30 junio 2023

¿A quién amas más?

 1.- Cuando el evangelista pone en labios de Jesús la expresión «el que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí» nos deja desconcertados. Puede que exclamemos como dicen hoy los chicos ¡qué fuerte! Quizá pensemos que Jesús no quiere acogernos, que es demasiado exigente o tal vez ignora nuestra realidad pecadora. Nada de eso… Jesús sabía muy bien a quién estaba hablando y lo que quería decir. Estas palabras desconcertantes muestran la radicalidad del seguimiento de Jesús. No vale quedarse a medio camino. Si decidimos seguirle, debe ser con todas las consecuencias. La persona de Cristo debe ser para el cristiano el centro y el valor absoluto de su vida. Lo demás debe quedar en segundo plano. Esto no quiere decir que no amemos o no nos preocupemos de nuestra familia, sino que sepamos priorizar. Estoy seguro de que el que ama a Jesucristo con todo su ser demuestra también su amor a los demás, comenzando por los suyos.

2. – Pregúntate. ¿A quién amas?, ¿a quién amas más? El amor se demuestra con los hechos. Si estás dispuesto a perder tu vida por alguien, entonces sí que demuestras amor por él. Ese Alguien es Jesucristo. ¿Qué estas dispuesto a hacer por El? Curiosamente, el que pierde, encuentra. Consigue una vida mucho más plena. Pero amar a Jesús es amar a los hermanos. El movimiento se demuestra andando y el amor a Dios entregándose por el prójimo, especialmente el más necesitado. El que recibe a alguien en su casa, el que da un vaso de agua al sediento, acoge al que está solo, «pierde su tiempo» por los demás, no quedará sin recompensa. Este es el regalo que obtuvo la mujer de Sunem cuando demostró su hospitalidad con el profeta Eliseo.

Ahora que comienzan las vacaciones podemos ejercitar la virtud de la hospitalidad, no sólo con los amigos, también con los de fuera. Es en estos pequeños detalles donde se demuestra que tenemos fe. Lo demás es engañar y engañarnos.

3. – ¿Qué es tomar la cruz? Es asumir la que cada uno lleva. No hace falta crearse otras cruces, basta con saber llevar la que uno tiene: la cruz de tu timidez, la cruz de tus dolencias, la cruz de tu fracaso, la cruz de tu cansancio, la cruz de tu ceguera, la cruz de tus defectos. ¿Cómo llevas tu cruz? No se trata de resignarse, se trata de llevarla con entereza y siendo solidario con el hermano. Una vez que hayas asumido tu cruz, estás en condiciones de ayudar a los demás a llevar la suya. La cruz no es signo de muerte, es signo de amor y de vida. De la cruz de Jesucristo surgió la vida para todos, el triunfo definitivo sobre la muerte. Llevar la propia cruz y ayudar a llevarla al hermano es un signo de amor, y amar es dar vida.

José María Martín OSA

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