Fiesta Fin de Catequesis

¡¡Durante el verano, se suprimen algunas Eucaristías!!

23 abril 2018

Domingo 29 abril: Liturgia 1

R I T O S    I N I C I A L E S

CANTO DE ENTRADA.
Aleluya, Aleluya, es la fiesta del Señor.  Aleluya, Aleluya, el Señor resucitó.

Cuando alguien te pregunte, ¿donde está la libertad?  Que en tus obras él descubra que Jesús es quien la da. 

SALUDO  Y MONICIÓN.

ASPERSIÓN DEL AGUA.
Canto:
Un sólo Señor, una sola fe, un sólo bautismo, un sólo Dios y Padre.

Llamados a guardar la unidad del Espíritu, por el vínculo de la paz.  Cantamos y  proclamamos. 

GLORIA.
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

ORACIÓN COLECTA.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 26-31.

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera discípulo.
Entonces Bernabé, tomándolo consigo, lo presentó a los apóstoles y él les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había actuado valientemente en el nombre de Jesús.
Saulo se quedó con ellos y se movía con libertad en Jerusalén, actuando valientemente en el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los helenistas, que se propusieron matarlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.
La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba construyendo y progresaba en el temor del Señor, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo.
                                     PALABRA DE DIOS

SALMO RESPONSORIAL.  Salmo 21  
Antífona: El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan. ¡Viva su corazón por siempre!

Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. Ante él se postrarán los que duermen en la tierra, ante él se inclinarán los que bajan al polvo.

Mi descendencia lo servirá; hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: «Todo lo que hizo el Señor».

SEGUNDA LECTURA.
Lectura de la primera carta del apóstol San Juan 3, 18-24.

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón ante él, en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo.
Queridos, si el corazón no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
                        PALABRA DE DIOS

ALELUYA.
Antífona: Permaneced en mí, y yo en vosotros –dice el Señor-; el que permanece en mí da fruto abundante.  

EVANGELIO.
Lectura del Santo Evangelio según San Juan 15, 1-8.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».  
 PALABRA  DEL SEÑOR

HOMILÍA.

CREDO.

ORACIÓN DE LOS FIELES.

LITURGIA EUCARÍSTICA

OFERTORIO.
Canto:
Te ofrecemos, Señor, este pan y este vino, que en tu cuerpo y tu sangre quedarán convertidos.

Con el vino y el pan, te ofrecemos el fruto de nuestro trabajo, la ilusión de vivir, el placer y el dolor, la alegría y el llanto.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.

PREFACIO Y SANTO.

PLEGARIA EUCARÍSTICA.

RITO DE LA COMUNIÓN

PADRE NUESTRO.

RITO DE LA PAZ.

CORDERO DE DIOS.

COMUNIÓN.
Canto:
Como el Padre me amó, yo os he amado. Permaneced en mi amor. Permaneced en mi amor.

Si guardáis mis palabras y como hermanos os amáis, compartiréis con alegría, el don de la fraternidad.  Si os ponéis en camino, sirviendo siempre a la verdad, frutos daréis en abundancia, mi amor se manifestará.

No veréis amor tan grande, como aquél que yo os mostré.  Yo doy la vida por vosotros, amad como yo os amé. Si hacéis lo que yo os mando y os queréis de corazón, compartiréis mi pleno gozo, de amar como Él me amó.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.

Te quiero por quererme, Señor.  Porque me haces la vida más bonita, porque un día decidiste llamarme, porque tu amor me hace amoroso.

Te quiero porque Tú me invitas a aceptarme, porque Tú me enseñas a quererme, porque Tú dinamizas mi crecimiento, porque Tú me impulsas a entregarme.

Te quiero por tantas personas que has puesto en mi camino, porque me enseñas a quererles, por todo lo que ellas me complementan, por todo lo que puedo entregarles.

Te quiero por el mundo que soñamos juntos, porque cuentas conmigo para construirlo, porque siento tu fuerza en mis entrañas, porque cada mañana me pones en camino.

Te quiero por este corazón que me has dado, que ama y necesita ser amado, y no descansará hasta que deje brotar todo el amor que Tú has puesto dentro de cada uno de nosotros.

ORACIÓN.

RITO DE CONCLUSIÓN

BENDICIÓN Y DESPEDIDA
Canto:

Gloria, gloria, aleluya, gloria, gloria, aleluya, gloria, gloria, aleluya, en nombre del Señor.

Cuando sientas que tu hermano necesita de tu amor, no le cierres tus entrañas ni el calor del corazón; busca pronto en tu recuerdo la palabra del Señor: “Mi ley es el amor”.