Todos tenemos un amor perfecto que
nos está esperando en algún lugar, es un click interior, que lo puede desatar
una mirada, una sonrisa, un roce casual, esa afinidad mágica que se da en las
personas haciéndonos sentir completos. Si te equivocas, no importa, hay que
levantarse y empezar de nuevo, no hay nada peor que no haber amado nunca, y no
abrir los brazos cuando necesitamos el abrazo.
Nadie sabe porque las cosas ocurren,
ni cuando, si no que se siente algo mágico y especial.
Ella iba caminando apurada a pagar
sus cuentas, cuando al cruzar la calle no se da cuenta que ha cambiado el
semáforo, un vehículo dobla, sin ella percatarse del peligro, un hombre la
empuja con velocidad a la acera, sorprendida piensa que es alguien que ha
intentado asaltarla, después de recibir los garabatos del conductor del auto, mira
al hombre que hizo que ese minuto fuera diferente, balbuceo algunas palabras
sin conseguir recobrarse de la mezcla de situaciones vividas. El hombre le
sonríe, pero ella se siente tan avergonzada que se aleja a toda prisa a sus
gestiones, para alcanzar a la recaudadora antes de que cierre.
Después de realizar sus trámites se
regresa a su casa, piensa en la sonrisa de quién le salvó de sufrir un
accidente, no le comenta nada a su madre, pues sino ella se preocuparía de sus
distracciones.
Al día siguiente acompañó a su madre
al hospital a realizarse unos exámenes, pues hacía algunos días que ella no se
sentía bien, aguardaron su turno, pese que todo fue relativamente rápido, les
dio la hora de almuerzo. Así que buscaron una cafetería y almorzaron algo liviano.
A la semana siguiente, fueron con
los exámenes al doctor y cual no sería la sorpresa de ella al ver al hombre de
la sonrisa, vestido con una bata blanca, compartía la consulta con el médico de
su madre, a lo mejor lo había visto antes pero no lo recordaba.
Él la saludó muy cortésmente y le
preguntó que necesitaba, ella le explicó que esperaban al Dr. Rosales quien
atendía a su madre, contándole que le llevaban los exámenes solicitados. En ese
momento, llegó un paciente que él esperaba, pidió disculpas y se retiró para
atenderlo a su consulta.
El Dr. Rosales revisó los exámenes, y encontró que era
necesario operar a doña Flor, pero pensaba que a lo mejor era bueno intentarlo
con algunas medicinas, ya que mostraba un pequeño tumor y se encontraba cavilando
en ello para sus adentros, llamó a un colega por teléfono, preguntando si
estaba libre, para venir un instante. El Dr. Rosales les presentó al cirujano
más famoso del momento, pues se encontraba introduciendo y enseñando algunas
nuevas tecnologías a los estudiantes sobre la operación con láser, el Dr.
Ricardo Fernández, y ellas a su vez presentadas como doña Flor y su hija Danae.
Discutieron
la situación exponiéndole a doña Flor, si ella estaba dispuesta a ser operada
por el Dr. Fernández, que aprovecharía su caso para realizar una exposición a
los estudiantes y que por ese favor, solamente tendría que cancelar los
honorarios del anestesista, pabellón y que no necesitaría quedarse
hospitalizada.
Para
doña Flor esa solución venia caída del cielo, pues le aterraban los hospitales
y a sólo la mención de la palabra operación, había abierto sus ojos de sorpresa
y miedo, esa era la razón por la cual el Dr. Rosales que le conocía de tiempo
dudaba de darle la noticia. .
Danae
estaba agradecida de la amabilidad del colega del Dr. Rosales, pero se sentía
un poco confundida de su descortesía anterior, porque él era tan gentil, y
dedicado.
A
la semana siguiente, doña Flor se presentó para la operación ambulatoria con el
Dr. Fernández en el Hospital Santos, que se encontraba relativamente cerca de
la casa, Danae no le pudo acompañar, tenía que atender su trabajo de secretaria
en el Banco Cristal, ella estaba muy preocupada por su madre y sentía no haber
podido acompañarla.
La
operación de Doña Flor fue todo un éxito, fue sencilla y muy ilustrativa para
los doce alumnos presentes, quienes presenciaron la habilidad del profesor en
el manejo del rayo láser, y la buena coordinación entre mano y ojo para
realizar los movimientos y cortes necesarios al tumor, que fue sacado
limpiamente sin dañar ningún tejido.
Se
le recomendó un reposo de a lo menos tres días a una semana, ya que no era
conveniente que se sometiera a esfuerzos, él la visitaría para saber si
necesitaba más descanso.
Don
Ricardo visitó a doña Flor en su casa, paso casi al anochecer, se topó en las
escaleras del edificio en que ellas vivían, con Danae, se saludaron y llegaron
juntos al departamento, así que ella le abrió la puerta, él pasó, visitó a su
paciente y después Danae le ofreció un café, que él aceptó con mucho placer,
conversaron un rato, ella aprovechó la oportunidad para disculparse con él. Él
le dijo que lo olvidara, pero se animó para invitarla a pasear el fin de
semana, había quedado viudo hacía unos meses y necesitaba realizar algo diferente,
pero no quería estar paseando solo.
Ese
fin de semana fueron a un balneario, estuvieron visitando el puerto, observaron
a las gaviotas y pelícanos en el puerto, después almorzaron en un pintoresco
restaurant y visitaron la playa, donde se entretuvieron caminando y jugando con
la arena, ambos estaban sorprendidos, pues no les faltaba tema y se sentían muy
a gusto el uno con el otro.
De
allí en adelante, siempre salían los fines de semana, a veces solos, otras los
acompañaba doña Flor.
Había
ya transcurrido un año desde la operación de su madre y Ricardo les había
comunicado que regresaba a EE.UU., pues necesitaba seguir especializándose y
conociendo nuevas técnicas, Danae se sentía sorprendida del cariño que sentía
por Ricardo de hecho no habían hablado nunca más que de la amistad que se
profesaban, y ahora se daba cuenta que lo iba a extrañar pero no tenía valor
para retenerlo ni tampoco para decirle que le amaba.
La
amistad entre ellos continuo por un tiempo, y Danae decidió al pasar el tiempo,
en no escribirle más a él, ya que se sentía comprometida y no lo estaba, empezó
a reunirse con otras personas, se atrevía a salir y compartir, pero sentía
mucho temor, para comenzar una relación.
Comenzó
a aislarse, ya que siempre se sorprendía recordándolo, sus gestos, sus
palabras, pero eran sólo amigos, se sentía confundida, sentía que no podía
permitirse sentir el amor, que eso eran solo sueños.
Ricardo
se sentía dolido con Danae, porque ella no le escribía, pensó que ella había
encontrado a alguien y que esa era la razón de su alejamiento, por otro lado
sintió que le era muy difícil concentrarse en sus estudios y trabajo, la verdad
es que la extrañaba, así que empezó a enviarle postales a doña Flor, con la
esperanza de saber de Danae.
La
táctica de Ricardo dio resultados, doña Flor le contaba de su vida y de Danae,
al comprobar que ella seguía soltera y libre, puso mucho empeño para poner
término a sus estudios y regresar a su país.
Ricardo
a su regreso buscó a Danae, pero ella era como una flor que el tiempo había
marchitado, ella fue atenta con él, pero la magia se había ido en esos dos años
de ausencia, se mostró fría y distante.
Él
estaba muy triste porque se dio cuenta que él nunca, le dio ninguna esperanza y
nunca le dijo lo importante que ella había llegado a ser para él, ella había
perdido la ilusión y ella estaba desencantada de su amistad.
Pero
no había estado lejos en vano, pues él había curado sus heridas de la viudez y
sentía la necesidad de ser amado nuevamente y quería y soñaba con ella, así que
inventaba cualquier excusa para salir con doña Flor y Danae, aún tenía una
oportunidad, pero ésta vez fue más osado porque él era terriblemente tímido, se
quedaba jugando con los dedos de su mano cuando le ofrecía el brazo. Cuando ya
salían solos nuevamente, la abrazaba y le contaba sus anécdotas de estudiante,
ella se reía con sus historias.
Estuvieron así como unos seis
meses, cuando él decidió preguntarle a ella si le quería, pero Danae no le
respondió se quedo callada, es que ella había vuelto a soñar y no se atrevía a
decir lo que sentía y no quería ser herida, no quería que él se fuera a reír de
sus sentimientos.
Ricardo se volvió loco ante su
silencio, y le dijo que si acaso no se daba cuenta, que él lo único que él
quería era estar para siempre con ella y que él la amaba de verdad, pero si
ella no podía amarlo, él iba a alejarse para siempre de su vida, y de un salto
se paró en el canto de una baranda que daba al acantilado del mar, ella se puso
a llorar pidiéndole que se bajara de allí, que no hiciera locuras, que ella
también lo amaba, que su declaración le había asombrado tanto, que la sorpresa
le había enmudecido.
Ricardo y Danae se quedaron
abrazados y besándose un largo tiempo, como si en ello pudieran resarcirse de
todas las ausencias, de todas sus ansias y de todos sus deseos, ellos iban y
querían ser felices. Blanca Azul - Chilena
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