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22 julio 2017

Mirar y ser mirado

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“El latido del acto místico”:
E.Biser, habla del cambio que se produce entre ver y ser visto, llamar y ser llamado A eso le llama “el latido del acto místico”. El ser mirados como centro de toda una experiencia, latido vital místico y vital que transforma.
• Mirada de niño: Esa gratuidad mística cobra gran importancia en el hombre desde el mismo momento de su nacimiento: la importancia del mirar y sentirse mirado, de captar sonrisas engendradoras de sonrisa y bienestar que integran el ser de los demás en el propio ser. Mirar y ser mirado. Ser sonreído y sonreír… Los niños reciben alimento místico a través de la mirada.
“Las primeras miradas” (Mario Benedetti)
Cómo encontrar un sitio con los primeros ojos, un sitio donde asir la larga soledad con los primeros ojos, sin gastar las primeras miradas, y si quedan maltrechas de significados, de cáscara de ideales, de purezas inmundas, cómo encontrar un río con los primeros pasos, un río -para lavarlos- que las lleve.
• Mirada de anciano: La mirada del anciano es una conquista, o una derrota. Podríamos decir que uno va moldeando en su vida el rostro y la mirada que llega a merecer en su vejez. Hay rostros luminosos, porque se fueron llenando de luz a lo largo del tiempo. Los hay agrios como el mismo vinagre y salpican acidez con su mirada. Otros son rostros dulces y transparentes, en contraste con los acartonados por la desconfianza y la amargura forjada a golpe del tiempo. Existen rostros tan ancianos que parecen niños y provocan sonrisa como los niños. Y los hay también que suscitan compasión y comprensión del derrotado por la vida. En cualquier caso, todo rostro de anciano merece la mirada cariñosa y sonriente que se regala gustosamente al niño.