09 noviembre 2018

Para fijarnos en el Evangelio del 11 de noviembre

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• La instrucción sobre “los escribas” (38-40)es como una conclusión de la polémica de Jesús con este grupo que tanto peso tenía en el judaísmo de su tiempo. Es en este contexto en el que se tienen que leer unas palabras tan duras, ya que no siempre han sido negativos los encuentros que Jesús ha tenido con escribas —basta recordar el Evangelio del domingo pasado (Mc 12.34)—.
• Jesús crítica tres aspectos de su comportamiento. En primer lugar, la vanidad, que es la búsqueda de reconocimiento en los demás (38-39). En segundo lugar, la hipocresía, por la que se convierte la religión en tapadera del egoísmo más agudo: “con pretexto de largos rezos” (40). Finalmente una conducta mucho más grave: abusan de los pobres (40).

• Lo que Jesús critica de los escribas es propio de toda persona religiosa cuando en su vida no hay unidad entre el primer y el segundo mandamientos (Mc 12,29-33). Como muy bien dijo aquel escriba con quien Jesús hablaba sobre los Mandamientos: Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios (Mc 12,32-33).
• Jesús acaba su crítica refiriéndose al juicio: “Éstos recibirán una sentencia más rigurosa” (40). Jesús hace referencia a lacontradicción que viven precisamente ante Aquél que será, al final de los tiempos, y ya es ahora, quien pondrá a todo el mundo en evidencia (Mc 8,38), Aquél a quien ellos en-tregarán a la muerte (Mc 8,31; 10,33).
• La escena de la ofrenda de “la viuda pobre” (41-44) contrapone a todos los ricos(44) a esta mujer que lo da “todo” (44).
• La mujer (42), anónima y desconocida, es “pobre” y es “viuda”. Nos recuerda a los pobres de Yahvé (anawim), prefiguración del Mesías llevado a matar. Y nos recuerda la enseñanza bíblica según la cual las viudas, los huérfanos y los forasteros, que designan a las personas carentes de apoyo social y sin futuro, ponen al descubierto el pecado de Israel y su distancia del Reino de Dios. Nos recuerda, por otro lado, cuál es el auténtico Israel, a quien auxilia y, por lo tanto, quien encuentra la dicha en el Dios de Jacob (Sal 146 [145], 5.9) y no en los poderosos en quienes no hay que confiar(Sal 146 [145], 3). Jesús, en la cruz, aparecerá como el pobre rechazado de la ciudad de los hombres (Mc 15, 22ss).
• Dar “todo lo que tenía para vivir” (44) es dar con desprendimiento y radicalidad. Y, en este contexto del templo, es ponerse totalmente en manos de Dios.
• Pero la generosidad de la viuda pobre contrasta no sólo con la ostentación de los ricos, que ponen su vida totalmente en manos de las riquezas, sino también con la actitud de los escribas, de quienes, precisamente, Jesús acaba de decir que “devoran los bienes de las viudas” (40).
• Conservar lo que no se necesita por el puro gusto de acumular es lo que define a una clase bien concreta de personas: los ricos, “todos” (44), sin excepción. Las posesionesmatan la capacidad de compartir. Matan, también, la capacidad de asumir el riesgo del don, del regalo gratuito. Siempre cuesta preferir un tesoro en el cielo (Mc 10,21) cuando hay la posibilidad de gustar en la tierra las delicias de unas riquezas que nos seducen y nos impiden “dar”, dar fruto (Mc 4,19).
• En las puertas de la Pasión —Jesús acaba de entrar en Jerusalén (Mc 11, 1 ss)—, la viuda pobre es figura del Señor Jesús: como Él es rechazada; como Él, lo da “todo”. Y, por la misma razón, es modelo del verdadero discípulo, el que sigue a Jesús en todo, llamado como es a hacer presente en el mundo lo más íntimo de Dios: el don sin medida.
• Lo que en el fondo concuerda con el comportamiento de Jesús que, obediente al Padre de los cielos, se empobreció para hacernos ricos a los hombres. Con exactitud recuerda Pablo de Tarso a sus fieles: Ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza(2 Cor 8, 9). Ese es el camino cristiano, que lapobre viuda emprende y nosotros estamos llamados también a recorrer: dar lo que somos y tenemos a los demás, aunque sea a costa de nuestra salud y nuestro bienestar. Empequeñecernos para hacer grandes a los hermanos constituye el auténtico culto agradable a Dios.