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06 noviembre 2016

El Dios de la vida

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1. Situados en los círculos del poder y del dinero, los saduceos eran radicalmente materialistas, no tenían fe en la resurrección ni esperanza de otra vida y se servían de la religión para explotar al pueblo y vivir con más privilegios. El evangelio nos los presenta discutiendo con Jesús acerca de la resurrección.
2. Jesús dice a los saduceos dos cosas relacionadas entre sí. En primer lugar, que la vida de los resucitados es vida transfigurada («son hijos de Dios») y vivida en presencia de Dios («como los ángeles»); se trata de una vida nueva, inimaginable, vivida en alabanza; para ser juzgado digno de esta vida hay que pasar por la muerte, como lo hizo Jesús. En segundo lugar, que el Dios cristiano no es un Dios de muertos, sino de vivos; no es un ídolo que domine, corrompa y engañe, sino que da vida generosa y abundantemente.

3. Nuestro cristianismo se ha basado y sigue basándose a veces más en la muerte y el culto a los muertos que en la vida, la resurrección y la celebración pascual. Pero sabemos que la vida es el don más apreciado del ser humano. Un don que, por ser de Dios, es sagrado. Las promesas de Dios se relacionan con la plenitud de la vida. La misión de la Iglesia es proclamar la resurrección y la vida.
REFLEXIÓN CRISTIANA:
¿Apreciamos la vida como un don de Dios?
¿Por qué se ha introducido tanto en nuestro cristianismo la muerte?
Casiano Floristán