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20 noviembre 2016

El ladrón arrepentido

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1. El ministerio de Jesús está en función del reino de Dios desde el comienzo, «el reino de Dios se acerca», hasta el final: «hoy mismo estarás conmigo en el paraíso», le dice al «buen ladrón» tras pedirle éste: «Jesús, acuérdate de mi cuando llegues a tu reino». El diálogo de Jesús en la cruz con los dos ladrones, referido por Lucas, muestra que el arrepentimiento humano y el perdón de Dios son condiciones fundamentales del reino de Dios. Jesús estuvo cerca de pobres, marginados, malhechores y ladrones. El buen ladrón fue el último en reconocer el señorío de Jesús y el primero en tomar posesión del paraíso o entrar en el reino.

2. Las actitudes respectivas de los dos ladrones son diametralmente opuestas. La del mal ladrón es de irritación y de desprecio; es la actitud de quien rechaza el reino de Dios y su justicia. La del buen ladrón, en cambio, refleja una gran disposición de ánimo y una fe sorprendente: su reconocimiento de la condición mesiánica de Jesús es una auténtica profesión de fe. En primer lugar, manifiesta «temor de Dios» —que no es miedo, sino virtud religiosa— al reconocerse con Cristo «en el mismo suplicio». En segundo lugar, el buen ladrón reconoce lo merecido de su castigo; se considera culpable. Finalmente, expresa que Cristo «no ha hecho nada malo» o, lo que es lo mismo, que todo lo hizo bien. No basta, pues, con afirmar de palabra que Jesús es Señor; es preciso, además, confesar delante de Dios y de los hermanos nuestra conducta frecuentemente depravada. Con esta confesión empieza a crecer en nosotros el «temor de Dios».
3. Para alcanzar el reino de Dios son necesarias la conversión y la fe en la buena noticia, que es el evangelio vivido y realizado, es decir, el reino de justicia y de amor. Creer no consiste únicamente en afirmar que Dios existe: es seguir a Jesús como Señor, comunicar y edificar su reino, acompañarle en los sufrimientos, reconocerle como crucificado entre malhechores y resucitado en el paraíso definitivo.
REFLEXIÓN CRISTIANA:
¿Identificamos «cielo» con «reino de Dios»? 
¿Nos tomamos en serio la edificación del reino?
Casiano Floristán