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08 junio 2017

Recursos – Santísima Trinidad

Al ritmo de la Vida
La alegría de la COMUNIÓN
1.- Sentido del día
La “Trinidad” suele ser para todos nosotros, y para la mayoría de las religiones, un verdadero problema: ¿Cómo salir de la “lógica” de que “tres es igual a uno”?…: redescubriendo una lógica diferente que es la lógica de la comunión…
En palabras de André Fossion(1), «lo que tenemos que redescubrir con alegría es, sin duda, que Dios se presenta a sí mismo como una unidad amorosa de comunicación y como creador de comunicación. La fe, en este sentido, no es una fe de contenidos, sino, ante todo y sobre todo, un modo de ser en relación, de vivir en alianza fraterna y filial, conscientes de que este lazo es más fuerte que la muerte…..» Si Dios es “comunión”, el sentido de la vida es, precisamente, “comunión”, y comunión universal que abarca todas las dimensiones de lo creado, en una visión “integral” del universo, “todo está conectado”, como repite insistentemente el papa Francisco (LS, 117; 138) «… y eso nos invita a madurar una es- piritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad» (LS 240).

2. El “aleluya” del panel
Esta visión global de la realidad, en la que “todo está conectado” en el seno mismo de la Trinidad, que nos incluye en su misma dinámica de “comunión” universal, hace que el sentido del “aleluya” que podemos decir, cantar o danzar en un determinado momento, es el “clima” ordinario de toda la vida cuyo destino final es que Cristo sea «todo en todos» (1Cor 15,28). Por eso, a lo largo de la celebración, el “aleluya” constituye el “estribillo” que repetimos una y otra vez:
1. Siempre antes y después de la lectura del Salmo o tras la 2a lectura,
2. Cuando el celebrante o el equipo de liturgia haya determinado el momento en que se ha de presentar el “panel” con la octava nota del domingo (en este caso, Trinidad) con la nota que subrayará la palabra “COMUNIÓN”.
3. Una oración:
¡Qué hermosa es la Comunión
que queremos:
en la casa de la Fraternidad!
En comunión con los que no creen igual,
con los que no celebran igual,
con los que no piensan igual.
Entre los que buscamos
un mismo sentir fundamental.
Una comunión que no se rompa
por las tensiones, sino que las asuma.
Una comunión que no se quiebre
por las divergencias, sino que las haga converger.
Una comunión que no encubra
las discordias, sino que las afronte y supere.
¡Qué  hermosura de Comunión!
¡Qué hermosa es la Unidad
que queremos:
una Iglesia plural en una Casa Común!
Donde cada creyente tenga su palabra,
su carisma y su compromiso;
el teólogo, su aclaración;
el profeta, su denuncia,
y cada comunidad, su estilo,
su expresión de la fe.
Casa universal; cada uno
con su creencia y sus dudas,
con sus ideas y sus vivencias, 
con su pecado y sus esperanzas 
y con su buena voluntad.
¡Qué hermosura de Unidad!
¡Qué hermosa es la Iglesia
que queremos:
casa siempre abierta de puertas
y ventanales transparentes, 
soleados, aireados!
Hogar de los que buscan, 
familia de familias,
comunidad de comunidades,
iglesia de iglesias.
¡Qué hermosura de Iglesia!
¡Qué hermosa es la Comunidad 
que queremos:
residencia de Dios en la tierra, 
presencia de Dios en el barrio, 
lugar de comunión eclesial, 
espacio de encuentro comunitario! 
Casa siempre en construcción, 
siempre reformándose,
según los planos del Maestro de obras. 
¡Qué hermosura de Comunidad!
Joaquín Suárez Bautista

1.- André FOSSION, profesor de teología catequética en Lumen Vitae: “Volver a empezar”, Ed. Sal Terrae, Santander 2005, págs. 37-42.