DOMINGO XXI DEL T. ORDINARIO /B
Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b
Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquén y dijo:
Si os parece bien servir al Señor escoged al Dios que
sirvieron vuestros antepasados o a los dioses amorreos.
Nosotros serviremos al Señor, porque es nuestro Dios.
Salmo 33
Con este salmo abrimos nuestra oración: cuando uno
grita el Señor le escucha y lo libra de sus angustias.
Efesios 5, 21-32
Sed sumisos los unos a los otros con respeto cristiano;
que las mujeres amen a sus maridos y que los maridos
amen a sus mujeres como Cristo amó a su Iglesia; por
eso el hombre abandonará a sus padres y se unirá a su
mujer y serán los dos una sola carne.
Juan 6, 60-70
Muchos discípulos de Jesús, al oírlo dijeron; este modo
de hablar es inaceptable. Desde entonces muchos no
volvieron a ir con él.
• Ora con el salmo 33
Gustad y ved que bueno es el Señor
El salmista expresa la alegría de tantos fieles que han
superado su estado de angustia, invocando al Señor.
Este salmo 33, tan reiterativo, después de 3.000 años
de vida, sigue siendo actual como alimento de
esperanza, y está muy dentro del corazón de la
sociedad, que lucha por la igualdad. Ante la situación
global no hay alternativas, caben solo opciones en la
elección de los medios para seguir adelante.
Es preocupante que los seguidores de Jesús se
escandalicen cuando anuncia su Pasión y cuando hace
la promesa de la Eucaristía. Algo similar nos pasa hoy
cuando en la vida nos visita la cruz y cuando el
ambiente pasa de la Eucaristía, olvidando que la cruz
sin crucificado es un absurdo y que la Eucaristía es la
síntesis del misterio de la Cruz.
Ya decía San Ambrosio –“Los Emperadores nos
ayudaron más cuando nos perseguían que ahora
cuando nos protegen”- y el mismo San Jerónimo
repetía -“cuando la Iglesia se hace mayor en riquezas,
es menor en “virtudes”.
• Sugerencias pastorales
Escuchamos a Josué, que con las 12 tribus opta por
Dios que nos salva y confesamos con Pedro que Jesús
tiene palabras de vida eterna.
Hoy siento especial devoción al presentar a San Pío de
Pietrelfina, punto de apoyo en nuestras horas
angustiosas. Nació en el siglo XIX de una familia pobre
muy cristiana; a San Juan Pablo II le dijo en una ocasión
que se preparara para ser Papa y con frecuencia
repetía: “Yo quiero ser un fraile que rece, ya que la
oración es la mejor arma que tenemos, es la llave del
corazón de Dios”. Su vida se centraba en la Eucaristía,
en la devoción a la Virgen y en su identificación con el
Crucificado; vivió sus estigmas dolorosas como un
regalo de Dios; en su primera bilocación, año 1905, al
tiempo que rezaba con los frailes estaba también en
una casa lejana donde mientras agonizaba el padre
nació su hija. Se le apareció la Virgen y le encomendó a
esta criaturita, quien años después en la Basílica de San
Pedro intentaba entrar cuando iban a cerrar las
puertas, y viendo que se abría la puerta de un
confesionario, corriendo se dirigió y después de
confesar quiso darle las gracias y allí no había ningún
sacerdote....Un año más tarde volvió a confesar y allí
estaba el Padre Pío que le dijo: “yo te conozco desde el
día de tu nacimiento y tú también me conoces desde el
año pasado cuando viniste a confesar”.
Sufrió cuando el padre general intentó enclaustrarlo, y
llevó durante 50 años los cinco estigmas que los
médicos declararon que se trataba de un fenómeno
sobrenatural pero la Santa Sede lo condenó a una vida
de aislamiento.
Una señora muy rica, intentando reírse de sus
seguidores, fue al Templo, y al ver las colas para
confesar le tocó la gracia y como loca pedía hablar con
el padre Pio, convirtiéndose en un ejemplo para todos.
Fundó la Casa Alivio del Sufrimiento para cuidar
enfermos desahuciados y fundó 1.400 grupos de
oración con 150.000 orantes, sufriendo que sus
superiores le retiraran de estas actividades.
Tras 50 años de dolor unos días antes de su muerte
desaparecen los estigmas y repitiendo “Jesús, Jesús”, el
23 de septiembre moría.
Con frecuencia decía: las cosas humanas necesitan ser
conocidas para ser amadas, mientras que las divinas
necesitan ser amadas para ser conocidas.
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