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10 noviembre 2016

Domingo 13 noviembre: Homilías


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1.- HAY QUE PERMANECER SERENOS

Por Antonio García-Moreno

AVISO IMPORTANTE. “Mirad que llega el día, ardiente como un horno; malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir" (Mal 4, 1). Dios avisa de cuando en cuando a sus hijos los hombres, nos recuerda que todo esto ha de terminar, nos hace caer en la cuenta de que todo pasa, de que vendrá un día en el que caerá el telón de la comedia de esta vida. Día terrible, día de la ira, día de lágrimas, día de fuego vivo. A ve-ces el corazón se nos encoge, nos asustamos ante el recuerdo de que este mundo puede derrumbarse estrepitosamente, al saber el potencial de armas atómicas y químicas que hay almacenado, al conocer que pueden volver los días tristes de una guerra, que nuevamente podemos vivir huyendo, temiendo que un día nos maten como a ratas.


No, Dios no quiere asustarnos. Y mucho menos trata de tenernos a raya con terribles cuentos de miedo, o con narraciones terroríficas de ciencia-ficción. Dios nos habla con lealtad y, como alguien que nos ama entrañablemente, nos avisa del riesgo que corremos si continuamos metidos en el pecado. Sí, los perversos, los empecinados en vivir de espaldas a Dios, los malvados serán la paja seca que devorará el gran incendio del día final.

"Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas...” (Mal 4, 2) No, no se trata de vivir amedrentados, de estar siempre asustados, como alguien que espera de un momento a otro el estallido pavoroso de un artefacto atómico. No, Dios nos quiere serenos, felices, optimistas, llenos de esperanza. Pero esa serenidad, esa paz tiene un precio. El precio de nuestra respuesta generosa y permanente al grande y divino amor. Así los que aman a Dios esperarán el día final con tranquilidad, con calma, con alegría. Con los mismos sentimientos que embargan al hijo que espera la vuelta del padre, con el mismo deseo que la amada espera al amado. Para los que han luchado por amar limpiamente, el fuego final no abrasará, no aniquilará. Ese fuego será calor suave y vivificante, resplandor que ilumine hasta borrar todas las sombras, hasta vencer el miedo de la noche con el alegre fulgor de un día eterno.

LAS PIEDRAS DEL TEMPLO. "Él contestó: cuidado con que nadie os engañe..." (Lc 21, 8). Algunos ponderaban, y con razón, la belleza y suntuosidad de las construcciones del templo. Herodes quiso congraciarse con los judíos que le odiaban abierta e intensamente. Por eso no escatimó en gastos ni en tiempo. Quería demostrar lo indemostrable: que él era también un piadoso creyente en Yahveh, aun cuando no era hebreo sino idumeo. Los judíos nunca se lo creyeron aunque si reconocían la magnificencia de este hombre, el afán de asentarse en el trono sin olvidar que para ello era preciso hacer de la religión un recurso político más.

Grandes piedras de corte herodiano, propio de la época de Augusto emperador, preparadas para su colocación. Los apóstoles se quedan asombrados y así lo expresan con toda sencillez delante del Maestro. Pero sus palabras no encontraron eco en el Señor. Él sabe en qué quedará todo aquello dentro de no mucho tiempo. Sólo un montón de ruinas y un tramo de muro descarnado, donde los judíos se lamentarán por siglos. Todavía hoy se escuchan sus letanías dolientes en esos grupos de hebreos que llegan de todos los rincones del mundo, a llorar y verter allí tanto y tanto dolor como ha afligido a su pueblo a lo largo de la Historia.

El Señor entrevé la caída de Jerusalén, y también recuerda por unos momentos el fin del mundo. Esos momentos finales en los que surgirán falsos profetas y mesías, proclamando ser los portadores de la salvación eterna. Jesús nos pone en guardia a todos. No vayáis tras de ellos, nos dice. No les creáis cuando afirmen que el fin está ya cerca. Habrá guerras y revoluciones, pero todavía no ha llegado el momento. Por eso hay que permanecer serenos, no dejarse llevar por el pánico, tener la confianza puesta en Dios que no nos abandonará en esos terribles momentos.

De todos modos serán circunstancias terribles, situación que si se prolongase demasiado acabaría con todos. Pero por amor de los elegidos, dijo el Señor, aquellos días se acortarán. Por eso hay que guardar la calma y saber esperar. Es cierto que a veces la persecución puede desanimarnos. Sobre todo esa de que habla hoy el Señor, la persecución de nuestros propios seres queridos, la persecución de los nuestros, de esos que creen también en Jesús y predican como nosotros el amor y la comprensión para todos, incluso para los enemigos. Por una causa inconcebible, se volverán contra nosotros, nos mirarán con desprecio disimulado o abierto, nos excluirán, nos silenciarán, nos arrinconarán.

Hay que reaccionar con serenidad, pensar que Jesucristo ya lo había predicho antes de que ocurriera. Precisamente para que cuando ocurriese permaneciéramos tranquilos, sin responder con la misma moneda de odio y desprecio. El Señor nos defenderá, él nos protegerá y nos librará. Dios no nos olvida. Tan presente nos tiene, que ni un solo cabello de la cabeza caerá sin su beneplácito. Permanezcamos siempre fieles, convencidos que mediante la paciencia ganaremos nuestras almas.

2.- LA ESPERANZA SOSTIENE NUESTRA FE

Por José María Martín, OSA

1.- La fe es una aventura arriesgada y emocionante. Para los judíos del tiempo de Jesús el Templo de Jerusalén representaba la seguridad. Con tal de cumplir las leyes y acudir al Templo se "justificaban" ante Dios. Era para ellos el fundamento de su práctica religiosa. Y Jesús se atreve a decir que no quedará de él piedra sobre piedra. Cuando Lucas escribe su evangelio ya se ha producido la destrucción del Templo de Jerusalén. Fue el emperador Tito quien ordenó que fuera arrasado en el año 70. Por tanto, lo que se narra como algo apocalíptico, como algo que va a suceder, en realidad ya se ha producido. Pero lo importante es la enseñanza que quiere dar el evangelista. El Templo no es lo importante, tampoco el mero cumplimiento de la ley, pues Jesús predicó que no es ni en Jerusalén ni en Garizín donde se debe dar culto a Dios, sino "en espíritu y en verdad". En nuestra religión cristiana también nos hemos montado "otros templos", otras normas que nos "aseguran la salvación". Es más fácil pedir que te digan qué es lo que tienes que cumplir y asegurar así la salvación, que identificarse con Cristo, dejar que Él te transforme y estar dispuesto a seguirle con todas las consecuencias. Lo primero no cuestiona tu vida, lo segundo transforma tu vida y te convierte en hombre nuevo. La fe es una aventura arriesgada y emocionante, no es un cumplimiento cómodo y seguro de normas sin implicación de tu persona.

2- ¿Cuál es la clave de tu vida cristiana? En clave "religiosa" se llega a la religión por tradición o herencia; en clave de "fe", se llega por decisión personal y libre. La religión puede convertirse en una forma de pensar que acomodo a mi vida, o bien es una forma de vivir que me compromete. En clave religiosa la referencia soy yo y mis necesidades; en clave de fe la referencia es Jesús y estoy dispuesto a hacer su voluntad. Las verdades pueden convertirse en simples doctrinas que hay que saber, sin embargo para el seguidor de Jesús la única verdad es Jesús y la escucha de su Palabra. Puedo ser un cristiano que considera el culto como un conjunto de ritos a los que hay que asistir, o por el contrario para mí el culto es la celebración gozosa de la experiencia de Jesús en mi vida. Puedo considerar la Ley como un conjunto de normas que hay que cumplir, o darme cuenta de que la auténtica Ley del cristiano es vivir en el amor. La Iglesia puede ser para mí una institución jurídica, o más bien una comunidad de hermanos. ¿La fe es para ti un seguro de vida, o es un regalo, es decir un don gratuito de Dios que celebras con entusiasmo? Pregúntate: ¿en qué clave se sitúa tu vida cristiana, en la "religiosa", o en la de la "fe"?

3.- El juicio será para la salvación. La palabra de Dios nos habla del final de los tiempos con una literatura apocalíptica, que no hay que entender al pie de la letra. Tanto el evangelio como la primera lectura del profeta Malaquías nos hablan de catástrofe, enfrentamientos, divisiones, guerra y destrucción. Sin embargo, lo importante es el mensaje final en ambas lecturas: "iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas", "ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". Es un mensaje de esperanza, el juicio será para la salvación, no para la condenación. Ya está demasiado lleno el mundo de agoreros, el cristiano tiene que ser portador de esperanza y perseverar confiando, siempre en el Señor. Y mientras tanto, no quedarse con los brazos cruzados, esperando el fin del mundo como les ocurría a los fieles de la iglesia de Tesalónica. Pablo les insta a trabajar para ganarse el pan de cada día. Es así como Dios nos quiere, como personas esperanzadas y esperanzadoras, consciente de su misión de transformar este mundo hasta convertirlo en el auténtico Reino de Dios.

4- La fe no desfallece porque la sostiene la esperanza. San Agustín resalta el valor de la esperanza en la vida cristiana. Solo el que espera en el Señor mantiene firme su fe, a pesar de las dificultades de este mundo. El ejemplo de los cristianos de Siria e Irak es impactante. Dan testimonio de su fe hasta la muerte, porque tienen puesta su esperanza en el Señor. Pero es el amor a Dios el que enciende su esperanza. En su sermón 359 San Agustín nos dice:

Elimina la esperanza y desfallecerá la fe. ¿Cómo va a mover, aunque sólo sea los pies, para caminar quien no tiene esperanza de poder llegar? Si, por el contrario, a la fe y a la esperanza les quitas el amor, ¿de qué aprovecha el creer, de qué sirve el esperar, si no hay amor? Mejor dicho, tampoco puede esperar lo que no ama. El amor enciende la esperanza y la esperanza brilla gracias al amor. Pero ¿qué fe habrá que elogiar, cuando lleguemos a la posesión de aquellas cosas que hemos esperado creyendo en ellas sin haberlas visto? Porque la fe es la prueba de lo que no se ve (Heb 11,1). Cuando veamos ya no se hablará de fe. Entonces, verás, no creerás. (Sermón 359)

3.- AL FINAL, SE IMPONDRÁ LA JUSTICIA MISERICORDIOSA DE DIOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. Se impondrá la justicia misericordiosa de Dios, al final de la vida de cada uno y al final de los tiempos. Cuando Lucas escribe su texto evangélico, después del año 70, las primeras comunidades cristianas estaban totalmente desconcertadas y oprimidas. Se retrasaba la segunda venida, la parusía, y a ellos les perseguían, les entregaban a las sinagogas y a la cárcel, les hacían comparecer ante reyes y emperadores, y todo porque estaban siendo fieles a la predicación del evangelio de Jesús. El evangelista Lucas quiere animar a estos cristianos desanimados y les pide que se mantengan firmes en la fe, porque todas esas desgracias tenían que venir primero, pero el final no vendrá enseguida. Si perseveran salvarán sus almas. Y claro que la mayor parte de ellos perseveraron y hoy les veneramos como santos y como mártires. Desde entonces hasta ahora se ha repetido bastantes veces la creencia en que el final de los tiempos ya estaba llegando, pero Dios, por lo que hemos visto, no parece tener prisa. Lo importante para cada uno de nosotros no es saber cuándo llegará el momento final, sino vivir cada momento con fidelidad al evangelio, con paciencia y con perseverancia, como si fuera el momento final. Cuando estemos demasiado asustados por la dureza y crueldad de los tiempos en los que nos toca vivir, recordemos las palabras tranquilizadoras de santa Teresa: “nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, sólo Dios basta”. Aprendamos a vivir siempre con paz interior, con confianza en la palabra del Señor, dejando a Dios ser Dios, y actuando nosotros con fuerza y perseverancia cristiana, como si fuera el momento último de nuestra vida, a pesar de todas las desgracias que puedan ocurrirnos, a nosotros y a nuestra sociedad en general.

2.- Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán paja, y los quemaré el día que ha de venir… pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas. El profeta Malaquías, en este su pequeño librito, no se anda con rodeos: los perversos serán aniquilados y no quedará de ellos “ni rama ni raíz”; a los buenos, en cambio, “los iluminará para siempre un sol de justicia”. La verdad es que en todas las religiones y culturas de la humanidad se ha creído siempre, aunque de distintas maneras y con distintos matices, que Dios premiará a los justos, mientras que los malos serán castigados. Parece un sentimiento espontáneo el pensar que no puede ser igual hacer el bien que hacer el mal y que algún premio o castigo debe haber por lo uno o por lo otro. Nosotros, los cristianos, tenemos el ejemplo de Jesucristo que sufrió y padeció en esta vida, haciendo siempre el bien, y resucitó glorioso y triunfante para siempre después de la muerte. Intentemos nosotros, por tanto, a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, hacer el bien mientras estemos en este mundo, aunque por hacer el bien tengamos que padecer y, si llega el caso, hasta morir, con la esperanza cierta de que al final de nuestras vidas en este mundo, Dios nos resucitará para la vida eterna.

3.- El que no trabaja, que no coma. Porque nos hemos enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada. Algunos cristianos de Tesalónica pensaban que la segunda venida, la parusía, vendría de un momento a otro y, por tanto, no merecía la pena trabajar ya. San Pablo, que sabe que los cristianos que piensan esto se basan en frases de su carta anterior, les escribe de nuevo para dejar las cosas claras: que imiten su ejemplo y que, como él, trabajen día y noche para ganarse su propio pan y no ser carga para nadie. No creo que nosotros tengamos ahora el problema que tenían los cristianos de Tesalónica, cuando se escribió esta carta, pero no está mal que todos nos apliquemos las palabras de la carta y que trabajemos, en la medida de nuestras posibilidades, para no ser carga para nadie. No sólo trabajemos para ganarnos nosotros nuestro propio pan, sino que, si podemos ayudar con nuestro trabajo a los que no pueden por sí mismos ganarse el pan que necesitan, nosotros les ayudemos, trabajando con generosidad y viviendo con sobriedad.

4.- ¡VALE LA PENA PERSEVERAR!

Por Javier Leoz

Llegamos, con el próximo domingo en que contemplaremos a Jesús como Rey, al final del año litúrgico. Las lecturas de este día, al igual que las de los precedentes domingos, tienen un sabor apocalíptico. Entre otras cosas porque estaban orientadas hacia aquellos cristianos que se encontraban nerviosos ante la creencia de que la segunda y definitiva venida de Cristo era inminente. No fue así y, en esas seguimos: aguardando a que el Señor, cuando Él quiera, vuelva. ¿Preocupa esto a las generaciones actuales? ¿Somos conscientes de lo que respondemos después del momento de la consagración: “Ven, Señor, Jesús”?

1.- Con San Pablo podemos concluir que, mientras no sucede ese momento, nos toca dar testimonio y trabajar para que el Señor, y su mensaje, sean conocidos. ¿Hacemos todo lo posible para que el evangelio sea más extendido en todos los rincones de nuestro mundo?

 Recuerdo ahora que El Papa Benedicto XVI en su corto pero intenso viaje apostólico a España nos dejó la siguiente reflexión: “Dios tiene que volver a resonar bajo los cielos”. Para ello, hoy más que nunca, es necesario presentar a Dios mismo como esa luz que ilumina toda sombra y que indica con sabiduría el horizonte que al hombre espera. Nuestro esfuerzo y creatividad, siempre sustentado todo en la inspiración del Espíritu Santo, ha de ir precisamente en esa dirección: trabajar sin desmayo, sin pereza y con entusiasmo hasta el día en el que Señor aparezca definitivamente.

2.- Hoy, como desde hace siglos, se sigue hablando si estamos en una etapa final de la historia, del hombre y del mundo mismo. ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar? ¿Hacia dónde caminar? Las pistas nos las ofrece el evangelio de este día: “No hagáis caso”.

Estamos en la hora del testimonio. Nos toca, hoy más que nunca, separar la paja del trigo, la auténtica fe de la religión a la carta. ¿Qué conlleva todo ello? Incomprensión, persecuciones o incluso el intento sistemático de reducir lo religioso al ámbito privado. La reciente visita del Papa Benedicto XVI a España, en la que algunos grupos extremistas se mostraban –ya no en contra de su visita-sino en desacuerdo con su mensaje, nos avala la vigencia y actualidad del evangelio de hoy: con la perseverancia, y no con la relajación, es como podemos alcanzar la vida eterna, hacer la voluntad de Dios y no renunciar a lo que es constitutivo de la misma Iglesia.

3.- ¿Vale la pena creer y esforzarse por el Reino de Dios? ¿Vendrá el Señor a nuestro encuentro? ¿Seremos capaces de aguantar o de soportar las arremetidas que, constantemente, brotan desde la visceralidad de algunas ideologías dominantes? ¡Claro que sí! Recordemos aquello de aquella gota de agua, que por su persistencia, fue capaz de romper con el paso de los años la firmeza de una roca.

Que el Señor nos acompañe en nuestro deseo de transformar el mundo y, de prepararlo también, para que cuando El vuelva encuentre gente amándole, siguiéndole y dando la cara por su Evangelio. ¿Lo intentamos?

Frente a una realidad, el hombre y el mundo acabarán, se nos recuerda algo que nos llena de esperanza: Dios ofrece su salvación.

4.- ¡HASTA QUE VUELVAS, SEÑOR!

¿Dónde está  mi futuro personal?

¿En dónde  alcanzar la felicidad eterna?

¿Dónde  buscar rincones y estancias indestructibles?

¡Sólo Tú,  Señor, tienes Palabras de vida eterna!

¡Sólo Tú,  Señor, eres inmortal!

Danos la  gracia, Señor, de perseverar

para hacer  de nuestro mundo un racimo de amistad

Danos la  audacia, Señor, de ser valientes

y que la  tierra conozca tu poder y tu salvación

Danos la  esperanza, Señor, que no defrauda

y podamos  sembrar semillas de tu reino

Danos el  entusiasmo, Señor, sin decaer en el camino

para llevar  con alegría tu verdad y tú presencia

tu rostro y  tu Palabra, tu amor y tus promesas



¡HASTA QUE VUELVAS, SEÑOR!

Haz que  seamos decididos y vigilantes

Aventureros  y heraldos de tus valores

Auténticos y  comprometidos con tu causa.

Hasta que  vuelvas, Señor

Hasta el  final de todo, Señor

5.- PERO LA ESPERANZA ESTÁ VIVA…

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Lo acabamos de escuchar. En el Evangelio Jesús replica a los apóstoles ante su entusiasmo por la belleza y monumentalidad del Templo de Jerusalén. Todo será destruido y no quedará piedra sobre piedra. Sus palabras son terribles. Incluso, a nosotros, que las hemos oído muchas veces nos impresionan. Pero tienen un fin muy especial para nosotros. Y hemos de salir de Eucaristía con una determinación de cambio, de mejora, de conversión… Estamos, casi, al final de un ciclo litúrgico –el C—y eso se nota en las lecturas de hoy. En fin, el próximo domingo con el domingo 34 del Tiempo Ordinario. y su titularidad: “Jesucristo, Rey del Universo”, terminará. La breve espera está abierta a un nuevo Adviento. Y con él, pasaremos a iniciar el Ciclo A. Estamos, pues, muy cerca de un final y en la inmediatez de un principio. Siempre que se acerca esta transición, la liturgia quiere mostrarnos una realidad finalista. Y es que todo lo temporal acaba, pero también se renueva con su inicio. Y esa movilidad de lo temporal nos tiene que llevar a pensar en lo provisional y débil de nuestra existencia. Y llegar a la conclusión de que sólo Dios es permanente. Asimismo, el inminente cambio nos tiene que hacer reflexionar piedra sobre piedra. Pero merece la pena, a mi juicio, seguir con ese análisis.

2.- Todos tenemos, en esta hora, una sensación de cercanía respecto a una catástrofe. La crisis económica, por ejemplo, ha variado considerablemente las expectativas futuras de los países desarrollados. Y el mal uso de la riqueza, con anterioridad a la crisis, hace que los países pobres estén ahora peor. Hay una idea de que existe una cierta mayor incidencia de las catástrofes naturales Las guerras que no cesan, como en Irak y en Afganistán, el drama terrible y muy sangriento del narcotráfico en México. Y, de vez en cuando, se lee en los periódicos que asteroides amenazantes orbitan cerca del planeta Tierra. Parece, entonces, que el fin del mundo es perfectamente posible y aún inmediato. Pero, realmente, si estamos familiarizados con la actualidad en todas las épocas existe esa sensación de tragedia finalista, sin que obviamente el fin del mundo haya llegado.

3.- Y cuando Jesús de Nazaret hace su profecía de la destrucción del Templo de Jerusalén está claro que se refiere a la inmediata destrucción –solo unas cuentas décadas después—de la ciudad por las tropas romanas. El ataque fue tan duro y letal que para los habitantes de Jerusalén que realmente si podía parecer el fin del mundo. Desde luego lo era para ellos. Jesús profetiza la destrucción del Templo es unos momentos difíciles. Acaba de entrar triunfante en Jerusalén. La escena ha sido vibrante, notable, parece un triunfo definitivo, pero el Maestro sabe que el triunfo del Domingo de Ramos es el pórtico de la tragedia del Viernes Santo. Esa ciudad y sus gentes no han sabido buscar, ni la paz, ni la salvación. No puede decirse que el martirio de Cristo sea una consecuencia para la destrucción de Jerusalén. Pero si es cierto que la realidad política de Israel, de Judea, era incoherente y falsa. Se aceptaba como un mal menor el control de Roma, pero de vez en cuando se estiraba demasiado de la cuerda. Las mismas autoridades que colaboraban con el ocupante instigaban la rebelión por detrás. Al omnipotente y muy prepotente imperio romano la conducta del Israel oficial les exasperó.

4.- La misma condena a muerte de Jesús de Nazaret es un error político y religioso. Se fuerza, desde el poder absoluto de los sumos sacerdotes, dueños de Jerusalén y de la economía de todo Israel a que el Gobernador romano dicte una sentencia injusta. Esto tuvo que tener consecuencias políticas después. El propio Poncio Pilato pudo ejercer una revancha por aquello, ante la posibilidad de que el mal uso de la pena de muerte –atribuida solo al poder romano—le hubiese producido problemas en Roma. El control político del Imperio romano era más minucioso de lo que hoy podríamos esperar. Pero las informaciones y los expedientes tardaban tiempo en llegar y volver. Es decir, las “correcciones de rumbo” tardaban pero llegaban.

5.- Cristo profetiza la destrucción de Jerusalén del año 70… Y hoy se dice que el Jerusalén de tiempos de Jesús está oculto por una “montaña” de 20 metros de cascotes y escombros producto de las sucesivas destrucciones porque en el 135 d. C fue vuelto a destruir por el emperador Adriano. Ese camino continuo de destrucciones, los episodios del dominio musulmán y las Cruzadas siguieron produciendo más destrucciones en Jerusalén e impidiendo la paz. Hoy mismo con el permanente y ya muy largo conflicto entre palestinos y judíos, entre el mundo musulmán e Israel, nos muestra una realidad terrible, totalmente alejada de la paz y del amor. Y es por eso por lo que, obviamente, produce vértigo el que en la ciudad que vio morir Jesús nunca, ya, se haya desarrollado en paz.

5.- Pero a pesar de todo no hay que perder la esperanza. Y quien sabe si en estos momentos que parecen tan duros no se está negociando una paz duradera entre judíos y palestinos. Parece sencillamente imposible. Pero el Dios que nos ha mostrado Jesús de Nazaret es, por supuesto, Dios de vivos y no de muertos y es, sobre todo, el Dios de la esperanza. La debilidad humana lleva al error y al pecado. Y esas dos cosas producen muchos problemas, y hasta destrucción y muerte. Pero la esperanza está viva. Y eso es lo que para nada debemos olvidar. Y hoy menos que nunca…

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

PROFESIÓN: SUS CRISIS

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Hace unos años, en el Documento Nacional de Identidad español, debía figurar la profesión del portador. En aquellos tiempos, no era frecuente que la mujer casada trabajase fuera de su domicilio, así que se llenaba la casilla referente al oficio, con la expresión: “sus labores”. Era lo más común. Lo recuerdo porque, pensando en ello y hablando con ciertos jóvenes respecto a su vida, les advertía, en tu Carnet deberías poner, profesión: sus crisis, para que fueran conscientes de su vaciedad.

2.- Espero que recordando lo dicho, vosotros, mis queridos jóvenes lectores, os situaréis en el texto de la segunda lectura de la misa de este domingo. Tal vez hoy la situación a la que se refiere Pablo, en su carta a los cristianos de Tesalónica, sea más actual. La posible inquietud de solidaridad social, la alergia a tanta injusticia por parte de los poderosos, la dificultad de encontrar empleo, entre otros motivos, posibilitan e incluso facilitan, la ocupación de no hacer nada. Eso sí, protestar de todo, indignarse por todo lo habido y por haber, discursear sobre cualquier cuestión, con tal de no hacer nada, pero siempre aduciendo razones muy razonables de su actitud.

3.- Pongo un ejemplo muy concreto y oportuno para esta temporada. Habréis observado que en las grandes superficies, los establecimientos comerciales, preparan adornos-reclamo para incrementar sus ventas. Las instituciones públicas, a su manera, ya anuncian actos con motivo de las fiestas que se avecinan. Diréis, y no erraréis, que son días de feroz consumismo, de borracheras, de engañosa exhibición de felicidad, hay que ser feliz por fuera, aunque uno llore y se desquicie por dentro, se piensa. Hipocresía en la que hay que subsistir. Diréis y acertaréis, que hasta en algunos los espectáculos, se aprovechan de historias tradicionales, que celebraciones litúrgicas los conmemoran y así ofrecer representaciones de aparente contenido cristiano, pero con puro interés crematístico. Es muy común una tal postura y lo más frecuente es que los que la toman, se limiten a protestar.

4.- Los comercios ofrecen colocaciones temporales, aprovechándose de la situación. Todo parecido con la realidad de lo que en Belén paso, es pura coincidencia. Y pese a que encontrar empleo pasajero, puede ser muy provechoso, no alcanza la suerte a todos. Ahora bien, no todos los que se quedan sin poder trabajar tienen necesidad imperiosa de conseguir dinero. Ni los que se han prestado a esta beneficiosa situación temporal están todo el día y todos los días ocupados. Imagino que muchos de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, os encontráis en esta circunstancia.

6.- Es el momento oportuno de emprender labores de voluntariado. No me estoy refiriendo exclusivamente a colaborar con ONGs que colaboran en captación y reparto de víveres, golosinas y regalos para los que de otro modo no los recibirían. Pienso en acciones y aventuras originales, nuevas y sorprendentes, que pueden responder a necesidades de tantos hombres, ellos y ellas, adultos y mozas y mocetones, que sufren la angustia de la falta de Esperanza. Sí, se trata de una enfermedad espiritual muy propia de nuestro tiempo. Pienso yo que ya tiene tintes de pandemia. Y el espíritu de la Navidad es abundancia de salvación, oferta gratuita de sentido de la vida, Esperanza de la mejor calidad y de balde. Pero pocos se brindan a ofrecer este don, pese a que puede ser un gran servicio a tantos que están al borde de la desesperación.

7.- No os engañéis, no pretendáis seguir y fomentar costumbres que ya no hunden raíces en el hombre de hoy. Las canciones propias de estos días, una buena parte de ellos, carecen de validez cristiana. Con frecuencia, su único valor, es estimular lejanas nostalgias. Hay villancicos de importantes compositores clásicos, letra y melodía, que son tan sublimes y se interpretan en selectos conciertos con tal primor, que ni se entiende la letra, ni su música es del gusto del común de la gente. Otros, por folclóricos que sean, y conocidos por la mayoría de los adultos, generalmente, carecen de contenidos de valor cristiano o ni siquiera humano. Peces que brincan en el río, dice uno. Demonio al que le falta la cola, otro, fum, fum, canta aquel, sin saber por qué, saca la bota María, que me voy a emborrachar y uno piensa ¡qué falta le hace al Niño que le acompañe un hombre ebrio! Referencia a instrumentos desconocidos hoy, llámesele zambomba, vuelve a ser un añadido.

8.- Buscad y rebuscad iniciativas que puedan aportar algo serio, por muy alegres que sean. Estoy pensando en las Posadas mexicanas. Quien no las conozca se enterará visionando diversos “youtubes”, algunos de buena calidad. Colocación de belenes en lugares estratégicos, con frases que proclamen el mensaje salvador que aporta, trajo y trae todavía, el nacimiento de Jesús. Y que en la soledad de una cima, en un momento escogido por Dios, pueden ser un aldabonazo, que ayude a cambiar de vida a quien lo lee en aquel preciso momento cuya oportunidad solo conoce Dios. Organizar caminatas a las montañas llevando a cada una, un nacimiento, acompañado cada grupo que lo trasporta de cuestionarios, enigmas a resolver, concursos o reflexiones agudas, que convertirán la excursión en un retiro espiritual. Subir a un pico helados de frío, depositar el pesebre con seriedad y humor, cantar, mirar abajo, comentar lo que la gente está haciendo por aquellos lugares, preguntarse qué sentido se le puede dar a la iniciativa, etc. etc. os he puesto, mis queridos jóvenes lectores, ejemplos que he promocionado y que han dado diferente sentido y sincera honestidad, a gente que estaba harta de aparentar lo que no sentía, pero que estaba insatisfecha de sí misma. No estéis ocupados en no hacer nada, os lo recuerdo de nuevo, con palabras de Pablo.

9.- Cambio de tercio. La gente por temporadas, siente un interés que me atrevería a decir es morboso, por el fin del mundo. Deberíamos ponernos al día respecto a lo que es el tiempo, a lo que podemos atrevernos a imaginar que es. Los científicos decían y han dicho que han demostrado que es variable, pese a la exactitud de los relojes. Ser conscientes también, que la idea que tenemos de la materia, corresponde a doctrinas de autores griegos clásicos. En realidad lo que llamamos nuestro cuerpo es un saco de huecos, limitados por entes energéticos. Se nos ha dado la posibilidad de contemplar cosas preciosas, acontecimientos sublimes, es justo gozarlos. Pero son realidades pasajeras, incapaces de atravesar la membrana que separa lo que llamamos historia, de la existencia eterna. (Cuando escribía membrana, estaba pensando en aquellas semipermeables, que se utilizan en labores de ósmosis). Los que sepáis de que se trata entenderéis el ejemplo.

10.- No despreciéis el descanso, la distracción, la alegría. Tampoco la oración, la Eucarística y la de sincera devoción particular. No olvidéis nada de esto. Se desprenderán las rocas, se hundirán edificios, se matarán los hombres, luchando unos contra otros, vencerán y conquistarán trofeos algunos. En la realidad, en la existencia Eterna, nada de esto habrá. Y hay que tenerlo presente siempre y obrar en consecuencia.