1. El capítulo 20 de Juan describe la experiencia pascual de los discípulos el «primer día de la semana», tanto «por la mañana» (de la búsqueda al encuentro) como «ya anochecido» (de la obcecación al reconocimiento). Juan muestra dos figuras de creyentes que siguen procesos distintos: la Magdalena y Tomás. Una mujer y un hombre representan a quienes acceden con dificultad a la fe en el Resucitado a lo largo de un proceso. Ambos quieren tocar y ambos se basan en sentimientos, pero, en definitiva, quieren creer. María Magdalena llora, busca el cadáver, ve el sepulcro vacío…, pero al final reconoce la voz de Cristo, o la Palabra de Dios, y da testimonio; Tomás se ha aislado de la comunidad, duda, es obcecado, necesita palpar, no percibe los signos de la nueva vida que se manifiesta, busca a Jesús como reliquia de un pasado… , pero en última instancia reconoce en Jesús al Cristo pascual.
2. Los discípulos están «con las puertas cerradas», inseguros, llenos de «miedo». Todavía se encuentran de noche, en la esclavitud. No les ha llegado el día ni la fuerza para manifestarse. Jesús les infunde el Espíritu (nueva Creación) y les da el saludo de paz junto a la actitud de perdón. La nueva comunidad se cimienta con espíritu de Dios, paz y reconciliación. Cuando Jesús repite el saludo de paz, añade la invitación a la misión. Estamos en el «primer día», al anochecer, cuando la comunidad cristiana primitiva celebraba la eucaristía. Este relato muestra el proceso de transformación o de conversión de Tomás, que representa a los catecúmenos y candidatos a ser miembros de la comunidad. Son los nuevos cristianos que han creído «sin haber visto», que poseen la vida en el nombre de Jesús.
3. El proceso de la fe comienza. por verificar la realidad humana o la realidad de Dios en la humanidad: las heridas corporales de los que sufren y las losas de los muertos. Resulta difícil creer, a causa de la indiferencia o la incredulidad que nos rodea. Ante lo cual, no nos resignamos, e intentamos pensar por nuestra cuenta o dialogar con alguien que tenga experiencia.
En el fondo, hay siempre esperanza de vida, que se comprueba en ciertos signos de los tiempos. Jesucristo no es una reliquia del pasado, sino el que siempre está vivo, en presente y en futuro. Tres requisitos son indispensables para creer, escuchar la palabra de Dios, habla de muchas maneras, dar primacía al testimonio, hay militantes incansables y formar parte de la comunidad, en su centro está el Señor. Frente a la vieja creación llena de muerte, está la nueva creación repleta de Espíritu y de vida.
Reflexión cristiana
¿Estamos en proceso de madurar nuestra fe?
¿Mostramos en nuestras vidas los signos de Jesús?
Casiano Floristán
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