01 febrero 2022

RESPONDER A LA LLAMADA DE DIOS, 6 febrero


1.- Descubrir nuestra vocación. Dios sale a nuestro encuentro y nos invita a participar en su vida. Nos da señales para que descubramos su presencia. Hoy la Palabra de Dios nos muestra dos teofanías. Isaías percibe la presencia de Dios en el templo a través de las brasas del altar, el humo. En el relato de la pesca milagrosa Jesús se revela a sus apóstoles. La presencia divina produce un sentimiento de anonadamiento en Isaías y en Pedro: "¡Ay de mí estoy perdido!", "¡Apártate de mí que soy un pobre pecador!". Pero la misericordia divina purifica a ambos personajes. Producida esta purificación, Dios les envía. Él es el que llama. Toma la iniciativa de nuestra vocación –del latín "vocare", es decir "llamar"–. En una invitación colectiva propone a toda la humanidad la participación en su Alianza. Abraham, Moisés, Isaías, Pedro y los apóstoles aceptaron esta invitación. Nos llama a todos a colaborar en su plan amoroso de salvación. Nuestra vocación es amar como Dios nos ama. A Isaías le dice: "¿A quién mandaré?, ¿Quién irá por mí?"; y a Pedro: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres".

2.- Todos somos llamados a una misión. Tras la llamada viene la respuesta de amor al plan que Dios nos propone. Quizá estamos llamados a desempeñar misiones concretas de servicio a nuestros hermanos. Hay vocaciones singulares de tipo político, económico, sanitario, social...". Algunos son llamados al servicio de la comunidad eclesial como sacerdotes, diáconos o religiosos. La llamada de Dios no es escuchada con los oídos, sino a través de mediaciones: personas, acontecimientos, lecturas etc. La Iglesia misma, según sus necesidades y las del mundo, transmite la llamada de Dios. Lo que cuenta, en definitiva, es que estemos atentos para escuchar su llamada y prontos para responder como Isaías: "aquí estoy, mándame". O como Pedro y los apóstoles: "dejándolo todo, lo siguieron".

3.- “Ni independiente, ni segura ni con voz”. La ONG Manos Unidas cumple 60 años y ha anunciado que este año centra su labor en la denuncia de "una pobreza muy concreta: la de la mujer". Para ello, invita a la sociedad a fijar la mirada la población femenina de otros países bajo el lema: “La mujer del siglo XXI: ni independiente, ni segura ni con voz”. Con estas tres negaciones provocadoras, Manos Unidas anima a reflexionar sobre si existe una igualdad real de oportunidades entre hombres y mujeres en todos los lugares del mundo. Esta iniciativa forma parte del trienio “Promoviendo los derechos con hechos”. Lejos de disminuir, ha aumentado en los dos últimos años el número de personas que pasan hambre en el mundo: 821 millones. No se ha cumplido uno de los Objetivos del Milenio, quizá el más importante: “Reducir a la mitad el número de personas que pasan hambre”. ¿Qué misión nos encomienda Dios en este mundo que nos ha tocado vivir, lleno de desigualdades y de injusticias?

 

José María Martín OSA

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