02 agosto 2018

Domingo 5 agosto: HACER UN NEGOCIO DE LO QUE ES SAGRADO


Resultado de imagen de JESÚS, ALIMENTO QUE SACIA DE VERDAD

Por Antonio García-Moreno

1.- El hombre nuevo.- "Cristo os ha enseñado a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo corrompido por deseos de placer, a renovaros en la mente y el espíritu" (Ef 4, 21). Estas palabras del Apóstol nos invitan a reconsiderar nuestra conducta. Comencemos por recordar que Jesús nos ha enseñado el camino que hemos de recorrer los cristianos, nos ha mostrado cuál ha de ser la manera de vivir honestamente. Sus palabras han perdurado a través de los siglos, han atravesado el espacio y el tiempo hasta llegar a cada uno de nosotros. Hoy, difícilmente hay un cristiano que no sepa qué es eso de vivir según el mensaje y la doctrina de Cristo.


Sin embargo, puede ocurrir que no lo pongamos en práctica, o que expresemos con claridad y en cada momento lo que supone ser cristiano. Pero, en el fondo, hay un sentimiento que mueve a comportarse correctamente, quizá de forma casi imperceptible... Lo malo es que muchas veces ese sentimiento, esa intuición, esa voz de nuestra conciencia la ahogamos con otros sentimientos e inclinaciones. Y en lugar de dar paso al hombre nuevo hecho según Dios, dejamos que se manifieste el hombre viejo y corrompido por las pasiones y el egoísmo.

"Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad, y vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas" (Ef 4, 24). Nos sigue diciendo el Apóstol y nos habla de una y estaba recién creado por el divino artífice. De alguna forma esa imagen nueva es infinitamente más perfecta que aquella imagen de la primera pareja, hecha por Dios.

Nueva condición más próxima, en el parecido, al modelo inmensamente perfecto que es Dios; condición nueva del hombre justo y santo de verdad... Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad, dejad que su poder os trascienda, dejad que Dios actúe en vuestras vidas, dejad que su bondad os inunde, dejad las manos libres a Dios. Él sólo pide, para actuar en nosotros, que le secundemos con nuestro sí incondicional, con nuestro pobre esfuerzo, con la pequeña renuncia de cada momento. Y si dejamos el paso libre a Dios, el hombre viejo y podrido se oscurecerá, para que resurja el hombre nuevo, creado a imagen de Dios, en justicia y santidad verdaderas.

2.- Buscar lo que vale.- Jesús conoce a fondo lo que se esconde en el interior del hombre. Sabe cuándo uno le busca con rectitud de intención, y cuándo se mueve por motivos menos rectos. Por eso, a quienes lo buscan después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, les acusa de que van detrás de él para beneficiarse otra vez de su poder divino.

Es una acusación que sigue en pie para quienes se sirven de la Iglesia, en lugar de servirla. Esos que hacen gala de religiosidad, para sacar algún provecho personal, para medrar en cualquiera de las mil facetas de la vida. Es una actitud egoísta, casi sacrílega podíamos decir, pues pretende hacer un negocio de lo que es sagrado. Es esta una cuestión muy delicada con la que no podemos jugar. Recordemos que, según San Pablo, de Dios nadie se ríe.

De todas formas, Jesús entra en diálogo con aquellos que le buscan por intereses bastardos, trata de hacerles comprender lo poco noble de su actitud, intenta abrirles el entendimiento y el corazón a valores más altos y duraderos. También a nosotros, con paciencia de años, quiere Dios iluminarnos para que busquemos lo que realmente vale, nos fortalece para que superemos nuestra propia debilidad y alcancemos el supremo bien que satisfaga todos nuestros anhelos y deseos.

La gente, a pesar de su torpeza, pide ese Pan que baja del cielo y que da la vida al mundo. "Señor--dicen--, danos siempre de ese pan". Es una exclamación sencilla, una jaculatoria fácil de aprender para que la repitamos en nuestro interior, suplicando al Señor con humildad y confianza que nos conceda satisfacer esa hambre y esa sed que a veces nos acucian, esos deseos indefinidos que sólo Dios puede calmar.