12 octubre 2018

Domingo 14 de octubre: Para fijarnos en el Evangelio

Resultado de imagen de Marcos 10, 17-30
• La posición ante los bienes materiales no es un aspecto más en la enseñanza de Jesús. Es una cuestión que lo define a Él mismo y define a sus discípulos. En el mundo judío del tiempo de Jesús, tener riqueza material era un signo de la bendición de Dios. Jesús cambia este enfoque y se pone, por tanto, en contradicción, como es contradictorio que “un camello” pueda pasar“por el ojo de una aguja” (25).
• En este pasaje, como los de los últimos domingos, Marcos nos hace caer en la cuenta de que después del hecho -en este caso, el diálogo con el hombre rico (1 7-22)-, Jesús habla del mismo con el grupo de discípulos (23-30). Revisan los hechos de vida para sacar enseñanzas y consecuencias. Esta segunda parte tiene hoy dos momentos: la enseñanza sobre el peligro de las riquezas (23-27) y el diálogo sobre la recompensade los que han renunciado a ser ricos (26-31).

• El hombre que se acerca a Jesús (17) busca normas de comportamiento —“¿qué haré?”— para así merecer —“heredar”— “la vida eterna”. Quiere ser amo de la vida eterna del mismo modo que es amo de muchos bienes al ser “muy rico” (22).
• Posiblemente ese hombre ha trabajado mucho y los bienes que tiene son fruto de su esfuerzo. Marcos lo presenta como alguien con ganas de ser fiel a la voluntad de Dios (20). Jesús lo valora. Pero le hace ver que fuera de Dios nadie es bueno (18) por más que haya sido “cumplidor desde pequeño” (20). Ni el mismo, Jesús, se sitúa entre los buenos (16). “Los mandamientos” (19) que ese hombre “ha cumplido” (20) son pistas que conducen a la vida eterna (Ex 20,12; Dt 5,16), pero no para merecer nada.
• Jesús “se le quedó mirando con cariño” (21).Yle hace el mayor regalo que le pueda hacer: le invita a “seguirle”, a ir con Él (21). Si los Mandamientos no llevan a seguir una Vida, a vivir como Jesús, nos llevan al legalismo. Seguir a Je- sús nos hace descubrir que la relación con Dios es relación con una Persona y con las personas. Y una relación que es gratuita y confiada.
• El seguimiento de Jesús no es un mandamiento que se añade a los demás, ni un mandamiento nuevo que supera a los anteriores. Jesús invita a pasar de la Ley al Amor, del hacer —“¿qué haré?” (17)— al ser —“sígueme” (21)—.
• Jesús invita al rico a desprenderse de todos sus bienes. Y el hombre “frunció el ceño” (22). Seguir a Jesús no se puede hacer si no se rompen las cadenas de las riquezas que nos atan. Sobre las riquezas, Jesús enseña que el mejor uso que podemos hacer de las mismas es dárselas a los pobres. Pero, cuidado: no por dárselas a los pobres se gana la vida eterna, que siempre es un don de Dios. Hay que dárselas porque son suyas. Y porque cuando se acumulan se convierten en un ídolo que exige culto: estar siempre pendiente de ganar más y no perderlas. Las riquezas ocupan fácilmente el lugar de Dios: Nadie puede estar servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero (Mt 6,24).
• La actitud de presentarse ante Dios bien cargado de riquezas y de méritos es como decirle a Dios que no lo necesitamos. Dios no me hace falta por que ya lo tengo todo, todo me lo he ganado: me he ganado bien la vida en este mundo y me he ganado la vida eterna. Me lo merezco: he trabajado mucho y he sido fiel cumplidor de la religión, incluso dando limosna. Dios no me hace falta. En el fondo, esta actitud es una especie de ateísmo práctico, no reconocido como tal, Y la figura de un “dios”, que no es el Padre deJesucristo, tapa la autosuficiencia sobre la que he montado mi vida.
• La salvación no se compra, es incompatible con la riqueza (23-25); es un regalo de Dios, gratuita,por tanto. A nosotros nos es imposible salvarnos. Pero para Dios “es posible” (Mc 10,27; Gn 18,14; Jr 32,17.27; Za 8,6; Jb 42,2; Lc 1,37). Nosotros estamosllamados a acoger la vida eterna que nos es dada y sólo lo podremos hacer con las manos vacías. Si tenemos las manos llenas, si vamos por la vida demasiado hartos, si estamos llenos de nosotros mismos… no podremos acogerla.
• Renunciar a todo (21.28), se hace “por Jesús y por el Evangelio” —es decir, por anunciar elEvangelio— (29). Se hace por un “tesoro” (21). Quien así lo deja todo, recibe ahora el regalo que es la Iglesia —“casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras” (30)-. y no se ahorrará dificultades, “persecuciones” (30), las mismas que vivió Jesús. Pero también, como el Resucitado, recibirá el regalo —no el premio— de la “vida eterna”.
NOTA: En la mentalidad bíblica riqueza y bienestar son signos de bendición divina; pero ya en el Deuteronomio (8,11-18), se ve su peligro de autosuficiencia y olvido de Dios. Los pobres de Yahvé comprenden que no dependen de sí, sino de Dios. Jesús invita a la desposesión absoluta: sólo Dios es el único absoluto. Los bienes terrenos están al servicio de todos los hombres. Este principio lo admiten todos en teoría; pero la práctica lo desmiente: “algunos países, generalmente los que tienen una población cristiana sensiblemente mayoritaria, disfrutan de la opulencia, mientras otros se ven privados de lo necesario para la vida y viven atormentados por el hambre, las enfermedades y toda clase de miserias” (GS 88).