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04 octubre 2016

Domingo 9 de octubre: La senda del agradecimiento

La senda DEL AGRADECIMIENTO 
La clave de la misericordia es sentirse necesitado de ella y haber sido su objeto. Saberse querido, perdonado, curado, acogido…, como Nahamán, el sirio. Quien es capaz de reconocerlo y vivirlo no puede por menos que ser misericordioso, que salir al encuentro de los “no agraciados” para “agraciarles”… Quien es capaz de reconocer la gratuidad del don, podrá ser también agradecido. ¿Cómo recuperar, en nuestros días, la confianza en Dios, en los demás…? Es necesario reconocer y vivir que todo en nuestra vida es un don. Pero eso no es fácil, porque nos parece que las cosas que pasan son las que deberían suceder, y se nos pasa la “gracia” sin darnos cuenta de lo recibido… 
TESTIGO DEL AGRADECIMIENTO 
SAN AGUSTÍN 
«… sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; pero aquel a quien poco se perdona, poco amor manifiesta», dice Jesús. San Agustín es un maravilloso ejemplo de quien reconoce el don de la misericordia en su vida y abre los ojos la Verdad, transformándose en un hombre para los demás. 

San Agustín nació el 13 de noviembre de 354 en Tagaste, en el África romana. Su madre, Mónica, le enseñó los principios básicos de la religión cristiana, pero al ver cómo el joven Agustín se separaba del camino del cristianismo se entregó a la oración constante en medio de un gran sufrimiento. 
Durante sus años de estudiante en Cartago le encantaban la fama y los halagos. Era un joven famoso y brillante. Pero era ante todo un buscador de la verdad. Por eso pasó de una escuela filosófica a otra sin que encontrara en ninguna una verdadera respuesta a sus inquietudes. Quizás tan solo el maniqueísmo. 
Fue en Milán donde se produjo la crisis decisiva previa a la conversión. Se dio estando en el jardín con su amigo Alipio. Él mismo lo cuenta en sus Confesiones (Libro 8, 12). 
En 386 se consagró al estudio formal y metódico del cristianismo. Renunció a su cátedra y se retiró con su madre y unos compañeros a Casiciaco, cerca de Milán, para dedicarse por completo al estudio y a la meditación. El 24 de abril de 387, a los treinta y tres años de edad, fue bautizado en Milán por el santo obispo Ambrosio. Ya bautizado, regresó a África. 
Cuando llegó a Tagaste, Agustín vendió todos sus bienes y el producto de la venta lo repartió entre los pobres. Se retiró con unos compañeros a vivir en una pequeña propiedad para hacer allí vida monacal.
Más tarde llegó a ser obispo, predicó incansablemente defendiendo la fe cristiana y escribió cientos de libros y cartas. 
Agustín murió en Hipona el 28 de agosto de 430 durante el sitio al que los vándalos de Genserico sometieron la ciudad durante la invasión de la provincia romana de África. 
Algunos vídeos interesantes: 
Biografía (ficción cinematofráfica): http://www.youtube.com/watch?v=51SvoB7lMWs (41’).La conversión: http://www.youtube.com/watch?v=EFgVfRCUA8E (19’)Comentarios sobre su vida y su obra: http://www.youtube.com/watch?v=cDrcj6e9MI4 (19’) 
ORACIÓN 
«¿Con qué pagaré al Señor por acordarme de esto sin que tiemble ya mi alma por ello? Os amaré, Señor, y os daré gracias y confesaré vuestro nombre por haberme perdonado tantos y tan graves delitos. A vuestra gracia y misericordia debo que hayáis deshecho mis pecados, como se deshace el cielo, y que no haya caído en otros muchos. Porque ¿qué pecados no pudo cometer quien amó gratuitamente el crimen?… 
Por consiguiente, que aquel que llamado por vos oyó vuestra voz y no cometió los pecados que lee de mí, y yo recuerdo y confieso haber hecho, no se ría de mí por haber sido yo curado, estando enfermo, por aquel médico que me sanó y que a él preservó de enfermar, o, mejor dicho, de enfermar tanto. Por el contrario, debe amaros tanto o más que yo; porque el mismo que me sanó a mí de tantos y tan graves pecados, a él le libró de caer en ellos». (San Agustín, Confesiones, II, 7).