. Mejor dicho: el encontrarse con Cristo ha sido la mejor noticia y el mejor regalo de toda su existencia.

Por ello, aunque no nos falten preocupaciones; aunque asome el maligno en forma de tentación y de abandono; aunque la fe –en algunos hermanos nuestros haya perdido vigor- nosotros estamos llamados a vivir este momento de fe y de gracia, de espera y de oración, de vigilancia y de despertar.

4.- Estamos en Adviento, amigos, y hay que recobrar el ánimo perdido. Un cristiano sin esperanza es como una habitación sin luz; como un paisaje sin horizonte; como un cielo sin estrellas. Como una Navidad, con muchas luces, pero artificial. Y, esto, no es poesía. ¡Es que es verdad! Tal vez es necesario menos luces fuera…y más luz divina dentro.

El presente que vivimos necesita de rostros iluminados por la alegría de creer. ¡Más vale un cristiano contento que mil indicaciones para que la gente se acerque al Señor! ¡Más vale un cristiano aventurero, entusiasta y buscador de Dios que un cúmulo de preceptos que, de entrada, serán más obstáculo que trampolín para zambullirse en el corazón de Cristo!

 ¡Dios viene! Y, eso, es lo sustancial. Pongamos en la mesilla de nuestra casa el “despertador”. Que cuando venga, nos encuentre preparados.

 ¡Dios viene! Que nos encuentre, por lo menos, esperándole, evocándole y –sobre todo- dando testimonio de su presencia.

 Hagamos ambiente cristiano allá donde estemos. ¡Qué momento! ¡Pero qué momento nos espera por vivir! ¡Dios viene…y además pequeño! ¿Queremos vivirlo así?

5.- QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR

Preparado  para que, cuando Tú llames, yo te abra

Despierto  para que, cuando Tú te acerques, te deje entrar

Alegre  para que, cuando Tú te presentes, veas mi alegría



QUIERO ESTAR EN VELA,  SEÑOR

Que,  el tiempo en el que vivo, no me impida ver el futuro

Que,  mis sueños humanos, no eclipsen los divinos

Que,  las cosas efímeras, no se antepongan sobre las definitivas



QUIERO ESTAR EN VELA,  SEÑOR

Y  que, cuando nazcas, yo pueda velarte

Para  que, cuando vengas, salga a recibirte

Y  que, cuando llores, yo te pueda arrullar



QUIERO ESTAR EN VELA,  SEÑOR

Para  que, la violencia, de lugar a la paz

Para  que los enemigos se den la mano

Para  que la oscuridad sea vencida por la luz

Para  que el cielo se abra sobre la tierra



QUIERO ESTAR EN VELA,  SEÑOR

Porque  el mundo necesita ánimo y levantar su cabeza

Porque  el mundo, sin Ti, está cada vez más frío

Porque  el mundo, sin Ti, es un caos sin esperanza

Porque  el mundo, sin Ti, vive y camina desorientado



QUIERO ESTAR EN VELA,  SEÑOR

Prepara  mi vida personal: que sea la tierra donde crezcas

Trabaja  mi corazón: que sea la cuna donde nazcas

Ilumina  mis caminos: para que pueda ir por ellos y encontrarte

Dame  fuerza: para que pueda ofrecer al mundo lo que tú me das



QUIERO ESTAR, EN VELA,  SEÑOR

Entre  otras cosas porque, tu Nacimiento,

será  la mejor noticia de la Noche Santa

que  se hará madrugada de amor inmenso en Belén.

¡VEN, SEÑOR!

7.- ADVIENTO, PABLO Y AGUSTÍN

Por Ángel Gómez Escorial

1.- El Evangelio de San Mateo hace referencia a la Segunda Venida de Cristo. Se producirá al final de los tiempos y estará precedida de misterio y agitación. Pero será sólo un tiempo limitado, después vendrá el gran momento en que se inicia la Vida del Mundo Futuro. Esa vuelta terrible del Señor incita a mejorar nuestra situación, al arrepentimiento por todas nuestras faltas. Y en verdad habría –tal vez—que despojar a la Parusía de su componente tremendista y enfrentarla tan solo a la necesidad de nuestra limpieza interior --¿y exterior?--, para mejor ponernos en la presencia real de Jesucristo triunfante y glorificado. Es decir, si no acudimos sucios y mal vestidos a la visita de un gran personaje temporal, ni tiene sentido alguno que fuéramos hacerlo cuando esperamos la llegada del Hombre Dios. Por tanto, debemos limpiar nuestro corazón y nuestra alma para ese momento y el temor debe estar más cerca del sentimiento de no defraudar al Señor Jesús que del miedo físico por cualquier catástrofe. Es obvio, no obstante, que al final de los tiempos se instaurará definitivamente la justicia de Dios --y aunque ella estará profundamente unida a la misericordia divina--, podríamos ser merecedores de su reprobación.

2.- El tiempo de Adviento es útil para ese análisis de nuestras conciencias y, tras limpiarlas, recibir adecuadamente al Niño Dios. El arrepentimiento no es otra cosa que poner las cosas en su sitio y situar a nuestras almas en perfecta sintonía con Dios. No es fácil, a veces, reconocer las faltas porque la soberbia nos lo impide. Pero, también, en otras ocasiones la maraña de engaños que teje el Maligno puede tenernos engañados y confundidos. El arrepentimiento es, por tanto, un acceso a la objetividad -al justo significado- de nuestros actos.

3.- En la primera lectura, la Profecía de Isaías nos ofrece esa imagen de un reino de paz donde "de las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas". Es una de las frases más hermosas de la Escritura, pues el hombre anhela desde siempre la destrucción o transformación de las armas y de sus consecuencias. La Venida del Señor traerá la paz y como un adelanto, el tiempo navideño siempre es portador de paz y sosiego.

4.- A su vez, San Pablo nos habla de la necesidad de transformación de nuestros cuerpos y de nuestras almas, en un pasaje que inspiró a San Agustín en su conversión: "Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo". Dicho párrafo de la carta de Pablo a los Romanos incluye una frase muy actual. Dice: "Y que el cuidado de nuestro cuerpo no fomente los malos deseos". Ciertamente, muchos de los esfuerzos de la gente de ahora por estar sanos o bellos sólo responden al deseo de ser más supuestamente atractivos en función de ciertos éxitos amorosos ilícitos. Pero también el otro consejo, el que inspiró la conversión de San Agustín, es asimismo muy adecuado para los tiempos presentes Habrá sin duda durante en la próxima Navidad un exceso de comilonas y borracheras que desafíen a la Justicia al pensar en las necesidades de pobres y marginados. Y, eso mismo, respecto a una conducta permanente es que el camino del exceso corporal solo trae desgracias y no solo físicas.

5.- No viene mal en este domingo primero de Adviento hacer una referencia expresa a la conversión de San Agustín. Es tiempo de conversión y cualquier ejemplo debe sernos útil y más el uno de los más grandes santos de la historia de la cristiandad. Inmerso en una vida de juergas y comilonas no encontraba --aunque lo deseaba-- un camino claro hacia Cristo. Cuando escucha como una cantinela de niños --que no ve-- y que dice: "tolle, lege" acude al Libro Sagrado y lo abre por la Epístola de los Romanos y comienza a leer: "Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo y que el cuidado de nuestro cuerpo no fomente los malos deseos"…

6.- Agustín leía ese texto en el mes de julio del 386. A pesar de los años transcurridos, no hay tanta diferencia entre su tiempo y el nuestro. San Agustín encontró su camino tanto en el enamoramiento de Cristo como en su continuada alabanza a Dios. Las Confesiones son una permanente alabanza a Dios y, sobre ello, se compone un impresionante canto de alegría por la presencia de Dios en su vida, que Agustín recuerda en toda su obra. Es importante que los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que viven esclavizados por una vida llena "de comilonas y borracheras, de lujurias y desenfrenos, de rivalidades y envidias", se acerquen a la enseñanza de San Agustín.

7.- Y en fin que las Lecturas de esta primera semana de Adviento nos inicien en la preparación para la próxima venida del Señor. Debemos de meditar sobre ellas con espíritu de cambio y conversión.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

NUESTRA VIDA ES UN PROYECTO…

Por Pedrojosé Ynaraja

Sí, un proyecto, no un empleo. Uno puede conseguir un buen cargo en una empresa de prestigio y segura y pensar únicamente en conservarlo, que incrementen su sueldo los quinquenios y otras normas, disfrutar de cuando en cuando de las vacaciones que correspondan y, llegada la jubilación con lo ahorrado y la pensión, subsistir cómodamente, sin preocupaciones. Se cumple más o menos bien con la tarea asignada, se aprovecha con más o menos legalidad de lo que puede y a ir tirando. Así, generalmente, son muchos empleados, independientemente de su rango. Muy diferente es la vocación cristiana.

2.- Pero la Fe no es algo semejante. Nuestra existencia en la tierra, encarcelados, aunque no nos veamos así, en el espacio y en el tiempo, sufrimos traiciones, caemos en el desencanto, en la decepción. Carecemos de vivencia rebosante de felicidad, nos ilusionamos y nos deprimimos…

Daos cuenta, mis queridos jóvenes lectores, que en el primer párrafo me situaba en un plano social, en el segundo, en el de la propia interioridad. Desde este, deseo ahora dirigirme a vosotros.

3.- Por lo que Dios nos ha revelado, sabemos que existió un proyecto exclusivamente espiritual, el que llamamos la creación de los ángeles. Sabemos también por experiencia y asesorados por la Revelación, que vivimos sumergidos en una creación en la que los seres subsisten paralelamente por dos senderos imaginarios: el puramente biológico (un montón y muy variados, microorganismos, vegetales y animales, plantas buenas y malas, bellas y otras molestas, desde las zarzas a las orquídeas, los edelweiss, las gencianas, los cipreses, las encinas, las palmeras, los cereales, los granados, los naranjos y ¡cuántos etcéteras, Dios mío!… En el reino animal ocurre algo semejante, no faltan contrastes con sus variedades atractivas, las gacelas, y otras peligrosas, las víboras y las moscas tsé-tsé, los enormes elefantes y los diminutos ruiseñores y colibrís, ¡qué inmensa cantidad y admirable asombrosa apariencia! Todos ellos son exclusivamente biología, enriquecida de más o menos atributos, abocados al final de la inexistencia.

4.- Nosotros los humanos avanzamos puesta nuestra mirada en un horizonte eterno, que estará libre de ataduras, enriquecido por sublime intuición y gozoso amor. En nuestro proyecto, Dios se complació y resumió en nosotros, los encantos de nuestros vecinos animales, plantas y enigmáticos virus. Hemos sido capaces y dóciles para continuar, recrear y procrear. Soñar y obrar generosamente. Incorporamos la belleza de la catedral de Chartres y la del minúsculo petirrojo, todo ello esta resumido en la realidad histórica y somos responsables de salvarla para la eternidad ¡Qué maravillosa es nuestra existencia, siempre en progreso!

5.- O tal vez no, porque a la libertad humana se le permite introducir una y otra vez el mal, no deseado por Dios. Contaminar la atmosfera, emborronar la convivencia y frustrar nuestra vida con el pecado individual personal, humano, sin consecuencias para la capa de ozono ni la contaminación química del medio ambiente. Es preciso, pues, tomar precauciones, examinar riesgos, huir de peligros… Dominarnos, que para eso nos ha dado el Señor la voluntad.

6.- Las dos primeras lecturas nos advierten. El texto evangélico, sin olvidar la recomendación de vivir preparados para vencer tentaciones, prescindir de aquello que retarda nuestro crecimiento personal, aquello que nos lesiona, pese a que nos parezca que satisfacer nuestro egoísmo aporta felicidad y ocurre totalmente lo contrario…

7.- En este proyecto, y de cuando en cuando, llegan situaciones en las que se inicia una nueva etapa. Me sitúo en el terreno religioso, cristiano, litúrgico… Lo hago porque este primer domingo de Adviento, empieza un nuevo curso y un nuevo ciclo. Hay que revisar primero los daños que se ocasionaron en nuestro atuendo, las lesiones que nosotros mismos nos causamos, la despreocupación imprudente en la que con frecuencia hemos vivido… De inmediato, debemos preparar el equipo para el nuevo periodo. Analizar las mejoras que pretendemos conseguir.

8.- Estoy pensando en algo que puede servir de ejemplo o comparación. Es como lo que para un estudiante es el paso de primaria a secundaria. El cambio del instituto a la universidad… Son cambios que responsabilizan, que hay que prepararlos y equiparse. Algo así como lo hizo Noé, construyendo el arca mientras sus vecinos le miraban indiferentes…

9.- La gente instala sistemas de alarma en sus edificios, contrata seguros de accidentes y para contar con ayuda técnica profesional, en caso de necesidad. Nos protegemos de posibles ladrones y de involuntarios atropellos. Y obramos bien haciéndolo. ¿Y del viaje que es nuestra vida, que va camino de inmejorable estancia eterna? ¿Cómo nos preparamos? ¿Qué ambicionamos? ¿Qué precauciones tomamos?