Señor Jesús,
hoy me dices que lo que te interesa son las obras,
las obras buenas, sea de quien sea. Tú estás por el producto de calidad.
Tú no miras la etiqueta de origen,
la denominación…
Tú te fijas sólo en el producto bueno, en el resultado, venga de donde venga.
Es interesante escuchar tu valoración porque seguramente, también ahora, nos puede ser muy útil.
Como entonces hoy también
hay quien se dice mejor que los demás, quien promete, quien habla mucho, quien se cree que…
pero a la hora de la verdad no hace el bien no hace todo lo que debería hacer,
no lleva una vida de acorde
Y los hay que hablan poco
o que no hablan nada, que saben poco; pero su vida está repleta de buenas obras. Sus vidas se ajustan o tratan de ajustarse al Proyecto del Padre: trabajan por la paz, defienden la verdad,
denuncian las injusticias,
son acogedores, cuidan de los enfermos, respetan la naturaleza,
son partidarios de la vida,
dan culto a Dios de corazón…
De unos y de otros los hay en todos los campos de la vida.
El ideal sería que nuestras vidas estuviesen bien llenas de buenas palabras y de buenas obras.
El caso es que hoy, Señor Jesús, nos dices que para Ti lo que cuenta son las obras.
Esto en tu tiempo lo decías porque ante la presencia de Juan Bautista los que detectaban el conocimiento
de la Ley no lo aceptaron. Mientras que otros que sabían poco
de la Palabra de Dios se convirtieron, cambiaron de vida.
Era una manera, una vez más,
de reforzar tu argumentación
en favor de aquellos
a los que Tú te acercabas:
los publicanos y las prostitutas: “Os aseguro que los publicanos
y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios”.
Señor Jesús, hoy quiero presentarte a tantas personas humildes, sencillas, anónimas que hacen lo que les toca, pero saben poco o quizás mucho.
No suelen alardear,
ni se sienten por encima de nadie, simplemente viven la vida procurando hacer tu voluntad.
Son gente que no sale en los periódicos, ni aparecerán en ningún libro de historia, son personas buenas,
repletas de buenas obras. Gracias, Señor Jesús por todas ellas.
Señor Jesús,
te pido perdón por todos
los que de una forma especial en el interior de tu Iglesia hablamos, difundimos reflexiones, predicamos, comentamos tu Palabra…
y a lo mejor no vivimos
lo que decimos.
Somos gente de mucha labia y quizás de pocos hechos.
Perdón por nuestra verborrea. Perdón por nuestra incoherencia entre lo que decimos y lo que hacemos y lo que es peor perdón porque,
a lo mejor, nos creemos los mejores.
Perdón, Señor Jesús.
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