Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b; Salmo 33; Efesios 5, 21-32; Juan 6, 55. 60-69
Tú tienes palabras de vida eterna.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. Al oír sus palabras, muchos discípulos de Jesús dijeron: “Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?” Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: “¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen”. (En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También ustedes quieren dejarme?” Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.
Reflexión
Dios nos da leyes justas para el bien común y para que seamos felices. Las reglas y las leyes son importantes. Por ejemplo, ¿para qué sirven los semáforos? ¿Y las reglas de tu casa y de tu clase? ¿Qué reglas de la escuela rompen a veces? ¿en la casa? ¿cuándo juegan? ¿Qué consecuencias tienen? ¿Qué es más importante parecer bueno o serlo? Para acabar con el mal en el mundo no basta con crear leyes: hay que cambiar el corazón de las personas y el nuestro. ¿Como podemos cambiar nuestro corazón? (Orando, obedeciendo, sacramentos, obras buenas)
Actividad
Repasar los diez mandamientos y la importancia de cumplirlos. Jugar un juego para que se los aprendan bien.
Oración
Señor a veces hacemos las cosas mecánicamente, o por aparentar. Enséñanos a seguirte de corazón, a hacer las obras del amor que Tú nos encargas. Ayúdanos a ayudar a los que pasan necesidad, y a ser fieles a nuestras promesas. Amen.
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