02 septiembre 2018

Salen del corazón

¿Eres de los que te sorprenden o te escandalizan las noticias, sucesos, reacciones que se comentan profusamente en nuestras conversaciones? Son muchos (o somos muchos) los que manifestamos nuestra sorpresa ante los sucesos que rompen nuestro rutinario vivir. Nos desconciertan e incluso nos asustan los abusos sexuales que se dan, la frialdad heladora ante tantos grupos vulnerables conocidos también como “invisibles”, ya que no se les tiene en cuenta. Recordemos el peregrinaje de refugiados y migrantes, la indiferencia ante los débiles que llaman a las puertas de Europa. Jesús concreta y señala “porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, la fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, la envidia, la difamación, el orgullo, la frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”. No nos explicamos cómo podemos ser tan duros. Sin embargo, en línea opuesta con lo anterior encontramos a tanta gente ejemplar y admirable.
En los textos bíblicos de hoy hallamos piezas, detalles que nos permiten dibujar modelos de personas. Así canta el salmista:

¿Quién puede hospedarse en tu tienda (refiriéndose a Dios)? 
“El que procede honradamente y practica la justicia.
El que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua.
El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino.
El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente”.
El apóstol Santiago se expresa con más rotundidad: “La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es visitar huérfanos y viudas (los grupos sociales más indefensos de entonces) en sus tribulaciones y no mancharse las manos en este mundo”.
¿Cómo evitar caer en estos comportamientos condenables y bochornosos? Recurrimos a medios externos, a los técnicos, a los educadores, a los consejos de expertos y profesionales, incluso a la ayuda de instituciones de las más prestigiosas a las más humildes. Pero los avances, son poco satisfactorias. Es preciso atacar a la fuente de este desorden. Jesús nos dice “de dentro, del corazón del hombre salen los malos propósitos”. Por tanto el camino más seguro para evitar, al menos, para reducir los abusos y tropelías citados más arriba es tener un corazón limpio y honesto. A ello nos ayudan la educación, la cultura, el dialogo, la fe entendida y vivida bajo el signo de la bondad y la justicia.
Josetxu Canibe