22 agosto 2017

Preparando el domingo 27: Para jóvenes y adultos

XXI domingo del Tiempo Ordinario•AÑO/A • Mt 16, 13-20




Primera lectura ● Is 22, 19-23 ● “Colgaré de su hombro la llave del palacio de David”.

Salmo ● Sal 137 ● “Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos”.


Segunda lectura ● Rm 11, 33-36 ● “Él es origen, guía y meta del unvierso”.

Evangelio ● Mt 16, 13-20 ● “Tú eres Pedro y te daré las llaves del reino de los cielos”.




Mt 16, 13-20

13 Al llegar Jesús a la región de Cesarea de Fili-po, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el hijo del hombre?». 14 Ellos le dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas». 15 Él les dijo: «Vosotros, ¿quién decís que soy yo?». 16 Simón tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el mesías, el hijo del Dios vivo». 17 Jesús le respondió: «Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. 19 Te daré las llaves del reino de Dios; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». 20 Entonces ordenó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el mesías.







Nos ponemos en presencia de Dios y le pedimos

ü Y la segunda pregunta la personal, la que





que el Espíritu Santo nos ayude a comprender lo

nos hace a cada uno. Después de todo lo que


que Dios nos está diciendo con este texto.

has  oído  de  mí,  después  de  esto  y  aquello:


Podría ser nos provechoso imaginarnos a Jesús

¿Quién soy yo para ti? ¿En qué se nota?, ¿Mi


con  nosotros.  Y  actualizar  el  relato  a  nuestros

Persona, mi mensaje, mi Proyecto tiene alguna


días. Jesús a nosotros, como en aquel momento a

repercusión en vuestras vidas?


los Apóstoles nos hace las mismas preguntas:




ü ¿Qué dice la gente de mí? ¿Qué pinto yo pa-




ra la gente que vosotros conocéis? ¿Qué peso




tengo en sus vidas? ¿En qué se nota?






Como en el caso de Pedro el valor positivo que




pueda tener Jesús en nuestras vidas no es sobre




todo cosa nuestra, es ante todo obra de Dios. Por




ello bueno sería que le diésemos gracias a Dios y




que le pidiésemos que nos ayude a conocerlo cada




día un poco mejor.




Hablo con Dios de todo ello.













VER
Quise leer una noticia en un periódico y, al haberse agotado en el  quiosco, acudí  a la página web de dicho periódico. Se podían leer algunas noticias, pero para leer la que yo buscaba, hacía falta una clave de acceso, por lo que no pude leerla. Es muy común el uso de claves de acceso en internet, necesarias para muchas operaciones y consultas de carácter privado. Y por eso en algunas páginas web hay contenidos de acceso público, que todos pueden ver, y con-tenidos de acceso restringido, disponibles sólo para  clientes,  suscriptores,  o  miembros  de  la asociación, movimiento, grupo, etc., que 
disponen de la correspondiente clave de acceso.

JUZGAR

La palabra “clave” proviene del latín “clavis”, que significa “llave”. Antes del desarrollo de la informática los archivos y documentos importantes se guardaban bajo llave, y sólo unas pocas personas disponían de las llaves necesarias y controlaban quiénes podían acceder a esa in-formación. De ahí que tener la llave, o actual-mente tener la clave, supone poder ejercer un poder sobre otros, como hemos escuchado en la

1ª lectura: Llamaré a mi siervo, a Eliacín… le daré tus poderes… Colgaré de su hombro la lla-ve del palacio de David: lo que él abra nadie lo

cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá. Y algo similar es lo que el Señor ha dicho a Pedro: Te
daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el

cielo. Desde una interpretación errónea, podría parecer que Pedro va a ser a partir de ahora el que tenga la potestad de controlar quién entra en el Reino de los Cielos, que quedaría restringi-do sólo a aquellos que dispongan de la corres-pondiente llave o clave de acceso, otorgada por Pedro y sus sucesores.

Sin embargo, no es ése el supuesto “poder” que el Señor ha entregado a Pedro. Como indica el Catecismo “Ésta es nuestra fe”: El Papa, sucesor del apóstol Pedro, tiene en la Iglesia un ministerio propio. En él permanece siempre viva la función que el Señor encomendó singularmente a San Pedro, al hacerlo roca en que se apoya el edificio de la Iglesia, portador de las llaves de la misma y pastor
de su rebaño. Es cierto que, por esa función,
al sucesor de Pedro le corresponde la autoridad plena, suprema y permanente sobre la Iglesia universal.
Pero esta autoridad no es un “poder” en el sentido de un dominio sobre otros, ejercido de mo-do arbitrario y restrictivo: El ministerio de Pe-dro, heredado por el Papa, es un ministerio de unidad. Por razón de ese ministerio, el Papa es un testigo privilegiado de la única fe de la Iglesia, llamado a confirmar la fe de todos sus hermanos en Cristo. Cristo Je-sús puso al frente de los demás Apóstoles a




Pedro para constituirlo principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y comunión de la Iglesia.

En este sentido hay que entender la entrega a Pedro de las llaves del Reino de los Cielos, como señala el Catecismo Católico para Adultos de la Conferencia Episcopal Alemana: El poder de las

llaves significa el poder para administrar la casa de Dios, que es la Iglesia. El poder de “atar y desatar” significa el poder de declarar que una doctrina es vinculante, unido al poder disciplinar, que tiene por objeto salvaguardar la unidad de la Iglesia. No es, por

tanto, un poder de decisión de quién accede o no al Reino de los Cielos, sino un servicio que el sucesor de Pedro presta a toda la Iglesia para que anuncie fielmente el Evangelio de Cristo, para que todos los pueblos, sin distinción, tengan la “clave de acceso” y puedan alcanzar la salvación.
ACTUAR

¿Alguna vez he ido a buscar algo y no he podido obtenerlo por no disponer de la lla-ve o clave necesaria? ¿Cómo me sentí? ¿Qué es

lo primero que pienso al escuchar la entrega de llaves y el poder de “atar y desatar” que el Señor confiere a Pedro? ¿Entiendo su significado de servicio y doctrinal, para salvaguardar la fidelidad al Evangelio de Cristo en la misión de la Iglesia?


La Iglesia tiene en su pasado luces y sombras, y no se puede negar que en ocasiones ha ejercido un poder similar al de otras organizaciones humanas, basándose en esa “posesión de las llaves del Reino de los Cielos”. Sin embargo, la reflexión teológica y renovación eclesial que culminó en el Concilio Vaticano II, han supuesto que se deje de lado la concepción de la Iglesia como una estructura de poder para dejar patente que el único poder de la Iglesia es el servicio, y que el hecho de disponer de las llaves no es sino la responsabilidad de que todos en la Iglesia, desde el Papa al más humilde de los bautizados, anuncien el Evangelio de tal modo que faciliten que todo el que lo desee pueda tener la “clave de acceso” para entrar en el Reino de los Cielos.

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