09 noviembre 2018

Domingo 11 noviembre: Moniciones


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MONICIÓN DE ENTRADA

Recibid nuestra más fraternal bienvenida a la Eucaristía del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario. Hoy el Señor Jesús habla de generosidad extrema: una viuda pobre que echa todo lo que tiene en el cepillo del templo. Son pocos los que dan todo lo que tienen. Y aunque, sin embargo, la dura crisis que hemos vivido ha creado mayor generosidad entre la gente, muy pocos llegan a ese nivel de entregar todo. Las enormes dificultades que sufren los hermanos que tenemos más cerca, han creado una mayor conciencia solidaria entre nosotros. Ojalá los cristianos hayamos comprendido –y de una vez por todas— que nuestro egoísmo de hace unos años era una verdadera traición a Jesús y a su Palabra. Aprendamos de la viuda del templo --y de la madre de Sarepta— que el deseo de ayudar a los demás debe derribar todas las barreras del egoísmo. Es lo que el Señor nos pide hoy.




MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- En el libro de los Reyes –que es nuestra primera lectura de hoy— se narra la historia del profeta Elías y la viuda pobre y que apenas tenía alimento para ella y para su hijo. Pero confió en el hombre de Dios y su alcuza se convirtió en milagrosa. De ella salía toda la harina y todo el aceite necesarios para hacer pan para siempre. Lo poco que tenía se lo dio al profeta y tuvo su premio.

S.- El salmo 145 es el primero de la serie doxológica –de alabanza a Dios— que es el final del Libro de Salterio. Los judíos lo utilizaban como oración de la mañana y nosotros como canto de alabanza al Dios que nos da todo lo que tenemos.

2.- Se continúa, en la segunda lectura, la proclamación de los textos de la Carta a los Hebreos, en la que se hace un extraordinario canto a la condición de Cristo como Sumo sacerdote, como víctima única y como altar divino para el perdón de los pecados. Es nuestro salvador y nuestro intercesor ante Dios Padre.

3.- El Evangelio de Marcos de hoy nos narra la historia maravillosa de la limosna de la viuda pobre. Y este relato enlaza con el de Elías de la primera lectura. Son los pobres más generosos que los ricos, dan todo lo que tienen y luego reciben el gran premio de Dios: el reconocimiento expreso de esa generosidad desde la óptica perfecta de Dios.

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Escuchemos con atención la breve plegaria que el padre Leoz destina a los momentos finales de nuestra eucaristía:



COMO LA VIUDA, SEÑOR

Caminaré sin arrogancia ni  seguridad en mí mismo

Caminaré sin miedo a encontrarte

Caminaré dispuesto a  facilitarte lo que más necesites

Como a la viuda, señor

Mírame y condúceme

Hazme desprendido y sencillo

Dame la valentía de darte lo  que más me cueste

Inspírame el gesto y la  palabra oportuna

Y, si quieres, Señor,  arranca de mí incluso aquello

que, por comodidad o  egoísmo, busco y amarro para poder vivir.

Amén.

Exhortación de despedida

Seamos generosos aunque tengamos poco. Hay otros que están peor que nosotros. Siempre la viuda del Evangelio que hemos escuchado hoy será un ejemplo que no hemos de olvidar nunca.