19 agosto 2021

Homilía 22 de agosto: Miguel P. León Padilla

 XXI Domingo TO (ciclo B)

1L.-En Siquén, el Señor, que se manifestó en el Sinaí, es acogido como el Dios de todas las tribus. Todas aceptan su ley y hacen alianza con el: recuerdan sus beneficios; Dios pide fidelidad y el pueblo promete; es un rito que sella el mutuo compromiso. Dios mantiene su promesa: tierra y libertad. El pueblo se compromete a obedecer y a servir a Dios.
2L.-Pablo amonesta a los casados sobre el espíritu que debe animar todas sus relaciones mutuas. Le da un sentido profundo a la relación entre los cónyuges, al compararla con la relación existente entre Cristo y la Iglesia.
Ev.- Los judíos no podían aceptar era que aquel sencillo artesano de Nazaret se presentara como el alimento divino. Jesús responde que su enseñanza refiere a la superación de cuánto hay de precario en la existencia humana. Es un discurso de vida. Muchos discípulos se echan atrás. Juzgan el Evangelio inaceptable.
PARA LLEVAR A LA VIDA
Jesús interpela, como hizo Josué, en el AT, la intención de los que le siguen. En un momento crítico: A partir de la multiplicación de los panes y después de rechazar Cristo la propuesta de hacerse líder de un mesianismo nacional y político, muchos empiezan a abandonar su discipulado.
Les parece que lo que Jesús dice es insoportable, ya no entienden nada.
Pero Jesús no rebaja su radicalidad: "¿Esto os hace vacilar? Las palabras que os he dicho son verdad, ¡pero hay quienes no creen!". A pesar de este fracaso, anuncia la victoria de su resurrección y la gloria de su Ascensión. Les habla de que los que permanezcan hasta el fin tendrán un día experiencia de este misterio y conocerán la existencia gloriosa. Entonces se acabarán todas las vacilaciones y serán confirmados en la fe. Comprenderán que Jesús, por su ascensión a los cielos libre de todas las limitaciones naturales, poseerá un cuerpo espiritualizado; esto es, un cuerpo bajo la acción del Espíritu Santo y capaz de dar vida a cuantos lo reciban con fe.
Ya ahora, las palabras de Jesús son espíritu y vida. El Espíritu de Dios da a las palabras de Jesús un sentido y una fuerza divina capaz de dar a cuantos las escuchan con fe.
Pero no todos quieren escucharle, no todos creen en él.
Cristo, en lugar de intentar retener a sus discípulos, les interpela: "¿también vosotros queréis marcharos?". Y Simón Pedro, en nombre de los Doce, le contesta: Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos". Y un pequeño grupo sigue su camino aguardando a ver cumplidas todas las esperanzas de Israel.

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