14 agosto 2018

Narraciones para adolescentes... El encuentro


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Todos tenemos un amor perfecto que nos está esperando en algún lugar, es un click interior, que lo puede desatar una mirada, una sonrisa, un roce casual, esa afinidad mágica que se da en las personas haciéndonos sentir completos. Si te equivocas, no importa, hay que levantarse y empezar de nuevo, no hay nada peor que no haber amado nunca, y no abrir los brazos cuando necesitamos el abrazo.

Nadie sabe porque las cosas ocurren, ni cuando, si no que se siente algo mágico y especial.
Ella iba caminando apurada a pagar sus cuentas, cuando al cruzar la calle no se da cuenta que ha cambiado el semáforo, un vehículo dobla, sin ella percatarse del peligro, un hombre la empuja con velocidad a la acera, sorprendida piensa que es alguien que ha intentado asaltarla, después de recibir los garabatos del conductor del auto, mira al hombre que hizo que ese minuto fuera diferente, balbuceo algunas palabras sin conseguir recobrarse de la mezcla de situaciones vividas. El hombre le sonríe, pero ella se siente tan avergonzada que se aleja a toda prisa a sus gestiones, para alcanzar a la recaudadora antes de que cierre.
Después de realizar sus trámites se regresa a su casa, piensa en la sonrisa de quién le salvó de sufrir un accidente, no le comenta nada a su madre, pues sino ella se preocuparía de sus distracciones.
Al día siguiente acompañó a su madre al hospital a realizarse unos exámenes, pues hacía algunos días que ella no se sentía bien, aguardaron su turno, pese que todo fue relativamente rápido, les dio la hora de almuerzo. Así que buscaron una cafetería y almorzaron algo liviano.
A la semana siguiente, fueron con los exámenes al doctor y cual no sería la sorpresa de ella al ver al hombre de la sonrisa, vestido con una bata blanca, compartía la consulta con el médico de su madre, a lo mejor lo había visto antes pero no lo recordaba.
Él la saludó muy cortésmente y le preguntó que necesitaba, ella le explicó que esperaban al Dr. Rosales quien atendía a su madre, contándole que le llevaban los exámenes solicitados. En ese momento, llegó un paciente que él esperaba, pidió disculpas y se retiró para atenderlo a su consulta.
El Dr. Rosales revisó los exámenes, y encontró que era necesario operar a doña Flor, pero pensaba que a lo mejor era bueno intentarlo con algunas medicinas, ya que mostraba un pequeño tumor y se encontraba cavilando en ello para sus adentros, llamó a un colega por teléfono, preguntando si estaba libre, para venir un instante. El Dr. Rosales les presentó al cirujano más famoso del momento, pues se encontraba introduciendo y enseñando algunas nuevas tecnologías a los estudiantes sobre la operación con láser, el Dr. Ricardo Fernández, y ellas a su vez presentadas como doña Flor y su hija Danae.
Discutieron la situación exponiéndole a doña Flor, si ella estaba dispuesta a ser operada por el Dr. Fernández, que aprovecharía su caso para realizar una exposición a los estudiantes y que por ese favor, solamente tendría que cancelar los honorarios del anestesista, pabellón y que no necesitaría quedarse hospitalizada.
Para doña Flor esa solución venia caída del cielo, pues le aterraban los hospitales y a sólo la mención de la palabra operación, había abierto sus ojos de sorpresa y miedo, esa era la razón por la cual el Dr. Rosales que le conocía de tiempo dudaba de darle la noticia. .
Danae estaba agradecida de la amabilidad del colega del Dr. Rosales, pero se sentía un poco confundida de su descortesía anterior, porque él era tan gentil, y dedicado.
A la semana siguiente, doña Flor se presentó para la operación ambulatoria con el Dr. Fernández en el Hospital Santos, que se encontraba relativamente cerca de la casa, Danae no le pudo acompañar, tenía que atender su trabajo de secretaria en el Banco Cristal, ella estaba muy preocupada por su madre y sentía no haber podido acompañarla.
La operación de Doña Flor fue todo un éxito, fue sencilla y muy ilustrativa para los doce alumnos presentes, quienes presenciaron la habilidad del profesor en el manejo del rayo láser, y la buena coordinación entre mano y ojo para realizar los movimientos y cortes necesarios al tumor, que fue sacado limpiamente sin dañar ningún tejido.
Se le recomendó un reposo de a lo menos tres días a una semana, ya que no era conveniente que se sometiera a esfuerzos, él la visitaría para saber si necesitaba más descanso.
Don Ricardo visitó a doña Flor en su casa, paso casi al anochecer, se topó en las escaleras del edificio en que ellas vivían, con Danae, se saludaron y llegaron juntos al departamento, así que ella le abrió la puerta, él pasó, visitó a su paciente y después Danae le ofreció un café, que él aceptó con mucho placer, conversaron un rato, ella aprovechó la oportunidad para disculparse con él. Él le dijo que lo olvidara, pero se animó para invitarla a pasear el fin de semana, había quedado viudo hacía unos meses y necesitaba realizar algo diferente, pero no quería estar paseando solo.
Ese fin de semana fueron a un balneario, estuvieron visitando el puerto, observaron a las gaviotas y pelícanos en el puerto, después almorzaron en un pintoresco restaurant y visitaron la playa, donde se entretuvieron caminando y jugando con la arena, ambos estaban sorprendidos, pues no les faltaba tema y se sentían muy a gusto el uno con el otro.
De allí en adelante, siempre salían los fines de semana, a veces solos, otras los acompañaba doña Flor.
Había ya transcurrido un año desde la operación de su madre y Ricardo les había comunicado que regresaba a EE.UU., pues necesitaba seguir especializándose y conociendo nuevas técnicas, Danae se sentía sorprendida del cariño que sentía por Ricardo de hecho no habían hablado nunca más que de la amistad que se profesaban, y ahora se daba cuenta que lo iba a extrañar pero no tenía valor para retenerlo ni tampoco para decirle que le amaba.
La amistad entre ellos continuo por un tiempo, y Danae decidió al pasar el tiempo, en no escribirle más a él, ya que se sentía comprometida y no lo estaba, empezó a reunirse con otras personas, se atrevía a salir y compartir, pero sentía mucho temor, para comenzar una relación.
Comenzó a aislarse, ya que siempre se sorprendía recordándolo, sus gestos, sus palabras, pero eran sólo amigos, se sentía confundida, sentía que no podía permitirse sentir el amor, que eso eran solo sueños.
Ricardo se sentía dolido con Danae, porque ella no le escribía, pensó que ella había encontrado a alguien y que esa era la razón de su alejamiento, por otro lado sintió que le era muy difícil concentrarse en sus estudios y trabajo, la verdad es que la extrañaba, así que empezó a enviarle postales a doña Flor, con la esperanza de saber de Danae.
La táctica de Ricardo dio resultados, doña Flor le contaba de su vida y de Danae, al comprobar que ella seguía soltera y libre, puso mucho empeño para poner término a sus estudios y regresar a su país.
Ricardo a su regreso buscó a Danae, pero ella era como una flor que el tiempo había marchitado, ella fue atenta con él, pero la magia se había ido en esos dos años de ausencia, se mostró fría y distante.
Él estaba muy triste porque se dio cuenta que él nunca, le dio ninguna esperanza y nunca le dijo lo importante que ella había llegado a ser para él, ella había perdido la ilusión y ella estaba desencantada de su amistad.
Pero no había estado lejos en vano, pues él había curado sus heridas de la viudez y sentía la necesidad de ser amado nuevamente y quería y soñaba con ella, así que inventaba cualquier excusa para salir con doña Flor y Danae, aún tenía una oportunidad, pero ésta vez fue más osado porque él era terriblemente tímido, se quedaba jugando con los dedos de su mano cuando le ofrecía el brazo. Cuando ya salían solos nuevamente, la abrazaba y le contaba sus anécdotas de estudiante, ella se reía con sus historias.
Estuvieron así como unos seis meses, cuando él decidió preguntarle a ella si le quería, pero Danae no le respondió se quedo callada, es que ella había vuelto a soñar y no se atrevía a decir lo que sentía y no quería ser herida, no quería que él se fuera a reír de sus sentimientos.
Ricardo se volvió loco ante su silencio, y le dijo que si acaso no se daba cuenta, que él lo único que él quería era estar para siempre con ella y que él la amaba de verdad, pero si ella no podía amarlo, él iba a alejarse para siempre de su vida, y de un salto se paró en el canto de una baranda que daba al acantilado del mar, ella se puso a llorar pidiéndole que se bajara de allí, que no hiciera locuras, que ella también lo amaba, que su declaración le había asombrado tanto, que la sorpresa le había enmudecido.
Ricardo y Danae se quedaron abrazados y besándose un largo tiempo, como si en ello pudieran resarcirse de todas las ausencias, de todas sus ansias y de todos sus deseos, ellos iban y querían ser felices. Blanca Azul - Chilena

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