13 octubre 2018

Domingo 28 del Tiempo Ordinario - B de Javier Garrido


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1. Palabra
Cuando se habla de radicalidad, lo primero en lo que uno piensa, espontáneamente, es en el desprendimiento de los bienes. Y los conocedores del Evangelio, en el joven rico que no fue capaz de seguir a Jesús porque amaba las riquezas. El texto de la Eucaristía de hoy, centrado en el tema riqueza-pobreza, añade matices que con frecuencia son olvidados, acostumbrados como estamos a una lectura moralista del pasaje evangélico.
1.- El joven busca. Tiene deseo de perfección. Hay mucho de noble y generoso en este ideal.

2.- Jesús le interpela con un doble lenguaje:
— Por una parte, ataca las motivaciones de su deseo de perfección. ¿Por qué quiere heredar la vida eterna, por autojustificación? ¿Necesita verse bueno? No ha descubierto que sólo Dios es bueno, que no se recibe el Reino como un salario ganado con esfuerzo.

— Por otra, Jesús parte del presupuesto para entrar en la perfección propia del Seguimiento: la coherencia de vida, la seriedad con que han de tomarse las cosas de Dios.
1.- Momento crítico: Cuando Jesús le mira y le formula el más del Seguimiento: dejarlo todo por El.
Uno esperaba que el joven iba a dar el paso a la renuncia. ¡Parecía tan generoso!
2.- El diálogo entre Jesús y los discípulos revela dónde estaba el fallo del joven. No en la falta de generosidad, sino en la motivación oculta de su conducta y de sus ideales de vida. Se creía bueno. Era el moralista típico que necesita asegurarse a Dios mediante obras buenas.
Pero en cuanto aparece una situación que le produce inseguridad, dejarlo todo y seguir a Jesús, sin poder disponer de su vida, se desazona, incapaz de confiar.
Está claro que le falta fe. Vive de la Ley, del orden religioso moral controlado.
3.- ¿Por qué las riquezas se oponen tan frontalmente al Reino? Porque dan seguridad y no dejan espacio a la gratuidad y solidaridad.
4.- El verdadero discípulo no se apropia ni los bienes materiales ni los espirituales, porque está fundamentado en la Gracia.
Es un agradecido radical. Por eso, comparte y se desprende. Le parece un regalo ser llamado a seguir a Jesús, no una exigencia de renuncia.

2. Vida
La riqueza del texto evangélico revela cuál es la dinámica espiritual y práctica para seguir a Jesús, la sabiduría de la radicalidad cristiana (la primera lectura canta este don, el máximo).
1.- La radicalidad cristiana no consiste en un modelo único de perfección; por ejemplo, el conocido por los votos de la vida religiosa. Hay cristianos que todavía creen que para seguir a Jesús han de ser célibes o vivir en comunidad.
¿Qué es más radical, el celibato o la indisolubilidad del amor de pareja? ¿Qué es más radical, desprenderse de los bienes personales entrando en una comunidad de bienes o ganarse el pan de cada día con su trabajo?
2.- La radicalidad cristiana depende de niveles más hondos, por ejemplo, de la desapropiación. No me refiero al desprendimiento afectivo, mientras se tiene en abundancia. La desapropiación es real cuando me presto a vivir en la inseguridad, apoyado en la fe. Es muy fácil no estar atado a lo material, cuando uno lo ha tenido todo y ha podido dedicarse a bienes superiores. Pero, ¿por qué, en cuanto falta, aparece la inseguridad y la ansiedad ante el futuro?
Uno no sabe el grado de libertad interior que tiene hasta que comparte y, compartiendo, se expone a que le falte.
3.- Sin embargo, la radicalidad cristiana no se nutre de esta sabiduría de la libertad interior de quien no necesita asegurarse materialmente la vida, sino de la llamada a seguir a Jesús, dejándole que El sea mi Señor.
Evidentemente, no soy yo el que elijo seguir a Jesús. El joven rico busca en Jesús un maestro de doctrina para ser más perfecto. Es incapaz de percibir la mirada de cariño de Jesús y, en consecuencia, la llamada personal que Jesús le hace. Centra su atención en el aspecto moral, la exigencia del desprendimiento. Pero esto es la consecuencia y la condición. Lo determinante en seguirle.
No se encontró con Jesús. Estaba cerrado en sí mismo, en sus deseos de perfección.
4.- El encuentro es gracia. Lo repite Jesús a continuación. Pero porque es gracia, tiene la garantía del amor de Jesús. ¡Si supiésemos mirarle a El y dejarnos mirar por El!
5.- Entonces se haría real lo imposible. Y desprendernos de las riquezas, para compartir con los otros, sería fruto no sólo de libertad interior, sino de un amor nuevo, liberador, que nos identifica con Jesús.

Observaciones para los domingos 25-30
1. Lee Mc 9-10, la sección de la subida a Jesús, jalonada por los anuncios de la Pasión. Pivotando sobre ellos, Marcos ha recogido textos característicos de Jesús sobre el Seguimiento. En todos ellos se pide al discípulo un talante de radicalidad.
La radicalidad aparece en el contraste entre las exigencias de Jesús y las dificultades que espontáneamente tiene el hombre para vivirlas:
  • Preferir el servicio al prestigio social; estar con los pequeños y despreciados antes que con los importantes del mundo.
— Esa síntesis, tan delicada, entre tolerancia respecto a los demás y exigencia respecto a sí mismo.
  • Amor fiel e indisoluble en el matrimonio, amor capaz de crecer con el sufrimiento y el desamor.
— Desprendimiento voluntario de las riquezas.
  1. Una de las tergiversaciones más graves que se ha hecho del Evangelio estriba en el intento de traducir en normas de estado de vida esa dinámica de radicalidad. La pobreza voluntaria ha sido objeto del voto de los religiosos. La indisolubilidad ha sido reducida a ley social.
    Consecuencia: La experiencia del Seguimiento queda sustituida por un conjunto de normas, más o menos exigentes.

  2. Recobremos la fuerza expresiva de la llamada de Jesús al Seguimiento. En su crudeza. Serán un buen criterio para ver dónde fundamentamos el Seguimiento.
Si siento sus exigencias y creo que es cuestión de empeño, todavía estoy fundamentado en mi esfuerzo moralista.
Si deseo seguir radicalmente a Jesús y no me cuesta, o bien se me ha dado la alegría de la Cruz, o bien soy un iluso.
Lo normal es sentir miedo y creer que «para Dios nada hay imposible», y que para seguir a Jesús no hace falta ser héroes ni superdotados, sino pequeños que confían y van detrás, sin pedir explicaciones.
Te ayudará a personalizar estas actitudes hacer tuyas las de Jesús, el Mesías-Siervo. Relee la primera lectura y el salmo responsorial del domingo anterior: Is 50,5-10 y Sal 114.


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