Cuando Jesús habla de llenarse de Él, a través de la Comunión, muchos de sus seguidores, ni le entienden, ni le creen. Les parece que Jesús exagera en esta petición de “comer su carne y beber su sangre”. Entonces, deciden darle la espalda, echándose para atrás en sus intentos de seguirle. Sólo Pedro y los otros diez se mantendrán fieles a Él…
Muchas veces, cuando lo que Jesús nos pide no nos gusta, o no entendemos por qué lo pide, preferimos darle la espalda. Por ejemplo, cuando nos manda:
- Perdonar al que nos ofende;
- Hacerle el bien a quien nos hace un mal;
- Evitar eso que nos gusta tanto, pero que nos aleja de Él;
- Compartir eso que nos fascina, pero otros tanto necesitan…
Cuando Jesús nos pide algo, es porque sabe que si lo cumplimos, seremos más felices al estar más cerca de Él. ¡Sólo tenemos que creerle!
¡Prueba seguir a Jesús, por increíble que parezca lo que te pide y verás qué bueno es! Es como cuando estamos enfermos y el doctor nos recta un medicamento. Podrá saber mal y no gustarnos, pero si lo tomamos, seguro que sanamos. Así es la Palabra de Dios: si no la seguimos, no funciona, pero si la tomamos y la aplicamos, ¡seguro que nos da paz y nos salva!
Como Pedro, ¡seamos siempre fieles a Jesús!: cuando nos guste lo que nos pide y también cuando nos disguste.
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